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Posición entre hermanos (Bowen): qué predice y qué no

Por Ricardo de Castro King · Psicólogo clínico · Director de Psique Académica

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Cuando alguien pregunta “¿el hecho de ser el mayor o el menor determina cómo soy?”, está mezclando dos cosas distintas. Una es la idea antigua de Alfred Adler, que sí proponía un vínculo estrecho entre el orden de nacimiento y rasgos fijos de carácter. Otra, mucho más matizada, es la que Murray Bowen dejó en su teoría de los sistemas familiares: la posición entre hermanos importa, pero no como etiqueta de personalidad, sino como predictor de patrones relacionales que se repiten en la familia.

Este artículo recorre esa segunda versión, la de Bowen, para que puedas salir con una idea clara: qué predice esa variable, qué no predice, y en qué se diferencia de conceptos vecinos como la proyección familiar, la diferenciación del self o la transmisión multigeneracional. Si ya leíste sobre proyección familiar en Bowen o sobre diferenciación del self, vas a notar enseguida que la posición entre hermanos no compite con esos conceptos: los complementa.

Bowen no quería un test de personalidad. Quería un mapa de cómo se reparte la tensión emocional en una fratría y por qué ciertos papeles se reciclan entre los hijos generación tras generación.

1. Origen: Bowen no copió a Adler, lo reinterpretó

Murray Bowen incluyó la posición entre hermanos dentro de su modelo de los ocho conceptos nucleares (Kerr y Bowen, 1988). La confusión con Adler es frecuente porque ambos autores usan el mismo material empírico —el orden de nacimiento— pero lo encuadran distinto. Adler proponía que el primogénito queda marcado por la desposesión, el segundo con el competidor y el menor con el mimetismo; Bowen, en cambio, toma la posición como un predictor de patrones de funcionamiento relacional, no de rasgos estáticos. Esa frontera es la línea que conviene no cruzar si quieres mantenerte dentro del marco boweniano.

La diferencia importa por una razón práctica: si la posición determina tu personalidad, la conclusión clínica es el etiquetado. Si la posición predice cómo se distribuye la tensión familiar, la conclusión es observar el sistema y modificar los sobrefuncionamientos y subfuncionamientos. Esa segunda lectura es la que sostiene toda la literatura posterior sobre el tema y la que resiste con más claridad el contraste con la evidencia empírica contemporánea.

Una segunda confusión habitual aparece cuando se equipara posición entre hermanos con orden de nacimiento a secas. Bowen hablaba del lugar funcional que cada hijo ocupa en la fratría, y ese lugar no coincide de modo fijo con el orden biológico estricto. En familias con hijos de distintas edades, con distancias grandes o con hermanastros, la posición puede modificarse: un hijo menor con primos mayores conviviendo puede asumir funciones de mayor; un hijo mayor con un hermano enfermo puede quedar en una posición intermedia funcional aunque su orden siga siendo el primero. Esa flexibilidad es otra pista de que la posición en Bowen es relacional, no biológica.

Por último, Bowen enmarcó esta variable dentro del modelo de los ocho conceptos junto a la diferenciación del self, la fusión emocional, el corte emocional, la proyección familiar, el proceso emocional familiar nuclear, la triangulación, la transmisión multigeneracional y la regresión. Esa ubicación importa: la posición se lee con más nitidez cuando se lee junto a los demás conceptos, no aislada. Un intento de usar la posición como predictor independiente de “cómo es alguien” suele terminar en caricatura.

Leer “posición entre hermanos” en clave boweniana significa leerla como variable relacional, no como marca biográfica.

2. Qué predice realmente la posición entre hermanos

Bowen describió que el orden de nacimiento en una fratría suele asociarse a configuraciones funcionales reconocibles. Las más trabajadas son cuatro:

  • Mayor: tiende a cargar con tareas de cuidado, internalización de normas parentales y a la identificación con la autoridad.
  • Segundo: suele ubicarse como negociador o comparador constante, orientado a diferenciarse del mayor.
  • Medio: queda en una zona flexible, a veces hiperresponsable, a veces desligada.
  • Menor: con frecuencia hereda el rol de “más cuidado” o “más libre”, dependiendo del tono emocional de la familia.

