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Iceberg de Virginia Satir: lo que la familia no nombra

Por Ricardo de Castro King · Psicólogo clínico · Director de Psique Académica

Una familia llega a consulta y dice “no tenemos problemas, solo queremos hablar con más claridad”. En supervisión clínica, la primera tarea es sospechar de esa superficie. El modelo de Virginia Satir lleva más de medio siglo mostrando que debajo del comportamiento visible hay capas que sostienen —o agrietan— la autoestima de cada integrante.


TL;DR

  • El iceberg de Satir es una metáfora clínica, no un test psicométrico: representa qué niveles de la experiencia personal sostiene cada comportamiento observable en la familia.
  • Satir lo popularizó como parte de su modelo de crecimiento y desarrollo humano, basado en la autocongruencia y la autoestima, no en categorizar “personalidades”.
  • Las capas operativas suelen describirse como cinco: comportamiento, pensamientos, sentimientos, expectativas y self (o “sí mismo/a”, el nivel más profundo, donde se ubica la energía, las decisiones y la espiritualidad).
  • En clínica familiar, el iceberg se trabaja con posturas de comunicación, escultura familiar y el genograma como herramientas complementarias, no como sinónimos.
  • La aplicación clínica de fondo es reducir congruencia disonante y fortalecer autoestima, sin caer en la trampa de patologizar ni de recetar cambios superficiales.

1. La escena: por qué el iceberg importa en supervisión clínica

Imagina una sala de supervisión. Una terapeuta en formación presenta el caso de una familia de cuatro: la madre de 42 años, el padre de 45, una hija adolescente de 14 y un hijo de 11. El motivo de consulta fue “rabietas de la hija”. La terapeuta describe dos sesiones, el conjunto de entrevistas iniciales, los resultados de la evaluación y la formulación.

En algún punto, la supervisora pregunta: “¿Qué hizo la hija con su rabia?”. La terapeuta piensa en las conductas observables: insultar, llorar, encerrarse en su cuarto, suspender el contacto visual. La supervisora anota las conductas y luego pregunta: “¿Y qué hizo la madre?”. Misma cosa: callarse, mirar el celular, suspirar, justificar a la hija por encima del padre, irse a la cocina.

La supervisora dibuja un triángulo invertido sobre el papel. Marca la punta con la palabra “conducta”. Y pregunta por debajo: ¿qué pensó cada uno? ¿qué sintió? ¿qué esperaba del otro? ¿qué imagen de sí mismo/a quedó activada? La terapeuta entiende que acaba de ver el iceberg por primera vez.

“En mi modelo, lo que la gente dice y hace representa apenas la punta del iceberg. Bajo la superficie están los sentimientos, las percepciones, las expectativas y, finalmente, el sí mismo/a: el nivel que sostiene todo lo demás.” — Virginia Satir (citada en Banmen, 2002).

Esa es la función del iceberg en clínica familiar: mover la conversación del síntoma conductual a la estructura interna que lo sostiene. No se trata de psicoanalizar a nadie; se trata de ampliar la escucha.


2. Definición: qué es el iceberg de Satir

El iceberg es una metáfora pedagógica y clínica que Satir introdujo en sus escritos y trainings a partir de la década de 1970, popularizada en Peoplemaking (1972) y consolidada en The New Peoplemaking (1988). El iceberg no funciona como cuestionario, no produce puntajes y no se administra como un MMPI o un 16PF. Funciona como mapa visual para pensar la experiencia humana en niveles.

La imagen clásica es simple: un iceberg flotando en el mar. La parte que se ve sobre el agua corresponde a los comportamientos: lo que la persona dice, hace, expresa y que otros pueden observar. La parte sumergida es mucho más grande y contiene el resto de la experiencia: pensamientos, sentimientos, expectativas y el sí mismo/a.

La metáfora cumple tres funciones clínicas concretas:

  1. Ampliar la escucha del clínico: por cada conducta observable hay al menos cuatro niveles por explorar antes de interpretar.
  2. Distinguir niveles de intervención: cambiar una conducta sin atender lo que la sostiene produce cambios frágiles.
  3. Devolver agencia al paciente: la persona no es su conducta; hay capas modificables debajo.

“El sí mismo/a de cada persona contiene la energía para transformarse. El trabajo clínico es quitar las capas que tapan esa energía, no añadir nada desde afuera.” — Sayles (2002), sobre la noción de self en el modelo de Satir.

