
La primera pastilla no había llegado a la boca. El internista acababa de decir, con voz de inventario, que el antiinflamatorio «en un porcentaje de casos irrita el estómago». El paciente, que había venido por una rodilla, salió con la mano en el abdomen. A la noche escribió en el grupo familiar: «creo que me cayó mal». El blister seguía intacto.
Eso, en consultorio, se llama nocebo cuando la expectativa de daño se adelanta al fármaco. El hermano de placebo ya cubrió expectativa, condicionamiento y ética del alivio. Aquí el corte es el otro polo: la expectativa que empeora el síntoma, el prospecto que enseña a doler, la frase del profesional que convierte ansiedad en hiperalgesia (Colloca y Benedetti, 2007).
TL;DR
- Nocebo nombra el empeoramiento atribuible a expectativa, aprendizaje o contexto de amenaza, no al mecanismo farmacológico del compuesto.
- Colloca y Benedetti (2007, 2008) y Benedetti, Lanotte, Lopiano y Colloca (2007) describen vías de ansiedad, colecistoquinina y aprendizaje verbal o asociativo.
- Barsky (2002) sitúa los efectos adversos inespecíficos de la medicación en este fenómeno; Bingel (2014) traduce el hallazgo a cómo se informa un tratamiento.
- El placebo comparte mecanismos y se distingue por el polo: alivio versus daño esperado.
- En aula y en clínica, el oficio es dosificar la información de riesgo sin silenciar el consentimiento.
Definición corta para parcial
Nocebo: empeoramiento de un síntoma o aparición de un efecto adverso ligado a la expectativa de daño, al aprendizaje (verbal, observacional o asociativo) y al contexto de amenaza, en ausencia del mecanismo farmacológico que explicaría ese daño. Palabras clave: expectativa, hiperalgesia, prospecto, consentimiento, CCK.
Colloca y Benedetti (2007) describen cómo la ansiedad anticipatoria se traduce en hiperalgesia: la instrucción de amenaza organiza el dolor. El oral pide esa vía, no un veredicto sobre el carácter del paciente.
Barsky (2002) recorta los efectos adversos inespecíficos de la medicación: síntomas que el relato pega al blister y que el perfil farmacológico no predice con esa forma. El recorte no borra la toxicidad real.
La definición cabe en un oral. Lo que no cabe es usarla para negar un efecto adverso real. El nocebo no borra la farmacología; recorta la porción que el relato y el miedo organizan.
Escena de consultorio: el prospecto como instructor
En una sala de espera de dolor crónico, dos personas leen el mismo prospecto. Una se detiene en «puede producir náusea». La otra subraya «en raras ocasiones». A la semana, la primera llega con náusea que coincide con la hora de la toma. El compuesto es el mismo. El instructor no fue la molécula: fue la frase, leída en un cuerpo que ya espera daño.
Colloca, Sigaudo y Benedetti (2008) mostraron que el aprendizaje —incluido el verbal— participa en nocebo y placebo. No hace falta un condicionamiento de laboratorio con tono y shock. Basta una instrucción creíble. En el aula eso se traduce así: el prospecto es un ensayo de aprendizaje. En la clínica, el consentimiento informado es otro. Bingel (2014) pide optimizar el modo de informar para no fabricar el daño que se pretende prevenir.
El reencuadre clínico informa el riesgo con frecuencia, magnitud y salida (qué hacer si aparece), y deja fuera el catálogo de terror. «Entonces no informes» no es la tesis. El paciente que escucha «un grupo pequeño reporta X; si te pasa, me escribes y ajustamos» sale con un mapa. El que escucha una lista de quince males sin ancla sale con un detector de amenazas encendido.
Cómo se distingue del placebo (sin reescribir el efecto placebo)
El post Efecto placebo: expectativa, condicionamiento y límites éticos ya armó expectativa, condicionamiento y ética del alivio. Aquí se nombra para no canibalizarlo. Mismo edificio, otra ala.
