
Tesis. Una persona puede estar convencida con una causa y no participar en ella. La psicología política sostiene que la conducta colectiva es el resultado de un recorrido de cuatro pasos, no de la cantidad de actitud favorable que se tenga (Klandermans y Oegema, 1987).
Definición operativa: la simpatía es el primer paso, no la causa suficiente. Lo que decide la participación es lo que pasa entre la simpatía y la calle.
1. La brecha entre simpatizar y participar
La pregunta que organiza este apunte es directa: ¿por qué una persona que está de acuerdo con una causa termina participando en ella mientras otra persona, que comparte el mismo diagnóstico y la misma indignación, no actúa? La pregunta importa porque en la clínica, en el aula y en la conversación cotidiana es habitual escuchar que "la gente no se compromete", como si la inacción frente a una causa justa fuera evidencia de apatía. La literatura sobre movimientos sociales lleva décadas mostrando que esa lectura es, como mínimo, incompleta.
La psicología política distingue, desde hace tiempo, entre lo que una persona cree y lo que una persona hace. La distinción no es trivial: si se confunden ambos niveles, se termina atribuyendo a la actitud lo que en realidad depende de un recorrido con varios pasos intermedios. Estar de acuerdo con una demanda, indignarse frente a un hecho público o considerar justa una marcha son estados internos que pueden permanecer años sin traducirse en conducta colectiva. Una persona puede firmar de inmediato una petición en redes sociales, otra puede llevar años diciendo "esto está mal" sin acercarse a una mesa de firmas. Las dos comparten el mismo nivel de convicción, y difieren en otra cosa que el modelo de Klandermans y Oegema (1987) se encarga de precisar.
Para el estudiante de psicología, la consecuencia práctica de esta distinción es importante: si en una entrevista clínica o en un comentario de clase se escucha que un paciente "está de acuerdo" con una causa pero no actúa, no se debe leer esa inacción como falta de convicción. Esa lectura confunde dos niveles de análisis. La convicción es un paso dentro de un recorrido; la participación es el resultado de atravesar cuatro pasos. Lo que media entre ambos no es una mayor o menor dosis de la misma actitud, sino un proceso con condiciones identificables.
2. El modelo de cuatro pasos de Klandermans y Oegema (1987)
El modelo propuesto por Klandermans y Oegema (1987) ordena el recorrido entre simpatía y participación en cuatro pasos secuenciales. Cada uno añade una condición que la simpatía sola no garantiza. El modelo no se presenta aquí como un esquema abstracto: cada paso se acompaña de una escena concreta, pensada para que la definición no quede suelta y se pueda reconocer en un caso real.
Paso 1 — Potencial de movilización
Es el conjunto de personas que están de acuerdo con la causa, no son hostiles al movimiento y carecen de lo que los autores denominan "lealtades contrarias" que les impidan participar. No es suficiente con estar de acuerdo: hace falta, además, no tener una pertenencia u obligación institucional, laboral, familiar o política que entre en conflicto directo con la causa.
Escena. Una profesional de la salud pública simpatiza con la lucha por el acceso a medicamentos, pero trabaja en un hospital privado cuyo directorio rechaza públicamente esa demanda. Aunque su convicción personal coincide con la demanda, su pertenencia institucional la coloca en un lugar donde participar le costaría el puesto. Su potencial de movilización existe —ella está de acuerdo y no es hostil— pero su lealtad laboral funciona como ancla contraria que el modelo predice como obstáculo. Lo que el paso mide es exactamente esa combinación entre simpatía y ausencia de conflicto de pertenencia, y por eso es el primero: sin esa combinación, los pasos siguientes no tienen a quién aplicarse.
Paso 2 — Redes de reclutamiento
Es el conjunto de contactos interpersonales a través de los cuales una persona recibe invitaciones concretas para participar. El modelo lo trata como un paso separado de la motivación porque una persona puede querer participar y no tener a ninguna persona que le diga cuándo, dónde ni cómo sumarse. La invitación es un hecho social, no un dato de mercado: llega por un mensaje de chat, por un comentario en el almuerzo, por un llamado telefónico, no por un cartel en una plaza.
