
Proyectos de gestión del conocimiento
Un proyecto de gestión del conocimiento (KM, por sus siglas en inglés) es la unidad operativa con la que una organización aterriza su doctrina. La doctrina dice qué conocimiento se cuida y por qué; el proyecto dice cómo se cuida ese conocimiento durante doce meses, con qué personas, qué dispositivos, qué presupuesto y qué manera de saber si lo que se hace funciona. Este apunte trabaja la ingeniería de ese proyecto: fases, roles, indicadores y riesgos. Para qué sirve cada parte, qué falla si falta, y cómo lo han resuelto organizaciones reales en manos de autores como Thomas Davenport y Karl Wiig.
Este apunte forma parte del recorrido de Aprendizaje organizacional. Asume leídos los apuntes previos sobre doctrina de KM y sobre los modelos de Nonaka, Takeuchi y Senge. Si todavía no los trabajaste, conviene volver a ellos antes de armar tu primer proyecto.
- Cuándo se justifica un proyecto y cuándo basta un programa
- Las cinco fases operativas que todo proyecto KM recorre
- Roles mínimos que sostienen el proyecto sin ahogarlo
- Indicadores útiles y los que engañan a la dirección
- Riesgos típicos y las contramedidas probadas
- Lo que Davenport y Wiig enseñan al montaje
Por qué se monta un proyecto y no basta con un programa
Una organización puede tener una doctrina de gestión del conocimiento muy bien escrita y, aun así, no producir ningún cambio. La doctrina existe en el papel; el proyecto es lo que mueve personas, dispositivos y presupuesto durante un tiempo acotado. La distinción importa porque, en la práctica, muchas clínicas y universidades contratan consultoras para que les "hagan un proyecto KM" sin haber decidido antes qué quieren cambiar.
Un programa de KM es permanente y estratégico: acompaña a la organización en el tiempo y mantiene la doctrina vigente. Un proyecto KM es temporal y operativo: tiene fecha de inicio, fecha de cierre y entregables verificables. El proyecto ejecuta una porción acotada de la doctrina; el programa sostiene esa doctrina entre proyectos.
Cuándo sí se justifica abrir un proyecto
Conviene abrir un proyecto cuando el problema tiene tres condiciones: (a) es identificable, (b) tiene un cierre razonable y (c) produce un cambio observable en una práctica. Tres escenarios típicos cumplen las tres:
- Riesgo de pérdida identificable. En un servicio de terapia intensiva hay tres profesionales con más de veinte años de experiencia que se jubilan en los próximos dieciocho meses. El saber que concentran no está documentado. Si la organización no actúa, ese saber se va con ellos.
- Disparidad entre unidades. Dos sedes aplican el mismo protocolo de admisión de pacientes con métodos distintos y resultados distintos. La organización necesita converger y necesita que la convergencia se sostenga.
- Sistema nuevo que requiere transferencia. Se implementó un sistema de registro clínico digital y los profesionales senior saben lo que el sistema no les dice. Sin un proyecto, la gente aprende a fuerza de errores.
Las cinco fases operativas de un proyecto KM
Toda iniciativa de KM que llega a buen puerto recorre cinco fases, en este orden, aunque no de manera lineal. Las fases las ordenó la práctica de consultoras como Arthur Andersen a inicios de los noventa, cuando Karl Wiig estructuró los primeros proyectos a gran escala, y luego Thomas Davenport las formalizó tras años de trabajo en empresas como McKinsey, la División de Conocimiento de la OECD y Ernst & Young.
- Diagnóstico. Antes de mover una sola persona, se mide qué conocimiento existe, dónde reside, qué tan crítico es y qué tan vulnerable es. Sin diagnóstico, el proyecto captura lo que el equipo de turno sabe que existe, no lo que la organización realmente necesita. El producto típico de esta fase es un mapa de saberes críticos por sede y por rol, con prioridades explícitas y una estimación de pérdida si no se interviene.