Enck, Benedetti y Schedlowski (2008) revisan respuestas placebo y nocebo como par. Schedlowski, Enck, Rief y Bingel (2015) detallan mecanismos neurobioconductuales con implicación para ensayos y práctica. El polo del nocebo es la amenaza: anticipación de dolor, de náusea, de «me va a caer mal». El polo del placebo es la seguridad esperada. Los dos pueden convivir en la misma toma: alivio del dolor de rodilla y náusea de prospecto.
Rief, Bingel, Schedlowski y Enck (2011) subrayan lo que esto hace a los ensayos: el brazo control no funciona como cero. El brazo activo tampoco se reduce a la molécula. La información que se da a ambos brazos moldea eventos adversos reportados. Un ensayo que dramatiza riesgos en el consentimiento infla el nocebo en los dos grupos y ensucia la comparación.
Frase de aula: placebo y nocebo no se anulan como si fueran números de signo contrario en un mismo ítem. Se miden en direcciones distintas (alivio versus daño) y a veces en síntomas distintos (dolor versus náusea). El oral que dice «es lo mismo al revés» aproxima; el que distingue síntoma, vía y contexto gana el punto.
Mecanismos: ansiedad que se vuelve dolor
Colloca y Benedetti (2007) titulan el puente sin metáfora blanda: cómo la ansiedad se convierte en dolor (hiperalgesia nocebo). Benedetti, Lanotte, Lopiano y Colloca (2007) desarman el hilo cuando las palabras duelen: verbal, CCK, bloqueo con proglumida en paradigmas experimentales de dolor. El estudiante no necesita recitar la vía entera. Necesita tres estaciones:
- Instrucción o clave de amenaza («esto va a arder»).
- Ansiedad anticipatoria, atención al cuerpo, lectura de señales ambiguas como daño.
- Facilitación del dolor o del síntoma blanco (náusea, mareo, prurito).
Petersen, Finnerup, Colloca, Amanzio y colegas (2014) meta-analizaron la magnitud del nocebo en dolor. Hay efecto, y el tamaño depende del paradigma. Eso corta dos excesos: «es imaginación, no cuenta» y «el nocebo explica el dolor crónico entero». Ni una ni la otra. El dolor crónico tiene casa en psicología en dolor crónico y oncología. Aquí el recorte es la porción esperable, medible en laboratorio y en reporte de efectos adversos.
El condicionamiento clásico entra como hermano, no como reescritura. El tono que anticipó el shock, la bata que anticipó la inyección, el blister que anticipó la náusea del ciclo previo. Ver condicionamiento clásico vs. operante. En nocebo, la clave puede ser verbal sin emparejamiento previo: alguien de autoridad nombra el daño y el cuerpo se organiza. Colloca y Miller (2011) llevan eso a la práctica clínica: relevancia del nocebo en el consultorio, no solo en el lab.
Barsky y los efectos adversos inespecíficos
Barsky (2002), en JAMA, nombra el fenómeno nocebo en los efectos adversos inespecíficos de la medicación: síntomas que el paciente atribuye al fármaco y que el perfil farmacológico no predice con esa forma o esa intensidad. El artículo no niega la toxicidad. Recorta la porción atribuible a expectativa, vigilancia interoceptiva e historia de síntomas.
En escena: una mujer de 54 años, dos antihipertensivos previos «no le cayeron». El tercero, de otra familia, produce a las 48 horas el mismo mareo que los dos anteriores. El internista piensa en clase. El psicólogo de enlace piensa en detector. Los dos pueden tener razón a la vez. El oficio es no pelearse el caso: medir tensión, revisar interacciones, y también preguntar qué le dijeron de esta pastilla, qué leyó, qué le pasó a la hermana con «la del corazón».
