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Formulación diagnóstica y formulación de caso

Tesis del tema: el diagnóstico pone una etiqueta nosológica que permite comunicar y clasificar. La formulación de caso es otra operación: una hipótesis de mecanismo articulada de modo que se derive un plan y se pueda revisar con lo que ocurre en las sesiones. Tener el manual no equivale a tener formulación. Tener una anamnesis extensa tampoco.

En una frase: el diagnóstico nombra; la formulación explica, predice y orienta el plan.

Anti-canibal con el mapa íntegro: el apunte Formulación psicopatológica integral recorre el mapa amplio (factores, niveles, integración). Aquí el tajo es otro: distinguir diagnóstico de formulación de caso. El ángulo psicodinámico está en la formulación psicodinámica. El ángulo cognitivo-conductual de escuela no se reescribe aquí. Este cuaderno se queda en el corte etiqueta versus hipótesis de mecanismo.

1. Dos operaciones distintas

En clínica profunda se mezclan con facilidad dos tareas que no son intercambiables. Una consiste en decidir si el cuadro de esta persona encaja en una categoría de un sistema de clasificación (DSM-5-TR, CIE-11). La otra consiste en proponer cómo se produce y se mantiene el sufrimiento de esta persona concreta, y qué se va a hacer con esa hipótesis. La primera da un nombre compartido. La segunda da un engranaje idiosincrático. Si confundes las dos, el parcial te pide formulación y entregas un código; o te piden diagnóstico diferencial y entregas tres páginas de biografía.

Jacqueline B. Persons plantea la formulación de caso como una hipótesis de trabajo sobre los mecanismos que causan y mantienen los problemas, usada para elegir intervenciones y para prever obstáculos. Willem Kuyken, Christine A. Padesky y Robert Dudley insisten en que esa hipótesis se construye en colaboración con la persona, incluye recursos y se mueve en tres capas: descriptiva, transversal y longitudinal. Tracy D. Eells reúne tradiciones distintas bajo la misma exigencia: la formulación tiene que ser comunicable, revisable y ligada al plan. El DSM, en cambio, ofrece un lenguaje para nombrar síndromes. No ofrece, por sí solo, el mecanismo de este paciente.

Diagnóstico

Clasifica. Nombra. Comunica entre profesionales. Ubica el caso en una categoría del manual.

no sustituye

Formulación de caso

Explica. Predice. Orienta el plan. Se revisa con la evidencia de las sesiones.

Datos clínicos
Etiqueta nosológica
Hipótesis de mecanismo
Plan y revisión

El flujo de arriba no afirma que la etiqueta produzca sola la hipótesis. Afirma un orden de operaciones que el clínico tiene que saber separar. Los datos alimentan las dos tareas, pero cada una responde a una pregunta distinta. La etiqueta responde: ¿en qué casilla del manual entra este cuadro? La hipótesis responde: ¿qué circuito mantiene el problema aquí y ahora, de dónde viene esa vulnerabilidad y qué intervención tiene sentido probar primero? El plan no se deduce del código. Se deduce de la hipótesis. Y la hipótesis se pone a prueba: si la intervención derivada no mueve el circuito, se reformula, no se insiste por inercia.

Definición clave: formulación de caso es una hipótesis de trabajo sobre el mecanismo que produce y mantiene el problema, escrita de forma que se derive un plan y se pueda falsear con lo que ocurre en las sesiones. No es el nombre del trastorno. No es el relato biográfico por extenso.
Analogía útil: el diagnóstico es la placa del auto. Dice de qué modelo se trata y permite hablar con el taller de al lado en un idioma común. La formulación es la hipótesis del mecánico sobre por qué este motor se ahoga en las pendientes: correa, sensor, hábito de manejo, carga que le pusieron encima. Dos autos de la misma placa pueden fallar por razones distintas. Cambiar la placa no repara el motor. Relatar la historia del auto desde que salió de fábrica tampoco, si no señalas el circuito que ahora lo deja tirado.