Escena. Un estudiante universitario está convencido de la causa ambiental, ve publicaciones sobre ella a diario en su cuenta personal, y sin embargo ninguna persona de su círculo cercano —ni su compañera de carrera, ni su primo, ni su vecino— le ha dicho "te espero el sábado en la plaza". La motivación existe, el potencial de movilización existe, pero la invitación concreta no llega. El estudiante se suma a la marcha sólo después de que una compañera del Trabajo Final le pasa el link del evento por chat y le escribe "yo voy, ¿venís?". Esa frase cambia el recorrido del paso dos al paso tres: la invitación ya está hecha y la persona tiene fecha, hora, lugar y acompañante.
Paso 3 — Motivación para participar
Es el balance subjetivo entre los costos esperados de participar (tiempo, riesgo, dinero, incomodidad, tiempo perdido) y los beneficios esperados (eficacia, pertenencia, sentido moral, satisfacción personal). El modelo subraya que este balance no se evalúa en abstracto, sino a partir de la información que la persona recibe de sus redes y de los medios de comunicación. Los costos y los beneficios son percibidos, no objetivos, y por eso pueden cambiar con un testimonio, con una noticia o con un mensaje privado.
Escena. Una persona está invitada a una marcha. Asistir le cuesta tres horas de viaje, exponer públicamente su firma en un petitorio y conversar con desconocidas en una plaza. A cambio, sabe que ese día se entregan volantes informativos en una mesa donde puede firmar y llevarse material. La motivación es baja porque los beneficios subjetivos son menores que los costos percibidos. Una semana después, la misma persona recibe un mensaje de su primo médico que le cuenta que él perdió un paciente por no haber accedido a tiempo a un medicamento; ese relato cambia el balance y la persona decide ir. Cambió el balance entre lo que se gana y lo que se pierde al participar, y ese desplazamiento es el corazón del paso tres.
Paso 4 — Barreras
Son los obstáculos prácticos y situacionales que pueden presentarse en el último tramo del recorrido, justo cuando la persona ya quiere participar y la organización del movimiento ya extendió la invitación. No son dudas ideológicas, ni reconsideraciones del balance: son restricciones de tiempo, dinero, salud, distancia, cuidado familiar o riesgo físico. Operan sobre el tramo que va de la decisión a la acción.
Escena. Una docente jubilada quiere ir a una concentración, fue invitada por una colega, está motivada y ya hizo el balance interno a favor de ir. Pero ese día tiene a su nieta a cargo porque su hija tiene turno doble en el hospital. La barrera no es la convicción, ni siquiera la motivación: es una responsabilidad de cuidado que no se delega por decisión individual y que el modelo predice como causa específica de la no participación. La persona no dejó de querer ir; no pudo ir.
La secuencia importa porque cada paso abre o cierra el siguiente. Una persona puede tener potencial de movilización y carecer de red; puede tener red y carecer de motivación favorable; puede tener motivación favorable y enfrentar una barrera el día de la acción. El modelo permite ubicar, en cada caso, qué paso se completó y cuál se interrumpió. Esa ubicación es la que organiza la lectura clínica del fenómeno, y la que vuelve diagnosticable una situación que en la conversación cotidiana se despacha como "esa persona no le importa".
Definición clave. Modelo de los cuatro pasos (Klandermans y Oegema, 1987): esquema secuencial que organiza el recorrido entre simpatía y participación en movimientos sociales en cuatro condiciones —potencial de movilización, redes de reclutamiento, motivación para participar y barreras— y que sostiene que la conducta colectiva es el resultado de atravesar las cuatro, no de tener una actitud favorable aislada.
3. Qué predice mejor la participación
La pregunta empírica que el modelo busca responder es cuál de los cuatro pasos explica más la conducta observable. La respuesta que suele dar la literatura apunta a que la red pesa más que la actitud: una persona con alta simpatía pero sin invitación directa de alguien cercano participa menos que una persona con una invitación directa y simpatía media. La jerarquía invierte la intuición de que "a más convencimiento, más acción".
Esa jerarquía tiene consecuencias directas para la lectura del fenómeno. Una campaña pública puede aumentar el potencial de movilización de una población y, sin embargo, no traducirse en participación si no genera invitaciones interpersonales concretas. Una organización puede tener una red social activa y, sin embargo, no traducir esa red en participación si sus mensajes no incluyen un pedido personalizado a personas conocidas. El paso que mejor predice la conducta observable es el segundo, el de las redes de reclutamiento, y la razón es estructural: una invitación hecha por alguien cercano convierte una causa abstracta en un evento con fecha, hora, lugar y acompañante.
