Skip to content

El efecto Dunning-Kruger: por qué el ignorante se cree experto

Sales de tu primera entrevista de rotación y, todavía con la carpeta en la mano, le dices a tu compañera: «Ya sé lo que tiene». Doce minutos adentro, tres signos que encajan, cero preguntas por el desarrollo, el sueño o lo que la persona no dijo. La convicción ocupa el lugar del dato. Eso, y no un chiste de internet, es el terreno del efecto Dunning-Kruger: la incompetencia no se ve a sí misma porque el instrumento para verla es, justamente, la competencia que falta.

El meme te vendió una montaña, un valle y un experto humilde. El paper de 1999 te vendió otra cosa, más seca y más útil la noche antes del examen: un déficit metacognitivo de doble carga. Quien rinde abajo no solo rinde abajo. Además estima su rendimiento como si estuviera por encima del promedio. Esa inflación no es un rasgo de carácter. Es un hueco en el mapa.

Si llegas desde el mapa amplio de los sesgos cognitivos en la toma de decisiones, quédate aquí un rato. Allí el tema es la familia entera de atajos que tuerce el juicio. Aquí el ángulo es uno solo: por qué el ignorante se cree experto, qué midió Kruger y Dunning, qué forma tiene (y no tiene) la curva, y qué haces con eso en el aula y en el consultorio.

Qué es el efecto Dunning-Kruger

El efecto Dunning-Kruger nombra un patrón empírico, no un insulto. En un dominio concreto, quienes rinden abajo tienden a sobreestimar de forma marcada su habilidad, y esa sobreestimación se sostiene porque las destrezas que producen competencia son las que permiten evaluarla (Kruger y Dunning, 1999). Hay un déficit de ejecución y, encima, un déficit de monitoreo. No es que la persona «no quiera verse». Es que no tiene con qué verse.

Esa distinción importa. Si lo lees como soberbia, vas a confrontar. Si lo lees como metacognición fallida, vas a enseñar el criterio. Decirle al residente «estás soberbio» produce defensa. Reconstruir, pregunta por pregunta, qué evidencia tenía produce oficio.

Definición operacional: el efecto Dunning-Kruger es la brecha sistemática entre desempeño objetivo y autoevaluación en un dominio, con inflación marcada en el extremo inferior, atribuible (en la hipótesis original) a que el incompetente carece de la destreza metacognitiva necesaria para detectar su propio error.

Tres bordes evitan que el concepto se te escape:

  • Es de dominio. Puedes calibrar bien tu oído clínico para ansiedad y, la misma semana, inflar de forma grosera tu lectura de un protocolo neuropsicológico. El efecto no viaja como una marca de personalidad. Viaja con la tarea.
  • Es de comparación con un criterio. Sin prueba, rúbrica, baremo o observador externo, no hay efecto que medir. Hay opinión. La opinión puede ser ruidosa sin ser Dunning-Kruger.
  • Es asimétrico en el relato popular. Casi no se usa para mirarse. Se usa para diagnosticar al otro. Esa asimetría ya es un dato clínico: el concepto se volvió un palo. El palo no calibra.

Dunning, Heath y Suls mapearon después cuánto se tuerce el autojuicio en aula, consultorio y oficina: médicos, estudiantes y profesionales tienden a situarse por encima del promedio en destrezas que admiten un criterio externo (Dunning, Heath y Suls, 2004). El efecto de 1999 es una pieza de esa familia, no el inventario entero. Aquí nos quedamos con la ceguera de la incompetencia y con la forma de la curva.

El estudio de 1999: incompetencia que no se ve a sí misma

Kruger y Dunning partieron de una pregunta de taller: ¿por qué quien rinde abajo no se entera? Cuatro estudios con universitarios. Desempeño objetivo (humor, lógica, gramática) y, en paralelo, una estimación del propio percentil. El patrón famoso aparece ya en el primero: el cuartil inferior, cerca del percentil 12 real, se situó a sí mismo cerca del 62 (Kruger y Dunning, 1999). No dijeron «soy un genio». Dijeron «estoy un poco por encima del medio».

