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Evaluación de la práctica y proyección profesional

Por Ricardo de Castro King · Psicólogo clínico · Director de Psique Académica

Tesis. En la práctica supervisada no se evalúa la persona entera, sino conductas observables de competencia; y lo que esa evaluación abre no es un certificado, sino una dirección profesional. Dos preguntas viajan juntas en el mismo semestre: cómo se lee el desempeño del practicante y hacia dónde ese desempeño puede llevarlo cuando se convierta en colega, supervisor o responsable de su propio trabajo.

Regla de lectura: cuando la literatura asocia dos cosas, la asociación no es una prueba. Este apunte escribe "se asocia" y "sugiere", y evita el verbo que convierte la relación en promesa.

1. Qué se evalúa: del juicio general a la competencia observable

La pregunta que se repite en cada reunión de supervisión, "¿cómo va el practicante?", no admite respuesta útil sin criterio. Un juicio global no es un dato revisable seis meses después, porque no señala la conducta que debería cambiar. Las guías de supervisión de la American Psychological Association, publicadas en 2015, organizaron su contenido en siete dominios, y uno de ellos es el de evaluación y retroalimentación del desempeño. La versión revisada, aprobada en agosto de 2025, reorganiza el material en seis dominios e integra la evaluación a las estrategias de enseñanza: deja de ser un trámite y pasa al diseño del aprendizaje.

El marco que ordena esa evaluación es el enfoque por competencias, que las guías describen como metateórico. Carol Falender y Edward Shafranske publicaron en 2004 la obra que puso el enfoque en circulación en el campo, y su definición es operativa: identificar el conocimiento, las habilidades y las actitudes que componen las competencias clínicas, informar las estrategias de aprendizaje y los procedimientos de evaluación, y sostener un estándar con referencia al criterio y no a la media del grupo.

Dos definiciones de la versión de 2025 ayudan a entender el punto. La competencia incluye la capacidad de reconocer cuándo no se cumple bien el papel profesional. Y añaden una noción más exigente: la metacompetencia, saber lo que uno no sabe y vigilar de forma reflexiva la propia actuación. En el ámbito profesional, la declaración de competencias centrales de 2013 de la American Psychological Association informa a empleadores, reguladores y responsables de política pública. La taxonomía de formación documentada por Rozensky, Grus, Nutt y Carlson en 2015 resolvió el problema de comparabilidad: sin un lenguaje común, no se contrasta lo que un programa forma y lo que otro.

Definición operativa de competencia evaluable. Un desempeño observable, con un criterio declarado y con un punto de referencia, descrito por quien observa y revisable más tarde. Sin el criterio escrito antes de la sesión, la conversación de supervisión se convierte en una valoración sin referencias.

2. De dónde sale la evidencia y cuánto coinciden las fuentes

Evaluar la práctica significa combinar fuentes de evidencia que no coinciden entre sí, y esa no coincidencia no es un defecto del sistema: es el dato más importante que el practicante aprende a interpretar. Un trabajo de 2019 con 59 clínicos escolares, que implementaron terapia cognitivo-conductual modular o tratamiento habitual para ansiedad adolescente, registró tres tipos de juicio sobre la competencia del clínico en sesión: la confianza que el clínico depositaba en sí mismo, la valoración del supervisor después de cada sesión y la puntuación de observadores independientes que escucharon las grabaciones. Las correlaciones con los observadores independientes fueron bajas en los dos grupos, y los autores concluyen que las valoraciones de observadores independientes siguen siendo el criterio de referencia.

La lectura para el parcial es precisa: una sola fuente de juicio produce evidencia débil, y comparar solo dos fuentes no alineadas no basta para decidir. Cuando el supervisor y el practicante no coinciden, el hallazgo no es que alguno mienta, sino que leen con criterios distintos y hace falta una tercera lectura, más externa, para aproximar lo ocurrido. Y hay un elemento que suele quedar fuera del foco: quien evalúa también es evaluado. Craig Gonsalvez desarrolló y validó una escala abreviada de ocho ítems para evaluar la supervisión y la competencia del supervisor, con muestras de 142 y 122 participantes. Sus seis componentes cubren apertura y cuidado; pericia como terapeuta; planificación y gestión; conducción orientada a objetivos; competencias restauradoras; y comprensión de las dinámicas terapeuta-paciente.

