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Psicología en la formulación de políticas

Por Ricardo de Castro King · Psicólogo clínico · Director de Psique Académica

Tesis. La evidencia psicológica no entra a la decisión de política como una verdad que se aplica, sino como un dato que se negocia, se encuadra y a veces se deforma en el trayecto. Entre el hallazgo publicado y el instrumento normativo hay cuatro filtros donde algo se pierde: la fuerza del hallazgo, la muestra en la que se midió, el marco con el que se presenta y la distancia entre el efecto y la conducta real. El oficio del psicólogo consiste en dar el dato con sus márgenes y en señalar hasta dónde llega su alcance.

En una línea: la evidencia entra a la política como insumo de un proceso político, no como sentencia técnica, y el límite del psicólogo aparece cuando la discusión pasa de cuánto cuesta a qué se debería hacer.

Este apunte no repasa qué es una política pública ni el rol del asesor. Se ocupa de un punto intermedio: el tramo por el que un hallazgo psicológico se convierte en una decisión. La pregunta que lo organiza cabe en un examen: ¿qué ocurre con la evidencia psicológica entre el momento en que se publica y el momento en que alguien firma una resolución?

1. La cadena por la que viaja un hallazgo

Una decisión de política no se alimenta de un artículo, sino de una secuencia en la que un dato viaja por intermediarios, cada uno con su formato, su tiempo y su incentivo. La secuencia típica tiene cinco tramos: el hallazgo revisado por pares; el informe técnico, que resume y jerarquiza; la mesa de decisión, donde el número se cambia por argumentos e intereses; el instrumento, que puede ser una norma, un programa o un presupuesto; y la evaluación posterior.

Cada tramo tiene su gramática. El artículo comunica certeza con alcance limitado: describe una muestra, un diseño y un tamaño del efecto. El informe técnico comunica incertidumbre y jerarquía. La mesa de decisión comunica urgencia. El instrumento fija compromisos y la evaluación comunica resultados.

El psicólogo suele estar en dos tramos de esa cadena: redactando el informe técnico y leyendo la evaluación. Cairney y Oliver (2017) describen esa distancia como una brecha entre evidencia y política, y sostienen que no se resuelve con más evidencia sino con persuasión y con lectura de los sistemas de decisión en varios niveles. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (2017) describe un despliegue institucional parecido, con más de cien aplicaciones de insumos conductuales en distintos países y sectores.

2. Filtro 1: la fuerza del hallazgo

El primer recorte es de magnitud. La Open Science Collaboration (2015) reintentó cien estudios experimentales y correlacionales publicados en tres revistas de psicología, con potencia estadística adecuada. De esas replicaciones, el 36 por ciento alcanzó significación estadística, y el tamaño de efecto medio fue la mitad del de los estudios originales: la mitad de la fuerza inicial no viaja al destino.

El ejercicio de Camerer y colaboradores (2018) apunta en la misma dirección con otro diseño: replicaron 21 estudios experimentales publicados en Nature y Science entre 2010 y 2015. En 13 de los 21 casos el efecto fue significativo y en la misma dirección del original, y el tamaño de efecto de las replicaciones fue, en promedio, cerca de la mitad del original.

Conviene una precisión: estos resultados se refieren a replicaciones de estudios de laboratorio con muestras pequeñas, no a la eficacia de los programas públicos en operación. El margen con el que hay que recorrer un hallazgo hasta su uso como insumo de decisión es, entonces, más amplio de lo que sugiere la prosa del artículo.

Definición clave. Fuerza aparente de la evidencia: la diferencia entre el tamaño de efecto informado en la publicación y el tamaño de efecto que sobrevive a la replicación. Es un intervalo de incertidumbre que pertenece al dato y que, si no se escribe en el informe, se convierte en una promesa que la evidencia no respalda.

3. Filtro 2: la muestra y los números que la representan

El segundo recorte es de población. Los estudios de psicología se hacen con frecuencia en muestras de estudiantes de países industrializados. Henrich, Heine y Norenzayan (2010) sostienen que las sociedades conocidas por la sigla WEIRD, por sus iniciales en inglés, son de las poblaciones menos representativas para generalizar sobre la conducta humana. Un efecto demostrado en estudiantes universitarios viaja al debate con la presunción de que se cumple en la población destinataria.