Lo que estos patrones predicen no es tu temperamento, sino tu probabilidad de engancharte en ciertos bucles relacionales: alianzas con uno de los padres, rivalidad con un hermano concreto, sobrefuncionamiento en crisis familiares, subfuncionamiento en conflictos evitables. Sobre todo predicen cómo te ubicas frente a la ansiedad del sistema: el mayor suele absorberla, el segundo suele administrarla, el medio la redistribuye y el menor a veces la ignora. Esa función reguladora es la pista clínica más útil que deja la posición.

Un matiz importante: estos patrones no se manifiestan igual en cada familia. En familias con alto nivel de fusión emocional, los papeles suelen rigidizarse más; en familias con mayor diferenciación, los hermanos pueden moverse entre funciones con menos fricción. En familias con diferencias grandes de edad entre hermanos, el mayor puede funcionar simultáneamente como cuidador del menor y como apoyo parental. En familias con pérdida perinatal previa o con hermanos fallecidos, las posiciones pueden reordenarse de forma no trivial y dejar marcas funcionales específicas.

Para una descripción clínica detallada de cómo se manifiesta el lado opuesto —cuando lo que opera no es la posición sino el corte— el artículo sobre corte emocional en Bowen cubre ese otro mecanismo del sistema.

3. Qué NO predice la posición entre hermanos

Aquí está el punto donde la lectura boweniana se separa de las lecturas más rígidas:

Pretensión común Lo que sostiene Bowen
“El mayor será responsable toda su vida” Predispone un patrón, no lo fija.
“El menor será inmaduro” Describe una función, no un rasgo.
“El del medio queda atrapado” Posición estructural flexible, no destino.
“El hijo sin hermanos no aprende a compartir” Posición fuera de fratría, no categoría clínica.

La confusión frecuente es tratar la tabla como una lista de personalidades. Bowen insistía en que esos patrones son modificables a través del trabajo sobre la diferenciación del self; lo que carga la posición es la propensión, no el resultado. Por eso la lectura clínica útil de la posición se pregunta menos “¿qué eres por nacer donde naciste?” y más “¿qué trabajo está haciendo ese lugar dentro de la familia?”.

Si una teoría te deja con etiquetas y no con preguntas, estás leyendo a Adler, no a Bowen.

4. Patrones relacionales típicos según posición

La descripción de Bowen no se queda en el rol abstracto: aterrizaba en patrones observables. Algunos que la literatura posterior ha recogido y que se ven con frecuencia en consulta:

  • Mayor que cuida a uno de los padres y queda sobrefuncionante en la pareja adulta.
  • Segundo que negocia cada conflicto y tiene dificultades para tomar partido.
  • Menor que conserva la etiqueta de “el más libre” pero paga el precio en forma de minimización emocional.
  • Medio que funciona como mediador crónico y termina desconectado de sus propias necesidades.

Estos patrones no son excluyentes: una persona puede haber sido mayor en una fratría y menor funcional en otra configuración familiar. Lo relevante es que la posición opera junto con otras variables del sistema: transmisión multigeneracional, fusión, distancia emocional. Sobre la fusión conviene tener presente que se distingue de la posición: aquella describe intensidad del lazo, esta describe el lugar estructural.

Otro patrón observable con frecuencia es el del mayor que se vuelve “hijo parental” (parentificado): cuida a los hermanos menores, traduce las emociones del padre o de la madre, y llega a la vida adulta con dificultad para pedir ayuda y para sostener la dependencia emocional. Es uno de los escenarios clínicos donde la posición se ve con más claridad, y también uno donde más se nota su carácter relacional: el hijo parental no actúa así por una característica suya sino por un encargo que el sistema le hizo. El trabajo clínico suele enfocarse en devolver la pregunta al sistema, no en “curar” al mayor.

En el lado del menor, un patrón muy común es el del “eterno niño”: baja tolerancia a la frustración, dificultad para tolerar consecuencias, exceso de plasticidad para adaptarse a quien esté enfrente. Esa plasticidad parece una ventaja en la infancia pero se convierte en problema en la adultez, cuando el adulto no sabe qué prefiere porque lleva décadas acomodándose al estado emocional del otro.