- Diseño. Se decide qué se captura, en qué formato, con qué dispositivos, en qué plazo y con qué equipo. El diseño baja el diagnóstico a entregables concretos: una lista priorizada de saberes a capturar, un cronograma con hitos verificables, un presupuesto por partida y un padrino nombrado. Si esta fase se salta, el equipo pasa a ejecutar sin saber qué entregar y termina haciendo lo que le parece.
- Ejecución. Aquí se captura el saber, se codifica en formatos revisables, se comparte con quienes lo van a usar y se pone en práctica en casos reales. Es la fase más visible y, al mismo tiempo, la más subestimada: la mayoría de los proyectos fracasan porque la ejecución se reduce a "subir documentos a una intranet" sin un plan de adopción, sin sesiones de transferencia y sin acompañamiento a los usuarios.
- Evaluación. Se mide si los dispositivos producen el resultado esperado. ¿La gente usa el repositorio? ¿Disminuyeron los errores que motivaron el proyecto? ¿Las nuevas contrataciones se incorporan más rápido? ¿Los profesionales senior sienten que su aporte quedó bien registrado? Sin evaluación, el equipo cree que funciona porque se esforzó mucho, y eso no es lo mismo.
- Sostenimiento. Lo que se construyó durante la ejecución se transfiere a la operación corriente o se entrega a un próximo proyecto. La sostenibilidad no es una fase opcional: si el proyecto termina sin una persona a cargo, lo capturado se vuelve obsoleto en seis meses, los enlaces se rompen, los documentos pierden vigencia y la organización aprende que "el KM no sirve".
Tarjeta de memoria: las cinco fases
Mnemónico en limpio: D, D, E, E, S. La sigla no es elegante, pero el orden funciona porque organiza el proyecto de manera cronológica y evita el error frecuente de saltar de la primera conversación directa a la ejecución.
Errores típicos en cada fase (y cómo evitarlos)
Diagnóstico. Recoger las percepciones del equipo directivo en lugar de observar el trabajo real. La dirección cree saber dónde está el saber crítico; la observación de campo suele mostrar otra cosa. Solución: dedicar al menos dos semanas a entrevistas semiestructuradas y observación participante antes de priorizar.
Diseño. Sobredimensionar el alcance. Los proyectos KM fracasan más por querer cubrir veinte saberes críticos que por enfocarse en tres. Solución: priorizar tres saberes como máximo en el primer proyecto; los demás quedan en cartera para el siguiente ciclo.
Ejecución. Reducir la transferencia a un correo con un enlace. La gente no lee correos con enlaces. Solución: combinar la disponibilidad del documento con sesiones en vivo, mentorías programadas y microaprendizajes en el puesto.
Evaluación. Medir solo al final. Si la evaluación se hace al cierre, ya no hay tiempo para ajustar. Solución: programar tres cortes de evaluación (al 30%, al 70% y al 100% del cronograma).
Sostenimiento. Declarar la entrega sin un responsable asignado. El proyecto se entrega a "la organización", y la organización no tiene a una persona con horas asignadas para sostenerlo. Solución: firmar un acta de entrega con nombre, apellido y horas semanales.
Roles: quién sostiene el proyecto
Un proyecto KM sin personas nombradas queda en buenas intenciones. La estructura mínima viable tiene cuatro roles. Más roles generan burocracia y reuniones vacías; menos roles dejan el proyecto sin respaldo o sin ejecución.