El tercer recorte, más fino, es el de la incomprensión del número. Gigerenzer y colaboradores (2007) documentan que el analfabetismo estadístico es común en la población general y en los profesionales de la salud: las personas interpretan mal las tasas base y las cifras relativas de riesgo. Por eso un porcentaje sin denominador o un riesgo relativo sin tasa base cambian lo que la mesa decide.

Hay una pérdida que se atribuye al traductor cuando en realidad es de diseño: lo que las personas no pueden reportar sobre sí mismas. Nisbett y Wilson (1977) reunieron evidencia de que los informes verbales sobre los propios procesos mentales pueden no reflejar los procesos que los producen. Preguntar a los beneficiarios por qué responden como responden no sustituye la medición.

4. Filtro 3: el encuadre en la mesa de decisión

El cuarto tramo no pierde datos: los reordena. La mesa de decisión no recibe una tabla de resultados, recibe una presentación. Y la presentación no es neutra, porque la decisión se toma con información incompleta, bajo plazos y con mecanismos cognitivos que la propia psicología ha descrito. Tversky y Kahneman (1974) describieron tres heurísticas que operan ahí: la representatividad, que hace que lo típico se considere probable; la disponibilidad, que hace que lo vívidamente recordable pese más; y el anclaje, que hace que un número ofrecido al principio condicione los posteriores.

El efecto de marco tiene una versión cuantitativa en la teoría de prospecto. Kahneman y Tversky (1979) describieron que la valoración de un resultado depende de si se encuadra como ganancia o como pérdida respecto de un punto de referencia. El mismo programa puede leerse como "se recupera esta proporción de quienes hoy no acceden" o como "se alcanza este porcentaje de la población objetivo".

Esto deja al psicólogo en una posición incómoda y formativa. Si presenta el dato en el marco que espera que produzca la decisión que quiere, deja de ser técnico y se convierte en parte interesada. Si lo presenta en un marco neutral, puede que la mesa lo lea con un sesgo que él no controla. La conducta profesional no consiste en eliminar el encuadre, sino en declararlo y ofrecer la alternativa.

5. Filtro 4: del efecto al resultado

El quinto recorte es el más caro y el menos visible: el efecto no se traslada solo a la conducta. La teoría del comportamiento planificado de Ajzen (1991) sostiene que la conducta depende de la actitud hacia la conducta, la norma subjetiva que la rodea y el control conductual percibido. Quien no cumple no está necesariamente en desacuerdo con la norma, y quien no tiene posibilidad real de cumplir no se convierte en incumplidor por decisión.

Una de las herramientas para trabajar ese último componente son las intenciones de implementación. Gollwitzer y Sheeran (2006) cuantificaron en un metaanálisis de 94 pruebas independientes con 8461 participantes que el efecto de formular un plan del tipo "si ocurre X, entonces hago Y" sobre el logro de la meta fue de d = .65, con un intervalo de confianza de .60 a .70.

El uso de la arquitectura de elección exige mirar el debate más reciente. Mertens y colaboradores (2022) cuantificaron más de doscientos estudios con más de 440 tamaños de efecto y una muestra cercana a los 2,1 millones de participantes, y describieron efectos promedio pequeños a medianos según el tipo de arquitectura: d = .34 para la información sobre la decisión y d = .54 para la estructura de la decisión. Maier y colaboradores (2022) discutieron ese resultado al ajustar por sesgo de publicación y sostienen que no queda evidencia de efectividad de los nudges.

El último elemento de este tramo es un desplazamiento de nivel de análisis que pasa inadvertido en la mesa. Rose (1985) planteó que la prevención de alto riesgo, dirigida a las personas en mayor riesgo, y la estrategia poblacional, que busca desplazar la media de la población, resuelven problemas distintos: una estrategia puede tener un efecto individual pequeño y un efecto poblacional grande, y la inversa también ocurre. Cuando el psicólogo entrega evidencia sin declarar el nivel al que aplica, el decisor puede tomar una decisión de alto riesgo creyendo que es una estrategia poblacional, o al revés.

6. El límite del psicólogo: qué decide la evidencia y qué no

El límite del psicólogo tiene tres componentes que se confunden con frecuencia entre sí y que tienen respuestas técnicas distintas.