Para el segundo, el patrón habitual es la comparación constante: vive midiéndose con el mayor y buscando diferenciarse. Esa comparación, si no se trabaja, alimenta una rivalidad que se cronifica y contamina otras relaciones adultas. Para el medio, el patrón más típico es la invisibilización: como no tiene la posición canónica del mayor ni la singularidad del menor, queda fuera del foco familiar y aprende a moverse sin pedir demasiado. En la adultez eso se traduce a veces en hiperempatía —enorme capacidad de leer al otro— acompañada de una enorme dificultad para poner sus propias necesidades sobre la mesa.

Esos cuatro patrones básicos pueden combinarse entre sí y con variables como el sexo asignado al nacer, la presencia de hermanos con necesidades especiales, el nivel socioeconómico familiar o la cultura de origen. La posición abre una puerta, pero la configuración final de cada persona depende del cruce de esos vectores.

5. Posición y diferenciación del self: cómo se combinan

La diferenciación del self (Bowen, 1978) es el grado en que una persona puede mantener su criterio emocional en medio de la presión relacional. Combinada con la posición, ofrece una lectura mucho más fina:

  • Mayor con baja diferenciación: tiende a sobrefuncionar en las crisis familiares, incluso a costa de sí mismo.
  • Segundo con alta diferenciación: usa la posición negociadora como habilidad, no como identidad.
  • Menor con diferenciación intermedia: puede escapar al patrón de mimetismo cuando el clima familiar lo permite.

La combinación explica por qué dos hermanos criados en la misma casa pueden terminar funcionando de manera muy distinta, y por qué la posición sola no cierra un caso clínico. Sin diferenciación suficiente, los patrones relacionales se imponen; con diferenciación suficiente, la posición se vuelve materia prima para la autoconciencia en lugar de camisa de fuerza.

Un ejemplo clínico habitual lo ilustra bien. Dos hermanos mayores, criados en la misma familia, pueden terminar en polos opuestos si uno de ellos trabajó sobre su diferenciación y el otro no. El primero llega a consulta con conflictos de pareja pero con capacidad para mirarlos y cuestionarse; el segundo llega con el mismo patrón rígido de sobrefuncionamiento de los 8 años, intacto, sin capacidad de verse desde fuera. La posición en los dos casos fue la misma; la diferenciación los separó. Eso es exactamente lo que la teoría de Bowen predice y lo que el trabajo clínico apunta a modificar.

Otro ejemplo útil es el del menor que, con buena diferenciación, logra soltar la etiqueta de “el más libre” y dejar de usar el mimetismo como estrategia de supervivencia adulta. Cuando ese trabajo se hace, la persona deja de moverse por adaptación constante y empieza a tener preferencias, a tolerar conflictos y a construir vínculos menos reactivos. La posición no cambió; lo que cambió fue la relación de la persona con su posición. Si quieres profundizar en qué significa exactamente “subir la diferenciación” en este marco, el artículo sobre diferenciación del self en Bowen entra en ese trabajo con detalle.

6. Diferenciación con la proyección familiar

Hay una confusión frecuente entre posición entre hermanos y proyección familiar. Conviene separarlas con precisión:

  • La posición describe un lugar estructural en la fratría.
  • La proyección describe el desplazamiento de un rasgo, emoción o rol de un progenitor hacia un hijo.

Una madre ansiosa puede proyectar ansiedad en su hija mayor; el resultado es que esa hija queda sobrefuncionante no por su posición sino por el material proyectado. Si solo miras la posición, te pierdes la mitad del cuadro. La proyección trabaja sobre un hijo u otro, no respeta el orden; la posición marca un canal por donde esa proyección circula con mayor facilidad.

Posición y proyección son ortogonales: una no sustituye a la otra, se combinan.

Un escenario clínico habitual donde ambas se cruzan: en una familia con un padre ausente y una madre con sintomatología ansiosa, el hijo mayor termina cargando el rol de “padre sustituto” no solo porque su posición estructural lo expone, sino porque la madre proyecta en él atributos del marido que idealiza (fuerza, estabilidad, responsabilidad). El resultado es un niño cuidador, sobrefuncionante, y un adulto que vive para sostener a los demás sin saber pedir. Si solo se lee la posición, el cuadro se queda incompleto; si solo se lee la proyección, se pierde el hecho de que otros hermanos podían haber recibido ese mismo material y no lo recibieron.

