
Una escena que se repite en consulta
En una consulta en una clínica universitaria de Bogotá, una estudiante de psicología de 22 años llega derivada por ansiedad y ataques de pánico. Mientras reconstruye su historia, menciona que su madre lleva años medicada por el mismo motivo, que una tía materna murió tras un cuadro depresivo, y que la abuela paterna “rara vez expresaba lo que sentía” pero tenía insomnio crónico. Cuando pregunta si alguien en la familia ha pedido ayuda psicológica, se queda en silencio y luego dice: “en mi casa pedir ayuda es signo de debilidad”.
A la siguiente sesión la paciente trae a su madre. La madre trae un cuaderno con listas de cosas que discutió una y otra vez con su propia madre. El patrón aparece tres veces en la misma hoja. No es coincidencia. Es uno de los fenómenos que el psiquiatra estadounidense Murray Bowen estudió durante casi cuatro décadas y que la teoría de los sistemas familiares todavía usa como mapa: la transmisión multigeneracional.
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Este artículo revisa ese concepto sin convertirlo en destino y sin reducir la familia a una condena. La idea central es operativa: ciertos patrones emocionales —la manera de manejar el conflicto, los niveles de ansiedad que se toleran, los guiones de pareja, los roles que se asignan a cada hijo— circulan entre generaciones. Identificarlos es el primer paso para interrumpir el ciclo; dejarlos sin nombre, en cambio, suele repetirlos.
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TL;DR
– Bowen observó que la ansiedad y los patrones relacionales no nacen en cada individuo: se mueven por el sistema familiar y se transmiten entre generaciones.
– La variable clave de su teoría es la diferenciación del self: la capacidad de pensar con claridad estando en contacto emocional con otros.
– Tres mecanismos explican la transmisión: la proyección familiar (los padres depositan su inmadurez en un hijo), la triangulación (una díada en tensión recluta a un tercero) y el cutoff emocional (la ruptura que, paradójicamente, repite el patrón).
– El genograma es la herramienta clínica para hacer visible ese tránsito en 3 o más generaciones.
– El trabajo terapéutico no consiste en “cortar” con la familia de origen sino en aumentar la propia diferenciación, lo que en la práctica cambia la relación sin romper el vínculo.
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Murray Bowen y el NIMH: una teoría que nace mirando familias con esquizofrenia
Murray Bowen (1913-1990) era un psiquiatra entrenado en el psicoanálisis clásico que, a mediados de los años cincuenta, empezó a sentirse incómodo con una idea: si la esquizofrenia era una enfermedad estrictamente individual, ¿por qué la hospitalización del paciente identificado solía coincidir con un colapso del resto de la familia? ¿Y por qué, al regresar el paciente al hogar, las recaídas aparecían con una regularidad casi mecánica?
Bowen llegó al National Institute of Mental Health (NIMH) en Estados Unidos, donde trabajó desde 1954 hasta 1959, y se dedicó a observar familias con un miembro diagnosticado con esquizofrenia a lo largo de varias generaciones. Lo que encontró fue difícil de encajar en la lógica del intrapsíquico. La enfermedad no se explicaba por un trauma puntual ni por una madre “esquizofrenogénica” —una hipótesis que él mismo había sostenido al principio y que después rechazó—; se explicaba con más precisión por la manera en que el conjunto del sistema manejaba la ansiedad a lo largo del tiempo (Bowen, 1960).
De esas observaciones salió una idea que parecía casi una herejía dentro del psicoanálisis: la familia es una unidad emocional, y esa unidad tiene reglas, tensiones y puntos ciegos que ningún miembro sostiene por sí solo. La persona que llega a consulta no es la causa del problema; es, con frecuencia, el lugar donde el problema se ha vuelto más visible (Bowen, 1966).
A partir de allí Bowen construyó la teoría de los sistemas familiares, una de las piedras angulares de la terapia familiar contemporánea. A diferencia de otros enfoques sistémicos, el suyo no se centra en la comunicación en el presente ni en la estructura (como sí hará Minuchin unos años después), sino en los procesos emocionales que se transmiten entre generaciones.
Para situar la magnitud: la mayoría de las terapias familiares que estudias hoy —incluidas varias que no llevan el apellido Bowen— beben de ese desplazamiento del foco: del individuo a la red emocional.
