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El estudio de caso: para qué sirve y cuándo no basta

Por Ricardo de Castro King · Psicólogo clínico · Director de Psique Académica

Un estudiante defiende su tesis y le dicen que con un solo caso no puede concluir nada. Se queda callado, porque esa frase la escuchó todo el semestre y en ningún momento le dieron la otra mitad. La otra mitad existe, tiene autores y tiene matices. Este texto la pone al lado de la crítica, para que puedas responder las dos.

El estudio de caso tiene mala fama en los parciales. Se lo presenta como un relato, y el relato se trata como si no pudiera sostener una afirmación. Esa fama viene de una confusión: se mezcla el caso con la anécdota, y se le pide una generalización que no es la suya.

Este texto entra por el uso. Primero, qué es un caso para Yin y qué es para Stake, porque los dos nombres salen en los exámenes y no dicen lo mismo. Después, cuándo conviene elegirlo. Luego, el problema de la generalización, con la respuesta de Flyvbjerg a los cinco malentendidos. Al final, qué no puede hacer un caso solo, cómo se estudia la diferencia con otros diseños y qué preguntas se repiten.

Lo que vas a poder responder

  • En qué se separan las definiciones de Yin y de Stake.
  • Cuándo conviene un caso y cuándo conviene otra estrategia.
  • Qué tipo de generalización reclama un caso y cuál no.
  • Qué exige el rigor cuando no hay un catálogo de diseños.
  • Qué no puede hacer un caso solo, aunque esté bien hecho.

Definición corta

El estudio de caso examina un fenómeno en profundidad y dentro de su contexto, cuando el límite entre el fenómeno y el contexto no está claro. Para Yin es una estrategia con diseño. Para Stake es una elección de objeto. Las dos definiciones conviven y no se intercambian en una respuesta de examen.

Palabras clave: caso, contexto, generalización analítica, replicación, rigor, transferencia.

1. Dos definiciones que no se intercambian

Robert Yin define el estudio de caso como una indagación empírica que examina un fenómeno contemporáneo en profundidad y dentro de su contexto real, sobre todo cuando el límite entre el fenómeno y el contexto no está claro. La definición que recogen Ebneyamini y Sadeghi Moghadam (2018) subraya tres piezas: profundidad, contexto y poco control del investigador sobre los acontecimientos.

Robert Stake pone el acento en otro lugar. Para él, el caso se define por el interés en el caso mismo, no por el método con el que se lo estudia. El caso es el objeto. El método puede variar. Stake habla de cuatro rasgos de la investigación cualitativa que valen también para el caso: holística, empírica, interpretativa y empática.

La diferencia decide cómo respondes. Si te preguntan qué método es un estudio de caso, la respuesta de Yin habla de una estrategia con diseño, recolección y análisis. La respuesta de Stake habla de una elección de objeto. Las dos conviven en la literatura, y tratarlas como si fueran la misma frase es el primer error.

Ebneyamini y Sadeghi Moghadam (2018) arman su revisión justamente sobre esa dispersión. Recorren definiciones desde los años setenta y muestran que el campo no se puso de acuerdo en una sola. Lo que sí comparten es la exigencia de un caso identificable, situado, y no de una muestra anónima. Su trabajo propone un marco con niveles y pasos para diseñar y conducir un caso, y lo contrastan con artículos de tres revistas del área de gestión de la tecnología. El marco no cierra el debate. Lo ordena.

Para aterrizarlo, piensa en una familia que abandona la terapia en la cuarta sesión. Si tu interés es esa familia, con su historia y su contexto, estás del lado de Stake: el caso es el objeto. Si tu interés es una proposición sobre por qué las familias abandonan, y esta familia es un caso donde la proposición debería cumplirse, estás del lado de Yin: el caso es una estrategia para examinar la proposición. La misma familia, dos investigaciones distintas.

