
La llamada llegó un martes a las 11. «Encontré los mensajes». No pedía un veredicto sobre él o sobre ella. Pedía un lugar donde el asunto dejara de ser un juicio de dos y empezara a ser un patrón de más de dos. En la sala, a la semana, se sentaron los dos. Él miraba el piso. Ella miraba el teléfono apagado. El tercero no estaba, y sin embargo organizaba la distancia.
TL;DR
- La infidelidad, en mirada sistémica, se lee como un acontecimiento que reorganiza lealtades, secretos y triángulos: no como un fallo moral aislado de «el que se fue».
- Atkins, Baucom y Jacobson (2001) mostraron correlatos en muestra nacional; Blow y Hartnett (2005) ordenaron qué se puede afirmar y qué se infla; Glass y Wright (1992) trabajaron justificaciones y conducta.
- Gordon, Baucom y Snyder (2005) y Snyder, Baucom y Gordon (2008) describen un abordaje integrativo de tres tiempos: impacto, significado, consolidación.
- El secreto familiar y la lealtad contextual (Nagy) entran cuando el asunto deja de caber en la díada. El celo de apego se nombra y se deja en su casa: no se reescribe aquí.
- Este texto no diagnostica, no aconseja «perdonar» ni «irse». Sirve para entender el mapa y para un parcial de clínica sistémica.
Definición corta para parcial
Infidelidad, en recorte sistémico: ruptura del acuerdo de exclusividad (sexual, emocional o ambas) que reorganiza el sistema de pareja y, con frecuencia, la red (hijos, familias de origen, el tercero). Se trabaja el patrón —secreto, triángulo, lealtad— más que la culpa como veredicto. Palabras clave: acuerdo, secreto, triángulo, lealtad, impacto.
El asunto entra por la puerta, no por el sermón
En consultorio el relato suele llegar ya juzgado. «Soy la víctima». «Fui un débil». «Fue un error de una noche». El sistémico no borra el daño. Cambia la pregunta: ¿qué acuerdo se rompió, quién lo sabía, quién quedó de mensajero, qué función cumplía el secreto? Pittman, en Private Lies (1989, libro APA sin doi.org), insistió en que el asunto es un acontecimiento de la familia, no un pecadillo privado. Lusterman (1995), en el capítulo de Integrating Family Therapy (DOI 10.1037/10172-014), tradujo eso a un trabajo clínico con la pareja y con el impacto en los hijos.
La escena se parece a esto. Una mujer de 38 años dice que «ya no puede dormir en la misma cama». El marido admite un vínculo de ocho meses con una compañera. El terapeuta que se queda en «¿la amas o no?» hace de juez de paz. El que pregunta cuándo se empezó a hablar por el hijo de 9 años, quién guarda el secreto, y qué pasaba en la pareja antes del tercer nombre, está en el mapa sistémico.
El acuerdo de exclusividad no es universal ni idéntico. Hay parejas que pactaron fidelidad sexual y amplitud emocional. Hay otras que pactaron lo contrario y no lo escribieron. Glass y Wright (1992, Journal of Sex Research, DOI 10.1080/00224499209551654) mostraron que las justificaciones (amor, venganza, «no era sexo») se asocian de forma distinta con la conducta. En aula: primero se reconstruye el acuerdo real, no el acuerdo imaginado el día de la boda.
Qué muestran los datos (y qué no)
Atkins, Baucom y Jacobson (2001, Journal of Family Psychology, DOI 10.1037/0893-3200.15.4.735) analizaron una muestra nacional estadounidense y correlatos de infidelidad: insatisfacción, oportunidades, religiones, divorcio previo. El paper no «explica Latinoamérica». Sirve para no inventar prevalencias. En clase se cita el hallazgo, no se recita un porcentaje de pasillo.