Esa pregunta abre anamnesis de expectativa, no un tribunal. Colloca y Miller (2011) la defienden como parte del acto clínico. Bingel (2014) la traduce a diseño de la consulta: cómo se presenta el tratamiento para no sembrar el daño.
Hawthorne, Pigmalión y expectativa terapéutica: vecinos, no sinónimos
El efecto Hawthorne habla de cambiar la conducta cuando te observan. El nocebo no exige audiencia: puede ocurrir con un prospecto a solas. El efecto Pigmalión habla de expectativas que mueven rendimiento en aula. Comparte la palabra expectativa y se aparta del síntoma corporal. Las expectativas en el proceso terapéutico cubren lo que el paciente espera del tratamiento en términos de alianza y resultado. El nocebo entra cuando esa expectativa es de daño.
Tabla de vecinos (para no mezclarlos en el parcial):
| Constructo | Qué espera la persona | Dónde se ve | Confusión habitual |
|---|---|---|---|
| Placebo (efecto placebo) | Alivio | Síntoma baja | «Es fingir» |
| Nocebo | Daño | Síntoma sube o aparece | «Es histeria» |
| Hawthorne | Ser visto | Conducta de tarea | «Es nocebo social» |
| Pigmalión | Expectativa del otro sobre desempeño | Notas, ejecución | «Es lo mismo que nocebo» |
| Expectativa terapéutica (expectativas en el proceso terapéutico) | Que el tratamiento sirva | Alianza, asistencia | «Cubre el nocebo» |
Cuatro columnas. El oral pide la fila, no el ensayo.
Cómo se informa un riesgo sin sembrar el síntoma
Bingel (2014) no ofrece un mantra. Ofrece una dirección: evitar nocebos para no echar a perder el resultado del tratamiento. En castellano de consultorio, eso se opera en cuatro gestos.
Autorizar el síntoma y acotar el mapa. «Algunas personas notan náusea los primeros días; si dura más de X o hay sangre, consultas.» La frase nombra el riesgo, pone umbral y pone salida. El catálogo infinito sin umbral es un instructor de amenaza.
Separar frecuencia de gravedad. Un efecto frecuente y leve no se narra con la misma música que un efecto raro y grave. Mezclarlos en una lista plana hace que el oído asigne la gravedad del último al primero.
No usar el nocebo para callar. El consentimiento sigue siendo deber. Colloca y Miller (2011) no proponen mentir. Proponen dosificar y contextualizar. El silencio paternalista fabrica otra expectativa: «si no me dijo, es porque es terrible».
Preguntar la historia de «no me cae nada». Barsky (2002) ayuda a oír el patrón de efectos inespecíficos. Una historia de cinco fármacos «malos» en tres meses pide, además del internista, una conversación sobre vigilancia del cuerpo y sobre qué se le dijo cada vez.
El método científico en psicología recuerda que hipótesis y control también aplican al relato: qué se predijo, qué se midió, qué se confunde. El nocebo es una hipótesis sobre el síntoma, no un veredicto moral sobre el paciente.
Ensayos clínicos: el brazo que también espera
Rief y colegas (2011) y Schedlowski y colegas (2015) empujan el argumento al protocolo. Si el consentimiento del ensayo enumera veinte eventos adversos con la misma tinta, el reporte de esos eventos sube en placebo y en activo. La diferencia fármaco-control se estrecha. Un revisor que ignore el nocebo lee «el fármaco no se distingue». Un revisor que lo tenga en cuenta pregunta cómo se informó.
Petersen y colegas (2014) en dolor cuantifican magnitud en paradigmas experimentales. Extrapolado al ensayo, el mensaje es modesto y útil: hay una porción de los eventos adversos que se mueve con el marco. Diseñar el marco es parte del método, no un adorno de comunicación.
En escena de comité: una investigadora propone leer los riesgos en voz alta, uno por uno, «para que quede claro». El metodólogo pregunta si esa claridad es consentimiento o inducción. La tensión es real. No se resuelve con un eslogan. Se resuelve con un texto de consentimiento que nombra riesgos ordenados por frecuencia y gravedad, y con un clínico que puede responder preguntas sin recitar el infierno.