2. Contraste operativo: diagnóstico versus formulación

La tabla no es un ranking. Es un instrumento para no entregar una cosa cuando el enunciado pide la otra. Léela como lista de chequeo: si tu texto solo llena la columna del medio, tienes diagnóstico. Si llena la de la derecha y se puede derivar un plan, tienes formulación. Si llena ocho páginas de anamnesis y ninguna de las dos columnas queda nítida, tienes material crudo.

Dimensión Diagnóstico (etiqueta nosológica) Formulación de caso (hipótesis + plan)
Pregunta que responde ¿Qué categoría del manual describe este cuadro? ¿Qué mecanismo produce y mantiene el problema de esta persona?
Unidad de análisis Síndrome compartido: criterios, duración, especificadores. Persona en contexto: predisponentes, precipitantes, mantenedores, recursos.
Producto escrito Nombre + código + especificadores (p. ej., episodio depresivo, gravedad moderada). Hipótesis articulada + predicciones + plan derivado + obstáculos previstos.
Lenguaje Manual (DSM-5-TR, CIE-11). Vocabulario compartido entre servicios. Lenguaje de la escuela que uses, traducido a circuitos de esta persona.
Lo que se comparte entre pacientes Los criterios. Dos personas con el mismo diagnóstico cumplen un umbral común. Casi nada del engranaje. El mismo nombre puede ocultar circuitos distintos.
Lo idiosincrático Queda fuera o se anota como especificador, no como mecanismo. Es el centro: creencias, evitación, acomodación familiar, función del síntoma.
Relación con el plan Orienta vías amplias (farmacología de primera línea, interconsulta, criterio de gravidad). Decide la primera intervención, el orden y qué se va a observar para revisar la hipótesis.
Criterio de validez Fiabilidad entre clínicos y correspondencia con criterios vigentes del manual. Utilidad clínica: predice, guía y se corrige cuando la evidencia de sesión la desmiente.
Temporalidad Se actualiza si cambia el cuadro o el manual. Suele ser relativamente estable entre controles. Se revisa sesión a sesión. Es un borrador vivo, no un dictamen de ingreso.
Riesgo si se usa sola Tratar el nombre y no a la persona. Protocolo genérico que no toca el circuito. Perder el idioma común, inflar la biografía o disfrazar opinión de mecanismo.
Trampa de parcial: haber puesto un código del DSM no es haber formulado el caso. El manual te presta el nombre. La formulación te exige el circuito, la predicción y el plan. Si el enunciado dice «formule el caso» y respondes «trastorno de pánico», te falta la mitad examinable.
Trampa de parcial (la otra cara): formulación no es historia clínica larga. Puedes redactar ocho páginas de anamnesis, genograma y cronología y seguir sin hipótesis de mecanismo. El volumen del relato no sustituye el engranaje. Si no puedes decir «esto se mantiene porque X, y por eso voy a probar Y», todavía no formulaste.
Truco de memoria: E.P.P. frente a N.C.C.
Nombra Clasifica Comunica Explica Predice Planifica

Diagnóstico = N.C.C. Formulación = E.P.P. Si tu texto solo nombra, clasifica y comunica, estás en la columna de la etiqueta. Si explica un circuito, predice qué va a pasar si interviene y planifica el primer movimiento, estás en formulación.

3. Persons, Kuyken y el mínimo de una formulación usable

Persons no pide un ensayo literario. Pide una hipótesis que se pueda usar el martes a las diez. En su enfoque de formulación de caso para terapia cognitiva, el clínico arma una lista de problemas (no un solo síntoma aislado), propone mecanismos que los conectan (creencias, estrategias, precipitantes, situaciones activadoras), esboza orígenes que hacen verosímil esa vulnerabilidad y deriva de ahí un plan. También anota obstáculos previstos: lo que suele descarrilar el tratamiento de esta persona, no de «la depresión» en abstracto. El valor de esa escritura no está en su elegancia. Está en que otro colega, o tú mismo en la sesión 6, pueda ver qué se está poniendo a prueba.