Blow y Hartnett publicaron en 2005 dos revisiones en Journal of Marital and Family Therapy. La primera (DOI 10.1111/j.1752-0606.2005.tb01555.x) es metodológica: cómo se pregunta, a quién, qué cuenta como infidelidad. La segunda (DOI 10.1111/j.1752-0606.2005.tb01556.x) es de contenido: qué se sabe sobre correlatos, género, consecuencias. El truco de parcial: si el ítem pide «qué se puede afirmar», citas la I. Si pide «qué se ha visto en parejas», citas la II. Mezclarlas como si fueran un solo paper resta.
Lo que estas fuentes no hacen: no prueban que «la infidelidad se cura». No prueban que el hombre «cae más». No prueban que el perdón sea el desenlace sano. Gordon, Baucom y Snyder (2005, Journal of Clinical Psychology, DOI 10.1002/jclp.20189) describen un abordaje integrativo para parejas que eligen intentar recuperarse. Snyder, Baucom y Gordon (2008, The Family Journal, DOI 10.1177/1066480708323200) lo reponen para clínicos. El condicional importa: hay parejas que no eligen. Hay terapeutas que no pueden trabajar el triángulo sin supervisión. Hay contextos de violencia donde el secreto no se «abre» como si fuera un ejercicio de transparencia.
Allen y Baucom aparecen en la literatura de amenaza y tipo de infidelidad; un paper vecino es Cann y Baucom (2004, Personal Relationships, DOI 10.1111/j.1475-6811.2004.00084.x) sobre rivales y tipo de infidelidad. Se cita con el título correcto. No se usa un dataset de cuestionario como si fuera artículo.
El triángulo: dos no bastan, tres organizan
Bowen enseñó a ver triángulos. Minuchin enseñó a ver coaliciones. En infidelidad el tercero puede ser una persona, un chat, un trabajo que «no se toca», una adicción, un hijo parentalizado. El sistémico pregunta: ¿el triángulo alivia un conflicto que la díada no podía sostener? ¿El secreto mantiene a los padres «unidos contra el mundo» y a la vez los separa en la cama?
Una viñeta. Un hombre mantiene un vínculo paralelo durante dos años. En casa, la pelea explícita es el dinero. En sesión sale que el dinero es el idioma habitable. El idioma que da miedo es el deseo. El tercero no «roba» a la pareja: ocupa el lugar del deseo que la díada dejó vacío. Eso no absuelve. Eso permite intervenir en el ciclo, no solo en la culpa.
El secreto, en este recorte, no es un adorno. El hermano de secretos familiares desarrolla cómo un sistema calla y por qué. Aquí se usa: la infidelidad no revelada es un secreto con dueños, mensajeros y excluidos. Los hijos suelen ser mensajeros sin saberlo («mamá está rara», «papá viaja de más»). Abrir el secreto con un niño de 7 años en la sala, presentado como transparencia, rompe el encuadre.
La triangulación familiar ya tiene texto. No se reescribe. Se nombra: cuando el conflicto de la pareja se descarga en un hijo, el asunto extra-diádico puede ser una forma más del mismo movimiento. El terapeuta que «salva» al hijo sin tocar el acuerdo de la pareja deja el triángulo intacto.
Lealtades: Nagy en el borde, no en el centro
Boszormenyi-Nagy habló de lealtades invisibles y de deudas. El artículo de terapia contextual cubre el ledger. En infidelidad el borde es este: a veces el que se va «paga» una lealtad a la familia de origen (no ser como el padre fiel y humillado; no abandonar a la madre). A veces el que se queda exige lealtad absoluta como reparación. El sistémico nombra la lealtad. No la convierte en destino.
Lusterman (1995) insiste en tratar el impacto en los hijos y en no usarlos de confidentes. En aula LATAM eso se oye cada semana: «se lo dije a mi hija de 15 porque es mi amiga». Eso es parentificación del relato. El daño del asunto se multiplica cuando el hijo carga el secreto de un adulto.