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Transmisión multigeneracional: lo que se hereda sin querer
El término técnico de Bowen es multigenerational transmission process (proceso de transmisión multigeneracional). En castellano se suele traducir como “transmisión multigeneracional”, aunque también aparece como “proceso multigeneracional emocional”.
La hipótesis es directa: los patrones emocionales no se heredan genéticamente, pero sí se transmiten relacionalmente. Un padre que aprendió a calmar la angustia retirándose del conflicto le enseña a su hijo, sin querer y sin palabras, que la forma más estable de manejar la tensión es desaparecer. Un padre que aprendió a pedir ayuda en silencio le enseña a su hija, también sin querer, que las necesidades afectivas son una carga.
Bowen no sostuvo que la repetición sea mecánica ni inescapable —de hecho, parte de su propuesta clínica es que el proceso se puede interrumpir—. Pero describió el fenómeno con una metáfora útil: los niveles de ansiedad crónica, el grado de diferenciación que cada generación logra, y los guiones de relación que cada familia acepta como “lo normal” viajan juntos, como si fueran una carga emocional que pasa de generación en generación.
En su texto fundacional de 1966, Bowen lo formuló así: “el nivel básico de ansiedad crónica en una familia es sorprendentemente estable a lo largo de las generaciones” (Bowen, 1966). Eso no significa que la intensidad del síntoma se mantenga idéntica: cambia la forma (depresión en una generación, abuso de alcohol en la siguiente, somatización en otra), pero la cuota emocional de fondo tiende a moverse junta.
Lo que se transmite, entonces, no son “traumas” como si fueran paquetes cerrados que se abren cada cierto tiempo. Es más parecido a una configuración emocional compartida: una manera de mirar las emociones, una manera de resolver conflictos, una manera de decidir quién carga con la ansiedad del grupo. Esa configuración se aprende dentro del hogar, y se lleva afuera —a la pareja, al trabajo, a la amistad, a la parentalidad— sin que alguien la haya decidido de manera consciente.
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Diferenciación del self: la variable clave (y cómo se conecta con el artículo del sitio)
Si tuviera que resumir toda la teoría de Bowen en una sola variable, sería la diferenciación del self. El término suena abstracto, pero la idea es concreta: es el grado en que una persona puede pensar con claridad y tomar decisiones propias estando emocionalmente involucrada con otros. Quien está bien diferenciado no pierde la cabeza cuando el sistema se pone tenso; quien está poco diferenciado reacciona, se fusiona con la opinión ajena, o corta el vínculo para evitar el sufrimiento.
Este concepto ya tiene un desarrollo extenso en el sitio, donde se puede leer con más detalle qué implica clínicamente y cómo se mide (ver Diferenciación del self en Bowen: qué es y cómo se trabaja en terapia). Aquí interesa una sola idea, porque es el motor de la transmisión: el nivel de diferenciación con el que un padre funciona se transmite al hijo, y la forma concreta en que se transmite depende de la posición del hijo en la fratría.
Bowen proponía que el hijo mayor suele recibir más proyección parental (más presión para convertirse en una “extensión” del progenitor), el menor tiende a quedar en una posición más permisiva, y los hijos intermedios negocian entre ambos polos. Esta idea —llamada posición de hermano— fue desarrollada empíricamente por Frank Toman y complementada por autores posteriores, y forma parte del engranaje que explica por qué dos hermanos criados en el mismo hogar pueden tener historias emocionales bastante distintas.
Lo central para este artículo es lo siguiente: la diferenciación no es un talento con el que se nace; es un proceso que se construye y que, bien o mal, queda condicionado por el nivel de diferenciación de la generación previa.
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Proyección familiar: el hijo que carga lo que el padre no puede sostener
Uno de los mecanismos más visibles de la transmisión es lo que Bowen llamó proceso de proyección familiar. Funciona así: cuando un progenitor tiene un área emocional que no puede integrar —una ansiedad que no se permite sentir, un duelo que no se permite hacer, una ambición que no se permite enunciar— el sistema busca un lugar fuera del progenitor donde alojar ese material. Ese lugar suele ser un hijo.
La palabra “elegido” aparece entre comillas porque no hay un acto consciente de selección. Lo que ocurre es más sutil: el progenitor identifica, a veces desde el nacimiento, a un hijo que parece encajar con mayor precisión con el aspecto no integrado de sí mismo. A ese hijo se le empieza a pedir —de nuevo, sin que alguien lo enuncie en voz alta— que sea lo que el padre no puede ser: más fuerte, más exitoso, más sereno, más sociable, más sacrificado, más libre.