Ese «un poco por encima del medio» es el hallazgo, no el meme. El incompetente del paper no se corona emperador: se acomoda por encima del promedio, sin contraejemplo interno. Si saliste de un parcial convencido de que «estuvo fácil» y la nota te devolvió otra película, ya tocaste el fenómeno.

Los estudios 2 y 3 replicaron el patrón en lógica y en gramática. El cuartil alto tendió a subestimarse: quienes dominaban la tarea se imaginaban menos excepcionales de lo que eran. Esa cola importa tanto como la inferior, y el meme suele olvidarla.

El estudio 4 es el que el aula debería tatuarse. Enseñaron el criterio de la tarea lógica. Después de esa instrucción breve, el cuartil que había rendido abajo calibró con más acierto. No por un discurso sobre humildad: porque les dieron la destreza que hace visible el error. La metacognición llegó como oficio, no como charla motivacional.

La lección de 1999 que más se pierde en Twitter: no se calibra al incompetente convenciéndolo de que es incompetente. Se calibra enseñándole la regla con la que el error se vuelve perceptible. Sin regla, la confrontación es ruido.

Krueger y Mueller respondieron tres años después: el patrón podría salir de un heurístico de situarse por encima del promedio más la regresión a la media (Krueger y Mueller, 2002). Kruger y Dunning contestaron en el mismo número: aun controlando ese ruido, quedaba un residuo de falta de insight en el extremo bajo (Kruger y Dunning, 2002). Es el primer aviso de que el efecto tiene enemigos metodológicos serios. Más abajo volvemos con Gignac y Nuhfer. Primero, la curva: ahí el relato popular se despega del dato.

La curva: del valle inventado al cuartil que sí se midió

Si buscas «Dunning-Kruger» en imágenes, vas a encontrar una montaña. Eje horizontal: conocimiento. Eje vertical: confianza. Un pico temprano (el «monte de la estupidez»), un valle profundo (la «desesperación») y una ladera lenta hacia la maestría humilde. Es una infografía didáctica. No es la figura de 1999.

Lo que Kruger y Dunning publicaron es más feo y más honesto: cuartiles de desempeño real cruzados con la estimación del propio percentil. Cuatro cajas. Una diagonal de referencia (si la autoevaluación cayera sobre el criterio, cada quien caería sobre esa línea). El cuartil bajo flota muy por encima de su desempeño. El cuartil alto queda un poco por debajo. No hay monte. No hay valle. No hay viaje interior del arrogante al sabio. Hay un gráfico de calibración.

¿Por qué importa no comprar la montaña? Porque convierte un hallazgo de medición en una biografía moral. Te invita a ubicar al otro en un capítulo («está en el pico») y a ubicarte tú en el capítulo correcto («yo ya bajé al valle»). Esa novela consuela. También falsea. El dato de 1999 no dice en qué capítulo de tu vida estás. Dice, para una tarea y un día, cuánto se separa lo que hiciste de lo que crees que hiciste.

Nuhfer y su equipo mostraron, con simulaciones de números aleatorios, que agrupar en cuartiles y trazar medias puede fabricar una figura con pinta de Dunning-Kruger aunque no haya psicología debajo: el ruido, solo, ya produce el cruce típico (Nuhfer et al., 2016; Nuhfer et al., 2017). Parte de lo que «se ve» en la curva famosa puede ser el modo de dibujar. Eso no borra el paper de 1999. Le pone un marco: antes de narrar una odisea, pregunta si el dibujo no te está contando un artefacto.

Analogía de consultorio: si no tienes oído entrenado, no detectas que estás desafinado. Puedes cantar con ganas. El público (el criterio externo) oye otra cosa. Entrenar el oído no consiste en gritarte que desafinas. Consiste en darte un diapasón. La curva viral te vende el grito. El estudio te vende el diapasón. Y el extremo alto también descalibra, hacia abajo: el residente que dice «estuvo regular» cuando la observación lo pone arriba está, también, fuera de la diagonal. La humildad no es lo mismo que la calibración.