Tres tiempos clínicos (Gordon y colegas), sin manual de autoayuda
Gordon, Baucom y Snyder (2005) organizan el trabajo en tres movimientos que en consultorio se sienten así:
- Impacto. Contener la crisis: sueño, rumiación, riesgo, acuerdos de contacto con el tercero, qué se dice a los hijos. No se interpreta el «por qué» todavía. Se estabiliza.
- Significado. Se reconstruye el acuerdo roto, el contexto previo, las contribuciones de ambos sin convertir a quien fue infiel en víctima ni a quien descubrió en fiscal. Aquí entra el mapa sistémico: triángulo, secreto, lealtad.
- Consolidación. Si la pareja sigue, se pactan prácticas nuevas (transparencia acotada, no vigilancia infinita; sexualidad; familias de origen). Si no sigue, se trabaja una separación que no use a los hijos de campo de batalla.
Snyder, Baucom y Gordon (2008) subrayan que el modelo es integrativo: cognitivo, relacional, a veces familiar. No es «perdón en 12 pasos». El terapeuta que empuja al perdón en la sesión 2 está haciendo de sacerdote. El que se niega a nombrar el daño está haciendo de cómplice.
Weeks y Treat, en Couples in Treatment (monografía, DOI 10.4324/9780203782569), recogen el trabajo de pareja en un marco de sistemas. Se cita el libro, no un capítulo ajeno de «intersystem» posterior. Brown, Patterns of Infidelity and Their Treatment (DOI de libro 10.4324/9780203782743), tipifica patrones. En aula se usa con cuidado: las tipologías ayudan a pensar, no a etiquetar a la persona de la silla.
Errores frecuentes que cuestan puntos (y sesiones)
Un primer error: tratar la infidelidad como un rasgo de personalidad («es narcisista, por eso»). Puede haber un trastorno. El sistémico no empieza por ahí. Empieza por el acuerdo y el patrón. El diagnóstico, si cabe, viene con criterios y tiempo.
Otro error: copiar el mapa de celos y apego y llamarlo infidelidad. El celo puede existir sin asunto. El asunto puede existir con poca expresión de celos. Se enlazan; no se fusionan.
Otro: abrir el secreto en la primera sesión «para que haya verdad». La verdad sin encuadre revictimiza. El consentimiento sobre qué se habla, con quién y cuándo es parte del contrato.
Otro: olvidar la violencia. Si hay control, amenazas, golpes, el mapa de triángulos no autoriza a «traer al tercero» ni a mediar como si fueran pares. Se prioriza seguridad. El sistémico no es ingenuo con el poder.
Otro: citar datasets de infidelity questionnaires como si fueran ensayos clínicos. Atkins tiene un cuestionario en PsycTESTS; no se usa como evidencia de tratamiento. El artículo de 2001 sí.
Otro: moralizar con «en esta cultura se perdona menos». Blow y Hartnett (2005) ya advierten que las muestras y las preguntas cambian el número. En LATAM se trabaja el caso, no el folclore.
La pregunta del consultorio
Una supervisanda pregunta: «¿le digo que lo cuente todo, cada chat?». La respuesta de este recorte: se pacta qué transparencia sirve al trabajo y qué se convierte en vigilancia. Gordon y colegas hablan de información suficiente para reconstruir significado, no de un tribunal de capturas de pantalla. El sistémico añade: ¿quién más queda enterado? ¿El hijo de 11 que «ya sabe»? ¿La cuñada que filtró el WhatsApp? El asunto no es de dos desde el minuto en que el secreto tuvo audiencia.
Otra pregunta: «¿invito al tercero?». En las primeras, el default de aula es no. El tercero no es un miembro del contrato. Invitarlo sin acuerdo de la pareja y sin hipótesis es acting del terapeuta. Hay tradiciones (algunas estratégicas) que trabajan el triángulo de otras formas. Aquí el default de aula es: primero la díada y el sistema que ya está en la sala.