Clínica del dolor: palabras que duelen
Benedetti y colegas (2007) pusieron el título en el laboratorio: cuando las palabras duelen. En la cama de un hospital, la frase «ahora va a arder» antes de una venopunción opera como clave, no como cortesía vacía. El personal que avisa el procedimiento tiene razón ética (no sorprender). El modo del aviso cambia la experiencia. «Vas a sentir presión» no es idéntico a «vas a sentir un dolor fuerte». Colloca y Benedetti (2007) ayudan a entender por qué la segunda frase instruye hiperalgesia: no gana honestidad por ser más dura.
En dolor crónico, el nocebo se engancha con la hipervigilancia. El paciente que ya lee cada punzada como recaída llega al prospecto con el detector alto. El apunte de dolor crónico y oncología cubre el campo. Aquí se añade una pieza: cada explicación de mal pronóstico es también una clave. El oncólogo que dice la verdad del estadio no está haciendo nocebo por decirla. El que añade «y esto se pone muy feo» sin mapa de cuidado está plantando amenaza extra.
Reencuadre: la honestidad del pronóstico y la dosificación de amenaza no se oponen. Se pueden decir juntas: el hecho, el rango, el plan. El plan es el antídoto clínico de la amenaza suelta.
Aprendizaje observacional: ver al otro empeorar
Colloca, Sigaudo y Benedetti (2008) incluyen el aprendizaje. Ver a un compañero de sala reportar náusea tras la infusión enseña. El nocebo viaja por observación, igual que muchos miedos. En un hospital de día oncológico, una náusea ruidosa en la silla de al lado es una clase. El personal que aísla, que nombra, que ofrece un marco («a ella le pasa X; a ti te vamos a cuidar así») corta la clase. El que deja la escena sin palabras la deja como instructor.
Esto no pide silenciar al compañero. Pide que el clínico hable después, no que el silencio haga de pizarra.
Límites: lo que el nocebo no autoriza
Cuatro límites, para que el constructo no se vuelva palanca contra el paciente.
No autoriza a decir «es psicológico» como desprecio. El mecanismo es psicobiológico (CCK, atención, aprendizaje). Benedetti y colegas (2007) no entregan un insulto. Entregan una vía.
No autoriza a omitir un efecto adverso grave. El consentimiento no se negocia con el nocebo. Se diseña.
No explica toda la iatrogenia. Una dosis mal calculada queda fuera de este constructo. Una interacción, también. Barsky (2002) recorta lo inespecífico, no lo tóxico.
No sustituye al placebo como tema de parcial. Si el ítem pide condicionamiento del alivio, la respuesta vive en el efecto placebo. Si pide hiperalgesia por instrucción de amenaza, vive aquí.
Errores frecuentes que cuestan puntos
- Tratar nocebo como «placebo al revés» y parar ahí. Aproxima el polo y borra síntoma, vía y contexto. Colloca y Benedetti (2007) piden hiperalgesia y ansiedad, no un signo menos.
- Usar nocebo para negar el síntoma. El paciente náuseoso está náuseoso. La pregunta es cuánto pesa la expectativa. Barsky (2002) no borra el malestar.
- Confundir con Hawthorne. Ser observado cambia la conducta de tarea. El nocebo cambia el síntoma esperado. El efecto Hawthorne versus este corte.
- Confundir con Pigmalión. Expectativa de desempeño en aula. Palabra compartida, fenómeno distinto (efecto Pigmalión).
- Citar un DOI de dataset o una reseña. Los papers de este artículo se validaron en Crossref como journal-article. Libros clásicos de placebo (Beecher, etc.) se citan APA sin doi.org si no hay artículo. No se fabrica identificador.