| Rol | Responsabilidad de cargo | Perfil típico | Dedicación sugerida |
|---|---|---|---|
| Patrocinador (Sponsor) | Aporta legitimidad, presupuesto y destraba decisiones políticas cuando el proyecto se cruza con otra área. | Director de área, subdirector o gerente con línea directa sobre los involucrados. | Cuatro horas mensuales |
| Jefe de conocimiento del proyecto (CKO de proyecto) | Conduce el diseño, gestiona stakeholders, responde por resultados ante la dirección. Es el conductor operativo del proyecto. | Profesional con doble formación: técnica (la materia del saber que se cuida) y de gestión (manejo de presupuesto, cronograma, equipo). | Dedicación plena durante el proyecto |
| Capturador o ingeniero de conocimiento | Traduce el saber tácito a formatos revisables. Versiona, etiqueta, cuida la calidad del lenguaje y la vigencia. | Profesional con habilidades de entrevista, documentación y escucha clínica. Suele funcionar con más solidez con formación en investigación cualitativa. | Dedicación plena |
| Comunidad de práctica | Recibe, valida y aplica el conocimiento en su trabajo cotidiano. Es el grupo que sostiene el conocimiento en uso. | Grupo de seis a doce personas del área usuaria, con un facilitador interno. | Dos horas semanales en sesiones formales |
El CKO del proyecto no es lo mismo que el responsable de la doctrina. El responsable de la doctrina cuida la constitución del KM en la organización: los principios, los dispositivos de largo plazo, la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. El CKO del proyecto ejecuta una operación concreta con presupuesto, cronograma y entregables. En una clínica pequeña, la misma persona puede ocupar los dos roles. En una universidad con varias facultades, conviene separarlos para que la doctrina no quede absorbida por la urgencia del proyecto.
La comunidad de práctica merece un párrafo aparte. Es el grupo más difícil de sostener, porque sus integrantes ya tienen trabajo cotidiano y la participación en la comunidad se percibe como una carga adicional. La solución la vía no pasa por exigir más horas, sino por reducir la fricción. Sesiones cortas, agendas concretas, decisiones que se llevan a la práctica. Una comunidad de práctica que no produce decisiones en tres meses consecutivos se disuelve sola.
Indicadores: cómo saber si el proyecto funciona
Los indicadores se dividen en tres capas, en orden de utilidad para la dirección. Davenport, en sus proyectos con Ernst & Young, insistió en que el error más caro de un proyecto KM es medir solo la capa de actividad y olvidar la capa de resultado.
Capa 1: actividad
Mide el esfuerzo del equipo: horas invertidas, documentos capturados, sesiones realizadas, entrevistas completadas. Es útil para el trabajo interno del proyecto. Engañoso si se presenta como resultado a la dirección, porque una organización puede tener mucha actividad y nada de impacto.
Capa 2: adopción
Mide si los dispositivos se usan. Visitas distintas al repositorio, tasa de descarga por documento, cobertura (porcentaje de profesionales que consultaron al menos una vez al mes), puntaje de satisfacción del usuario interno. Mide si la oferta existe y es utilizada.
Capa 3: resultado
Mide el cambio en la práctica. Tiempo de incorporación de nuevos profesionales. Reducción de incidentes repetidos. Variación en la satisfacción del usuario final. Ahorro estimado por reutilización de conocimiento. Es la capa que más importa a la dirección, y también la más difícil de medir porque requiere línea base previa y aislamiento de otras variables.
Una buena práctica es fijar un tablero de tres indicadores (uno por capa) desde el primer mes del proyecto. Los indicadores de actividad sirven para eloperación interno. Los de adopción sirven para detectar a tiempo si la gente no está usando los dispositivos. Los de resultado sirven para la conversación con la dirección.
Indicadores de resultado según tipo de proyecto
Proyecto de preservación de saber crítico (jubilaciones, rotación). Indicador de referencia: tiempo de incorporación de un profesional nuevo al rol que cubría el saber preservado, comparado con el tiempo histórico previo. Indicador secundario: porcentaje de los casos típicos cubiertos por el protocolo capturado versus la línea base.
Proyecto de convergencia entre sedes. Indicador de referencia: variabilidad en la práctica entre sedes, medida con una auditoría ciega. Indicador secundario: satisfacción del usuario final con la consistencia del servicio.
Proyecto de transferencia ante sistema nuevo. Indicador de referencia: tasa de errores asociados al uso del sistema en los primeros seis meses. Indicador secundario: tiempo medio de resolución de incidentes reportados.
En todos los casos, la línea base se mide antes de empezar. Un proyecto KM sin línea base previa no puede mostrar su aporte, y termina dependiendo de la narrativa del equipo para justificar su presupuesto.
Cómo evitar las vanity metrics
Las vanity metrics son indicadores que se ven bien en un informe pero no cambian ninguna decisión. Tres señales de que un indicador es vanity:
- El equipo del proyecto no sabe qué decisión tomaría si el indicador subiera o bajara.