Para organizar la lectura, la siguiente tabla presenta los cuatro pasos con tres columnas: el nombre del paso, qué se evalúa en cada uno, y qué tipo de condición lo frena.
| Paso | Qué mira | Qué lo frena |
|---|---|---|
| Potencial de movilización | Simpatía con la causa y ausencia de lealtades contrarias | Pertenencias institucionales, laborales o familiares en conflicto directo con la causa |
| Redes de reclutamiento | Contactos que extienden invitaciones concretas y personalizadas | Aislamiento social respecto de personas activas en el movimiento |
| Motivación para participar | Balance percibido entre costos y beneficios subjetivos | Altos costos subjetivos percibidos (tiempo, riesgo, exposición) y bajos beneficios percibidos |
| Barreras | Restricciones prácticas situadas en el momento de la acción | Responsabilidades de cuidado, distancia geográfica, problemas de salud, falta de dinero |
La tabla no es decorativa: sirve para que, frente a un caso concreto, se pueda ubicar en qué paso se interrumpió el recorrido y qué tipo de conversación habilita esa interrupción. Si la persona no actúa, la pregunta operativa no es "¿qué le falta convencer?" sino "¿en qué paso se detuvo?". Las dos preguntas son distintas, y la segunda tiene más chances de llevar a una respuesta identificable.
4. La lectura del psicólogo en cuatro pasos
Para el trabajo clínico, el modelo se traduce en una secuencia de cuatro preguntas que ordenan la conversación cuando un paciente comenta su relación con un movimiento o con una causa. La secuencia sigue el mismo orden del modelo: red, distinción simpatía/participación, barrera, lectura de la no participación. Su función es evitar que el clínico salte a conclusiones actitudinales antes de haber explorado los pasos intermedios.
Paso clínico 1 — ¿Fue invitada por alguien concreto?
La primera pregunta apunta a evaluar la red de reclutamiento, no la actitud. Preguntar "¿estás de acuerdo?" da información que ya se tiene; preguntar "¿quién te invitó, cuándo y cómo?" abre el paso que más predice la conducta. Una paciente que dice "leí un artículo en el diario y me pareció injusto" está en un lugar distinto al de una paciente que dice "mi prima me escribió el martes y me dijo que la acompañe". La segunda frase ubica a la paciente en el paso dos, con invitación hecha; la primera, en el paso uno o en el paso tres sin invitación. La conversación clínica cambia según el paso en que se ubique a la persona, porque cambia la intervención posible: en el paso dos se trabaja sobre la confirmación de la cita; en el paso uno o tres, sobre la generación de la invitación.
Paso clínico 2 — Distinguir simpatía de participación
Conceder que ambas viven en la misma persona no significa que midan lo mismo. La simpatía es cognitiva y afectiva; la participación es conductual. Un paciente puede tener alta simpatía y baja participación porque los pasos intermedios no se han activado. La distinción orienta la escucha: no se evalúa si el paciente "está a favor"; se evalúa en qué paso del recorrido se encuentra y qué falta para que avance. También protege contra un error frecuente en la clínica, que es leer la inacción como confirmación de una hipótesis previa sobre el paciente. Si el clínico llegó a la entrevista con la idea de que el paciente "no se involucra", la inacción confirmará esa idea, y la distinción simpatía/participación se habrá perdido en el camino.
Paso clínico 3 — Nombrar la barrera que la frena
Cuando un paciente relata que no actúa pese a estar convencido, la tentación clínica es atribuir la inacción a una falta de convicción más profunda o a un mecanismo defensivo. El modelo propone lo contrario: la barrera puede ser práctica, no ideológica. Una paciente puede estar diciendo "no puedo" porque cuida a una persona, porque perdió el ingreso, porque le queda lejos, porque coincide con un turno laboral. Preguntar "¿qué te impide ir el sábado?" o "¿qué condición necesitaría cambiarse para que pudieras ir?" ubica la conversación en el plano de las restricciones concretas, no en el plano de los valores. Ese desplazamiento es, además, una intervención en sí misma: permite que el paciente vea que el obstáculo es identificable, y por eso negociable. Un obstáculo identificable se puede modificar; un obstáculo moral, en cambio, se soporta o se sufre.
Paso clínico 4 — No leer la no participación como desinterés
La consecuencia de las tres preguntas anteriores es que la ausencia de conducta no es equivalente a la ausencia de preocupación. Una persona puede estar profundamente afectada por una causa y no participar por una combinación de pasos no completados. Etiquetar esa inacción como "desinterés" cierra la conversación clínica; preguntar por la red y por la barrera la abre. La lectura clínica del fenómeno se organiza, entonces, como una investigación sobre los pasos que se completaron y los que se interrumpieron, no como un juicio sobre la calidad moral de la preocupación del paciente. Esa diferencia es metodológica y ética a la vez: afecta la calidad de la escucha y la posición del clínico frente al paciente.