Kuyken, Padesky y Dudley desplazan el acento hacia lo colaborativo. La conceptualización no es un monólogo del terapeuta que después se «baja» al paciente. Se co-construye. Distinguen una capa descriptiva (qué ocurre, en qué situaciones, con qué consecuencias), una capa transversal (el corte del circuito aquí y ahora: disparador, interpretación, emoción, conducta, resultado que realimenta) y una capa longitudinal (cómo se instaló esa vulnerabilidad, qué la reactivó, qué recursos la han contenido). Incluir fortalezas no es un adorno amable: cambia el plan. Un circuito de evitación en alguien con una red de apoyo densa no se interviene igual que el mismo circuito en alguien aislado.

Eells, al editar el handbook de formulación, muestra que las escuelas no coinciden en el vocabulario del mecanismo (conflicto, esquema, función, narrativa, sistema familiar), pero sí en una exigencia mínima: la formulación tiene que ligar evaluación con intervención y tiene que poder revisarse. Lucy Johnstone y Rudi Dallos recogen debates contemporáneos —incluida la crítica a un uso rígido de la etiqueta— y recuerdan que formular es una práctica ética tanto como técnica: decide qué se cuenta como causa y qué se deja fuera. En este apunte no entramos a esas escuelas por dentro. Nos quedamos con el corte que el parcial suele examinar: ¿diste un nombre o diste un mecanismo operable?

Mínimo Persons

  • Lista de problemas, no un síntoma suelto.
  • Mecanismos que los conectan.
  • Precipitantes y orígenes verosímiles.
  • Plan derivado de esa hipótesis.
  • Obstáculos previstos para este caso.

Mínimo Kuyken

  • Capa descriptiva: qué, cuándo, con qué efecto.
  • Capa transversal: circuito de mantenimiento.
  • Capa longitudinal: vulnerabilidad y reactivación.
  • Recursos y fortalezas que cambian el plan.
  • Construcción colaborativa, no monólogo.

Una formulación usable cabe en una página si está bien cortada. El criterio no es el número de palabras. El criterio es este: un supervisor puede leerla y saber qué vas a hacer el martes, por qué eso y no otra cosa, y qué evidencia te haría cambiar de hipótesis. Si la página solo repite el relato del paciente en segunda voz, no formulaste. Si solo lista criterios del manual, diagnosticaste. Las dos operaciones pueden convivir en el mismo informe. El error es tratarlas como sinónimos.

4. Trayectoria: cómo se separaron etiqueta y mecanismo

La tensión entre nombrar y explicar no nació con el DSM-5-TR. Tiene una historia clínica que conviene manejar en el parcial porque explica por qué hoy puedes tener un diagnóstico sólido y una formulación vacía. A fines del siglo XIX y principios del XX, la empresa kraepeliniana ordenó cuadros por curso y desenlace. Esa ordenación fue un logro de clasificación: permitió hablar de grupos de pacientes con un idioma común. Al mismo tiempo, dejó en segundo plano la pregunta por el mecanismo de esta vida concreta. El nombre del cuadro pesaba más que el circuito de esta persona.

Adolf Meyer, con la psicobiología y el life chart, empujó en la dirección contraria: el caso se entiende como reacción de una biografía a unas condiciones. El clínico no se detiene en la casilla; reconstruye una trayectoria. Esa herencia —a veces llamada «comprensión del caso» más que «formulación»— es un antecedente directo de lo que hoy exigimos cuando pedimos hipótesis de mecanismo. No es psicoanálisis aplicado ni TCC avant la lettre. Es la insistencia en que el individuo no se agota en el síndrome.

c. 1900 Kraepelin ordena por curso. Gana la clasificación. El mecanismo de esta vida queda al margen.
Meyer Life chart y reacción. El caso vuelve a ser trayectoria, no solo casilla.
1980 DSM-III se declara ateórico respecto de la etiología. La etiqueta se independiza del relato causal.
1989 Persons publica el enfoque de formulación de caso para la práctica cognitiva. El mecanismo vuelve como instrumento de plan.
2000s Eells reúne tradiciones. Kuyken, Padesky y Dudley formalizan la conceptualización colaborativa.
hoy El manual nombra. La formulación, si existe, explica y guía. El error frecuente es tener solo lo primero.