Fuente de evidenciaQué aportaRiesgo de la fuente
Autoevaluación del practicanteMetas, tareas cumplidas, dudas y erroresSobreevaluación y omisión de lo incómodo
Valoración del supervisorLo observado en sesión y la trayectoria del procesoDepende de la competencia de quien evalúa
Observación independienteJuicio descontextualizado del desempeño en sesiónExige tiempo, recursos y entrenamiento
Instrumentos estandarizadosRepetir la medición y comparar practicantesMiden un repertorio acotado de conductas
Retroalimentación escritaConvierte la observación en insumo usableNo sustituye la conversación clínica

3. La retroalimentación escrita y el valor de referencia

Un dato de la literatura indica qué elemento añade valor a la supervisión ya existente. En un estudio piloto con 19 terapeutas en formación y 19 pacientes, el equipo asignó al azar los participantes a un grupo con retroalimentación de competencia y a otro de control. Ambos contaban con supervisión regular; solo el primero recibía retroalimentación escrita, cualitativa y cuantitativa sobre las competencias observadas. El grupo con retroalimentación mostró un incremento de competencia mayor que el control, con una interacción de tiempo y grupo significativa. La diferencia no fue una sesión más, sino un documento escrito con medidas y referencias: el recurso escaso no es el tiempo del supervisor, sino el registro del juicio.

El segundo elemento es el punto de referencia. Andrew Page, Werner Stritzke y Neil McLean propusieron una metodología para evaluar y comparar el desempeño en formulación de casos, con el propósito de entregar al supervisado una realimentación normativa sobre su propio nivel, situada frente a un estándar y no frente a la impresión de un colega. La diferencia separa una nota de una devolutiva: la primera dice cómo fue; la segunda, con qué criterio. Una tercera fuente viene del lado del supervisor. Bambling y King evaluaron a 40 supervisores que impartieron ocho sesiones con 50 supervisados, y hallaron que la habilidad interpersonal del supervisor predice la alianza valorada por el supervisado y el resultado de la supervisión. De ese lado, una encuesta a 62 supervisores de prácticas clínicas encontró escasa formación recibida: cuando el evaluador apenas ha sido formado para evaluar, el formato pesa más que el contenido.

4. La supervisión en vivo y el momento de la realimentación

Una decisión que el practicante enfrenta es dónde ubicarse cuando la sesión ocurre: con el paciente, con el supervisor presente, o esperando al supervisor después. La supervisión en vivo es la modalidad en la que el supervisor está presente durante la sesión y entrega retroalimentación inmediata, mediante micrófono o mensajes de texto. Una revisión sistemática de 2022 localizó 138 publicaciones que cumplían los criterios de inclusión, entre ellas 8 ensayos controlados al azar con 339 participantes, y un 87 por ciento mostraba una visión favorable. Aquí viene el dato que corrige el entusiasmo: en los ensayos controlados, la supervisión en vivo fue superior a la ausencia de supervisión en el 78 por ciento de las comparaciones, pero solo en el 13 por ciento frente a una supervisión diferida. Los autores concluyen que la modalidad probablemente es tan eficaz como la diferida, aunque hace falta más investigación de alta calidad.

Lo que esta revisión sugiere es un desplazamiento: si la presencia del supervisor en la sesión casi no cambia los resultados frente a conversar después, el valor de la supervisión no está en el momento, sino en el contenido del juicio. Vuelve el dato de Weck, Kaufmann y Höfling: la diferencia la hizo el documento escrito con medidas y referencias, no la inmediatez.

Cuatro trampas de lectura.

  • Confundir evaluación con veredicto. La evaluación formativa orienta el aprendizaje; la sumativa sirve para decidir. El propósito se declara antes de la sesión.
  • Leer el desacuerdo entre evaluadores como un error. Las correlaciones con observadores independientes fueron bajas; el desacuerdo informa sobre el método.
  • Pedir la nota global. Sin criterio declarado y sin referencia, no es un dato que el practicante pueda usar para modificar su conducta.
  • Tratar el filtro profesional como efecto secundario. El control de ingreso a la profesión pide debido proceso y registro.

5. Cuando la evaluación señala un problema de competencia

La evaluación de la práctica tiene una función que rara vez se nombra en clase: es la vía por la que un programa de formación decide si una persona continúa o no en la ruta profesional. Las guías revisadas en 2025 lo dicen sin rodeos al definir la supervisión: la práctica busca mejorar la competencia del supervisado, vigilar la calidad de los servicios, proteger al público y cumplir una función de filtro para el ingreso a la profesión. Una lectura de la práctica que olvide esta función describe la mitad del asunto.

Lo que ocurre en los programas está documentado. Vacha-Haase, Davenport y Kerewsky encuestaron a directores de formación de programas académicos de psicología acreditados por la APA sobre las conductas de estudiantes problemáticos. Más de la mitad de los programas que respondieron había terminado por lo menos a un estudiante en un período de tres años, y la razón que más citaron fue la insuficiencia de habilidades clínicas. A la vez, el 54 por ciento no tenía directrices escritas para intervenir ante un estudiante problemático. Las decisiones más graves de una carrera se toman sin procedimiento.