La confusión entre las dos se ve en cómo se escribe el informe. Un informe del lado de Stake se detiene en la familia: quién dijo qué, en qué orden, qué cambió entre la primera sesión y la cuarta. Un informe del lado de Yin usa la familia para examinar una frase: por ejemplo, que el abandono ocurre cuando la familia no logra ponerse de acuerdo sobre cuál es el problema. Si la frase se sostiene, el caso la apoya. Si no, la tensiona. Las dos escrituras son legítimas. Lo que no es legítimo es empezar con una y terminar con la otra sin avisar, porque el lector no sabe qué se le está ofreciendo.

Ebneyamini y Sadeghi Moghadam (2018) muestran que esta ambigüedad no es un descuido de estudiantes: está en la literatura. Artículos que se anuncian como estudio de caso usan el término para cosas distintas, desde una descripción de una empresa hasta una comparación de varios sitios. Por eso el primer párrafo de un caso bien escrito dice cuál de las dos definiciones está usando. Ese párrafo ahorra una discusión entera en la defensa.

2. Cuándo conviene

Yin da tres criterios para elegir la estrategia, y Ebneyamini y Sadeghi Moghadam (2018) los recogen sin adorno. El tipo de pregunta, el control que tienes sobre los hechos y el foco temporal.

El caso rinde cuando la pregunta es de cómo o de por qué, cuando no puedes manipular lo que pasa y cuando el fenómeno sigue ocurriendo. Una fusión de dos servicios de salud mental, una familia que cambia de ciudad, un equipo que adopta un protocolo nuevo: ahí el contexto es parte del fenómeno, y separarlos empobrece la pregunta.

No rinde cuando la pregunta es de cuánto o de con qué frecuencia. Para eso existe la encuesta, y pedirle a un caso que produzca una tasa es pedirle un dato que no tiene. Tampoco rinde cuando puedes manipular la variable y quieres aislarla: ahí el experimento hace el trabajo con menos ambigüedad.

Dentro del caso, las fuentes tampoco se equivalen, y esa es una decisión que se toma antes de salir a campo. Una entrevista dice lo que la persona recuerda y quiere contar. Una nota de sesión dice lo que quien trata registró, con su propio sesgo. Un documento dice lo que la institución dejó por escrito, que suele ser la versión ordenada. Las tres pueden contradecirse, y esa contradicción es información, no un problema que haya que resolver eligiendo una. Un caso que usa una sola fuente está a un paso de la anécdota, aunque la fuente sea larga.

Por eso Yin insiste en varias fuentes para el mismo punto. Si la familia dice que abandonó por el horario, la nota de sesión dice que el conflicto era otro y el registro de asistencia muestra que faltaron antes del cambio de horario, tienes tres versiones y puedes trabajar con la diferencia. Si solo tienes la entrevista, tienes una versión y no tienes cómo saber qué te estás perdiendo. La triangulación no es una palabra para el marco teórico: es la razón por la que un caso se puede defender.

El estudio de casos integradores de este sitio trabaja otra puerta del mismo método: cómo se articulan varias fuentes dentro de un caso. Este texto se queda en la decisión previa, la de elegirlo o dejarlo.

Elegir un caso porque «es más fácil que una encuesta» es elegir por la razón equivocada. Se elige cuando la pregunta pide profundidad y contexto, no cuando faltan recursos para otra cosa.

Hay una consecuencia práctica para quien investiga en una institución con poco presupuesto, que es la situación de mucha investigación en la región. El caso se vuelve atractivo porque parece barato. No lo es. Un caso bien hecho pide tiempo de campo, varias fuentes y un protocolo. Un caso barato es una anécdota con formato de artículo, y esa anécdota es la que alimenta la mala fama del método. La restricción de recursos no justifica saltarse el protocolo. Justifica elegir una pregunta que el caso pueda responder.

3. La generalización, que es el punto del examen

La crítica más repetida es que un caso no se generaliza. Ebneyamini y Sadeghi Moghadam (2018) la registran y muestran de dónde sale: de confundir la selección de casos con el muestreo de una población.