Lo que distingue al iceberg de Satir de otros mapas intrapsíquicos es el énfasis en la congruencia: cuando los cinco niveles están alineados, la persona se comunica con autenticidad y su autoestima se mantiene; cuando hay disonancia entre niveles, aparecen los comportamientos defensivos.

Para ampliar cómo Satir entiende la comunicación familiar en paralelo al iceberg, conviene revisar las posturas de comunicación de Satir, porque describen el estilo visible —el modo en que cada persona nada sobre el agua— mientras el iceberg describe lo que está debajo.


3. Las cinco capas del iceberg

Aunque existen variaciones en la literatura, la presentación más operativa distingue cinco niveles. La tabla siguiente los sintetiza con su función clínica.

Capa Contenido típico Pregunta clínica útil
1. Comportamiento Palabras, gestos, acciones observables ¿Qué hizo/dijo?
2. Pensamientos Creencias, interpretaciones, atribuciones ¿Qué pensó al hacerlo?
3. Sentimientos Emociones y respuestas corporales ¿Qué sintió?
4. Expectativas Deseos, suposiciones sobre el otro ¿Qué esperaba del otro?
5. Self (sí mismo/a) Identidad, valores, espiritualidad, energía vital ¿Quién soy yo en esto?

3.1 Capa 1: comportamiento

Es la punta visible. Incluye todo lo que un observador externo podría registrar: tono de voz, postura corporal, palabras elegidas, decisiones tomadas, silencios. En terapia familiar, esta capa es la accesible de manera directa al inicio. La tentación del clínico es quedarse aquí: interpretar la conducta como si ella fuera la totalidad del caso.

Satir advertía que la conducta es un mensaje, no la causa. Pedirle a una familia que “deje de discutir” sin atender las capas inferiores equivale a pedirle al iceberg que solo muestre la punta.

3.2 Capa 2: pensamientos

Por debajo del comportamiento están las interpretaciones. Lo que la persona pensó sobre lo que el otro dijo, hizo o dejó de hacer. Aquí vive el filtro cognitivo: atribuciones de intención, lecturas del tono, recuerdos activados.

Un ejemplo clínico: la hija de 14 años no contesta el teléfono. La madre interpreta “me está desafiando”. La hija interpretó “no me escucha cuando hablo”. Las dos conductas (ignorar y exigir) son visibles; las dos lecturas son privadas. Trabajar solo la conducta no las resuelve.

“Cuando trabajo con una familia, mi primera pregunta apunta a lo que pensaron que estaba pasando, no a lo que dijeron.” — Lee (2002), sobre la escala de congruencia basada en el modelo de Satir.

3.3 Capa 3: sentimientos

Los sentimientos en Satir no son “emociones patológicas” a corregir. Son señales del sistema interno que indican si la persona está en congruencia o en disonancia con sus cinco niveles. Sentir rabia y sentir ternura pueden coexistir en el mismo momento, según la lectura que la persona haga de la situación.

En la escena inicial de supervisión, lo más frecuente es descubrir que la madre no solo está enojada con la hija: también está triste, decepcionada de sí misma, y agotada. Cuando la terapeuta aprende a preguntar por los cuatro sentimientos básicos (alegría, tristeza, rabia y miedo, más las combinaciones que la clínica familiar contemporánea reconoce), el cuadro cambia.

3.4 Capa 4: expectativas

Las expectativas son la capa donde Satir ubicaba gran parte del sufrimiento relacional. Cada miembro de la familia espera algo del otro, frecuentemente de manera no declarada. “Espero que me entiendan sin que yo explique”. “Espero que el otro lea mi silencio”. “Espero que mi pareja ocupe el lugar de mi padre/madre”.

Cuando las expectativas son explícitas y negociables, la familia negocia. Cuando son tácitas y rígidas, se convierten en heridas crónicas y en proyecciones sobre los hijos.

El iceberg pide al clínico indagar: ¿qué esperaba cada uno del otro en ese momento? La respuesta rara vez coincide con lo declarado al inicio del proceso.

3.5 Capa 5: self (sí mismo/a)

Es el nivel más profundo y el más importante según el modelo de Satir. Contiene la identidad, los valores, la espiritualidad y la energía vital que sostiene a la persona. Satir sostenía que cuando el self está en contacto con su energía, la comunicación tiende a ser congruente. Cuando el self está desconectado o vulnerado, los niveles se desalinean y aparecen las defensas.