Otro escenario donde se separan bien: en una familia con varios hermanos y un padre con problemas de consumo, un hijo puede proyectar aspectos del padre y otro no. La posición no garantiza quién recibe la proyección; lo que sí modifica es cómo cada hijo procesa lo que recibe. Esa es la razón por la que ambos conceptos siguen siendo útiles en el modelo de Bowen: uno señala el canal, el otro señala el contenido.

También vale la pena distinguir la posición entre hermanos del concepto de proyección sobre la fratría en su conjunto. A veces la familia entera queda proyectada como “lo que el padre no pudo ser” o “lo que la madre necesita para sentirse realizada”. En esos casos la fratría completa funciona como superficie de proyección y la posición interna se diluye. Saber cuándo estás viendo proyección individual sobre un hijo y cuándo estás viendo proyección sobre la fratría completa es un punto clave de la evaluación clínica.

7. Errores clínicos frecuentes al usar la posición

Cuatro trampas se repiten en la práctica cuando se usa mal la variable:

  1. Etiquetar en lugar de hipotetizar. “Eres el mayor, entonces…” cierra la exploración en lugar de abrirla.
  2. Confundir rol con rasgo. “Eres responsable” como identidad y “cuidaste a tu madre de pequeño” como historia no son lo mismo.
  3. Ignorar la fratría completa. Decir “el del medio” sin describir a los otros hermanos deja afuera medio sistema.
  4. Olvidar el contexto cultural. Las expectativas sobre los hermanos varían entre familias extensas, entre clases sociales y entre generaciones.

La lectura boweniana bien hecha evita esas trampas porque parte del sistema, no del individuo aislado.

Hay una quinta trampa que aparece con frecuencia y conviene nombrar aparte: tratar la posición como destino terapéutico. Si la intervención clínica se reduce a “explicar” al paciente su posición, el trabajo se queda en una suerte de narrativización paralizante que nombra pero no mueve nada. La posición es un punto de partida para preguntas, no una conclusión que cierre la exploración. El uso clínico sano de la posición suele generar más hipótesis de las que cierra.

Una sexta trampa es usar la posición como excusa. Frases del tipo “yo soy así porque soy el mayor” o “yo soy así porque soy el menor” desactivan la posibilidad de cambio y depositan todo el peso del funcionamiento personal en una variable estructural. Ese tipo de lectura contradice directamente el espíritu de Bowen: si la posición determinara la personalidad, el trabajo terapéutico sería inútil, y Bowen construyó toda su teoría precisamente para mostrar que no lo es.

Una séptima trampa, menos obvia, es confundir posición entre hermanos con identidad narrativa dentro de la fratría. Muchas personas construyen toda su historia personal alrededor de su posición (“fui la responsable”, “fui el rebelde”) sin cuestionar esa construcción. El trabajo clínico útil consiste, en parte, en desmontar esas narrativas cerradas y abrir la posibilidad de relatos más flexibles. La posición, en clave boweniana, no es un destino biográfico sino una coordenada que se puede revisar.

8. Qué dice la evidencia empírica sobre la posición

La investigación empírica sobre orden de nacimiento y personalidad ha tenido resultados mixtos durante décadas. Los metaanálisis más amplios, incluyendo el reanálisis de datos del estudio longitudinal de cohortes británicas, muestran que las correlaciones brutas entre orden de nacimiento y rasgos de personalidad son muy pequeñas y, en muchos casos, nulas cuando se controlan el tamaño de la familia y otros confusores. Lo que la evidencia sí sostiene es que la posición se asocia a diferencias en estilos relacionales y educativos dentro de la familia, lo cual encaja bien con la propuesta boweniana: no predice personalidad, predice patrón relacional.

Un segundo cuerpo de evidencia, ligado a estudios sobre fratría y desarrollo socioemocional, muestra efectos modestos pero replicables del orden de nacimiento en conductas prosociales, logro educativo y conflicto entre hermanos. La magnitud de estos efectos es menor de lo que la psicología popular suele afirmar, pero apunta en la dirección que Bowen anticipó: la fratría deja huella en cómo se negocia con los otros, no en quién se es.