Yin propone una salida que vale la pena aprender con sus dos nombres. La replicación literal busca casos donde la teoría predice resultados parecidos. La replicación teórica busca casos donde la teoría predice resultados distintos y predecibles. En las dos, lo que se generaliza es una proposición, no una tasa. El caso apoya o tensiona una teoría. No estima cuántas personas de una población harían lo mismo.

Stake no intenta esa salida. Su apuesta es la comprensión del caso, y la transferencia queda en manos de quien lee: si el lector reconoce su propia situación en el caso, el traslado ocurre en la lectura, no en el cálculo.

Bent Flyvbjerg (2006) fue más directo. Revisó cinco malentendidos sobre el estudio de caso y dedicó uno entero a la frase «de un solo caso no se puede generalizar». Su respuesta es que sí se puede, y que el caso funciona a menudo como un cisne negro: un solo caso que contradice una afirmación general alcanza para falsarla. No necesitas una muestra para mostrar que una regla que se presentaba como universal tiene una excepción. Necesitas el caso bien elegido y bien documentado.

Flyvbjerg (2006) agrega que la selección estratégica del caso importa más que el número. Un caso crítico, elegido porque la teoría predice que ahí debería cumplirse, enseña más que diez casos elegidos por comodidad. Un caso extremo, elegido porque lleva el fenómeno al límite, muestra mecanismos que en los casos promedio quedan escondidos. Las dos selecciones son defendibles. La selección por conveniencia, sin declarar por qué ese caso y no otro, no lo es.

Un ejemplo deja ver la diferencia. Quieres estudiar por qué algunos equipos de salud mental adoptan un protocolo nuevo y otros no. Un caso crítico sería un equipo que tiene las condiciones que la teoría dice que favorecen la adopción, y aun así no adopta: si ahí falla la teoría, falla en su terreno más favorable. Un caso extremo sería el equipo que adoptó más rápido que ninguno, para ver qué mecanismo se ve ahí con claridad. Un caso por conveniencia es el equipo que te queda cerca y te abre la puerta. Los tres se pueden estudiar. Solo los dos primeros enseñan algo que va más allá de ellos, y solo si declaras por qué los elegiste.

Esta es la parte que más se le resiste a quien empieza. Elegir por conveniencia se siente honesto, porque no pretendes nada. El problema es que después el informe habla como si el caso enseñara algo general, y ahí la honestidad se pierde. O declaras que elegiste por acceso y limitas lo que concluyes, o eliges por una razón teórica y la escribes. Las dos salidas son limpias. La mezcla no lo es.

Las posturas de Yin, Stake y Flyvbjerg son defendibles y no son la misma. Lo que no se defiende es responder «el estudio de caso no se puede generalizar» como si fuera una frase cerrada. Esa frase es el prejuicio que la metodología lleva décadas matizando.

Lo que un caso generaliza es una proposición o una excepción, no una tasa. Responder «no se generaliza» sin ese matiz es repetir el malentendido que Flyvbjerg desarmó.

4. Rigor: lo que se le exige y lo que se le perdona de más

La otra crítica es la falta de rigor. Ebneyamini y Sadeghi Moghadam (2018) la citan con nombre: un caso no tiene un catálogo de diseños tan codificado como otras estrategias, y eso hace que algunos investigadores no lo reconozcan como método.

Yin responde con estructura. Propone niveles: diseñar, conducir, analizar y desarrollar conclusiones. Stake responde con flexibilidad, y permite cambios grandes incluso después de empezar, en la línea del enfoque progresivo que Parlett y Hamilton plantearon en 1972. Las dos respuestas existen, y el examen suele querer que las distingas, no que elijas un bando.

Lo que las dos comparten es la exigencia de explicitar las decisiones. Meyer (2001), citado en esa revisión, lo dice sin rodeos: hay que justificar lo que se elige. Un caso sin protocolo, sin fuente declarada y sin criterio para parar de recoger datos se parece a una anécdota, y esa semejanza es lo que alimenta la mala fama.