La autoestima, en Satir, cambia según el estado del self en cada interacción. Crece cuando los cinco niveles están alineados; disminuye cuando la persona actúa por encima o por debajo de su self auténtico.

La diferencia con la ventana de Johari es nítida: Johari mapea lo conocido y lo desconocido entre la persona y los otros; el iceberg mapea la profundidad vertical de la experiencia interna, una mirada intrapsíquica antes que interpersonal.


4. Raíz histórica: Virginia Satir y su modelo

Virginia Satir (1916–1988) fue trabajadora social y terapeuta familiar. Es una de las fundadoras de la terapia familiar sistémica y autora de cuatro libros que moldearon el campo: Conjoint Family Therapy (1964, revisado en 1982 con Michele Baldwin), Peoplemaking (1972), The Self Esteem Workbook (publicado póstumamente en 2001) y The New Peoplemaking (1988, escrito con Michelle Steven y John Banmen).

El iceberg no aparece como capítulo aparte en sus obras tempranas, sino como imagen pedagógica recurrente en sus trainings y escritos clínicos posteriores. Satir lo utilizaba para que los terapeutas pudieran traducir a las familias el concepto de autocongruencia sin recurrir a jerga técnica. Banmen (2002), colaborador cercano y cofundador del Satir International Network, sistematizó los cinco niveles tal como se usan hoy.

“Satir no inventó un test. Inventó un lenguaje visual para que las familias pudieran verse.” — Averbeck (2023), capítulo sobre el modelo de Satir en el Handbook of Family Therapy.

Su enfoque se distinguió desde temprano de las otras líneas fundadoras de la terapia familiar (Bateson-MMRI estructural, Minuchin estructural, Bowen multigeneracional, Whitaker experiencial) por su énfasis en la autoestima y el crecimiento, más que en la homeostasis o la patologización del síntoma.

En la tradición de Satir, la familia no es un sistema a reparar sino un lugar donde el self de cada miembro puede crecer o morir, según los patrones vinculares.


5. Clínica familiar: cómo se usa el iceberg en sesión

El iceberg rara vez se dibuja tal cual en sesión. Lo que se hace es operar sobre sus capas a través de intervenciones específicas.

5.1 De la conducta al self: las cinco preguntas

Una secuencia clínica habitual:

  1. ¿Qué pasó? (capa 1)
  2. ¿Qué pensaste que estaba pasando? (capa 2)
  3. ¿Qué emoción apareció? (capa 3)
  4. ¿Qué esperabas del otro? (capa 4)
  5. ¿Quién eras tú en ese momento? (capa 5)

Esta secuencia sigue la lógica vertical del iceberg. Cuando se hace con toda la familia reunida, el terapeuta obtiene cinco mapas internos distintos sobre un mismo evento. La discrepancia entre los mapas suele ser el punto de intervención.

5.2 Diferencia con la escultura familiar

La escultura familiar de Satir es una herramienta distinta que trabaja con cuerpos en el espacio: un miembro de la familia posiciona a los otros como figuras de una escultura, y luego cada uno habla desde su lugar. La escultura muestra distancias, alturas y orientaciones corporales; el iceberg muestra las capas internas que explican por qué cada uno tomó el lugar que tomó. Son complementarios: la escultura hace visible lo que el iceberg hace audible.

5.3 Diferencia con las posturas de comunicación

Las posturas de comunicación (culpadora, superrazonable, aliviadora, distractora y congruente) describen estilos visibles en la interacción. Cada postura se asocia a un patrón típico de comportamiento: la postura culpadora ataca, la aliviadora cede, la superrazonable se esconde tras los hechos. El iceberg, en cambio, describe las capas internas que sostienen cualquiera de esas posturas. Una persona puede estar en postura aliviadora porque sintió miedo (capa 3) y porque su self aprendió hace años que cuidar a otros era la forma de ser valorada (capa 5). El iceberg rastrea esa cadena hacia abajo.

5.4 Diferencia con el genograma

El genograma extiende la mirada del iceberg a tres generaciones. Si el iceberg pregunta “¿qué sientes tú hoy?”, el genograma pregunta “¿qué aprendiste a sentir en la casa de tus abuelos?”. En la práctica clínica contemporánea, el iceberg trabaja el episodio presente y el genograma trabaja la transmisión transgeneracional de los patrones. Son escalas distintas de profundidad temporal.