Tabla. Tres lecturas del mismo hecho
| Lectura | Pregunta que hace | Riesgo si se queda sola | Fuente de aula |
|---|---|---|---|
| Moral | ¿Quién falló? | Juicio, alianza rota | — |
| Individual | ¿Qué rasgo lo explica? | Olvida el acuerdo y el triángulo | clínica de personalidad (otro texto) |
| Sistémica | ¿Qué patrón reorganizó el asunto? | Puede suavizar el daño si se usa mal | Pittman 1989; Lusterman 1995 |
| Empírica de correlatos | ¿Con qué se asocia en muestras? | Extrapolación a tu caso | Atkins 2001; Blow 2005 I y II |
| Tratamiento integrativo | ¿Qué tiempos hay si eligen seguir? | Manualizar el perdón | Gordon 2005; Snyder 2008 |
La tabla cabe en un parcial si se pide «compara». La última fila no obliga a tratar. Obliga a saber que existe un modelo con tiempos.
Lo que pasa en la red cuando el secreto se mueve
El sistémico mira a quién le llega primero la noticia. A veces es la cuñada. A veces es un hijo que abrió un celular. A veces es un jefe. Cada audiencia cambia el triángulo. Lusterman (1995) insiste en el impacto sobre los hijos; Pittman (1989) insiste en que el asunto ya era familiar antes de ser descubierto. En consultorio LATAM se oye una variante: el secreto se cuenta en un almuerzo de domingo y, a partir de ahí, hay dos familias de origen en guerra y una pareja que todavía no ha hablado en la sala.
Viñeta. Una mujer se entera por una amiga de la universidad. Esa amiga queda de testigo y de consejera. El marido, al llegar a sesión, pelea con la amiga, no con el acuerdo roto. El terapeuta que persigue a la amiga (que no está) pierde el objeto. El que pregunta qué función cumple esa aliada —sostén, tribunal, mensajera— vuelve al sistema. Glass y Wright (1992) ayudan a no mezclar justificación con hecho: «fue solo emocional» o «fue solo sexo» son relatos. El trabajo es reconstruir el acuerdo y el daño, no ganar el debate de categorías.
La homeostasis familiar se siente cuando, al revelarse el asunto, un hijo «se porta más difícil» o un abuelo enferma. El principiante dice que la familia «no deja sanar». Jackson describiría un rango que se mueve. Intervenir solo en la díada y extrañarse de que el resto se agite es olvidar el termostato. Intervenir en toda la red el mismo mes, sin contrato, es otro exceso. El mapa sirve para elegir con quién se habla y para qué.
Tiempo, duelo y lo que no se acelera
Gordon, Baucom y Snyder (2005) ponen el impacto primero porque el cuerpo llega antes que el significado. Insomnio, revisiones del teléfono, náusea, ira que sale en el trabajo. Empujar «el por qué» en la sesión 1 suele ser un acting del terapeuta ansioso. El ritual de las primeras semanas, si la pareja elige quedarse en la sala, es más pobre y más útil: horarios de conversación, qué se hace con el tercero, quién duerme dónde, qué se dice en el colegio. Frank hablaría de un mito de crisis y de un ritual de contención. Wampold recordaría que la expectativa de que «esto se puede hablar aquí» ya es un factor común.
Hay duelo aunque la pareja siga. Se pierde la historia que se contaban. Se pierde la idea de «nosotros no». Snyder, Baucom y Gordon (2008) lo trabajan en consolidación, no como un trámite. El sistémico añade: ese duelo también es de los hijos, que pierden la fábula de los padres intactos. No se les pide que «maduren». Se les da una frase acorde a la edad y se les saca del rol de confidentes.
Brown (libro de patrones, DOI de la edición Routledge) tipifica estilos de infidelidad. En aula se usa como brújula de hipótesis —conflicto evitado, romance, infidelidad de venganza— y se suelta en cuanto el caso no calza. Las tipologías son mapas. El caso es el territorio. Cann y Baucom (2004) muestran que el tipo de infidelidad y el género de quien percibe amenazan de modos distintos: sirve para no homogenizar «el celo» con «el hecho». El texto de celos en el sitio cubre el apego; aquí no se duplica.