Qué no es: ni narcisismo ni estupidez

El uso callejero funciona como adjetivo de carácter: «es un Dunning-Kruger» equivale a «es un necio con megáfono». Es un error de categoría. El narcisismo (rasgo u organización) habla de grandiosidad, admiración y fragilidad del self. El efecto de 1999 habla de una tarea, un criterio y una brecha. Puedes tener un self relativamente integrado e inflar de forma grosera una lectura que no estudiaste. Puedes tener rasgos narcisistas y, en un dominio que sí dominas, calibrar con acierto.

Si necesitas el mapa del rasgo, ve a narcisismo en psicología: rasgos y uso popular y vuelve: el ángulo de esta página no es «cómo es el narcisista». Es «por qué quien no sabe no tiene con qué saber que no sabe». Mezclar las dos cosas produce una clínica perezosa: cada exceso de certeza se vuelve un rasgo. El veredicto no enseña.

Tampoco es estupidez. El CI y los modelos de inteligencia en psicología no son el eje del paper de 1999: Kruger y Dunning trabajaron tareas específicas (humor, lógica, gramática), no una g. Gignac y Zajenkowski fueron a buscar el efecto en datos de diferencias individuales de inteligencia y argumentaron que, con métodos más adecuados, el fenómeno casi se evapora (Gignac y Zajenkowski, 2020). Si el oral pregunta «¿es lo mismo que baja inteligencia?», la respuesta corta es no. La larga: el paper no lo midió así, y esa literatura es hoy una de las críticas más duras al relato clásico.

Una tercera confusión: tratarlo como si fuera el sesgo de confirmación o el sesgo de anclaje. El de confirmación selecciona evidencia que sostiene lo que ya crees. El de anclaje deja que el primer número condicione el juicio. El Dunning-Kruger, en 1999, es otra operación: no te falta evidencia porque la filtres. Te falta el detector. Puedes estar dispuesto a corregirte y, aun así, no ver el error.

Y una cuarta: usarlo como prueba de que el paciente «no tiene insight» en sentido psicopatológico. El insight clínico es un constructo distinto. El efecto no sustituye esa evaluación. En una entrevista clínica semiestructurada, el insight se explora con preguntas, cronología y discrepancia entre relato y funcionamiento. No se diagnostica con un meme.

Evidencia posterior y críticas: el efecto sobrevivió, el relato no salió indemne

Después de 1999 el patrón se replicó y se discutió. Ehrlinger, Johnson, Banner, Dunning y Kruger volvieron al extremo bajo y siguieron encontrando falta de auto-observación más allá de una lectura puramente estadística (Ehrlinger et al., 2008). Schlösser, Dunning, Johnson y Kruger pusieron a prueba la contraexplicación de «extracción de señal»: los incompetentes siguen sin extraer, de su propio desempeño, la información que les permitiría corregirse (Schlösser et al., 2013). En razonamiento, Pennycook, Ross, Koehler y Fugelsang mostraron el mismo estilo de efecto: quien menos detecta conflicto también menos detecta que no lo detecta (Pennycook et al., 2017). Esa línea le sirve al estudiante de pensamiento y razonamiento.

Luego llegó la crítica que duele, porque no pelea el chiste: pelea el método.

Gignac y Zajenkowski sostuvieron que, con datos de diferencias individuales y procedimientos válidos (no el cruce de cuartiles que el diseño favorece), el efecto es, en gran medida, un artefacto estadístico (Gignac y Zajenkowski, 2020). En 2023 reiteraron la tesis frente a Hiller: siguen sin verlo cuando el test se hace como ellos argumentan (Gignac y Zajenkowski, 2023; Hiller, 2023). Nuhfer insistió en el ruido y en la convención gráfica: si barajas números sin psicología, el dibujo de cuartiles igual te devuelve una figura «con pinta de» (Nuhfer et al., 2016; Nuhfer et al., 2017).