Herramienta Satir Función de fondo Escala temporal
Posturas de comunicación Estilo visible en interacción El episodio presente
Iceberg Capas internas del self El episodio presente
Escultura familiar Cuerpos en el espacio El episodio presente
Genograma (complementario) Transmisión intergeneracional Tres generaciones

“Ninguna de estas herramientas es jerárquicamente superior. Se usan según lo que la familia esté pidiendo en ese momento.” — Brubacher (2006), sobre la integración del modelo de Satir con terapia centrada en emoción.

5.5 Congruencia y autoestima como meta clínica

La intervención final en el modelo busca restaurar la congruencia entre las cinco capas para que la autoestima pueda sostenerse. Cuando los niveles están alineados, la persona habla desde el self: dice lo que piensa, siente lo que dice, actúa conforme a lo que siente y se reconoce en lo que hace. Cuando hay disonancia, aparecen las defensas rígidas y la autoestima cae.

Estudios contemporáneos han operacionalizado la congruencia en escalas psicométricas —la más referenciada es la de Lee (2002)— y han encontrado correlatos con bienestar subjetivo, calidad de pareja y ajuste psicológico general (Kim, 2022; Kalayasiri, 2024). El iceberg sigue siendo la metáfora sobre la que estas escalas se construyen.


6. Aplicación paso a paso: una viñeta extendida

Para mostrar cómo opera el iceberg en sesión, vale la pena regresar a la sala de supervisión del inicio y seguir el caso.

Sesión 1. La terapeuta pidió a cada miembro dibujar un iceberg propio en una hoja. La madre dibujó una punta grande y un cuerpo estrecho: “yo muestro mucho, pero abajo hay poco”. El padre hizo lo contrario: “yo muestro poco, pero debajo hay mucho”. La hija dibujó un iceberg casi entero bajo el agua: “casi nada se ve”. El hijo no quiso dibujar.

Esa primera producción le dio a la terapeuta un mapa inicial de cómo cada uno se percibía a sí mismo en términos de visibilidad. No sustituye un dato diagnóstico; sirve de disparador para conversar.

Sesión 2. Se trabajó el evento de la última rabieta de la hija. La terapeuta preguntó por las cinco capas. La madre dijo: “pensé que estaba siendo desagradecida, me dio rabia y miedo, esperaba que pidiera perdón, y yo era la madre que fracasa”. La hija dijo: “pensé que no me escuchaba, me dio rabia y tristeza, esperaba que me preguntara qué me pasaba, y yo era la carga”. El padre intervino: “pensé que tenía que intervenir, me dio presión, esperaba que se calmaran, y yo era el árbitro”.

Cuando la terapeuta puso los tres relatos en paralelo, la discrepancia entre los mapas internos se hizo visible. La madre se veía como fracaso. La hija como carga. El padre como árbitro. Ninguno de los tres self-imágenes era congruente con quién querían ser en su familia. Ahí comenzó el trabajo sobre la capa 5.

Sesión 5. La terapeuta usó la escultura familiar para visibilizar las distancias corporales: la hija se puso a dos metros de la madre, mirando la pared; el padre se puso entre las dos, con un brazo extendido hacia cada una. Hablar desde cada posición permitió conectar las posturas visibles con el iceberg interno: la hija confirmó que su “carga” se traducía en girar la espalda; el padre confirmó que su “árbitro” se traducía en intervenir con el cuerpo. La madre, al ver la escultura, pudo decir por primera vez “veo por qué mi hija gira la espalda”. Esa frase marca el comienzo del trabajo en la capa 4: las expectativas explícitas.

Sesión 8. La familia empezó a hablar de las expectativas familiares sobre la hija adolescente: “ser buena alumna”, “no dar problemas”, “ser como la madre fue”. Indagar esas expectativas llevó al genograma, donde apareció que la madre de la madre había perdido dos embarazos antes de tenerla. La frase “ser como la madre fue” se llenó de un peso intergeneracional que ya no podía pensarse solo en clave de “esta familia tiene problemas de comunicación”. El iceberg individual de la madre se conectó con un iceberg transgeneracional.

Esta secuencia muestra cómo el iceberg opera como columna vertebral: cada sesión baja un poco más, y cada capa preparada permite acceder a la siguiente.


7. Errores frecuentes al usar el iceberg

7.1 Confundir el iceberg con un test

El iceberg no se puntúa. Si un clínico dice “su iceberg dio X puntos” está banalizando el modelo. El iceberg se explora, no se evalúa. Un intento de convertirlo en cuestionario pierde lo que Satir quiso preservar: la dignidad del self por debajo de los síntomas.