El giro del DSM-III en 1980 es el nudo que más se examina. Al declararse ateórico respecto de la etiología, el manual ganó fiabilidad: distintos clínicos podían coincidir en la etiqueta sin ponerse de acuerdo en la causa. Eso fue útil para investigación, epidemiología y comunicación entre servicios. El costo pedagógico todavía se paga en las residencias: una generación aprendió a diagnosticar con criterios y no aprendió, con el mismo rigor, a formular. El diagnóstico se volvió el producto visible del ingreso. La formulación quedó como un «extra» de quienes tenían escuela, supervisión o tiempo. Persons, en 1989, y más tarde Kuyken y colegas, respondieron a ese hueco desde la práctica psicoterapéutica: si el código no te dice qué hacer el martes, necesitas otra pieza de escritura clínica.

Esa pieza no es un regreso ingenuo a la etiología especulativa. La formulación contemporánea se presenta como hipótesis, no como verdad de origen. Se escribe para ser puesta a prueba. Por eso Persons insiste en los obstáculos previstos y en la revisión. Por eso Kuyken habla de capas y de colaboración: la persona puede corregir el mapa. El manual, en cambio, no se negocia sesión a sesión. Esa diferencia de estatus —categoría relativamente estable versus hipótesis revisable— es exactamente el tajo de este apunte.

En paralelo, las escuelas siguieron desarrollando sus propios idiomas de formulación. El ángulo psicodinámico (conflicto, defensa, transferencia, patrón) tiene su cuaderno aparte. El ángulo cognitivo-conductual de técnicas y protocolos también. Johnstone y Dallos documentan, además, una conversación crítica: formular puede usarse para no reducir a la persona a un código, o puede usarse para imponer una narrativa profesional que el paciente no reconoce. El cuidado ético no se resuelve con más páginas de historia. Se resuelve explicitando la hipótesis, contrastándola y dejando constancia de lo que se dejó fuera.

Para el examen, la trayectoria se resume así. Hubo un momento en que clasificar y explicar iban más juntos (Meyer). Hubo un momento en que clasificar se emancipó de explicar (DSM-III). Hubo un momento en que la psicoterapia tuvo que reconstruir, con método, la pieza que el manual ya no cargaba (Persons, Kuyken, Eells). Hoy se te pide las dos piezas. Confundirlas es el error de quien estudió solo el eje de criterios o solo el relato biográfico.

5. Aplicación clínica: mismo nombre, circuitos distintos

Toma un nombre frecuente: trastorno de pánico. El diagnóstico, si los criterios se cumplen, te da un idioma común, un criterio de gravidad y una vía amplia de tratamiento. No te dice por qué esta persona evita el subte y aquella otra evita las reuniones de directorio. No te dice si el circuito se sostiene por interpretación catastrófica de la taquicardia, por acomodación de la pareja que «rescata», por un patrón de hipervigilancia instalado tras un desmayo público, o por una combinación. El plan de tratamiento psicoterapéutico se decide en esa capa, no en el código.

Caso A · misma etiqueta

Mujer de 28 años. Ataques de pánico. Evita gimnasios y colas. Hipótesis: interpretación catastrófica de la taquicardia («me voy a desmayar y no va a haber quien me ayude» se reformula en sesión como «si el pulso sube, voy a perder el control en público»). Plan derivado: exposición interoceptiva + registro de predicciones. Obstáculo previsto: pide que la acompañen y eso baja la ansiedad sin tocar el circuito.

Caso B · misma etiqueta

Varón de 41 años. Mismos criterios de pánico. Evita presentar informes. Hipótesis: el ataque aparece en contextos de evaluación y se mantiene por evitación de la exposición social, no por miedo a morir. El pánico es la puerta; el circuito es vergüenza y control de imagen. Plan derivado: no empieza por interocepción. Empieza por el temor a ser visto como incompetente. Obstáculo: quiere «solo la pastilla» para no hablar de eso.

Caso C · misma etiqueta

Mujer de 35 años. Pánico + pareja que cancela planes por ella. Hipótesis: el circuito incluye acomodación familiar. Cada rescate confirma que el cuerpo es peligroso y que ella no puede. Plan derivado: trabajo conjunto sobre el rescate, no solo técnicas individuales. Obstáculo: la pareja se enoja si se le pide que deje de «ayudar».

