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Economía del conocimiento

Por Ricardo de Castro King · Psicólogo clínico · Director de Psique Académica
Aprendizaje organizacional II

Economía del conocimiento

El saber como factor productivo, los intangibles que mueven a una organización y los riesgos de tratar el conocimiento como mercadería. Una lectura para el psicólogo que trabaja con gente, no con archivos.

  • 1. Saber productivo, sociedad del conocimiento y doctrina GC
  • 2. Intangibles: humano, relacional, estructural
  • 3. Riesgos de mercantilizar el saber
  • 4. Trampas frecuentes en el parcial
  • 5. Viñeta: la organización que invierte y no retiene
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El saber como factor productivo

Durante mucho tiempo la economía enseñó que producir dependía de dos factores: tierra-trabajo y capital. Esa imagen servía cuando lo que se movía eran ladrillos, tornillos y horas reloj. Hoy lo que decide si una empresa sobrevive o se desploma suele estar en otra parte: en lo que la gente sabe, en cómo combina ese saber y en qué tan rápido lo renueva. A eso lo llamamos economía del conocimiento: un marco que coloca al saber —y no al acero ni al dinero— como el factor que organiza la producción.

Cuando leas el término en un paper o en una clase, conviene separar tres cosas que suelen aparecer juntas y que no son lo mismo:

Economía del conocimiento. Marco económico que sitúa al saber (codificado y tácito) como insumo central de la producción y como fuente de valor. Pregunta por productividad, rentas, desigualdad.

Sociedad del conocimiento. Concepto sociológico más amplio que describe la vida social cuando la información, la educación y la comunicación se vuelven infraestructura cotidiana. Incluye escuelas, redes, cultura digital. No es lo mismo que la economía del conocimiento: la sociedad puede ser del conocimiento y aún tener una economía que vive de commodities. Lo tratamos en otro apunte.

Doctrina de la Gestión del Conocimiento (GC). Conjunto de herramientas managerialistas —mapas, bases, incentivos, plataformas— para que una organización capture, comparta y reuse lo que sabe. Es una rama aplicada, hija del marco económico, pero no lo agota.

La idea central es que el saber tiene rasgos raros: no se gasta cuando lo usas, se gasta cuando lo dejas de usar; se puede copiar sin que el original se pierda; vive en personas y en relaciones, no solo en manuales. Por eso la economía tradicional, hecha para bienes rivales y excluibles, queda corta. Drucker (1993) ya lo nombraba como knowledge worker; Foray (2004) lo formalizó como knowledge economy distinguiendo el saber codificado del tácito y señalando que la clave está en cómo se apropia y se difunde.

Tarjeta de memoria
FactorSaber, no solo tierra ni capital.
TipoCodificado + tácito, a la vez.
PropiedadNo rival: usar no agota.
RiesgoSe oxida si no se renueva.

Para el parcial alcanza con esta síntesis: la economía del conocimiento pregunta cuánto vale producir con saber; la sociedad del conocimiento describe un modo de vida; la Gestión del Conocimiento ofrece herramientas para que una organización no pierda lo que sabe. Si los mezclas, pierdes puntos y, además, pierdes el diagnóstico de qué está fallando en tu organización.

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Los intangibles: humano, relacional, estructural

Si el saber es el factor, ¿dónde vive? En la práctica vive en tres capas que conviene tener bien separadas antes de una intervención:

  1. Capital humano: lo que la persona sabe hacer, cómo lo hace y cómo se mantiene actualizada. Competencias técnicas, criterio profesional, capacidad de aprender.
  2. Capital relacional: lo que existe entre las personas. Confianza, redes, normas de reciprocidad, reputación, formas de pedir ayuda sin pagar costo político.
  3. Capital estructural: lo que queda cuando la gente se va. Manuales, rutinas, patentes, bases de datos, software, cultura escrita, formas de hacer las cosas que ya no dependen de un nombre propio.

La distinción no es decorativa. Cuando una organización dice “tenemos mucho conocimiento”, conviene preguntarse en cuál de las tres capas lo tiene. Si lo tiene solo en capital humano, está en peligro: depende de que el equipo no se jubile, se enoje o se vaya a la competencia. Si lo tiene en capital estructural, tiene más defensas, pero también un riesgo propio: que la memoria se rigidice y deje de aprender.