7.2 Quedarse en la capa de comportamiento

Es el error más común y el más costoso. Una familia consulta por “conductas problema”; el clínico trabaja sobre ellas sin indagar las capas inferiores; los cambios no duran. El iceberg pide detenerse un paso más abajo en cada intervención.

7.3 Patologizar las defensas

Las defensas (mentir, negar, proyectar, huir) son intentos del self por protegerse. Satir no las juzga como patológicas; las lee como adaptaciones creativas a un entorno que en algún momento fue inseguro. Patologizarlas produce resistencia familiar y deteriora la alianza terapéutica.

7.4 Aplicarlo como autoayuda

En redes sociales, el iceberg se difunde como herramienta de autoconocimiento rápido. Esto pierde su contexto clínico. Sin formación en escucha sistémica, preguntar “¿qué emoción apareció?” puede convertirse en una intromisión emocional. El iceberg es clínico porque hay encuadre, hay formación y hay supervisión.

7.5 Ignorar el contexto cultural

Las cinco capas tienen pesos distintos en familias de distintas culturas. En familias migrantes latinoamericanas, la capa de expectativas suele estar densamente cargada de lealtades intergeneracionales; en familias europeas protestantes, la capa de sentimientos tiende a estar más restringida. Aplicar el iceberg como protocolo uniforme borra estas diferencias.


8. FAQ

¿El iceberg de Satir es un test psicométrico?

No. Es una metáfora clínica y pedagógica para representar los niveles de la experiencia humana (comportamiento, pensamientos, sentimientos, expectativas y self). No produce puntajes, no se administra como cuestionario y no reemplaza pruebas psicométricas validadas. Lee (2002) sí construyó una escala de congruencia basada en el modelo, pero el iceberg en sí mismo es un mapa conceptual, no un instrumento de medición.

¿Cuántas capas tiene el iceberg de Satir?

La presentación más operativa distingue cinco niveles: comportamiento (lo visible), pensamientos (interpretaciones), sentimientos (respuestas emocionales), expectativas (deseos hacia el otro) y self (sí mismo/a, identidad y energía vital). Algunas versiones didácticas resumen en tres (conducta, sentimientos y self) o amplían a seis agregando espiritualidad. La versión de cinco es la más usada en formación clínica contemporánea.

¿Virginia Satir inventó la metáfora del iceberg?

No hay evidencia de que Satir haya sido la primera en usar la metáfora del iceberg en psicología —Freud ya había usado una metáfora similar para hablar de lo inconsciente—. Lo distintivo de Satir fue integrar el iceberg a su modelo de crecimiento humano, vincularlo con la autoestima y operativizarlo clínicamente como mapa de los niveles de la experiencia personal.

¿Cómo se diferencia el iceberg de Satir de las posturas de comunicación?

Las posturas de comunicación describen estilos visibles en la interacción (culpadora, superrazonable, aliviadora, distractora, congruente). El iceberg describe las capas internas que sostienen esos estilos. Las posturas se observan sobre el agua; el iceberg rastrea lo que hay debajo. En clínica, ambas herramientas se usan en conjunto: primero se identifica la postura, después se explora el iceberg que la sostiene.

¿Es lo mismo el iceberg de Satir que la ventana de Johari?

No. La ventana de Johari (Luft & Ingham, 1955) divide la experiencia personal en cuatro cuadrantes según sea conocida o desconocida para la persona y para los otros. Es un mapa horizontal e interpersonal. El iceberg de Satir divide la experiencia en capas verticales e intrapsíquicas. Johari pregunta qué sabe cada uno; el iceberg pregunta qué hay debajo de lo que se ve. Son herramientas complementarias, no equivalentes.

¿El iceberg se puede usar en terapia individual?

Sí, aunque su origen sea la terapia familiar. Funciona como mapa para explorar la congruencia interna de una persona. En la práctica, el terapeuta pregunta por las cinco capas de un evento de la vida del paciente y trabaja la disonancia entre niveles. La misma lógica vertical aplica aunque no haya otros interlocutores en sesión.

¿Cuál es la diferencia entre el iceberg de Satir y el iceberg de Freud?

Ambos usan la metáfora de un iceberg para hablar de lo sumergido, pero no son equivalentes. En Freud, lo sumergido es primordialmente lo inconsciente reprimido (pulsiones, recuerdos, conflictos infantiles). En Satir, lo sumergido son los niveles accesibles de la experiencia (pensamientos, sentimientos, expectativas, self) que la persona puede reconocer y modificar con el terapeuta. El iceberg de Satir es más cognitivo-existencial y menos pulsional que el de Freud.