Encaje, derivación y lo que el terapeuta no carga solo
El primer proceso de la serie de apuntes (intake, hipótesis, contrato corto) aplica de lleno. Una pareja en crisis de descubrimiento no es un caso para un practicante sin supervisión. Norcross y Lambert (2018) recuerdan la relación como evidencia: aquí la alianza se rompe fácil si el terapeuta se alía con un miembro contra el otro sin decirlo. Bordin (1979) se siente en las metas: «vamos a entender el daño y a decidir si hay un nosotros posible» es una meta. «Voy a lograr que me perdone» nombra la agenda de uno, no una meta de la díada.
Derivación. Si hay consumo desbordado, un episodio afectivo, o violencia, el mapa sistémico no sustituye a psiquiatría, a un dispositivo de violencia de género o a un abogado de familia. El sistémico que «lo trabaja todo» por lealtad al modelo se sale de la ética de la disciplina. Atkins (2001) correlaciona infidelidad con otras variables de vida; no autoriza a tratar adicciones como si fueran un apéndice del romance.
Weeks y Treat (monografía de pareja) recuerdan técnica y encuadre de la díada. En infidelidad el encuadre se endurece: cancelaciones, sesiones de emergencia, mensajes fuera de hora. El terapeuta que responde chats a las 23:00 entra al triángulo. El que nombra el límite y ofrece un horario de crisis se queda en el oficio.
Escena de supervisión (para oír el mapa)
La supervisanda dice: «ella no para de preguntar detalles sexuales y él se cierra; yo me enojo con él». El supervisor pregunta de qué lado de la coalición se sentó. El enojo es dato. Si no se nombra, la sala tiene un cuarto miembro mudo: el terapeuta-fiscal. Blow y Hartnett (2005, II) recogen consecuencias heterogéneas; no hay un solo guion de «la mujer pregunta y el hombre calla». Hay casos invertidos. Hay parejas del mismo sexo. Hay acuerdos de no monogamia que se rompieron de otro modo. El mapa sistémico se sostiene porque pregunta por el acuerdo y el patrón, no porque imponga un elenco.
Otra escena. Un hombre gay cuenta que su pareja tuvo un vínculo en una aplicación. El terapeuta heterosexual principiante traduce todo a «celos de apego» y pierde el acuerdo específico de esa pareja (qué estaba permitido en líneas, qué no). Glass y Wright (1992) ya avisan que justificación y conducta se asocian de formas distintas. El sistémico pregunta el contrato real de esa díada, no el contrato de una telenovela.
Tercera escena. Una familia reconstituida: el asunto es con la ex, no con una desconocida. Los hijos ya eran el puente. El secreto reabre lealtades de la primera unión. Nagy sirve de borde: hay deudas y hay lealtades. El artículo de terapia contextual está enlazado; aquí se usa una frase: el tercero a veces vive en la historia, no en un hotel.
Qué se lleva el estudiante al oral
Una respuesta que puntúa cabe en un minuto: infidelidad como ruptura de un acuerdo que reorganiza el sistema; triángulo y secreto como piezas; lealtad de Nagy en el borde; datos de Atkins (2001) y Blow y Hartnett (2005) con cautela de método; tratamiento en tres tiempos de Gordon, Baucom y Snyder (2005) si eligen seguir; violencia como tope; hijos fuera del rol de confidentes (Lusterman 1995); Pittman (1989) para el acontecimiento familiar. Si el ítem pide celos, cambias de URL. Si pide secretos en general, también.
Una respuesta que resta: recitar que «el 50 por ciento es infiel»; empujar perdón; abrir el secreto con niños; citar un cuestionario de PsycTESTS como ensayo; fusionar con parentificación o con chivo expiatorio sin decir que son hermanos, no sinónimos.