Oficio en el primer minuto de la indicación
El internista no tiene una hora para Colloca. Tiene el minuto en que nombra el fármaco. Ese minuto es una instrucción. Si dice «esto suele irritar» sin frecuencia ni salida, el detector se enciende. Si dice «un grupo pequeño nota acidez los primeros días; si te pasa, comes con la toma y me escribes», el mapa cabe. Bingel (2014) cabe en esa frase. No hace falta citarla en voz alta.
En psicología de enlace el minuto es otro: «qué te dijeron de esta pastilla». La respuesta («que es fuerte», «que a mi mamá le cayó mal», «que leí en el grupo») ya es anamnesis de expectativa. Barsky (2002) justifica oír el patrón. Colloca y Miller (2011) justifican tratarlo como dato clínico, no como recelo hacia el paciente.
El reencuadre para el internista cansado: no se le pide que se vuelva psicólogo. Se le pide que no use el prospecto como lista de terror y que deje una puerta («si te pasa X, haces Y»). Esa puerta baja amenaza porque el cuerpo deja de estar solo con el síntoma.
Síntomas que el nocebo prefiere
Náusea, mareo, prurito, dolor de cabeza, molestia gástrica, «niebla». Barsky (2002) trabaja lo inespecífico: síntomas frecuentes en la vida cotidiana que el relato pega al blister. El dolor experimental de Colloca y Benedetti (2007) es otro paradigma: hiperalgesia medida. Los dos importan. El aula los mezcla si no se dice.
En oncología, la náusea anticipatoria del ciclo siguiente ya es aprendizaje. Colloca, Sigaudo y Benedetti (2008) dan marco. El apunte de dolor crónico y oncología cubre el campo; aquí se añade que la silla de infusión, el olor del alcohol y la cara de la compañera son claves. El nocebo no espera a la molécula del ciclo 2: llega antes, a veces en el taxi.
En salud mental, el prospecto de un ISRS con «puede aumentar ideación» es un caso difícil. Callar viola consentimiento. Recitarlo sin contexto y sin plan de contacto puede sembrar amenaza en quien ya vigila el ánimo. El oficio: nombrar, acotar frecuencia, dar un canal de las 24 horas, citar que el seguimiento es parte del tratamiento. El gesto es un diseño de la consulta, no un eslogan.
Lo que el laboratorio puede decir y lo que el consultorio no debe copiar
Petersen y colegas (2014) meta-analizan magnitud en dolor experimental. El laboratorio controla la instrucción («esto va a arder») y mide umbral. El consultorio no puede copiar el paradigma entero: no vas a decir «esto va a arder» para demostrar un paper. Sí puedes dejar de decirlo cuando no hace falta. Benedetti, Lanotte, Lopiano y Colloca (2007) muestran que las palabras duelen; la clínica responde eligiendo palabras, no replicando el diseño de CCK.
Schedlowski, Enck, Rief y Bingel (2015) cruzan ensayos y práctica. El mensaje para el tesista: el brazo placebo de un analgésico no es un desierto de expectativa. El mensaje para el clínico: el primer minuto de la indicación es parte del tratamiento. Rief, Bingel, Schedlowski y Enck (2011) lo dicen para quien diseña el consentimiento del ensayo.
Caso extendido: tres pastillas y un mismo mareo
Volvamos a la mujer de 54 años. Primer antihipertensivo: mareo a las 48 horas, se suspende. Segundo, otra familia: mismo mareo, mismo relato. Tercero: el internista, ya impaciente, dice «este no mareo, es de otra clase». A las 48 horas, mareo. Aquí el detector de Barsky (2002) se enciende y el internista tiene razón en sospechar lo inespecífico. También tiene el deber de medir tensión, revisar la curva, no dejar una hipertensión sin tratar porque el relato se repite.