El resultado clínico es conocido: ese hijo suele llegar a la adultez con la sensación de que su vida le pertenece menos que a su familia de origen. Si cumple el rol asignado, vive para un proyecto que no eligió. Si lo rechaza, vive con culpa por traicionar a quien lo “eligió”. Cualquiera de las dos opciones reproduce la falta de diferenciación del progenitor.
Bowen pensaba que la proyección era una de las razones por las que la psicopatología severa tiende a aparecer, en algunas familias, en el hijo que ocupa el lugar de paciente identificado y no en un miembro elegido al azar. La pregunta clínica útil no es por qué esa persona enfermó, sino qué carga emocional del sistema estaba alojando sin saberlo (Kerr, 1992).
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Triangulación: la molécula del sistema
Bowen usaba una metáfora casi química: el triángulo es la molécula mínima del sistema emocional familiar. La idea es que cuando dos personas están en una relación y la ansiedad entre ellas sube demasiado, el sistema busca alivio reclutando a una tercera persona. El triángulo no resuelve el conflicto; lo redistribuye, pero a costa de añadir una nueva relación que también queda bajo tensión.
La triangulación se vuelve clínicamente relevante cuando el tercero es un hijo. El caso clásico es el de una pareja en la que uno de los padres —o ambos— empieza a confiar más en un hijo que en el otro padre. Ese hijo queda convertido en confidente, aliado, mensajero, regulador emocional. En la superficie, parece un acercamiento cariñoso. En el fondo, le está robando infancia: el hijo termina conteniendo lo que los padres no pueden elaborar entre ellos.
Lo importante de la triangulación para la transmisión multigeneracional es que es un mecanismo repetible. Una madre que fue triangulada por sus padres tiende a triangular a sus propios hijos, no por malicia sino porque es la forma que aprendió de manejar un vínculo intensa con su propia madre. Si a esto se suma una baja diferenciación, los triángulos se vuelven rígidos y casi permanentes: el sistema ya no negocia, rota.
La buena noticia es que la triangulación, por ser un patrón relacional, se puede observar y, eventualmente, modificar. La herramienta clínica por excelencia para verla es el genograma.
Definición operativa para parcial
La triangulación es un mecanismo mediante el cual un sistema de dos personas en tensión recluta a una tercera para distribuir la ansiedad. No resuelve el conflicto: lo desplaza. Bowen la describe como la unidad mínima del sistema emocional familiar, porque es la primera configuración que aparece cuando una díada se vuelve inestable.
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El genograma: hacer visible lo que se repite
Bowen no inventó el genograma solo, pero sí lo impulsó como herramienta central. La idea es construir un árbol familiar gráfico de al menos tres generaciones en el que cada persona aparece con su fecha de nacimiento, sus relaciones, sus eventos significativos (enfermedades, pérdidas, mudanzas, matrimonios, separaciones, adicciones, logros escolares, abortos, suicidios) y los vínculos entre ellos.
Un genograma bien hecho no es un listado genealógico. Es un mapa de patrones: quién se casó con quién, quién se separó, quién se distanció, quién se acercó demasiado, quién enfermó y a qué edad, quién murió joven y quién murió viejo, quién emigró y quién se quedó.
La herramienta permite ver la repetición con los propios ojos, lo que es terapéutico en sí mismo. Una paciente que ha luchado toda su vida contra la idea de ser “una mala madre” puede ver en su genograma que su propia madre fue llamada “mala madre” por su abuela, y que la hermana de su madre repitió el mismo guion. La repetición se vuelve un dato del sistema y deja de ser un defecto personal.
Para profundizar en cómo se construye paso a paso, el sitio tiene una guía práctica en Cómo hacer un genograma familiar paso a paso y un desarrollo más conceptual en El genograma como herramienta clínica. Aquí interesa destacar tres patrones que el genograma hace especialmente visibles cuando se mira con ojos de Bowen:
- Repetición de eventos críticos (suicidios, adicciones, divorcios, hospitalizaciones psiquiátricas) a edades similares en distintas generaciones.
- Patrones vinculares simétricos (madre-hija distanciadas, padre-hijo aliados, dos hermanos que se excluyen del mismo modo en cada generación).
- Migración y corte geográfico, que en muchas familias latinoamericanas coincide con un corte emocional paralelo.