Capital humano. El saber que reside en personas concretas. Incluye conocimiento tácito, experiencia, habilidad técnica y capacidad de aprender. Es portable: se va con la persona al irse de la organización.

Aquí es donde entra el psicólogo. El capital humano es tu territorio natural. Lo lees cuando haces entrevistas de selección por competencias, cuando evaluas clima, cuando diseñas planes de retención, cuando medias entre un jefe y un equipo. Eso te da una posición específica: ningún otro rol puede mirar a las personas como personas sin convertirlas en “recurso”. Una cosa es relevar competencias; otra muy distinta es tratar a la gente como un stock que se cuenta, se asigna y se descarta.

La trampa del lenguaje organizacional es llamar “capital humano” a las personas y olvidar la palabra persona. Decir “tenemos 800 capitales humanos” suena a gestión y suena mal. Hay una diferencia moral y operativa entre medir para decidir sobre las personas y medir para cuidarlas. Esa diferencia es la que tienes que mantener cuando tomes decisiones técnicas.

Humano

Competencias, criterio, motivación, saber tácito. Vive en personas.

Relacional

Confianza, redes, reciprocidad, reputación interna. Vive entre personas.

Estructural

Rutinas, manuales, software, bases, cultura codificada. Vive en la organización.

La interacción entre las tres capas es lo que produce valor. Una organización con buen capital humano pero sin capital relacional va a tener gente brillante aislada, reinventando todo y sin saber a quién pedirle lo que ya alguien más resolvió. Una con buen capital relacional pero sin estructural depende de que la cultura se sostenga por presencia de fundadores o liderazgos: cuando se van, se va la memoria. Una con mucho estructural pero poco humano termina con manuales hermosos y un equipo que no los entiende en la práctica.

Para el examen: si el enunciado habla de “lo que sabe la gente”, marca capital humano. Si habla de “cómo se coordinan”, capital relacional. Si habla de “lo que queda cuando alguien se va”, capital estructural. Esa traducción rápida te resuelve medio parcial.

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Riesgos: mercantilizar, precarizar, medir mal

El saber como factor productivo trajo problemas nuevos. Tres son los que más aparecen en la literatura y los que más aparecen en la práctica cuando una organización se obsesiona con “ser del conocimiento”.

El primer riesgo es mercantilizar el saber: tratarlo como una mercadería más, comprable y vendible, sin reconocer que la persona que lo porta no es intercambiable con un paquete de software. Cuando una empresa compra “know-how” espera resultados; cuando un trabajador compra un curso, espera empleabilidad. En los dos extremos se esconde la misma ilusión: que el conocimiento puede separarse limpiamente del sujeto que lo encarna. En la práctica no puede, y por eso los programas de GC fracasan cuando prometen “capturar” el saber de un experto como si fuera ordeñar una vaca.

El segundo riesgo es la precariedad cognitiva. Si lo que vale es saber y lo que se vende es empleo, las organizaciones externalizan, tercerizan, contratan por proyecto y rotan personal para abaratar costo. El resultado es gente con saber pero sin continuidad: rotación entre trabajos cortos, saberes que no llegan a cristalizar en experiencia profunda, comunidades profesionales que no se terminan de formar. Esto le pega al psicólogo porque aparece en el consultorio como burnout, como sensación de no llegar a nada, como identidad profesional frágil. El problema es estructural, no individual.

Rotación, contratos cortos, trabajo fragmentado, equipos que se arman y se deshacen antes de consolidar saber: el efecto es que la gente acumula cursos y no acumula experiencia, y la organización termina pagando el aprendizaje inicial una y otra vez sin recuperar lo invertido.

El tercer riesgo son los indicadores que fingen conocimiento. Cuando una organización quiere mostrar que “es del conocimiento”, mide lo que es fácil de contar: cantidad de cursos dictados, horas de capacitación, número de patentes, cantidad de documentos en la intranet. Esas métricas no miden saber: miden insumos o productos intermedios. Tres cursos de seis horas no equivalen a tres años de práctica reflexiva. Una patente mide registro legal, no uso real. Una intranet llena mide voluntad, no aprendizaje.