El primero es el límite del dato. La evidencia psicológica permite afirmar con estimadores razonables que cierta intervención modifica cierta conducta en cierta población, con cierto margen. No permite afirmar que esa conducta sea la que la sociedad debería cambiar, ni que la intervención sea la alternativa más conveniente, ni que el costo de oportunidad de ese dinero sea aceptable. Un buen informe técnico dice qué se midió, con qué diseño, en qué población y con qué margen, y entrega el resto como una discusión de valores, no como un dato más.

El segundo es el límite de la autonomía. Bovens (2009) organiza el debate sobre la arquitectura de elección en torno a preguntas que la psicología no responde por sí sola: si esa intervención produce un cambio real de preferencias o un ajuste superficial de conducta, si construye carácter moral, y qué restricciones morales corresponden a su uso en políticas públicas. El límite práctico es que la evidencia puede sostener que una arquitectura modifica la conducta, y no puede sostener por sí sola que esa modificación respeta a las personas a las que se aplica.

El tercero es el límite de la responsabilidad por el resultado. Cairney y Oliver (2017) completan el punto: incluso si la evidencia es sólida y la mesa decide usarla, la decisión sigue siendo de la mesa, y la distancia entre la evidencia y la política no se salva con más estudios. De ahí la regla de trabajo: separar en cada documento la evidencia, la inferencia y la recomendación, y dejar explícito en cuál de las tres se está hablando.

Trampa de parcial. Afirmar que la evidencia psicológica determina la política, o que la decisión es el resultado mecánico de aplicar los datos. Ambas versiones fallan por la misma razón: la evidencia acota lo que es defendible y reduce el margen de error, pero la elección entre alternativas aceptables sigue siendo del cuerpo político, y esa elección involucra valores que la evidencia no jerarquiza.

FiltroPregunta que se haceQué se pierde en el trayectoReferencia
Fuerza del hallazgo¿Qué tan sólido era el efecto publicado y qué tan sólido es al replicarse?Una parte de la magnitud y del intervalo de confianzaOpen Science Collaboration (2015); Camerer y colaboradores (2018)
Muestra y números¿En qué población se midió y en qué formato se presentan las cifras?La generalización a la población destinataria y la lectura correctaHenrich, Heine y Norenzayan (2010); Gigerenzer y colaboradores (2007)
Encuadre¿Cómo se presenta el dato y qué marcos alternativos se ofrecen?La neutralidad de la presentación y la comparación entre alternativasTversky y Kahneman (1974); Kahneman y Tversky (1979)
Del efecto a la conducta¿A qué nivel se aplica y qué margen real hay de cumplimiento?La distancia entre el cambio de un estudio y el cambio en una poblaciónAjzen (1991); Gollwitzer y Sheeran (2006); Rose (1985)
Límite del oficio¿Qué es dato y qué es valor en este documento?La trazabilidad entre la recomendación y la evidencia que la sostieneBovens (2009); Hausman y Welch (2010); Cairney y Oliver (2017)

Para el parcial. Lo que con probabilidad te van a preguntar, en formulaciones concretas:

  • Ubica la evidencia en la cadena de decisión y explica qué se pierde en cada uno de los cuatro filtros.
  • Explica por qué una parte de la fuerza inicial de un efecto no llega a la mesa de decisión, con los resultados de replicación como evidencia.
  • Distingue el problema de la muestra, que es de generalización, del problema de la comunicación del número, que es de formato y lectura.
  • Explica el efecto del encuadre sobre la valoración de una propuesta, y por qué declarar el marco usado es una conducta técnica.
  • Relaciona actitud, norma subjetiva y control conductual percibido con el diseño de una intervención e identifica el nivel de análisis.
  • Enumera los tres límites del psicólogo y qué respuesta técnica corresponde a cada uno.
  • Separa, en un ejemplo de informe, la evidencia, la inferencia y la recomendación.

Tarjeta de memoria: MIDA. Cuatro preguntas para interrogar la evidencia psicológica que llegue a una mesa de decisión.

  • M — Muestra: ¿en qué población se midió y a quién se puede extender?
  • I — Intensidad: ¿de qué magnitud es el efecto y con qué margen de error?
  • D — Diseño: ¿cómo se midió y se sostiene cuando alguien replica el estudio?
  • A — Ajuste: ¿a qué decisión concreta responde y qué valores pone en juego?

Recorrido mental: M (muestra), I (magnitud), D (diseño), A (ajuste). Si una de las cuatro respuestas queda vacía, el insumo no está listo para la mesa.

Preguntas de autoevaluación

1. Un informe técnico cita un efecto grande obtenido en estudiantes universitarios. ¿Qué preguntas de MIDA quedan sin responder?