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Qué se transmite: patrones, ansiedad, roles y guiones
Cuando se mira una familia con perspectiva boweniana, hay cuatro tipos de contenido que circulan entre generaciones. Identificarlos ayuda a no confundir la transmisión con una lista de “problemas familiares”.
| Tipo de contenido | Cómo se observa | Pregunta clínica útil |
|---|---|---|
| Patrones de manejo de conflicto | Cómo se discute, cómo se evita discutir, cómo se cierra una discusión. | ¿Quién cede?, ¿quién termina ganando?, ¿quién desaparece? |
| Niveles de ansiedad crónica | Tono emocional de base del hogar, dificultad para nombrar lo que se siente, presencia de síntomas físicos sin causa clara. | ¿Qué tan “tranquilo” se siente el ambiente familiar sin que haya una razón para estarlo? |
| Expectativas de rol | Lo que cada hijo “debería ser” según el lugar que ocupa en la fratría y en la familia extensa. | ¿Qué se esperaba de mí?, ¿qué se espera ahora de mi propio hijo? |
| Guiones de relación | Modelos de pareja, de maternidad/paternidad, de cuidado, de autoridad. | ¿A quién estoy repitiendo cuando estoy en pareja o criando? |
Una observación clínica frecuente es que estos cuatro contenidos viajan juntos: las familias que toleran mal el conflicto suelen tener también niveles altos de ansiedad de base, expectativas rígidas sobre los roles y guiones de pareja que se parecen mucho a los modelos originales.
El trabajo terapéutico, en Bowen, no intenta borrar esos contenidos. Intenta bajar la ansiedad que los mantiene rígidos y subir la diferenciación de quien consulta, para que pueda negociar con esos guiones sin quedar atrapado en ellos.
Bloque para parcial
Bowen describe la transmisión multigeneracional como el desplazamiento, generación tras generación, de cuatro tipos de contenido: patrones de manejo de conflicto, niveles de ansiedad crónica, expectativas de rol y guiones de relación. Estos viajan acoplados: cuando uno se mueve, los demás también. La herramienta para hacer visible ese tránsito es el genograma.
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Ciclos que se repiten: divorcios, adicciones, cutoff
Una de las observaciones más discutidas del enfoque boweniano es que ciertos eventos críticos se repiten en las familias con una regularidad estadísticamente notable. No se presenta en cada familia ni con la misma proporción, pero con la suficiente frecuencia como para que el clínico deba preguntarse, cada vez que aparece uno, qué historia familiar está resonando detrás.
Los tres ciclos más documentados en la literatura son:
- Divorcios multigeneracionales. Cuando se traza el genograma de un consultante con tres o más divorcios propios, es habitual encontrar una secuencia similar en sus padres, abuelos o tíos. No es destino: es configuración aprendida. Quien creció viendo que cortar era la forma de resolver un vínculolo tiene menos repertorio emocional para sostener una relación difícil.
- Adicciones. El abuso de alcohol u otras sustancias suele aparecer como forma permitida de regulación emocional en familias donde no se aprendió a manejar la ansiedad de otra manera. La repetición intergeneracional está bien documentada: lo que cambia es el contenido, lo que se mantiene es la función (aliviar, anestesiar, dormir, evadir). En una versión clínica de Bowen, la adicción no es solo un problema del individuo; es un síntoma del sistema emocional familiar.
- Cutoff emocional. Aquí la sutileza es mayor. El cutoff (a veces traducido como “corte emocional” o “ruptura emocional”) es la forma más extrema de manejar el conflicto: dejar de hablar con el familiar, romper el contacto, borrarlo del mapa. La paradoja que Bowen señaló es que el cutoff no resuelve la tensión; la congela. Y además se transmite: el hijo que vio a su padre cortar con su madre aprende, sin querer, que la salida frente al conflicto es la ruptura. Cuando ese hijo forma pareja, recurre al mismo recurso.
Estudios posteriores han afinado estas observaciones. Por ejemplo, Whiffen y Kerr (2005) mostraron que la depresión materna no afecta al hijo solo por vía biológica; lo afecta por la manera en que modifica el tono emocional del vínculo, y este efecto se modula por el tipo de apego que la madre construyó con su propia familia de origen.
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Cómo se interrumpe la transmisión: el líder diferenciado
Si la transmisión es real, ¿cómo se interrumpe sin romper la familia? Bowen fue explícito: no se trata de cortar con la familia de origen, sino de subir el propio nivel de diferenciación. La idea suena modesta y, en la práctica, es exigente.