Puente con CMI. Estos indicadores se conectan con el Cuadro de Mando Integral: si las métricas de aprendizaje y crecimiento no conversan con las de proceso interno y con las financieras, lo que tienes es un cuadro que mide cosas lindas y no dice nada del valor que efectivamente produce la organización.

Trampa típica. Tomar la cantidad de cursos o de horas de formación como proxy de conocimiento organizacional. La medida es barata, se ve bien en una slide y no toca nada. El examen suele premiarla como respuesta incompleta: cero punto si la justificas como si fuera indicador serio.

La tabla siguiente resume los tres activos intangibles y los indicadores de apariencia que suelen usarse en lugar de medirlos de verdad.

Activo Qué mide de verdad Riesgo de medición aparente
Capital humano Capacidad de resolver problemas nuevos con criterio propio; capacidad de aprender de la experiencia. Contar cursos, acreditaciones o títulos como si fueran saber; confundir credencial con competencia.
Capital relacional Confianza operativa, reciprocidad, calidad de la coordinación entre áreas, velocidad con que se pide y se da ayuda. Medir “eventos de networking” o cantidad de reuniones como si fueran vínculo; confundir contacto con confianza.
Capital estructural Rutinas que sobreviven a quien las inventó; documentación que se usa; software que efectivamente cambia el trabajo. Contar manuales guardados, archivos en la intranet o patentes registradas como si fueran saber en uso.

La regla operativa es incómoda: lo que no se usa, no es saber. Por eso un manual que el equipo no consulta queda como un cajón con hojas, no como capital estructural. Por eso un título que el equipo no aplica convierte el título en gasto, no en capital humano. La economía del conocimiento no premia la acumulación: premia la circulación y el uso.

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Trampas frecuentes en el parcial

Tres confusiones aparecen una y otra vez en las respuestas de exámenes. Las pongo juntas porque las tres comparten un patrón: mezclar capas del fenómeno y, al mezclarlas, perder la posibilidad de intervenir.

Trampa 1. Economía del conocimiento = startups y unicornios. Reducir la economía del conocimiento a “empresas tecnológicas de Silicon Valley, fundadores en garaje y rondas de inversión”. Es la versión de tapa de revista. La realidad es más aburrida y más útil: incluye hospitales, escuelas, estudios jurídicos, organismos públicos, una organización donde el valor dependa de lo que sabe su gente. En el parcial, si te presentan una cooperativa textil o un centro de salud, también es economía del conocimiento.

Trampa 2. Más títulos = más conocimiento. Confundir credenciales con saber. La credencial acredita un recorrido; no garantiza transferencia al puesto ni actualización posterior. La organización que mide saber por títulos está premiando la portación, no el uso. Además: está incentivando que la gente se “capacite” sin aplicar, porque el sistema se lo reconoce igual.

Trampa 3. El psicólogo no entra. Asumir que la economía del conocimiento es tema de economistas o ingenieros. Si crees eso, pierdes tu lugar. El capital humano, el clima que permite aprender, la retención, la motivación por mastery, la lectura de conflictos que frenan la circulación del saber: todo eso es terreno psicológico. Es más, gran parte del trabajo serio de GC fracasa no por fallas técnicas sino por fallas de confianza, comunicación y reconocimiento. Eso se llama psicología organizacional.

Una pauta para no caer: pregunta de modo habitual dónde vive el saber (humano, relacional, estructural) y para quién se toma la decisión. Si la decisión se toma sobre las personas sin contar con ellas, hay un problema que ningún manual técnico resuelve.

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Viñeta para el parcial: la universidad que invierte y no retiene

Caso tipo para resolver en examen. Una universidad pública o un instituto de salud (IPS) lanza un programa de “fortalecimiento del conocimiento”: envía a cincuenta profesionales a cursos de posgrado, compra una plataforma de gestión del aprendizaje, contrata una consultora para armar un mapa de conocimiento. Presupuesto ejecutado, foto en la gacetilla, balance conforme.