¿Qué haces con esa pelea la noche del parcial? No eliges bando como hincha. Distingues tres capas:

  1. El patrón descriptivo (quienes rinden abajo se sitúan cerca del promedio o por encima) aparece con frecuencia en diseños al estilo 1999.
  2. La explicación psicológica (falta el metacognitivo que detecta el error) es plausible, pedagógicamente fértil y no es la sola lectura posible.
  3. La explicación estadística (regresión, ruido, modo de graficar, artefactos de cuartiles) obliga a no vender el efecto como ley de la naturaleza humana.

Reencuadre para oral: si el profesor pide «crítica al Dunning-Kruger», no recites que «es un mito». Recita que el patrón descriptivo se replica, que la montaña viral no es la figura del paper, y que Gignac y Nuhfer desplazaron la carga de la prueba hacia el método. Eso suena a estudiante que leyó. Lo otro suena a hilo.

Dunning, Heath y Suls volvieron sobre el autojuicio en clínica, aula y cubículo: el autoinforme sigue siendo un instrumento ruidoso cuando hay un criterio externo disponible (Dunning, Heath y Suls, 2018). Aunque el debate psicométrico no se resuelva esta década, tú igual tienes que decidir si le crees al residente que dice «la entrevista salió bien» o si miras la grabación.

En el aula: el que menos estudió llega más convencido

Hay un ritual latinoamericano que ilustra el efecto sin diapositiva. Termina el parcial. Quien estudió menos, con frecuencia, narra la prueba con más volumen: «estaba regalada». Quien estudió de verdad sale más callado y duda de una definición. No es romance del aplicado. Es la asimetría del cuartil: sin criterio fino, no hay modo de oír el propio error.

Si das clase, el estudio 4 te deja una pedagogía concreta. No confrontes la certeza. Enseña el criterio con el que se vuelve verificable. Rúbricas visibles antes de la entrega. Dos o tres respuestas reales, anonimizadas, comentadas. Pares que corrigen con la rúbrica, no con el gusto. «Tu definición de refuerzo negativo omite la sustracción del estímulo aversivo» calibra. «Te falta profundidad» es niebla con autoridad.

La evaluación psicológica enseña lo mismo en otro pasillo: el instrumento existe porque el ojo desnudo no basta. El aula que evalúa solo con la impresión del docente («se le ve convencido, debe saber») está fabricando Dunning-Kruger institucional. La convicción del estudiante se casa con la impresión del profesor y no se consulta un criterio. El resultado es una nota que premia el volumen.

Un ejercicio barato, que uso cuando el grupo llega eufórico después de un primer rol-play: cada dupla estima su percentil en «preguntas abiertas útiles» antes de oír la grabación. Después contamos, en voz alta, cuántas preguntas fueron abiertas de verdad. La cara que se les dibuja cuando el recuento no coincide con la estima vale más que un capítulo. No los humilla. Les entrega un diapasón.

Cuidado con el reverso. El estudiante del cuartil alto que se subestima también descalibra, y el aula a veces lo premia como «humilde». Calibrar no es bajarle el volumen a cada quien. Es acercar estima y criterio. A quien se pone un percentil 40 cuando el examen lo deja en 85 hay que devolverle evidencia, no un discurso sobre autoestima. La inteligencia emocional no consiste en dudar por deporte: consiste, entre otras cosas, en leer con más acierto el propio estado y el de la tarea.

En la clínica: el paciente (y el terapeuta) que no ve el hueco

En consultorio el fenómeno tiene dos sillas, no una.

En la silla de quien consulta: la persona que llega con diagnóstico casero. «Es ansiedad. Ya leí. Necesito las técnicas». A veces acierta el rótulo y yerra el contexto. El error clínico no es discutir el rótulo como si fuera un examen. Es olvidar que, si el detector está apagado, la confrontación temprana produce la misma defensa que en el aula. Primero hay que construir un criterio compartido: qué cuenta como evidencia de que algo cambia, qué signo vería un tercero. Eso es instalar un diapasón. La alianza terapéutica no es un adorno previo a la técnica: es la condición para que el criterio externo no se viva como ataque.

