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Lenguaje inclusivo y comunicación diversa

Por Ricardo de Castro King · Psicólogo clínico · Director de Psique Académica

Lenguaje inclusivo y comunicación diversa

Este apunte profundiza el cruce entre lenguaje y psicología que ya se presentó en el apunte Lenguaje y comunicación, y lo lleva al plano del encuentro clínico y del informe. El foco se ubica en cómo el lenguaje inclusivo funciona como herramienta de trabajo, no como tema de debate ideológico. Aquí encuentras criterios operativos, una tabla de reformulación y un caso breve para practicar.

1. Principios del lenguaje inclusivo en la práctica clínica

El lenguaje inclusivo, entendido como herramienta clínica, busca que cada persona se sienta nombrada y reconocida dentro del proceso terapéutico, a partir de formulaciones que reflejen con precisión su identidad, su cuerpo y su contexto. En consulta, esa precisión condiciona la alianza de trabajo, la adherencia y la calidad del dato que luego aparece en la historia clínica.

Tres principios sostienen este uso. Primero, el principio de autodenominación: se utiliza el término que la propia persona usa para sí misma, y se registra tal cual en el informe. Segundo, el principio de no omisión: cuando un grupo está formado por personas de distintos géneros, se evita el masculino genérico que vuelve invisible a una parte del grupo. Tercero, el principio de accesibilidad comunicativa: se ajusta el registro a las posibilidades de comprensión del interlocutor, sin simplificar en exceso ni añadir complejidad sin necesidad.

Estos principios se aprenden antes de escribirlos. Surgen al escuchar cómo habla cada paciente y al observar qué fórmulas le generan comodidad o incomodidad. El informe psicológico no es un texto neutro: es un documento leído por terceros (supervisores, equipos, instancias legales), y su redacción comunica tanto como la sesión misma.

Lenguaje inclusivo en clínica: conjunto de decisiones léxicas y pragmáticas que, dentro del encuentro terapéutico y del informe, permiten nombrar con precisión a cada persona y a cada grupo, sin sobrerrepresentar ni invisibilizar a nadie.

2. Lenguaje no sexista en informes y anamnesis

El lenguaje no sexista interviene sobre dos planos. En el plano morfológico, sustituye el masculino genérico cuando este oculta a mujeres u otras identidades. En el plano pragmático, cuida que los adjetivos, los roles y las expectativas no proyecten estereotipos sobre quien consulta.

Una operación habitual es la duplicación: "niños y niñas", "médicos y médicas". Funciona en listados breves y en documentos administrativos. En informes extensos resulta pesado, por lo que conviene alternar con formas genéricas ("el equipo", "el grupo", "la persona consultante"), con formas coordinadas con barras cuando la lectura lo admite ("los/las profesionales") y con pronombres neutros en casos puntuales. La elección depende del contexto discursivo, no de una regla única.

Formulación sexista habitualRiesgo clínicoAlternativa no sexista
"Los pacientes psiquiátricos"Invisibiliza a mujeres y personas no binarias con diagnóstico"Las personas con diagnóstico psiquiátrico" / "El conjunto de pacientes"
"El usuario debe..."El masculino genérico deja fuera a quien no se nombra en masculino"La persona consultante debe..."
"Los hijos del paciente"El masculino genérico no nombra a las hijas"Las hijas y los hijos" / "la descendencia"
"El trabajador social"Oculta a profesionales mujeres del equipo"La trabajadora social" / "El o la profesional de trabajo social"
"Histérica", "histérico"Es un insulto clínico, no un término vigenteEvitarlo. Describir la conducta observada, o usar el término diagnóstico vigente solo si hay diagnóstico

3. Comunicación accesible en el encuentro clínico

La accesibilidad comunicativa abarca tres ejes: sensorial, cognitivo y lingüístico. Los tres operan en sesión y se reflejan en la nota clínica.