El rigor en la investigación cualitativa trata este punto con más detalle. Aquí basta una consecuencia: el rigor del caso está en la trazabilidad, no en el tamaño. Un caso con tres fuentes que se contradicen y que el investigador muestra, en vez de esconder, es más riguroso que un caso con veinte entrevistas que dicen las lo mismo porque se eligieron para eso.

La escena contraria también enseña. Un estudiante presenta doce entrevistas, las con familias que abandonaron la terapia, y concluye que el abandono se debe a la falta de acuerdo sobre el problema. Cuando le preguntan si entrevistó a alguna familia que no abandonó, dice que no, porque esas no le servían para el tema. Ahí está el fallo. Sin el caso donde la proposición no debería cumplirse, no hay contraste, y las doce entrevistas repiten lo mismo sin poder mostrar que ese «lo mismo» explica algo. Yin llamaría a eso una replicación teórica que no se hizo. El número de entrevistas no compensó la ausencia del contraste.

Piensa en cómo se lee un caso en un comité. El comité no puede repetir el trabajo de campo. Lo que puede hacer es seguir el rastro: de qué fuente sale cada afirmación, qué se hizo con lo que contradecía la hipótesis, cuándo se decidió parar. Si ese rastro está, el caso se puede evaluar. Si no está, el comité tiene que confiar en la palabra de quien escribe, y esa confianza no es un método. Por eso la trazabilidad no es un anexo: es lo que hace evaluable el trabajo.

El rastro tiene piezas concretas, y nombrarlas ayuda a quien está armando su primer caso. Una es el protocolo: qué se iba a preguntar, a quién y en qué orden, escrito antes de salir a campo. Otra es el registro de decisiones: cuándo se cambió una pregunta y por qué. Otra es el manejo de lo que no encaja: la entrevista que contradice la hipótesis no se archiva, se discute. Y otra es el criterio de cierre: se paró porque las fuentes nuevas ya no agregaban nada, no porque se acabó el tiempo.

Ninguna de esas piezas asegura que el caso sea bueno. Aseguran que se puede discutir. Un comité puede decir que el protocolo era estrecho o que el criterio de cierre llegó demasiado pronto, y esa discusión mejora el trabajo. Sin las piezas, la discusión se reduce a si se le cree o no a quien escribe, y eso no es evaluación: es confianza. El rigor en la investigación cualitativa desarrolla este punto con más calma. Aquí basta con llevarse la lista.

5. Qué no puede hacer un caso solo

Un caso no estima una prevalencia. Si quieres saber qué proporción de pacientes abandona un tratamiento, necesitas una muestra y un denominador. El caso puede decirte cómo se vive ese abandono en una familia, y eso es otra pregunta. Confundir las dos es el error que más se ve en los trabajos de estudiantes: un caso narrado con el lenguaje de una tasa.

Un caso no reemplaza la comparación cuando la comparación es el punto. Decir que una intervención funcionó porque en este caso funcionó deja afuera los casos donde no se intentó. Para eso Yin pide replicación, y un solo caso no la cumple. Flyvbjerg (2006) no contradice esto: su defensa del caso sola vale para falsar o para comprender, no para estimar un efecto.

Y un caso no se protege solo contra el sesgo de quien lo escribe. El sesgo de confirmación pesa más aquí que en un diseño con datos que se resisten: el investigador elige qué citar del caso, y esa elección puede confirmar lo que ya creía. Declarar las fuentes y guardar lo que desmiente es parte del método, no un adorno.

Hay un cuarto límite que conviene nombrar. Un caso no autoriza recomendaciones para otras familias, otros servicios u otros países por el solo hecho de haber funcionado aquí. La transferencia que describe Stake ocurre en quien lee, cuando reconoce su situación. No ocurre en quien escribe, cuando declara que su caso vale para los. Esa diferencia protege al lector y obliga a quien investiga a decir hasta dónde llega lo que vio.