El psicólogo de enlace no «demuestra» nocebo. Pregunta qué se le dijo cada vez, qué leyó, qué le pasó a la hermana, cómo vive el mareo (¿al levantarse, al leer el blister, al hablarlo?). Si el mareo coincide con la lectura del prospecto y no con el pico plasmático, el mapa se inclina. Si coincide con hipotensión medida, el mapa se inclina al otro lado. Colloca y Miller (2011) no piden un veredicto de sillón. Piden esa anamnesis.
El reencuadre con ella: «el mareo es real; vamos a ver cuánto pesa la pastilla y cuánto pesa lo que se anticipa; las dos cosas se pueden cuidar». Esa frase dice el par placebo-nocebo en castellano de consultorio, sin negar el cuerpo y sin tono de coach.
Relación con el método: hipótesis sobre el síntoma
El método científico pide hipótesis, variables y control. El nocebo es una hipótesis: parte de la varianza del síntoma se explica por expectativa y contexto de amenaza. Variable independiente en laboratorio: instrucción. Dependiente: umbral de dolor o reporte. En clínica no hay ese control; hay covariables (historia de efectos, vigilancia, frases del profesional). Confundir hipótesis con insulto («entonces lo inventas») rompe el método y la alianza.
Enck, Benedetti y Schedlowski (2008) ayudan a no tratar placebo y nocebo como anécdota. Hay revisión, hay vías, hay implicación para ensayos. El estudiante que en el oral dice «es el efecto de la mente» pierde precisión. El que nombra expectativa, aprendizaje y, si el ítem lo pide, CCK, gana el punto.
Cómo se escribe un consentimiento que no sea instructor de terror
Cuatro criterios, en prosa de comité.
Primero, ordenar por frecuencia y gravedad, no por orden alfabético del síntoma. El oído asigna peso al que suena más grave si están en la misma tinta.
Segundo, dar una conducta: qué hacer si aparece. Sin conducta, el síntoma queda como amenaza suelta.
Tercero, separar el riesgo raro y grave en un párrafo propio, con números si existen, sin mezclarlo con el mareo frecuente.
Cuarto, dejar tiempo a preguntas. El consentimiento leído en un hilo sin pausa es una clase de amenaza. Colloca y Miller (2011) y Bingel (2014) se pueden citar en el anexo del protocolo; en la sala, se operan como pausa y mapa.
Rief y colegas (2011) recuerdan que ese texto también es método del ensayo: moldea eventos adversos reportados. Un comité que solo mira la molécula y no el texto deja una variable suelta.
Lo que no se promete
No se promete que un consentimiento bien escrito elimine el nocebo. Se promete, con cautela, que un consentimiento-terror lo infla. Petersen y colegas (2014) no entregan una cifra para tu consulta de las 11:00. Entregan magnitud en paradigmas. El clínico traduce a gestos, no a porcentajes de pasillo.
No se promete que preguntar «qué leíste» cure la náusea. Se abre un mapa. A veces el mapa cambia la toma (con comida, otra hora). A veces cambia el fármaco. A veces deja el fármaco y trabaja la vigilancia. Las tres salidas son clínicas. El nocebo no autoriza la escuela de «aguanta, que es psicológico».
Cierre de aula
Para el parcial, tres nombres y un interruptor. Colloca y Benedetti (2007): ansiedad que se vuelve dolor. Barsky (2002): efectos inespecíficos de la medicación. Bingel (2014): cómo se informa. Interruptor: si el ítem pide alivio esperado, te mudas a efecto placebo. Si pide daño esperado, te quedas. Hawthorne y Pigmalión se nombran para apartarlos. El prospecto se lee como instructor. El consentimiento, también.
Preguntas frecuentes
¿El nocebo significa que el paciente inventa el síntoma?
No. El síntoma se siente. Lo que se discute es la porción ligada a expectativa y aprendizaje. Colloca y Benedetti (2007) hablan de hiperalgesia, no de teatro.
¿Informar menos riesgos baja el nocebo y viola el consentimiento?