El marco ético que sostiene esa actuación es conocido. El código de principios éticos de la American Psychological Association fija en el estándar 2.01 los límites de competencia del psicólogo y en el 3.04 el modo en que se conduce la supervisión, con competencia y asumiendo la responsabilidad que corresponde. Renninger y Cavalieri ofrecen un marco para identificar y evaluar los problemas de competencia profesional, con una distinción operativa: un problema de competencia se refiere al alcance de lo que la persona sabe y puede hacer, mientras que un problema de desempeño señala las condiciones del entorno que frenan un nivel que ya existe. Confundir una con la otra lleva a dos errores opuestos: atribuir a la persona lo que corresponde al servicio, o al servicio lo que corresponde a la persona.

6. La proyección profesional que abre la práctica supervisada

Lo que la práctica supervisada proyecta hacia adelante no es un título, sino un repertorio de decisiones. En la sala, el practicante aprende a sostener una sesión, pero también a documentar lo que hizo, a reconocer el alcance de su competencia, a derivar cuando el caso excede lo que le corresponde, a informar el marco de confidencialidad y a evaluar su propio desempeño con el mismo rigor con que lo evalúan. Esa segunda lista se transfiere: empleadores, colegas y pacientes evalúan al profesional que se forma en esa etapa. En 1994, William Robiner argumentó que el valor del título de doctorado para la habilitación psicológica no está en el diploma por sí, sino en el proceso de formación que lo respalda y en las horas de práctica supervisada que lo estructuran. La proyección profesional del practicante no se aparta de la institucional: es donde el título se decide.

La identidad profesional también se construye en estos años. Hoover estudió a trece profesionales y practicantes que habían pasado por un sitio de práctica feminista y multicultural orientado a la justicia social, con una tasa de respuesta del 35 por ciento, y el análisis fenomenológico crítico feminista identificó seis temas: ser auténtico, resistir la opresión, asumir la responsabilidad, aprovechar el privilegio, aceptarse a sí mismo y a los propios esfuerzos, y la acción discreta. El sitio de práctica deja una impronta en la manera en que el profesional se comprende a sí mismo. Hay un componente que suele quedar fuera de la discusión: la British Psychological Society exige 40 horas de terapia personal para la titulación en psicología de la consejería, y la literatura examina ese requisito como parte del desarrollo profesional y como una fuente de estrés para quien se forma.

Para el parcial.

  • La evaluación se organiza sobre competencias con criterio declarado; el enfoque por competencias es metateórico y no excluye otros modelos.
  • Las guías de 2015 organizaban el contenido en siete dominios, con uno dedicado a evaluación; la versión de 2025 los reorganiza en seis e integra la evaluación en la enseñanza.
  • La retroalimentación escrita con medidas y referencias se asocia con un incremento de competencia mayor que el de la supervisión regular.
  • La supervisión en vivo fue superior a la ausencia de supervisión en el 78 por ciento de las comparaciones de los ensayos y en el 13 por ciento frente a la diferida.
  • La función de filtro profesional aparece en las guías: más de la mitad de los programas que respondieron había terminado a un estudiante en tres años, y el 54 por ciento carecía de directrices.

Tarjeta de memoria — EVALÚA. Seis pasos para leer una evaluación de práctica. Cada letra es un paso.

E V A L Ú A

  1. E — Encuadre. Qué competencia se evalúa, con qué criterio declarado y si el uso es formativo o sumativo.
  2. V — Verificación. Qué evidencia se aportó y quién la produjo, incluida una lectura externa cuando es posible.
  3. A — Acuerdos. Dónde coinciden el supervisor, el practicante y el registro, y qué se lee en el desacuerdo.
  4. L — Límite. Qué no permite concluir la evidencia: una fuente, un momento, una ausencia de referencia.
  5. Ú — Uso. Qué se puede hacer con el dato: formativo, sumativo o de registro, y con qué propósito declarado.
  6. A — Acción. Qué cambia en la práctica siguiente y qué se anota para revisar más adelante.

El registro de parcial pide el criterio, la evidencia y el límite: si el practicante solo puede decir que el supervisor estaba conforme, todavía no está en registro. La respuesta tiene forma de lista.

Autoevaluación 1. ¿Qué diferencia hay entre evaluación formativa y evaluación sumativa, y dónde aparece esa diferencia en el marco de referencia?

Respuesta. La formativa orienta el aprendizaje durante la práctica; la sumativa sirve para decidir sobre el nivel alcanzado y la continuidad en la ruta de formación. La distinción no es una técnica de medición distinta, sino el uso que se le da al resultado. En las guías de 2015 las estrategias de evaluación incluyen ambas y ocupan un dominio propio; en la versión de 2025 ese contenido queda reordenado dentro de las estrategias de enseñanza y aprendizaje (https://doi.org/10.1037/a0038112).

Autoevaluación 2. ¿Qué encontraron Caron y colegas (2019) sobre la concordancia entre las fuentes de juicio de la competencia?