En la silla de quien atiende: el terapeuta en formación que sale con una formulación redonda que la grabación no sostiene. La supervisión que solo pregunta «¿cómo te sentiste?» deja intacto el hueco. La que pide las primeras diez intervenciones y cuenta hipótesis versus datos empieza a instalar el detector. Dunning, Heath y Suls advirtieron que el autojuicio profesional es frágil cuando existe un criterio externo y no se usa (Dunning, Heath y Suls, 2018). «Me noté muy conectado» es clima. El clima importa. No sustituye el recuento.

Hay una variante latina: el colega que no se supervisa porque «ya tiene cancha». Diez mil horas no calibran si confirmaron el mismo error. El efecto, leído en serio, no dice que el novato se equivoca y el veterano no. Dice que, sin detector, la experiencia puede cementar la inflación.

Y hay una variante ética. Usar «tiene Dunning-Kruger» en la ficha es, además de impreciso, un acto de poder: nombras la ceguera del otro con una etiqueta que el otro no puede auditar. Si el insight está en juego, evalúalo con discrepancias y consecuencias. Si falta una destreza concreta, nombra la destreza. El apellido de Kruger y Dunning no es un código CIE.

Errores frecuentes al explicar el efecto

Un primer error: tratarlo como insulto de personalidad. El paper mide una brecha en una tarea. No clasifica almas. El antídoto es aburrido y eficaz: «¿cuál es la tarea, cuál es el criterio, dónde está la brecha?». Si no hay tres respuestas, no hay efecto. Hay pelea.

Otro error: enseñar la montaña como si fuera la figura de 1999. En un oral, dibujarla y atribuírsela a Kruger y Dunning es el desliz que un profesor atento marca en rojo. Dibuja cuatro cajas, la diagonal, la inflación del cuartil bajo y la subestimación del alto.

Suele aparecer un tercer error: aplicarlo solo hacia afuera. «Eso que dices es Dunning-Kruger» funciona como «no tengo que considerarlo». La ironía es de manual: usar un hallazgo sobre ceguera metacognitiva para volver opaca la propia. La pregunta útil cambia el sujeto: «¿en qué tarea mía de esta semana no tengo criterio externo?».

Un cuarto error: confundirlo con la familia entera de sesgos. El mapa de los quince sesgos cognitivos más citados sirve para otro examen. Aquí el objeto es la ceguera de la incompetencia y la forma de la curva. Nombra uno, distingue, vuelve.

Un quinto: creer que «ser humilde» resuelve el patrón. El estudio 4 no entregó un taller de modestia. Entregó la regla de la tarea. La modestia puede acompañar. No sustituye el diapasón.

Un sexto: citar el efecto para explicar política o la mesa de Navidad como si Kruger y Dunning hubieran publicado una teoría de la sociedad. El salto de un laboratorio con tareas discretas a una sociología del adversario es retórica. Si lo presentas como evidencia de que «el otro bando no se ve», ya estás haciendo campaña.

Cómo se trabaja: criterio externo, no sermón

Si la tesis de 1999 vale la mitad de lo que propone, la intervención no es un discurso sobre la certeza. Es instalar un criterio que la persona no puede producir desde adentro. Tres vías se sostienen, sin prometer milagros.

Primera: enseñar la destreza misma. Cuando el cuartil bajo aprendió a detectar un error lógico, estimó con más acierto su propio desempeño (Kruger y Dunning, 1999). No le pidas al novato que «sea más consciente». Enséñale a formular una pregunta abierta o a marcar una contradicción. El detector nace de la destreza, no al revés.

Segunda: devolver un espejo que no sea el autoinforme. Grabación, rúbrica, escala que el paciente llena, observación de un par con lista visible. Dunning, Heath y Suls insistieron en que el autojuicio, dejado solo, es un mal instrumento de control de calidad (Dunning, Heath y Suls, 2004). El espejo externo no humilla si se pacta de antemano.