Faltan tres de las cuatro. La muestra no permite extender el efecto a la población destinataria, salvo que el informe explicite un argumento de similitud. La intensidad queda sobredimensionada, porque el valor publicado no incorpora el margen que aparece al replicar el estudio. El diseño tampoco se ha contrastado con la práctica de replicación, de modo que el informe transmite una precisión que el estudio no evaluó. La única respuesta disponible es la de ajuste: declarar el nivel de análisis y los valores en juego.

2. ¿Por qué se dice que el efecto de marco no es neutral, y qué conducta profesional se sigue de esa constatación?

El efecto de marco se apoya en dos resultados mecanicistas. Kahneman y Tversky (1979) mostraron que la valoración de un resultado depende del punto de referencia y de si se presenta como ganancia o como pérdida; Tversky y Kahneman (1974) describieron el anclaje y la disponibilidad, que operan con más fuerza cuando la información es incompleta. De ahí la conducta: el marco no se puede eliminar, pero sí se puede declarar. Quien presenta el dato con su marco y el encuadre alternativo permite que la discusión incluya la elección del marco; quien elige el marco favorable y no lo declara convierte una presentación técnica en una defensa de causa propia.

3. Un programa de arquitectura de elección muestra efectos pequeños en la literatura. ¿Qué se puede afirmar y qué no?

Se puede afirmar, con el matiz del caso, que la evidencia cuantitativa sobre la eficacia media de las arquitecturas de decisión indica efectos de magnitud pequeña a mediana según el tipo de intervención, y que hay una discusión abierta sobre cuánto de ese resultado sobrevive al ajuste por sesgo de publicación. No se puede afirmar que la técnica no funcione, porque una revisión sin corregir ese sesgo puede subestimar un efecto real, ni que sirva sin más en cada situación. Sobre todo no se puede saltar de la eficacia a la legitimidad: que una arquitectura modifique la conducta no resuelve si esa modificación respeta a las personas afectadas. Bovens (2009) y Hausman y Welch (2010) sitúan esa discusión en el terreno de la autonomía.

4. ¿Por qué el nivel de análisis debe declararse en el informe técnico?

Porque el mismo dato apoya dos decisiones distintas y a veces contradictorias. Rose (1985) planteó que la prevención dirigida a los grupos de alto riesgo y la estrategia que desplaza la media de la población resuelven problemas distintos: una puede tener un efecto grande sobre la persona intervenida y un efecto poblacional acotado, y la inversa también se da. Si el informe no declara el nivel al que aplica su evidencia, el decisor puede interpretar un resultado poblacional como una garantía individual, o una estrategia de alto riesgo como una solución de salud pública. Declarar el nivel es la condición para que la decisión que se tome sea del tipo que la evidencia efectivamente respalda.

Fuentes.

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  • Bovens, L. (2009). The ethics of nudge. In T. Grüne-Yanoff y S. O. Hansson (Coords.), Preference change: Approaches from philosophy, economics and psychology (pp. 207-219). Springer. https://doi.org/10.1007/978-90-481-2593-7_10
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  • Gollwitzer, P. M. y Sheeran, P. (2006). Implementation intentions and goal achievement: A meta-analysis of effects and processes. Advances in Experimental Social Psychology, 38, 69-119. https://doi.org/10.1016/S0065-2601(06)38002-1
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  • Rose, G. (1985). Sick individuals and sick populations. International Journal of Epidemiology, 14(1), 32-38. https://doi.org/10.1093/ije/14.1.32
  • Tversky, A. y Kahneman, D. (1974). Judgment under uncertainty: heuristics and biases. Science, 185(4157), 1124-1131. https://doi.org/10.1126/science.185.4157.1124

PsiqueAcadémica · Cuaderno de Psicología y políticas públicas.

Sobre la autoría
Este artículo pertenece a Psique Académica, proyecto educativo de psicología dirigido por Ricardo De Castro King, psicólogo clínico colombiano (Tarjeta Profesional COLPSIC 106127) que ofrece acompañamiento psicológico online, en español, a hispanohablantes en Estados Unidos, Canadá y Europa desde . Todo el contenido se publica bajo dirección editorial con proceso interno de control de calidad. Conoce más en Quiénes somos y en Sobre Rick. Contenido con fines educativos: no reemplaza la consulta profesional.