En el eje sensorial, el consultorio se prepara para personas con hipoacusia (intérprete de lengua de señas, subtitulado en materiales escritos), con baja visión (documentos en tipografía legible, contraste alto) o con sordoceguera (mediador táctil, ajustes específicos). La intervención se ofrece de manera proactiva, sin esperar a que la persona la solicite.

En el eje cognitivo, se ajusta la complejidad oracional al nivel de comprensión observado, sin asumir déficit. Para personas con discapacidad intelectual, con daño cerebral adquirido o con barreras idiomáticas, se utilizan frases breves, ejemplos situacionales y verificación de comprensión mediante paráfrasis ("¿podrías contarme con tus palabras qué entendiste de lo que conversamos?"). La verificación se hace de forma natural, no como examen, y se registra en la nota como parte del procedimiento, no como sospecha sobre el consultante.

En el eje lingüístico, se ofrece material en versiones de lectura fácil y en idiomas de mayor presencia local cuando el equipo dispone de ellos. El intérprete profesional, cuando está presente, se presenta como parte del equipo clínico, y su trabajo se documenta en la nota.

Estos ejes se trasladan también al informe escrito. Un informe accesible evita frases pasivas largas, nombra con claridad a las personas intervinientes y anticipa al lector qué encontrará en cada sección mediante encabezados descriptivos. Cuando el informe va dirigido a una persona con baja visión, se ofrece versión en tipografía grande o en archivo de audio; cuando va dirigido a equipos escolares o jurídicos, se sustituye la jerga técnica por su equivalente operativo y se acompaña de un glosario breve al pie.

Comunicación accesible: ajuste del canal, del formato y del registro a las condiciones sensoriales, cognitivas y lingüísticas de quien consulta, sin trasladar la carga del ajuste a esa persona.

4. Diversidad lingüística y cultural

La diversidad lingüística y cultural atraviesa toda la práctica clínica. La persona que consulta puede hablar una variante regional del español, otra lengua junto al español (quechua, aimara, guaraní, náhuatl, mapudungun, entre otras), o una lengua de herencia familiar. Esa diversidad no se reduce a un obstáculo: es un dato clínico relevante.

Tres operaciones sostienen un trabajo respetuoso. Primero, escuchar la variedad: registrar con cuidado las formas lexicales locales que la persona aporta, sin corregirlas en sesión salvo que la propia persona lo solicite. Segundo, trabajar con intérprete profesional cuando la brecha lingüística impide la comprensión mutua, y renunciar al apoyo de familiares menores de edad o de la propia red del paciente en ese rol. Tercero, atender a la dimensión cultural del síntoma y del malestar: marcos como el susto, el empacho o el mal de ojo circulan en comunidades concretas, y su lectura varía según se los patologice o se los lea dentro del sistema cultural al que pertenecen. Esa lectura se decide en supervisión y se documenta.

La identidad de género, la orientación sexual y la configuración familiar también se registran con las palabras de la persona. Esto incluye nombres, pronombres, configuración familiar ("madre y padre", "dos mamás", "familia monoparental") y, cuando la persona lo expresa, su pertenencia a pueblos originarios o a comunidades migrantes. El informe refleja esa elección, no la versión "estándar" del redactor.

Toda esa información se vuelca en la historia clínica con un criterio estable: una sección de autodeclaración al inicio, donde constan nombre, pronombre, lengua, identidad cultural si la persona la menciona y pertenencia comunitaria si es relevante para la intervención. Esa sección se separa de las observaciones clínicas del profesional, de modo que los datos identitarios no queden mezclados con inferencias. El mismo criterio aplica cuando la persona decide no declarar algún dato: se respeta el silencio y se deja constancia de que fue consultado.

5. Mnemotecnia PISTA

PISTA, cinco gestos clínicos del lenguaje inclusivo:
  • Preguntar cómo se autodefine la persona.
  • Incluir pronombres y nombres cuando correspondan.
  • Sustituir genéricos masculinos cuando oculten a parte del grupo.
  • Traducir el registro al interlocutor (accesibilidad sensorial, cognitiva y lingüística).
  • Anotar el informe con lenguaje neutro y verificable.