5. Trampa de parcial
Trampa. Afirmar que quien no participa no está convencido. El modelo de Klandermans y Oegema (1987) separa explícitamente la convicción, medida en el primer paso (potencial de movilización), de la participación, medida como resultado de atravesar los cuatro pasos. Una persona puede estar altamente convencida y no participar porque carece de invitación concreta, porque el balance de costos y beneficios le resulta desfavorable, o porque enfrenta una barrera práctica el día de la acción. La trampa aparece cuando se lee la conducta (o su falta) como evidencia directa del estado interno, sin atravesar los pasos intermedios.
La trampa tiene dos versiones, y conviene tenerlas presentes porque se formulan de manera distinta. La primera es la versión ingenua: "no va a la marcha, entonces no le importa". La segunda es la versión clínica: "no actúa, entonces la convicción no se ha formado todavía". Las dos versiones comparten el mismo error, que es leer la conducta como evidencia directa del estado interno. El modelo corrige esa lectura: la conducta es el resultado de un proceso, no un indicador del estado inicial. La convicción puede estar presente sin que la conducta aparezca, y la conducta puede aparecer sin que la convicción sea profunda.
Para no caer en la trampa, conviene tener presente que una persona puede estar en tres situaciones distintas, todas compatibles con alta convicción. Situación A: está convencida y no recibió invitación de ninguna persona. La simpatía está presente, pero la red de reclutamiento no se activó para esta persona en particular. Situación B: está convencida, fue invitada y ha hecho un balance de costos y beneficios que la hizo declinar. La simpatía está presente, la invitación llegó, pero la motivación se inclinó hacia el lado de los costos percibidos. Situación C: está convencida, decidió hacerlo, y fue frenada por una barrera práctica el día de la acción. La simpatía está presente, la motivación fue favorable, pero el último paso se cerró por una restricción situacional.
En las tres situaciones, la convicción está intacta. La acción no se produjo por una razón distinta a la convicción, y esa razón es identificable en uno de los pasos del modelo. Esa distinción es la que la trampa borra, y la que el examen suele premiar cuando se formula correctamente. La regla operativa para no caer es invertir la dirección de la inferencia: no preguntar qué revela la conducta sobre la convicción; preguntar qué paso del recorrido explica la ausencia de conducta. Las dos preguntas apuntan al mismo fenómeno y producen respuestas opuestas.
6. Para el parcial
Bullets testeables.
- La simpatía es condición previa, pero no suficiente, para la participación en movimientos sociales.
- El modelo de cuatro pasos ordena el recorrido entre simpatía y participación en: potencial de movilización, redes de reclutamiento, motivación para participar y barreras.
- El potencial de movilización requiere simpatía con la demanda y ausencia de lealtades contrarias.
- Las redes de reclutamiento aparecen como el paso que más pesa en la participación observable, por encima de la actitud.
- La motivación es un balance percibido entre costos y beneficios, y ese balance se forma a partir de la información que circula en las redes y en los medios.
- Las barreras son restricciones prácticas situadas en el momento de la acción, no dudas ideológicas.
- La no participación no equivale a falta de convicción; la convicción es un paso, la participación es el resultado de atravesar los cuatro.
- La lectura clínica del fenómeno se organiza en cuatro preguntas: ¿fue invitada por alguien concreto?, ¿qué paso del recorrido ocupa?, ¿qué barrera la frena?, ¿la no participación es leída como desinterés?
- La cita en el cuerpo del trabajo se hace por autor y año; el DOI se incluye una sola vez, en la sección de referencias.
Mnemotecnia. Las iniciales de los cuatro pasos forman la sigla PRMB.
- P — Potencial de movilización
- R — Redes de reclutamiento
- M — Motivación para participar
- B — Barreras
Recorrido mental para la mesa de examen: P (¿está de acuerdo y sin lealtad contraria?) → R (¿la invitaron?) → M (¿los costos percibidos le ganan a los beneficios percibidos?) → B (¿puede ir ese día?). Si la respuesta a cualquiera de los cuatro es "no", la participación se interrumpe en ese paso, y la lectura clínica cambia según dónde se interrumpió.