Dos años después, varios de los profesionales capacitados se fueron a otra institución que les ofreció mejores condiciones. La plataforma se usa poco: el equipo no la actualiza, las comunidades internas están vacías, los cursos que se subieron fueron los obligatorios de inducción. El mapa de conocimiento quedó como un PDF en un Drive compartido.

Diagnóstico. La organización invirtió en tres frentes visibles —capacitación, tecnología y consultoría— pero no trabajó los invisibles. Invirtió en capital estructural (plataforma, manuales, mapa) sin tocar el capital humano (retención, condiciones, plan de carrera) ni el capital relacional (confianza, reciprocidad, espacios donde valga la pena compartir). El resultado es lo que suele llamarse “cementerio de iniciativas”: edificios de software y slides sin gente que los use ni comunidad que los sostenga.

La pregunta de examen rara vez pide describir la inversión. Pide identificar qué quedó fuera. La respuesta útil enumera las tres capas y muestra dónde estuvo la falla: se invirtió donde era fácil invertir y donde se podía mostrar foto, y se descuidó donde el saber realmente vive y circula. La lección es técnica y política a la vez: sin condiciones para que la gente se quede, quiera y pueda compartir, la herramienta de GC más útil termina en PDF.

Para un psicólogo en esa organización, las intervenciones naturales son: a) auditar el clima de aprendizaje con método, no con encuesta Express; b) diseñar un plan de retención que combine condiciones materiales con desarrollo profesional y reconocimiento; c) abrir espacios protegidos donde la gente pueda hablar de su trabajo sin que eso se vuelva amenaza; d) traducir a la dirección que capital humano no es insumo a optimizar sino relación a cultivar. Cuatro movimientos que ninguna plataforma LMS reemplaza.

Tarjeta de memoria
Inversión visibleCursos, software, consultoría.
Inversión invisibleRetención, confianza, plan de carrera.
ResultadoCementerio de iniciativas.
Rol psiClima, retención, espacios de conversación.
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Para llevar al examen

Definición operativa de economía del conocimiento

Marco económico que coloca al saber como factor central de la producción, junto al trabajo y al capital. A diferencia de la sociedad del conocimiento (descripción sociológica) y de la Gestión del Conocimiento (caja de herramientas), la economía del conocimiento pregunta por productividad, rentas y distribución. Sus rasgos clave: el saber no se agota al usarse, es parcialmente excluible y se oxida con el desuso.

Cómo distinguir capital humano, relacional y estructural

Humano vive en personas (saber tácito, competencias, criterio). Relacional vive entre personas (confianza, reciprocidad, redes). Estructural vive en la organización (manuales, rutinas, software, bases). Si el enunciado dice “lo que sabe la gente”, humano. Si dice “cómo se coordinan”, relacional. Si dice “lo que queda cuando alguien se va”, estructural.

Riesgos que tienes que poder nombrar

Mercantilización del saber (confundir saber con mercadería). Precariedad cognitiva (trabajo fragmentado que impide acumular experiencia). Indicadores aparentes (cursos, horas, patentes, manuales guardados) que se toman como saber real sin medir uso ni circulación.

Las tres trampas que bajan nota

Reducir economía del conocimiento a startups. Confundir títulos con saber. Asumir que el psicólogo no tiene lugar. Las tres se combaten con una sola disciplina: distinguir capas (humano, relacional, estructural) y ubicar la intervención donde el saber vive.

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Cierre

La economía del conocimiento es un marco, no una medalla. Sirve para preguntar cuánto vale producir con saber, dónde está ese saber en la organización y por qué se pierde cuando alguien se va. Sirve para distinguir lo que se ve (plataformas, cursos, mapas) de lo que sostiene (confianza, condiciones, comunidades). Y sirve, sobre todo, para recordar que el saber no es un paquete: vive en personas y entre personas, y un psicólogo está entrenado exactamente para mirar ahí.

PsiqueAcadémica · Cuaderno de aprendizaje organizacional
Sobre la autoría
Este artículo pertenece a Psique Académica, proyecto educativo de psicología dirigido por Ricardo de Castro King, psicólogo clínico y fundador de . Todo el contenido se publica bajo dirección editorial con proceso interno de control de calidad. Conoce más en Quiénes somos y en Sobre Rick. Contenido con fines educativos: no reemplaza la consulta profesional.