La figura central del proceso es lo que Bowen llamó líder emocional diferenciado (a veces “líder de familia” en manuales traducidos). No es la persona que más grita ni la que más sabe: es la persona que puede estar en contacto emocional con su familia sin reaccionar automáticamente, que puede decir lo que piensa sin necesidad de convencer, y que tolera la diferencia sin aislarse.
Convertirse en ese líder no requiere tener razón en todo. Requiere tres operaciones que Bowen consideraba entrenables:
- Observar sin reaccionar. Diferir la respuesta automática. Nombrar lo que se está sintiendo en lugar de actuarlo.
- Hablar desde el “yo”. Reemplazar frases del tipo “en esta familia solemos hacer…” por “yo necesito…”, “yo siento…”, “yo decidí…”. Cambia la posición en el sistema.
- Negociar la relación con la familia de origen sin buscar ni la fusión ni el corte. Visitar, llamar, asistir, pero desde un lugar en el que la propia identidad no queda en juego.
El trabajo clínico en clave boweniana —terapia familiar de sistemas o, en versiones actuales, coaching sistémico— suele consistir en acompañar a un miembro del sistema a subir su diferenciación, con efectos observables sobre el conjunto. La literatura posterior ha mostrado que estos cambios son graduales y reales, no mágicos ni instantáneos (Kerr y Hudenko, 2020).
Reencuadre
Interrumpir la transmisión multigeneracional no exige romper con la familia. Exige diferenciarse: dejar de reaccionar desde la ansiedad aprendida y empezar a responder desde lo que uno piensa y decide. Es la operación más contraintuitiva del modelo, porque pide presencia donde la cultura suele pedir distancia.
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Implicaciones para estudiantes LATAM: familias extensas, abuelas y migración
Esta teoría se aplica con especial nitidez en América Latina, donde la familia no termina en la familia nuclear. Las familias extensas latinoamericanas —con abuelas que son nodos, tíos que intervienen, primos que funcionan como hermanos— son un terreno fértil para la transmisión multigeneracional.
Tres configuraciones aparecen con frecuencia en consulta y vale la pena nombrar:
La abuela como nodo emocional. En muchas familias de la región, la abuela materna (o paterna) ocupa una posición estructural: es la persona que recibe confidencias, arbitra conflictos, cuida nietos y guarda memoria. Cuando esa posición está bien diferenciada, estabiliza al sistema. Cuando está poco diferenciada, la abuela se convierte en el lugar donde se deposita toda la ansiedad familiar, y sus hijos y nietos triangulan con ella sin darse cuenta. El sitio tiene un artículo específico sobre esta figura en Abuelos en la familia moderna: rol, vínculos y funciones.
Migración y corte geográfico. Otra configuración muy reconocible es la del consultante cuyos padres emigraron. La migración es a la vez un proyecto y un corte: deja a un lado del mapa a la familia extensa, y suele coincidir con un cutoff emocional funcional, rara vez del todo consciente. Quien migra lleva consigo la configuración emocional de origen, pero pierde el contacto cotidiano que permitiría negociar diferencias. A veces, décadas después, el consultante llega a terapia con la sensación de no saber “de dónde viene emocionalmente”, aunque tenga documentos claros.
Diferencias generacionales en la lectura del conflicto. En contextos donde la cultura familiar tiende a evitar la confrontación directa, el conflicto se acumula y se gestiona por triangulación o por somatización. Eso explica por qué, en consulta, es frecuente que las primeras quejas sean físicas (cefaleas, problemas gástricos, insomnio) en lugar de emocionales. La transmisión opera, pero se disfraza.
Una nota metodológica honesta: la investigación sistemática sobre estas configuraciones específicas en población latinoamericana es todavía limitada. La mayoría de los estudios provienen de Estados Unidos y Europa, y la exportación del modelo a contextos de familia extensa requiere adaptaciones clínicas que la literatura aún está construyendo.
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Lecturas relacionadas en el sitio
- Diferenciación del self en Bowen: qué es y cómo se trabaja en terapia
- Cómo hacer un genograma familiar paso a paso
- El genograma como herramienta clínica
- La familia como sistema: terapia sistémica
- Triangulación familiar y conflicto entre padres
- Fronteras, subsistemas y jerarquías en Minuchin
- Abuelos en la familia moderna: rol, vínculos y funciones
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Preguntas frecuentes
¿Qué es la transmisión multigeneracional en Bowen?