- El indicador sube de manera automática con el paso del tiempo, sin que nadie haga nada.
- La dirección lo recibe, lo felicita al equipo y no cambia ningún presupuesto.
La prueba práctica para evitar caer en vanity: para cada indicador del tablero, escribir una frase con la forma "si este indicador baja más de un 15%, entonces hacemos X". Si la frase queda vacía, el indicador es vanity y conviene reemplazarlo.
Riesgos típicos y contramedidas
Karl Wiig, en sus trabajos con Arthur Andersen a inicios de los años noventa, identificó un patrón que se ha repetido desde entonces: los proyectos KM fracasan por un grupo pequeño de causas previsibles. La lista siguiente no es exhaustiva, pero cubre los seis riesgos que aparecen en dos de cada tres proyectos.
Los seis riesgos que más se repiten
1. Confundir gestión documental con gestión del conocimiento. La organización compra una plataforma, sube PDFs y cree que ya "hace KM". El problema es que la plataforma es la herramienta, no el método. Contramedida: dedicar al menos el 40% del presupuesto del proyecto a trabajo de campo (entrevistas, observaciones, mentorías) y no a licencias o infraestructura.
2. Medir la satisfacción del sistema y no la del usuario. Si el único indicador es "cantidad de documentos en el repositorio", el equipo optimiza para subir documentos. Los indicadores de actividad desplazan a los de resultado. Contramedida: combinar capa 1 con capa 3 desde el primer mes, y publicar ambos en el mismo tablero.
3. Patrocinador nominal. El director firma el proyecto en la primera reunión pero no lo mira más. Sin patrocinador activo, los problemas se acumulan y no hay quien los resuelva. Contramedida: una reunión mensual fija entre el CKO del proyecto y el patrocinador, con un tablero de tres indicadores en la mesa.
4. Saber capturado sin contexto. Se documenta el protocolo pero se pierde el "por qué" y el "cuándo aplicarlo". Un protocolo sin contexto se aplica mal. Contramedida: exigir a cada captura una nota de contexto con tres preguntas respondidas: cuándo aplicar, cuándo no aplicar, qué hacer si falla.
5. Sobrecarga del equipo experto. Los profesionales más consultados terminan dedicando horas no remuneradas a entrevistas. La motivación baja y el proyecto se enlentece. Contramedida: incluir en el presupuesto horas pagadas para los expertos que aportan saber tácito, con tarifa pactada por entrevista o por sesión.
6. Cerrar el proyecto sin sostenimiento. El equipo se disuelve, los dispositivos quedan sin mantenimiento, los documentos se vuelven obsoletos, los enlaces se rompen. Contramedida: designar en la fase de diseño a la persona o equipo que recibirá el proyecto al cierre, con horas asignadas y un presupuesto de mantenimiento.
Lista de chequeo de inicio: diez preguntas antes de lanzar el proyecto
Antes de aprobar el inicio formal, el equipo debería poder responder "sí" a estas diez preguntas. Si alguna queda en "no" o "no sé", conviene postergar el arranque o ajustar el diseño.
1. ¿Tenemos un padrino con línea jerárquica sobre los involucrados y dispuesto a sostener cuatro horas mensuales? 2. ¿Tenemos un CKO de proyecto con dedicación plena y doble formación (técnica y de gestión)? 3. ¿Contamos con al menos un capturador con habilidades de entrevista y documentación? 4. ¿Tenemos identificada una comunidad de práctica de seis a doce personas con facilitador interno? 5. ¿La doctrina de KM de la organización respalda este proyecto de manera explícita? 6. ¿Tenemos un mapa de saberes críticos con priorización de tres saberes como máximo? 7. ¿Tenemos línea base medida para los indicadores de capa 3? 8. ¿El presupuesto contempla horas pagadas para los expertos que aportan saber tácito? 9. ¿Tenemos identificada a la persona o equipo que recibirá el proyecto al cierre? 10. ¿La dirección ha firmado el acta de inicio con compromiso de revisión a los seis meses?
Las diez preguntas funcionan porque separan las decisiones políticas de las decisiones técnicas. Las primeras son condición necesaria para empezar; las segundas se ajustan durante la ejecución.