Una tercera línea de evidencia, más reciente, ha examinado los efectos del orden de nacimiento sobre la salud mental adulta. Los resultados son heterogéneos: algunos estudios encuentran asociación entre primogenitura y mayor responsabilidad percibida en la vida adulta; otros encuentran asociaciones débiles con ansiedad, perfeccionismo o dificultad para delegar. La lectura coherente con Bowen no es que la posición “cause” estos cuadros, sino que crea una propensión relacional que, en interacción con otros factores del sistema, puede inclinar la balanza hacia uno u otro cuadro clínico.

La evidencia actual apoya la lectura relacional de Bowen y debilita la lectura determinista de Adler.

Hay también un punto metodológico que conviene tener presente. Muchos estudios sobre orden de nacimiento usan muestras de conveniencia (estudiantes universitarios, familias occidentales, clases medias) y eso limita la generalización de los hallazgos. La posición entre hermanos, como variable sistémica, puede tener efectos distintos en culturas donde la fratría convive en casa hasta edades avanzadas, o donde las responsabilidades de cuidado están culturalmente asignadas de manera más rígida. La lectura boweniana es robusta a esa variación porque no depende de efectos fijos sino del significado funcional que la posición adquiere en cada sistema familiar concreto.

Por último, la literatura más reciente ha empezado a estudiar la posición entre hermanos en combinación con otras variables sistémicas: tamaño de la fratría, presencia de hermanos con necesidades especiales, eventos vitales tempranos, dinámica de los padres. Esa línea de investigación es la que encaja con más claridad con la teoría de Bowen y la que probablemente seguirá produciendo hallazgos útiles en los próximos años. La posición aislada ya está suficientemente estudiada; el futuro está en estudiarla como una variable más dentro del sistema.

9. Cómo usar la posición entre hermanos en consulta

Una lectura operativa de la posición, fiel al espíritu boweniano, sigue varios pasos:

  1. Mapear la fratría completa. No basta con saber dónde está el consultante; importa saber quiénes son los otros, qué distancia hay entre ellos, qué alianzas y rupturas hubo.
  2. Identificar sobrefuncionamientos y subfuncionamientos. Quién carga, quién se borra, quién negocia, quién escapa.
  3. Conectar con el ciclo multigeneracional. El patrón que ves en los hermanos suele tener un espejo en la fratría de los padres.
  4. Distinguir posición de identidad. El objetivo no es que el paciente “acepte” su rol, sino que observe cuándo lo está usando.

Esa secuencia se complementa bien con la lectura del self diferenciado: el trabajo clínico suele enfocarse en subir la diferenciación y dejar que los patrones se aflojen por sí solos.

Un paso previo muy útil antes de empezar es construir un genograma que incluya las relaciones entre los hermanos, sus fechas de nacimiento, eventos relevantes y rupturas. Sin esa foto global, la posición corre el riesgo de leerse como dato aislado y se pierde la mitad del valor clínico. Una vez construido el genograma, las preguntas sobre la posición se hacen casi solas: ¿quién cargaba más con las tareas de la casa?, ¿quién se acercaba más al padre?, ¿quién negociaba los conflictos?, ¿quién quedaba fuera de las conversaciones?.

El siguiente paso es la observación del funcionamiento actual. ¿Qué patrones relacionales aparecen en la consulta misma? ¿El consultante se sobrefunciona contigo, responde a tus estados emocionales, busca aprobación, evita el conflicto? Esas conductas en sesión suelen ser un calco de los patrones que el consultante aprendió en su fratría, y eso vuelve a la posición una herramienta de evaluación en vivo, no solo un dato biográfico.

El tercer paso es conectar lo observado con la hipótesis de diferenciación: ¿qué tan firme puede mantenerse el consultante en su criterio emocional bajo presión relacional? ¿Cuánto se diferencia de sus figuras de origen? Esas preguntas no se responden con un cuestionario, se responden con la observación clínica longitudinal, y la posición sirve como uno de los vectores que orientan esa observación.

Por último, el trabajo de cierre suele consistir en integrar la posición como un dato útil del propio mapa, no como una identidad cerrada. El objetivo es que el consultante pueda decir: “estoy en esa posición, aprendí ciertos patrones desde ahí, y ahora puedo elegir de otra forma”. Esa transición del “yo soy así porque soy el mayor” al “yo estoy eligiendo funcionar así y puedo elegir de otra forma” es el corazón del trabajo clínico con posición en clave boweniana.