En la práctica esto se juega en la última página. Un caso sobre una intervención que funcionó en un centro comunitario termina, con frecuencia, en un párrafo que dice «se recomienda implementar esta intervención en la región». Ese párrafo pide una evidencia que el caso no tiene: no sabe qué pasaría en otro centro, con otro equipo, con otras familias. Lo que sí puede decir es qué condiciones estaban presentes cuando funcionó, y dejar que quien lee decida si esas condiciones se parecen a las suyas. Esa es la transferencia de Stake, y es más modesta y más honesta que una recomendación.

El mismo cuidado vale para los casos que se usan en clase. Un caso de manual está editado para enseñar un concepto, y funciona muy bien para eso. No funciona como evidencia de que el concepto se cumple en la práctica, porque fue elegido y recortado para ilustrarlo. Tratar el caso de manual como si fuera un hallazgo es otro modo de pedirle al caso lo que no puede dar.

Y hay un uso del caso que conviene separar del anterior, porque se parece y no es lo mismo. En la formación clínica se estudian casos para aprender a pensar un problema, no para demostrar que un abordaje funciona. Ese uso es legítimo y es, de hecho, una de las razones por las que el caso sobrevive en la enseñanza. El problema aparece cuando ese caso de formación se cita después como evidencia en un trabajo de investigación. Cambió de función sin cambiar de texto, y el lector no tiene cómo saberlo. Decir para qué se está usando el caso, si para enseñar o para sostener una afirmación, es una frase que ordena todo lo que viene después.

6. Dos tablas para ordenar la respuesta

Criterio Caso Encuesta Experimento
Pregunta Cómo, por qué Cuánto, con qué frecuencia Qué efecto tiene
Control Poco o ninguno Ninguno Alto
Generaliza Una proposición Una tasa Un efecto
Unidad El caso situado La muestra El grupo asignado
Autor Qué define al caso Qué exige Dónde se apoya
Yin Estrategia con diseño Protocolo, replicación, niveles Ebneyamini y Sadeghi, 2018
Stake El interés en el caso Flexibilidad, lectura, transferencia Ebneyamini y Sadeghi, 2018
Flyvbjerg El caso que falsifica Selección estratégica Flyvbjerg, 2006

7. Cómo se estudia

Si el parcial pide definir, da las dos definiciones y di en qué se separan. Si pide cuándo usarlo, da los tres criterios de Yin y un ejemplo donde el contexto sea parte del fenómeno. Si pide la crítica, no la niegues: di que la generalización estadística no es la suya, y que la generalización que sí reclama es la de una proposición, por replicación literal o teórica, o la de una excepción, como muestra Flyvbjerg.

Un ejemplo corto ayuda. Quieres entender por qué una familia abandona la terapia en la cuarta sesión. Un caso con entrevistas a quien consulta, a quien trata y con las notas de sesión responde al cómo. Una encuesta a 300 familias responde al cuántas. Las dos preguntas son legítimas y no se sustituyen. Si además quieres saber si una proposición sobre el abandono se sostiene, eliges el caso porque la proposición predice algo concreto ahí, y declaras esa elección. Eso es selección estratégica, no conveniencia.

La distinción paradigmática de la investigación cualitativa da el marco donde esta elección se vuelve comprensible: el caso no es una versión pequeña de la encuesta. Y la población, la muestra y el muestreo son el contraste: ahí sí se estima una tasa, y ahí el caso no tiene nada que hacer.

Preguntas frecuentes

¿Se puede generalizar a partir de un solo caso?

Depende de qué quieras generalizar. Una tasa, no. Una proposición, sí, si el caso fue elegido porque la teoría predice algo concreto y lo declaras. Flyvbjerg (2006) muestra además que un solo caso basta para falsar una afirmación que se presentaba como universal. La frase «de un caso no se generaliza» es un malentendido, no una regla.