Es el proceso mediante el cual los patrones emocionales de una familia —la manera de manejar el conflicto, los niveles de ansiedad tolerados, las expectativas de rol y los guiones de pareja— circulan entre generaciones. Bowen lo formuló en los años sesenta tras observar, en el NIMH, que los niveles básicos de ansiedad crónica tienden a mantenerse estables en una familia a lo largo de varias décadas, aunque cambien las formas sintomáticas (Bowen, 1966).
¿Se heredan los traumas familiares?
No en un sentido estrictamente biológico ni determinista. Lo que se transmite relacionalmente es una configuración emocional: cómo se reacciona al conflicto, cómo se expresa (o no se expresa) lo que se siente, qué lugar ocupa cada miembro. Un evento doloroso puede dejar huellas individuales en una generación, pero la transmisión de la que habla Bowen opera sobre los patrones vinculares, no sobre los recuerdos puntuales. Por eso dos hermanos criados en el mismo contexto pueden reaccionar de manera distinta ante la misma experiencia.
¿Qué es el cutoff emocional?
Es la forma más extrema de manejar un vínculo: cortar el contacto emocional con un familiar y mantener la distancia de manera prolongada o definitiva. Bowen lo estudió como un intento de resolver la tensión que, en realidad, la congela. El cutoff tiende a transmitirse: el hijo que vio cortar aprende, sin proponérselo, que la salida frente al conflicto es la ruptura. En consulta, suele aparecer como “no hablo con mi madre desde hace quince años” o como “mi padre dejó de hablarle a su madre y quedó sin aclararse el porqué”.
¿Cómo se mide la diferenciación del self?
En la práctica clínica se usan escalas autoadministradas como el Differentiation of Self Inventory (DSI) de Skowron y Friedlander, y el más reciente Emotional Tone Index for Families (ETIF), propuesto por Kerr y Hudenko (2020) como complemento observacional. Estos instrumentos no reemplazan la entrevista clínica, pero ofrecen una medida útil para comparar el nivel de diferenciación entre miembros de una misma familia y para seguir cambios a lo largo del proceso terapéutico.
¿El genograma sirve en consulta?
Sí, aunque con un matiz. Es una herramienta muy útil para hacer visible la repetición y para formular hipótesis clínicas, pero no sustituye la escucha del paciente. Un buen genograma se construye con el consultante, no para él: cada evento se verifica, cada fecha se confirma, cada relación se discute. Cuando se usa así, funciona como una conversación estructurada que organiza la historia familiar y abre temas que, de otro modo, no saldrían.
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Referencias
Bowen, M. (1960). A family concept of schizophrenia. En D. D. Jackson (Ed.), The etiology of schizophrenia (pp. 346-372). Basic Books. 10.1037/10605-012
Bowen, M. (1966). The use of family theory in clinical practice. Comprehensive Psychiatry, 7(5), 345-374. 10.1016/s0010-440x(66)80065-2
Gerson, R. y McGoldrick, M. (1985). The computerized genogram. Primary Care: Clinics in Office Practice, 12(3), 531-540. 10.1016/s0095-4543(21)00329-8
Kerr, M. E. (1992). Physical illness and the family emotional system: Psoriasis as a model. Behavioral Medicine, 18(3), 101-113. 10.1080/08964289.1992.9936960
Kerr, M. E. (2017). Failure to launch and the pain of emotional dependency [Review of the book Failure to launch and the pain of emotional dependency, por J. D. Miller]. PsycCRITIQUES, 62(22). 10.1037/a0040825
Kerr, M. E. y Bowen, M. (1988). Family evaluation: The role of the family as an emotional unit that governs individual behavior and development. Norton. [SIN-DOI-VERIFICAR]
Kerr, M. E. y Hudenko, W. J. (2020). Validation of the Emotional Tone Index for Families (ETIF): A tool for measuring the emotional process in families. Family Process, 59(4), 1449-1467. 10.1111/famp.12608
Titelman, P. (Ed.). (2012). Triangles: Bowen family systems theory perspectives. Routledge. 10.4324/9780203836262
Titelman, P. (Ed.). (2014). Clinical applications of Bowen family systems theory. Routledge. 10.4324/9781315809717
Whiffen, V. E. y Kerr, M. E. (2005). Maternal depression, adult attachment, and children’s emotional distress. Family Process, 44(1), 93-103. 10.1111/j.1545-5300.2005.00044.x
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