Los tres casos pueden compartir código y especificadores. Si el informe solo dice «trastorno de pánico, gravedad moderada», el supervisor no sabe qué vas a hacer el martes. Si el informe dice el código y además el circuito, la primera intervención y el obstáculo, hay formulación. Eso es lo que Persons llama usar la hipótesis para elegir. Eso es lo que Kuyken llama capa transversal: disparador, lectura, emoción, conducta, consecuencia que realimenta. El diagnóstico no sobra. Sobraría tratarlo como si ya hubiera hecho el trabajo de la formulación.

¿Cuándo basta la etiqueta, al menos de entrada? En una interconsulta breve, en un servicio de urgencias, en una decisión farmacológica de primera línea, en un informe epidemiológico, en la comunicación con otro efector que necesita un nombre para derivar. Ahí el idioma del manual es una herramienta de coordinación. ¿Cuándo la etiqueta no alcanza? Cuando vas a hacer psicoterapia, cuando el tratamiento se estancó, cuando hay comorbilidad y hay que decidir por dónde entrar, cuando dos intervenciones plausibles pisan circuitos distintos, cuando el paciente pregunta «por qué a mí» y mereces una respuesta que no sea solo el nombre del trastorno.

Escribir la formulación en una página, en la práctica, suele seguir este orden. Primero, tres o cuatro problemas en lenguaje observable (no «baja autoestima»: «abandona proyectos al primer tropiezo y lo relata como prueba de que no sirve»). Segundo, el circuito de mantenimiento de cada uno o del que los ata. Tercero, precipitantes recientes y una hipótesis breve de origen, marcada como hipótesis. Cuarto, recursos que ya operan. Quinto, el plan de las próximas sesiones, derivado de ese circuito. Sexto, qué evidencia te haría cambiar de mapa. Si omites el sexto punto, la formulación se vuelve un relato estático y deja de ser hipótesis de trabajo.

Compartirla con la persona no es leerle el informe. Es dibujar el circuito en un lenguaje que ella pueda corregir. Kuyken insiste en esto porque la corrección del paciente es datos, no interferencia. «Eso del desmayo no es lo que más me asusta; me asusta que mi hija me vea así» cambia el plan. Si no dejas espacio para esa corrección, formulaste en monólogo. El diagnóstico, otra vez, no se negocia de la misma manera: o se cumplen criterios o no. La formulación sí se negocia, porque es un mapa, no una categoría.

Un error de aplicación, frecuente en rotaciones, es copiar el formato de formulación de la escuela y rellenarlo con frases genéricas: «esquema de desvalimiento», «evitación emocional», «patrón de apego inseguro». Esas etiquetas de mecanismo, si no se anclan en viñetas de este paciente, son un segundo diagnóstico disfrazado. Cambiaste de manual (del DSM al manual de tu escuela) y seguiste sin circuito. Persons sería la primera en devolver esa hoja: ¿dónde está la situación, la lectura, la conducta y el resultado que realimenta? Sin eso, no hay hipótesis operable.

Otro error de aplicación es la formulación-museo: un texto brillante en la sesión 2 que no se vuelve a abrir. La formulación se usa o se oxida. Cada estancamiento es una invitación a revisar el mapa, no a añadir otra técnica sobre el mapa viejo. Si predijiste que bajar la acomodación de la pareja iba a aumentar la ansiedad y luego permitir exposición, y eso no ocurre, el dato desmiente un tramo de la hipótesis. Se reformula ese tramo. No se insiste por lealtad al primer escrito. Esa es la diferencia entre dictamen y hipótesis de trabajo, que ya apareció en la tabla y aquí se vuelve gesto clínico.