Tercera: separar clima de calibración. «¿Cómo te sentiste?» y «¿cuántas hipótesis tenías por escrito?» son preguntas distintas. El oficio pide las dos, no fundidas. La certeza caliente («quedé convencido») puede convivir con un recuento pobre. Esa convivencia es el fenómeno.

Una tabla ayuda a no mezclar planos cuando expliques esto en un seminario:

Plano Qué muestra Qué no muestra Uso en aula o clínica
Paper 1999 Brecha cuartil bajo vs. estima; subestima del alto; calibración tras enseñar la regla Una biografía moral; una montaña de confianza; un rasgo de personalidad Enseñar el criterio de la tarea; no sermonear humildad
Meme de la montaña Una metáfora didáctica de certeza temprana y duda posterior Los datos, los cuartiles, la cola alta, el estudio 4 Usarla, si acaso, avisando que es metáfora
Crítica Gignac / Nuhfer Artefacto de método, ruido y convención gráfica Que el autojuicio humano sea un instrumento fino No vender el efecto como ley; pedir diseño, no dibujo
Práctica situada Distancia entre lo que alguien cree que hizo y lo que un criterio cuenta Diagnóstico de narcisismo, de estupidez o de bando político Grabación, rúbrica, escala, par observador

La tabla no resuelve el debate psicométrico. Evita que te deje sin oficio. Aunque Gignac tenga razón en inteligencia y Nuhfer en el dibujo, tú igual tienes pacientes convencidos y estudiantes inflados después del rol-play. El criterio externo sigue siendo la herramienta.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el efecto Dunning-Kruger y por qué importa en un examen?

Es la brecha entre desempeño objetivo y autoevaluación en un dominio, con inflación marcada en quien rinde abajo. Importa porque el oral no pregunta el meme: pregunta el mecanismo (doble carga: ejecutar y monitorear), el dato de 1999 y al menos una crítica de método. Si solo recitas la montaña, estás evaluando una infografía, no un paper.

¿Cómo se midió en el estudio de 1999?

Con tareas discretas (humor, lógica, gramática) más una estimación del propio percentil, comparada con el desempeño real por cuartiles. El cuartil inferior, cerca del percentil 12 real, se situó cerca del 62. Un cuarto estudio enseñó la regla lógica y la calibración del grupo bajo se acercó al criterio. No hubo montaña. Hubo diagonal de referencia y cajas.

¿Se puede calibrar o reducir esa brecha?

Los datos de 1999 sugieren que sí, y no por un discurso de modestia: por enseñanza de la destreza que hace visible el error. En la práctica, rúbricas, ejemplares, grabación y observación con lista hacen el mismo trabajo. No hay promesa de que la brecha desaparezca. Hay evidencia de que el detector se puede instalar.

¿El efecto Dunning-Kruger es lo mismo que el narcisismo?

No. El narcisismo habla de self, admiración y fragilidad. El efecto habla de una tarea y de un criterio. Una persona sin rasgos narcisistas puede inflar de forma grosera una destreza que no tiene; una persona con esos rasgos puede calibrar en un dominio que sí domina. Mezclarlos produce formulaciones perezosas y discusiones de pasillo.

¿La curva viral del «monte de la estupidez» es la figura de Kruger y Dunning?

No. La figura de 1999 cruza cuartiles de desempeño con la estima del percentil. La montaña es una infografía posterior, útil como metáfora si se declara metáfora, engañosa si se cita como resultado. Nuhfer añadió que el propio modo de graficar puede fabricar una curva con esa pinta a partir de ruido.

¿Por qué quien sabe más a veces se subestima?

En 1999 el cuartil alto tendió a situarse por debajo de su desempeño real. Una lectura frecuente: quien domina la tarea ve más matices y, por eso, imagina que los demás también los ven. Esa cola importa. Calibrar no es «bajarle el ego a todo el mundo». Es acercar lo que alguien cree que hizo a lo que el criterio cuenta.