¿Qué pasa si la familia se resiste a explorar las capas inferiores?

Es esperable. Las capas 4 (expectativas) y 5 (self) suelen activar defensas intensas porque tocan identidad. El clínico no fuerza. Trabaja primero la alianza, sostiene el ritmo de la familia y va bajando capa por capa. Si la familia no baja, el clínico se queda en la capa 1 y vuelve a intentarlo en la sesión siguiente. Forzar produce ruptura terapéutica y replicación de patrones de violencia previos.

¿El iceberg sirve para trabajar con adolescentes?

Sí, con adaptaciones. Los adolescentes suelen ser más capaces de hablar de capa 3 (sentimientos) que de capa 4 (expectativas hacia los padres). La recomendación clínica es empezar por la capa donde la persona tenga mayor agencia expresiva y avanzar gradualmente. La escucha de los padres también importa: si el terapeuta solo indaga al adolescente, repite el patrón de no ser escuchado que suele estar en el origen de la consulta.

¿Cómo se integra el iceberg con la comunicación funcional y disfuncional?

El iceberg explica por qué la comunicación se vuelve disfuncional: cuando hay disonancia entre las cinco capas, la comunicación se defiende. Restaurar la congruencia entre capas suele producir, como consecuencia, comunicación más funcional. No es al revés: intentar “mejorar la comunicación” sin trabajar las capas internas produce cambios cosméticos que no se sostienen. Para profundizar el contraste entre comunicación funcional y disfuncional en la familia, conviene revisar el material paralelo en este sitio.


9. Cierre: lo que la familia no nombra

El iceberg es una invitación a escuchar más allá de la conducta. Cuando una familia dice “no tenemos problemas”, está describiendo la punta. Cuando una familia dice “estamos al borde”, también. En ambos casos, el clínico entrenado en el modelo de Satir sabe que la superficie no agota el cuadro.

Lo que la familia no nombra suele estar en las capas 4 y 5: expectativas no dichas, lealtades invisibilizadas, imágenes de self aprendidas hace décadas. Ahí vive el trabajo clínico de fondo. Ahí se decide si la familia va a poder mirar lo que ha estado bajo el agua.

Una terapeuta supervisada con el iceberg en mente no necesita grandes teorías. Necesita cinco preguntas, paciencia para bajar capa por capa y la convicción de que bajo cada conducta hay un self esperando ser escuchado.


Referencias

  • Averbeck, A. (2023). The Satir Model. En Handbook of Family Therapy. American Counseling Association. 10.1891/9780826145383.0008
  • Banmen, J. (2002). The Satir Model: Yesterday and Today. Journal of Family Therapy, 24(4), 369–386. 10.1023/a:1014365304082
  • Brubacher, L. (2006). Integrating Emotion-Focused Therapy with the Satir Model. Journal of Marital and Family Therapy, 32(2), 141–153. 10.1111/j.1752-0606.2006.tb01596.x
  • Freeman, M. (1999). Gender matters in the Satir growth model. Journal of Family Psychotherapy, 10(3), 71–82. 10.1080/019261899261907
  • Kalayasiri, R., et al. (2024). Congruence and self-esteem of patients receiving treatment for methamphetamine use. Chulalongkorn Medical Journal. 10.56808/2673-060x.5449
  • Kim, Y. (2022). Congruence and self-esteem of Satir model: The mediating effect of mindfulness. Journal of Next-generation Convergence Information Service Technology, 1(2). 10.29056/jncist.2022.12.09
  • Lee, B. (2002). Development of a Congruence Scale Based on the Satir Model. Journal of Family Therapy, 24(4), 406–422. 10.1023/a:1014390009534
  • Maxey, V. (2020). The Intersectional Growth Model: The Satir Growth Model Informed by Intersectional Feminism. Contemporary Family Therapy, 42, 440–452. 10.1007/s10591-020-09553-7
  • Satir, V. (1972). Peoplemaking. Science and Behavior Books.
  • Satir, V., Baldwin, M. (1982). Conjoint Family Therapy (3rd ed.). Science and Behavior Books.
  • Satir, V., Steven, M., Banmen, J. (1988). The New Peoplemaking. Science and Behavior Books.
  • Sayles, C. (2002). Transformational Change—Based on the Model of Virginia Satir. Journal of Family Therapy, 24(4), 388–405. 10.1023/a:1014325722738

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