6. Errores frecuentes en el parcial

  1. Entregar el código cuando piden formulación. «Trastorno depresivo mayor, un episodio, moderado» responde la pregunta del diagnóstico. No responde cómo se mantiene la inercia, qué función cumple la cama, qué creencia ata los abandonos laborales ni qué vas a hacer primero.
  2. Entregar la biografía cuando piden formulación. Cronología de duelos, mudanzas y diagnósticos previos es material. Sin circuito, sin predicción y sin plan, sigue siendo anamnesis. El largo no puntúa.
  3. Tratar formulación y diagnóstico como sinónimos o como rivales. No se elige uno contra el otro. Se distinguen. El informe clínico sólido suele llevar los dos, en registros distintos.
  4. Usar jerga de escuela como si fuera mecanismo. «Narcisismo», «esquema de abandono», «triangulación» no formulán si no se traducen a una secuencia observable de esta persona.
  5. Dejar la hipótesis sin modo de falsearla. Si nada de lo que ocurra en las próximas sesiones podría corregir tu mapa, no escribiste una hipótesis: escribiste un relato inmune. Persons pide obstáculos y revisión precisamente para evitar esa inmunidad.
Confusión clásica, las dos caras juntas: (1) tener DSM no es tener formulación; (2) formulación no es historia clínica larga. El parcial suele presentar una viñeta rica y pedir «diagnóstico y formulación». Quien responde solo el eje de criterios deja la mitad. Quien responde tres hojas de vida deja la otra mitad. Quien da el nombre, el circuito, el plan y un criterio de revisión cubre las dos operaciones.

7. Para el parcial

Lo que con probabilidad te van a preguntar:
  • Definir formulación de caso de modo que no se confunda con diagnóstico ni con anamnesis.
  • Contrastar, en una viñeta, lo que aporta la etiqueta y lo que aporta la hipótesis de mecanismo.
  • Nombrar piezas del enfoque de Persons (lista de problemas, mecanismos, plan, obstáculos) o las capas de Kuyken (descriptiva, transversal, longitudinal, colaborativa).
  • Señalar por qué el DSM-III, al declararse ateórico, dejó un hueco que la formulación contemporánea intenta cubrir.
  • Dado un mismo diagnóstico, esbozar dos circuitos distintos y dos primeros movimientos distintos.
Repaso en 30 segundos:
  • Diagnóstico = N.C.C. (nombra, clasifica, comunica).
  • Formulación = E.P.P. (explica, predice, planifica).
  • Persons: hipótesis usable el martes, con obstáculos previstos.
  • Kuyken: tres capas + colaboración + recursos.
  • Dos trampas: manual no es formulación; relato largo no es formulación.
  • El mapa íntegro de factores está en el apunte de formulación psicopatológica integral; aquí solo el tajo etiqueta / caso.

8. Preguntas de autoevaluación

1. Una viñeta cumple criterios de trastorno de pánico y el estudiante escribe solo el código y la gravidad. ¿Formuló el caso?

No. Diagnosticó. Falta la hipótesis de mecanismo, la predicción y el plan derivado. El código es la etiqueta nosológica. Persons diría que todavía no hay una hipótesis que permita elegir la primera intervención ni prever obstáculos. Tener el DSM resuelto no equivale a tener formulación.

2. Otro estudiante entrega seis páginas de historia, genograma y cronología, sin decir qué mantiene el problema ni qué va a hacer. ¿Es formulación?

No. Es anamnesis extensa. La formulación no se mide en páginas. Se mide en circuito + predicción + plan + modo de revisión. El volumen del relato no sustituye el engranaje. Esta es la segunda cara de la trampa: formulación distinta de historia clínica larga.

3. Dos pacientes tienen el mismo diagnóstico depresivo. ¿Por qué la formulación puede pedir intervenciones distintas en la primera sesión?

Porque el nombre compartido no fija el circuito. En uno el mantenimiento puede ser rumia + cama + aislamiento que confirma inutilidad. En otro, hipertrabajo que evita duelo, con colapso de fin de semana. El plan se deriva del mecanismo, no del código. Kuyken ubicaría esa diferencia en la capa transversal y en los recursos disponibles. El diagnóstico sigue siendo el mismo; el martes a las diez no.

4. ¿Qué pieza de Persons te permite saber si escribiste una hipótesis o un relato inmune?

Los obstáculos previstos y la posibilidad de revisar el mapa con la evidencia de las sesiones. Si nada de lo que ocurra podría corregirte, no hay hipótesis de trabajo. La formulación se usa y se corrige. El diagnóstico se actualiza si cambia el cuadro o el manual; no se «falsea» sesión a sesión del mismo modo. Esa diferencia de estatus es el tajo del tema.