6. Trampa de parcial

Confundir lenguaje no sexista con lenguaje inclusivo en sentido pleno. El lenguaje no sexista resuelve la asimetría de género binario y aporta herramientas morfológicas claras (coordinación, barras, formas genéricas). El lenguaje inclusivo va más allá: incorpora accesibilidad, diversidad lingüística y registro de la autodenominación. En el parcial, una respuesta que solo mencione el masculino genérico y su sustitución se queda en la primera capa y pierde los otros planos. La pregunta frecuente es: ¿basta con añadir la forma femenina del término para ser inclusivo? La respuesta correcta es no: la morfología es solo uno de los cinco gestos que sintetiza la regla PISTA.

7. Lo que cae en el parcial

  • Distinguir lenguaje inclusivo, lenguaje no sexista y comunicación accesible como planos que se superponen, no como sinónimos.
  • Aplicar la regla PISTA a un caso breve: identificar qué gesto clínico activa cada letra.
  • Reemplazar masculino genérico en al menos tres formulaciones de informe, justificando la elección.
  • Identificar cuándo corresponde ofrecer intérprete profesional y cuándo no.
  • Reconocer la diferencia entre patologizar un marco cultural (por ejemplo, susto) y leerlo dentro del sistema cultural al que pertenece la persona.
  • Nombrar los tres principios operativos del lenguaje inclusivo en clínica: autodenominación, no omisión y accesibilidad comunicativa.

8. Caso breve de consultorio

Mariana, 34 años, consultante por insomnio. Se presenta como mujer trans, en proceso de hormonización. Trabaja como programadora en un estudio jurídico donde la documentación interna usa masculino genérico. Al armar la historia clínica, la residente redacta: "Paciente trans, 34 años, en tratamiento hormonal cruzado". Esa nota entra al sistema con esa formulación.

Tres decisiones de lenguaje inclusivo se juegan ahí. Primera, el nombre y pronombre: se utiliza el nombre autodeclarado y se registra en un campo visible, no solo en la nota libre. Segunda, la nota clínica se reescribe para evitar ambigüedad sobre el tratamiento hormonal (especificar tipo y etapa solo si la persona lo autoriza y es relevante). Tercera, a quién va cada documento. La epicrisis, con los datos clínicos, va al servicio que deriva, médico o de la EPS. Al estudio jurídico, que es su empleador, no se le envía información clínica: a lo sumo una constancia de asistencia, sin diagnóstico, y solo con el consentimiento de Mariana.

El error más común es tratar "trans" como dato suficiente. El lenguaje inclusivo en clínica no consiste en etiquetar a la persona, sino en ajustar el canal comunicativo a cómo ella se presenta y a qué información decide compartir.

Fuentes

American Psychological Association. (2020). Publication manual of the American Psychological Association (7th ed.). La guía de lenguaje libre de sesgos está en el capítulo 5 y, en línea, en https://apastyle.apa.org/style-grammar-guidelines/bias-free-language.

American Psychological Association. (2017). Ethical principles of psychologists and code of conduct. https://www.apa.org/ethics/code

Real Academia Española. (2020). Informe de la Real Academia Española sobre el lenguaje inclusivo y cuestiones conexas. https://www.rae.es/sites/default/files/Informe_lenguaje_inclusivo.pdf

Naciones Unidas. (s. f.). Orientaciones para el empleo de un lenguaje inclusivo en cuanto al género en español. https://www.un.org/es/gender-inclusive-language/guidelines.shtml

Sobre la autoría
Este artículo pertenece a Psique Académica, proyecto educativo de psicología dirigido por Ricardo De Castro King, psicólogo clínico colombiano (Tarjeta Profesional COLPSIC 106127) que ofrece acompañamiento psicológico online, en español, a hispanohablantes en Estados Unidos, Canadá y Europa desde . Todo el contenido se publica bajo dirección editorial con proceso interno de control de calidad. Conoce más en Quiénes somos y en Sobre Rick. Contenido con fines educativos: no reemplaza la consulta profesional.