Si este artículo te dejó un poco menos convencido de tu último veredicto, hizo la mitad del trabajo. La otra mitad no es volverte dudoso por política de imagen. Es elegir, esta semana, una sola tarea tuya y ponerle un criterio que no hayas inventado tú: rúbrica, grabación, par, instrumento. El efecto, leído sin meme, no te acusa. Te presta un diapasón. La certeza es clima. El criterio es el trabajo. Y el trabajo se puede aprender.

Referencias

  • Kruger, J., y Dunning, D. (1999). Unskilled and unaware of it: How difficulties in recognizing one’s own incompetence lead to inflated self-assessments. Journal of Personality and Social Psychology, 77(6), 1121-1134. 10.1037/0022-3514.77.6.1121
  • Krueger, J., y Mueller, R. A. (2002). Unskilled, unaware, or both? The better-than-average heuristic and statistical regression predict errors in estimates of own performance. Journal of Personality and Social Psychology, 82(2), 180-188. 10.1037/0022-3514.82.2.180
  • Kruger, J., y Dunning, D. (2002). Unskilled and unaware–but why? A reply to Krueger and Mueller (2002). Journal of Personality and Social Psychology, 82(2), 189-192. 10.1037/0022-3514.82.2.189
  • Dunning, D., Heath, C., y Suls, J. M. (2004). Flawed self-assessment: Implications for health, education, and the workplace. Psychological Science in the Public Interest, 5(3), 69-106. 10.1111/j.1529-1006.2004.00018.x
  • Ehrlinger, J., Johnson, K., Banner, M., Dunning, D., y Kruger, J. (2008). Why the unskilled are unaware: Further explorations of (absent) self-insight among the incompetent. Organizational Behavior and Human Decision Processes, 105(1), 98-121. 10.1016/j.obhdp.2007.05.002
  • Schlösser, T., Dunning, D., Johnson, K. L., y Kruger, J. (2013). How unaware are the unskilled? Empirical tests of the “signal extraction” counterexplanation for the Dunning–Kruger effect in self-evaluation of performance. Journal of Economic Psychology, 39, 85-100. 10.1016/j.joep.2013.07.004
  • Nuhfer, E., Cogan, C., Fleischer, S., Gaze, E., y Wirth, K. (2016). Random number simulations reveal how random noise affects the measurements and graphical portrayals of self-assessed competency. Numeracy, 9(1), Article 4. 10.5038/1936-4660.9.1.4
  • Nuhfer, E., Fleischer, S., Cogan, C., Wirth, K., y Gaze, E. (2017). How random noise and a graphical convention subverted behavioral scientists’ explanations of self-assessment data: Numeracy underlies better alternatives. Numeracy, 10(1), Article 4. 10.5038/1936-4660.10.1.4
  • Pennycook, G., Ross, R. M., Koehler, D. J., y Fugelsang, J. A. (2017). Dunning–Kruger effects in reasoning: Theoretical implications of the failure to recognize incompetence. Psychonomic Bulletin & Review, 24, 1774-1784. 10.3758/s13423-017-1242-7
  • Dunning, D., Heath, C., y Suls, J. (2018). Reflections on self-reflection: Contemplating flawed self-judgments in the clinic, classroom, and office cubicle. Perspectives on Psychological Science, 13(2), 185-189. 10.1177/1745691616688975
  • Gignac, G. E., y Zajenkowski, M. (2020). The Dunning-Kruger effect is (mostly) a statistical artefact: Valid approaches to testing the hypothesis with individual differences data. Intelligence, 80, 101449. 10.1016/j.intell.2020.101449
  • Hiller, J. (2023). Comment on Gignac and Zajenkowski, “The Dunning-Kruger effect is (mostly) a statistical artefact: Valid approaches to testing the hypothesis with individual differences data”. Intelligence, 97, 101732. 10.1016/j.intell.2023.101732
  • Gignac, G. E., y Zajenkowski, M. (2023). Still no Dunning-Kruger effect: A reply to Hiller. Intelligence, 97, 101733. 10.1016/j.intell.2023.101733

DOIs usados (Crossref, type=journal-article)

Word count: 4481 (verificación wc -w).