Lo que Davenport y Wiig enseñan al montaje
Dos autores marcaron el campo de la gestión del conocimiento con suficiente claridad como para que un proyecto serio los cite. No son los únicos, pero son los más operativos para quien tiene que montar un proyecto concreto.
Thomas Davenport y Larry Prusak
Publicaron Working Knowledge: How Organizations Manage What They Know en 1998, donde condensaron una década de proyectos reales en empresas como McKinsey, Microsoft y la OECD. Tres lecciones siguen vigentes para quien monta un proyecto KM:
- Un proyecto KM empieza con un problema de negocio concreto. No con una declaración filosófica sobre el valor del saber. La primera pregunta del proyecto no es "qué conocimiento queremos preservar" sino "qué decisión de negocio queremos mejorar". Si la primera respuesta no tiene un problema empíricamente identificable, el proyecto todavía no está listo.
- El valor se mide cuando alguien toma una decisión distinta. No cuando el documento se subió al repositorio. Esta distinción obliga al equipo a diseñar los dispositivos en función del usuario, no del archivo.
- Los proyectos exitosos tienen un patrocinador con poder. No un comité sin línea jerárquica. El comité genera recomendaciones; el patrocinador con poder genera decisiones.
Karl Wiig
Antes que Davenport, Wiig fundó la práctica de KM en Arthur Andersen a inicios de los años noventa y publicó Knowledge Management Foundations en 1993. Tres aportes centrales para quien monta un proyecto:
- El conocimiento tiene tres niveles. Tácito (en la cabeza de quien opera), implícito (en la práctica sin verbalizar) y explícito (documentado). Capturar solo explícito deja fuera la mayor parte del saber, porque el saber crítico de un profesional con veinte años de experiencia suele ser implícito. Por eso la entrevista en profundidad y la observación participante son métodos centrales del proyecto, no opcionales.
- Los proyectos se diseñan en torno a actividades, no en torno a plataformas. Una plataforma es un soporte para las actividades; si las actividades no están bien diseñadas, la plataforma solo multiplica el desorden. Por eso Wiig recomendaba arrancar los proyectos con un mapa de actividades y dejar la decisión de plataforma para el final.
- La organización que aprende necesita prácticas institucionalizadas. No iniciativas aisladas. Un proyecto KM que termina en un informe y desaparece no produjo aprendizaje organizacional, produjo un documento más. Por eso la fase de sostenimiento es la más decisiva: lo que se institucionaliza queda; lo que no, se va.
Hay un cuarto autor que conviene mencionar aunque no esté en la cabecera: Ikujiro Nonaka. Su modelo SECI (socialización, externalización, combinación, internalización) es el marco conceptual que sostiene la decisión de capturar saber tácito y convertirlo en explícito. Para los fines de este apunte, basta con saber que existe y que ya se trabajó en M128–M130. Si tu proyecto incluye un componente fuerte de creación de conocimiento nuevo (no solo preservación), vuelve a Nonaka antes de diseñar la fase de ejecución.
Cierre
Un proyecto KM bien montado tiene una fecha de inicio, una fecha de cierre y un entregable concreto que cambia una práctica. La doctrina decide qué conocimiento se cuida; el proyecto ejecuta esa decisión durante un ciclo. Las cinco fases, los cuatro roles mínimos, las tres capas de indicadores y los seis riesgos típicos forman un armazón que se repite de clínica en clínica, de universidad en universidad, de consultora en consultora. Lo que cambia es el saber concreto que se cuida y las personas concretas que lo cuidan.
El psicólogo organizacional tiene en el proyecto KM un terreno propio. Diagnosticar no solo la captura, sino también el clima en que se captura. Sostener no solo los dispositivos, sino también la motivación de quien aporta su saber tácito. Leer la resistencia cuando aparece y traducirla en ajuste de diseño antes de que se vuelva conflicto. Un proyecto sin lectura de personas se vuelve una intranet vacía con documentos que no consulta nadie. Un proyecto con lectura de personas se vuelve una práctica que la organización sostiene sola.