10. Una idea para llevar a casa

La posición entre hermanos en la teoría de Bowen funciona como una pregunta: ¿qué trabajo está haciendo tu lugar en la fratría dentro del sistema familiar? Esa pregunta es la que abre la exploración clínica útil. Si quieres profundizar en cómo se conecta con la transmisión entre generaciones, el artículo sobre transmisión multigeneracional es un buen siguiente paso. Si lo que te interesa es el polo opuesto, cuándo el corte emocional sustituye al trabajo de posición, mira el texto sobre corte emocional en Bowen.

Una segunda idea para llevar a casa, complementaria de la anterior, es que la posición entre hermanos se lee con más nitidez junto al resto del modelo de Bowen. Tomarla aislada produce caricaturas; tomarla junto a la diferenciación del self, la fusión emocional, el corte y la triangulación produce un mapa operativo del sistema familiar con el que se puede trabajar clínicamente. Esa integración es la que hace que la posición deje de ser una curiosidad psicológica y se convierta en una herramienta de intervención.

Una tercera idea, más sutil, es que la posición entre hermanos cambia con las decisiones que se toman en la vida adulta. No se queda fija en la infancia. Una persona que trabajó su diferenciación durante años puede modificar radicalmente la forma en que su posición se manifiesta, aunque el lugar estructural que ocupó de niño no haya cambiado. Eso es lo que hace a la teoría de Bowen profundamente optimista: hay margen de maniobra en cada posición, y ese margen se amplía con el trabajo emocional sostenido.

Preguntas frecuentes

¿La posición entre hermanos determina la personalidad?

No, en la lectura boweniana. Lo que determina es la probabilidad de engancharte en ciertos patrones relacionales dentro del sistema familiar. La personalidad se construye con muchas otras variables y se modifica con el trabajo sobre la diferenciación del self.

¿Sirve la posición entre hermanos en hijos únicos?

Con cautela. Un hijo sin hermanos ocupa una posición estructural particular: no tiene fratría dentro del hogar. Lo que se observa en consulta suele ser un desempeño funcional de varios roles simultáneamente (mayor, medio y menor a la vez), con sus propias tensiones.

¿Cómo se diferencia de la proyección familiar?

La posición describe un lugar en la fratría. La proyección describe el desplazamiento de un rasgo o emoción desde un progenitor hacia un hijo. Son ortogonales: una madre puede proyectar ansiedad en uno u otro de sus hijos, pero el canal por donde esa proyección circula con más fuerza depende en parte de la posición.

¿Y si mis hermanos funcionamos de manera muy distinta pese a criarnos juntos?

Es esperable y no contradice la teoría. La diferenciación del self varía entre hermanos, y el clima familiar no es uniforme para cada hermano. La posición abre la puerta, pero la diferenciación la termina de moldear.

¿Hay evidencia científica fuerte?

Hay evidencia moderada sobre estilos relacionales ligados al orden de nacimiento y evidencia débil o nula sobre rasgos de personalidad fijos. La lectura boweniana es la que encaja con más claridad con esos hallazgos.

¿La posición entre hermanos cambia con el tiempo?

Sí, sobre todo a través del trabajo sobre la diferenciación del self. El lugar estructural que ocupaste en la infancia no se modifica, pero la forma en que lo habitas en la adultez puede cambiar radicalmente cuando trabajas sobre los patrones aprendidos en esa posición.

¿Tiene sentido hablar de posición cuando hay mucha diferencia de edad entre hermanos?

Sí, pero con matices. Las grandes diferencias de edad suelen asociarse a configuraciones funcionales donde el mayor asume roles cuasi-parentales y el menor queda en una posición más protegida. Esas configuraciones siguen encuadrando dentro del modelo, pero conviene nombrarlas de forma específica para no leerlas con los patrones canónicos de las fratrías más simétricas.

Cierre

La posición entre hermanos, leída con Bowen, no te dice quién eres. Te dice dónde suele apretar el sistema familiar en personas que crecieron donde tú creciste, y por dónde empieza a soltarse ese nudo cuando subes tu diferenciación. Esa es una herramienta clínica útil y un mapa honesto, muy distinto de la caricatura determinista que a veces se le atribuye.

Si te llevas una sola cosa, que sea esta: la posición funciona como probabilidad relacional, no como destino, y como toda probabilidad se negocia con trabajo emocional y con tiempo.

Referencias

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