¿Cuál es la diferencia entre Yin y Stake?

Yin trata el caso como una estrategia de investigación, con diseño, protocolo y replicación. Stake lo trata como una elección de objeto: el caso se define por el interés en él, no por el método. Ebneyamini y Sadeghi Moghadam (2018) recogen las dos y muestran que el campo no se puso de acuerdo en una sola definición.

¿Cuándo conviene un estudio de caso y cuándo no?

Conviene cuando la pregunta es de cómo o de por qué, cuando no controlas los hechos y cuando el fenómeno sigue ocurriendo. No conviene cuando la pregunta es de cuánto, porque eso pide una muestra, ni cuando puedes aislar la variable, porque eso lo hace con más precisión un experimento.

¿Qué hace riguroso a un caso si no hay un catálogo de diseños?

La trazabilidad. Declarar las fuentes, justificar las decisiones, mostrar lo que contradice la hipótesis y decir cuándo se paró de recoger datos. Meyer (2001) lo resume en una exigencia: explicitar lo que se elige. Sin eso, el caso se parece a una anécdota y no se puede evaluar.

¿Cuántos casos hacen falta?

No hay un número. Yin distingue la replicación literal, que busca casos parecidos, de la teórica, que busca casos donde la teoría predice otra cosa. Flyvbjerg defiende que un caso crítico o extremo, bien elegido, enseña más que varios elegidos por comodidad. Lo que no se defiende es elegir por conveniencia y no decirlo.

¿Un caso puede recomendar qué hacer en otros lugares?

No por sí solo. La transferencia que describe Stake ocurre cuando quien lee reconoce su propia situación en el caso. No ocurre cuando quien escribe declara que su caso vale para las demás familias o los demás servicios. Esa diferencia es la que protege al lector.

Una idea para llevarte

El estudio de caso sirve para entender un fenómeno situado cuando no puedes separarlo de su contexto, y no basta cuando la pregunta pide una tasa o un efecto aislado. Saber cuál de las dos preguntas te hicieron es la mitad de la respuesta. La otra mitad es decir qué tipo de generalización reclamas, con nombre y apellido de quien la propuso, y no pedir disculpas por una generalización estadística que el examen no te pidió. Si la pregunta no dice cuál de las dos pide, pregunta tú antes de responder. Responder la que no te hicieron es el error más común, y se evita con una sola aclaración. Esa aclaración también protege al lector: un caso citado sin decir qué tipo de generalización reclama se lee como si reclamara una tasa, y esa lectura es justo la que el método no sostiene en absoluto.

Referencias

Dul, J. y Hak, T. (2008). Case study methodology in business research. Butterworth-Heinemann. 10.4324/9780080552194

Ebneyamini, S. y Sadeghi Moghadam, M. R. (2018). Toward developing a framework for conducting case study research. International Journal of Qualitative Methods, 17(1). 10.1177/1609406918817954

Flyvbjerg, B. (2006). Five misunderstandings about case-study research. Qualitative Inquiry, 12(2), 219-245. 10.1177/1077800405284363

Meyer, C. B. (2001). A case in case study methodology. Field Methods, 13(4), 329-352. 10.1177/1525822X0101300402

Stake, R. E. (1995). The art of case study research. Sage. 10.2307/329758

Yin, R. K. (2014). Case study research: Design and methods (5.ª ed.). Sage.

Sobre la autoría
Este artículo pertenece a Psique Académica, proyecto educativo de psicología dirigido por Ricardo De Castro King, psicólogo clínico colombiano (Tarjeta Profesional COLPSIC 106127) que ofrece acompañamiento psicológico online, en español, a hispanohablantes en Estados Unidos, Canadá y Europa desde . Todo el contenido se publica bajo dirección editorial con proceso interno de control de calidad. Conoce más en Quiénes somos y en Sobre Rick. Contenido con fines educativos: no reemplaza la consulta profesional.