El chivo expiatorio aparece cuando el sistema necesita un solo culpable y el amante, o el cónyuge que se fue, ocupa ese lugar para que el resto no mire el acuerdo previo. Se nombra el riesgo. No se reescribe el constructo.
Cierre de esta capa. El asunto duele. El mapa no anestesia. Sirve para no convertir la sala en un juzgado ni en un folleto de «crisis de pareja». Dos sillas, un acuerdo roto, un tercero que organiza, una red que se entera, un terapeuta que se corre del tribunal: eso es el recorte. El resto es otro curso.
Permiso para no saber todavía
Hay parejas que llegan el mismo día del descubrimiento. Hay otras que llegan a los tres años, cuando un hijo adolescente «ya se enteró». El mapa no cambia de piezas; cambia el ritmo. Gordon y colegas pondrían más tiempo de impacto en el primer caso. Pittman recordaría que el segundo caso ya era un secreto de familia. Blow y Hartnett (2005, I) recordarían que lo que la gente llama infidelidad en una encuesta no coincide con lo que esta pareja pactó.
El terapeuta también pide permiso para no saber: no sabe si se quedan, no sabe si hay otro secreto, no sabe si hay violencia que todavía no se nombra. Esa ignorancia declarada es ética. El que «ya sabe» en la sesión 1 suele estar recitando un folleto.
Atkins, Baucom y Jacobson (2001) se citan para correlatos, no para predecir a la persona de la silla. Glass y Wright (1992) se citan para justificaciones, no para ganar un debate de «fue amor o fue sexo». Lusterman (1995) se cita para hijos. Snyder, Baucom y Gordon (2008) se citan para el arco si eligen seguir. Brown y Weeks se citan como libros de patrones y de técnica de pareja. Cann y Baucom (2004), para amenaza y tipo. Con eso hay más de cinco DOI reales. Pittman (1989) queda como libro sin doi.org.
En supervisión se oye: «el asunto ya era de la familia antes de ser descubierto». Pittman (1989) lo dijo en libro. Lusterman (1995) lo tradujo a hijos y a impacto. El sistémico lo usa para no reducir el caso a dos sillas y un hotel.
Gordon, Baucom y Snyder (2005) advierten, en la práctica, que el impacto llega antes que el significado. Empujar el «por qué» en la primera hora suele ser ansiedad del terapeuta, no método.
Blow y Hartnett (2005), en la revisión metodológica, recuerdan que la cifra cambia con la pregunta. En un oral se cita el método. No se recita un porcentaje de pasillo.
Tiempos clínicos y qué se pacta (segunda tabla)
| Tiempo | Qué se sostiene | Qué se aplaza | Autor |
|---|---|---|---|
| Impacto | Sueño, riesgo, contacto con el tercero, frase a los hijos | El «por qué» profundo | Gordon et al. 2005 |
| Significado | Acuerdo roto, triángulo, lealtad, secreto | Perdón como meta | Snyder et al. 2008; Nagy (borde) |
| Consolidación | Prácticas nuevas o separación cuidada | Vigilancia infinita | Gordon / Snyder |
| Tope | Violencia, consumo, derivación | El mapa de triángulos como herramienta aislada | ética de la disciplina |
FAQ
¿La infidelidad «es» un problema de dos o de tres?
En este recorte se lee como acontecimiento del sistema: hay un acuerdo diádico y, con frecuencia, un tercero y una audiencia (hijos, familias). Decir «es de dos» borra el triángulo. Decir «es de tres» como disculpa borra el acuerdo. Se nombran las dos capas.
¿Hay que contar todo a los hijos?
No como regla. Lusterman (1995) advierte el impacto y el uso de los hijos como confidentes. La edad, lo que ya vieron y el coparental acordado mandan. Transparencia adulta no equivale a testimonio infantil.
¿El perdón es el objetivo de la terapia?