El oficio es informar con frecuencia, gravedad y salida, no callar. Bingel (2014) y Colloca y Miller (2011) se leen juntos: optimizar el marco, no suprimir el dato.
¿Sirve para el dolor crónico entero?
No. Recorta una porción. El campo del dolor crónico se estudia en su apunte. Petersen y colegas (2014) cuantifican paradigmas de dolor, no el síndrome entero.
¿Placebo y nocebo pueden ocurrir en la misma pastilla?
Sí. Alivio en un síntoma y daño esperado en otro. Enck, Benedetti y Schedlowski (2008) los tratan como par, no como un solo número.
¿El prospecto es un condicionamiento clásico?
Puede funcionar como instrucción verbal, que Colloca, Sigaudo y Benedetti (2008) incluyen en el aprendizaje del nocebo. El emparejamiento clásico (bata-inyección) es otra vía, vecina, no obligatoria.
¿Cómo se pregunta en anamnesis sin acusar?
«Qué te dijeron de esta pastilla» y «qué leíste» y «qué te pasó con las anteriores». Barsky (2002) justifica oír el patrón de inespecíficos. El tono es de mapa, no de tribunal.
Lecturas relacionadas en PsiqueAcadémica
- Efecto placebo: expectativa, condicionamiento y límites éticos — el polo del alivio; no reescribirlo.
- Expectativas en el proceso terapéutico — expectativa de resultado y alianza.
- Efecto Pigmalión — expectativa de desempeño, no de daño corporal.
- Efecto Hawthorne — conducta bajo observación.
- Condicionamiento clásico vs. operante — aprendizaje asociativo como vía.
- Psicología en dolor crónico y oncología — el campo donde el nocebo se engancha con hipervigilancia.
- Método científico: variables, hipótesis y control — hipótesis sobre el síntoma, no veredicto.
Referencias
Barsky, A. J. (2002). Nonspecific medication side effects and the nocebo phenomenon. JAMA, 287(5), 622. 10.1001/jama.287.5.622
Benedetti, F., Lanotte, M., Lopiano, L., y Colloca, L. (2007). When words are painful: Unraveling the mechanisms of the nocebo effect. Neuroscience, 147(2), 260-271. 10.1016/j.neuroscience.2007.02.020
Bingel, U. (2014). Avoiding nocebo effects to optimize treatment outcome. JAMA, 312(7), 693. 10.1001/jama.2014.8342
Colloca, L., y Benedetti, F. (2007). Nocebo hyperalgesia: How anxiety is turned into pain. Current Opinion in Anaesthesiology, 20(5), 435-439. 10.1097/aco.0b013e3282b972fb
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Enck, P., Benedetti, F., y Schedlowski, M. (2008). New insights into the placebo and nocebo responses. Neuron, 59(2), 195-206. 10.1016/j.neuron.2008.06.030
Petersen, G. L., Finnerup, N. B., Colloca, L., Amanzio, M., Price, D. D., Jensen, T. S., y Vase, L. (2014). The magnitude of nocebo effects in pain: A meta-analysis. Pain, 155(8), 1426-1434. 10.1016/j.pain.2014.04.016
Rief, W., Bingel, U., Schedlowski, M., y Enck, P. (2011). Mechanisms involved in placebo and nocebo responses and implications for drug trials. Clinical Pharmacology & Therapeutics, 90(5), 722-726. 10.1038/clpt.2011.204
Schedlowski, M., Enck, P., Rief, W., y Bingel, U. (2015). Neuro-bio-behavioral mechanisms of placebo and nocebo responses: Implications for clinical trials and clinical practice. Pharmacological Reviews, 67(3), 697-730. 10.1124/pr.114.009423
Este tema se trabaja completo en Psicología clínica y de la salud, una de las 30 materias de la Escuela de Psique: lectura curada, casos y un banco de preguntas que explica por qué cada opción está bien o mal. La sesión 1 de cada materia es gratis y no pide tarjeta.