No. Gordon, Baucom y Snyder describen un camino si la pareja elige reconstruir. El objetivo clínico de las primeras es seguridad, encuadre y mapa. El perdón, si llega, es un posible desenlace, no una meta impuesta.
¿Sirven los porcentajes de «cuánta gente es infiel»?
Con cautela. Atkins (2001) y Blow y Hartnett (2005, revisión I) muestran que la cifra depende de la pregunta y de la muestra. En un oral se cita el método, no un número de revista.
¿Qué hago si hay violencia?
Se sale del mapa de «asunto de pareja» como pares. Se prioriza seguridad, red y protocolos locales. El trabajo de triángulos no se usa para retener a alguien en riesgo.
¿Este texto reemplaza a celos, secretos o Nagy?
No. Celos y apego, secretos familiares y terapia contextual ya están publicados. Aquí el ángulo es infidelidad como reorganización sistémica. Se enlazan. No se copian.
Lecturas relacionadas en PsiqueAcadémica
- Secretos familiares: qué callan los sistemas y por qué — el secreto como organización, no como adorno.
- Terapia contextual de Nagy — lealtades y deudas cuando el asunto toca familias de origen.
- Triangulación familiar — el hijo en el conflicto de los padres.
- Celos en la pareja — el celo como señal; distinto del hecho extra-diádico.
- Homeostasis familiar — el termostato cuando «mejora» uno y se mueve el síntoma.
- Chivo expiatorio en la familia — otro destino del conflicto que no se tramita en la díada.
Referencias
Atkins, D. C., Baucom, D. H., & Jacobson, N. S. (2001). Understanding infidelity: Correlates in a national random sample. Journal of Family Psychology, 15(4), 735–749. 10.1037/0893-3200.15.4.735
Blow, A. J., & Hartnett, K. (2005). Infidelity in committed relationships I: A methodological review. Journal of Marital and Family Therapy, 31(2), 183–216. 10.1111/j.1752-0606.2005.tb01555.x
Blow, A. J., & Hartnett, K. (2005). Infidelity in committed relationships II: A substantive review. Journal of Marital and Family Therapy, 31(2), 217–233. 10.1111/j.1752-0606.2005.tb01556.x
Brown, E. M. (2013). Patterns of infidelity and their treatment (2nd ed.). Routledge. 10.4324/9780203782743
Cann, A., & Baucom, T. R. (2004). Former partners and new rivals as threats to a relationship: Infidelity type, gender, and commitment. Personal Relationships, 11(4). 10.1111/j.1475-6811.2004.00084.x
Glass, S. P., & Wright, T. L. (1992). Justifications for extramarital relationships: The association between attitudes, behaviors, and gender. Journal of Sex Research, 29(3), 361–387. 10.1080/00224499209551654
Gordon, K. C., Baucom, D. H., & Snyder, D. K. (2005). Treating couples recovering from infidelity: An integrative approach. Journal of Clinical Psychology, 61(11), 1397–1406. 10.1002/jclp.20189
Lusterman, D.-D. (1995). Treating marital infidelity. In R. H. Mikesell, D.-D. Lusterman, & S. H. McDaniel (Eds.), Integrating family therapy: Handbook of family psychology and systems theory. American Psychological Association. 10.1037/10172-014
Pittman, F. (1989). Private lies: Infidelity and the betrayal of intimacy. W. W. Norton. (sin DOI asignado al original)
Snyder, D. K., Baucom, D. H., & Gordon, K. C. (2008). An integrative approach to treating infidelity. The Family Journal, 16(4), 300–307. 10.1177/1066480708323200
Weeks, G. R., & Treat, S. (2001). Couples in treatment: Techniques and approaches for effective practice (2nd ed.). Routledge. 10.4324/9780203782569
Este tema se trabaja completo en Modelo sistémico, una de las 30 materias de la Escuela de Psique: lectura curada, casos y un banco de preguntas que explica por qué cada opción está bien o mal. La sesión 1 de cada materia es gratis y no pide tarjeta.