Respuesta. Con 59 clínicos escolares, se registraron 1898 autoinformes de confianza clínica, 613 valoraciones del supervisor y 395 puntuaciones de observadores independientes a partir de grabaciones. Los patrones de discrepancia difirieron entre el grupo de tratamiento habitual y el de terapia cognitivo-conductual, y las correlaciones con los observadores independientes fueron bajas en ambos grupos. Los autores sostienen que las valoraciones de observadores independientes siguen siendo el criterio de referencia (https://doi.org/10.1017/S1352465819000699).

Autoevaluación 3. ¿Qué concluyó la revisión sistemática de Maaß y colegas (2022) sobre la supervisión en vivo?

Respuesta. La revisión incluyó 138 publicaciones, entre ellas 8 ensayos controlados al azar con 339 participantes, y un 87 por ciento mostraba una visión favorable de la modalidad. En los ensayos, la supervisión en vivo fue superior a la ausencia de supervisión en el 78 por ciento de las comparaciones, pero solo en el 13 por ciento frente a la diferida. La conclusión: la modalidad probablemente es tan eficaz como la diferida, con la reserva de la escasez de estudios de alta calidad (https://doi.org/10.1037/tep0000390).

Autoevaluación 4. ¿Qué ocurre cuando la evaluación de la práctica detecta un problema de competencia en el practicante?

Respuesta. Las guías revisadas en 2025 incluyen la función de filtro para el ingreso a la profesión entre los propósitos de la supervisión. En la encuesta de Vacha-Haase, Davenport y Kerewsky, más de la mitad de los programas que respondieron había terminado a por lo menos un estudiante en tres años, con la insuficiencia de habilidades clínicas como razón más citada, y el 54 por ciento carecía de directrices escritas de intervención. Renninger y Cavalieri aportan el marco para identificar y evaluar problemas de competencia profesional (https://doi.org/10.1037/0735-7028.35.2.115).

PsiqueAcadémica · Cuaderno de Psicología Clínica

Fuentes.

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American Psychological Association (2013). Professional psychology in health care services: A blueprint for education and training. American Psychologist, 68(6), 411-426. https://doi.org/10.1037/a0033265

American Psychological Association (2015). Guidelines for clinical supervision in health service psychology. American Psychologist, 70(1), 33-46. https://doi.org/10.1037/a0038112

American Psychological Association (2025). Guidelines for clinical supervision in health service psychology. https://www.apa.org/about/policy/guidelines-supervision.pdf

Bambling, M. y King, R. (2013). Supervisor social skill and supervision outcome. Counselling and Psychotherapy Research, 14(4), 256-262. https://doi.org/10.1080/14733145.2013.835849

C. Page, A., Stritzke, W. G. K. y McLean, N. J. (2008). Toward science-informed supervision of clinical case formulation: A training model and supervision method. Australian Psychologist, 43(2), 88-95. https://doi.org/10.1080/00050060801994156

Caron, E. B., Muggeo, M. A., Souer, H. R. y Pella, J. E. (2019). Concordance between clinician, supervisor and observer ratings of therapeutic competence in CBT and treatment as usual: Does clinician competence or supervisor session observation improve agreement? Behavioural and Cognitive Psychotherapy, 48(3), 350-363. https://doi.org/10.1017/S1352465819000699

Falender, C. A. y Shafranske, E. P. (2004). Clinical supervision: A competency-based approach. American Psychological Association. https://doi.org/10.1037/10806-000

Gonsalvez, C. J. (2020). A short scale to evaluate supervision and supervisor competence: The SE-SC8. Clinical Psychology & Psychotherapy, 28(2), 452-461. https://doi.org/10.1002/cpp.2510

Hoover, S. M. (2016). A critical feminist phenomenological study of social justice identity among professional psychologists and trainees from a social justice-oriented practicum site. Professional Psychology: Research and Practice, 47(6), 383-390. https://doi.org/10.1037/pro0000110

Maaß, U., Kühne, F., Poltz, N., Lorenz, A., Ay-Bryson, D. S. y Weck, F. (2022). Live supervision in psychotherapy training: A systematic review. Training and Education in Professional Psychology, 16(2), 130-142. https://doi.org/10.1037/tep0000390

Renninger, S. M. y Cavalieri, C. E. (2023). Identification and assessment of problems of professional competence. En Supporting trainees with competence problems: A practical guide (pp. 79-98). American Psychological Association. https://doi.org/10.1037/0000340-006

Robiner, W. (1994). The basis of the doctoral degree for psychology licensure. Clinical Psychology Review, 14(4), 227-254. https://doi.org/10.1016/0272-7358(94)90023-x

Rozensky, R. H., Grus, C. L., Nutt, R. L., Carlson, C. I., Eisman, E. J., y Nelson, P. D. (2015). A taxonomy for education and training in professional psychology health service specialties: Evolution and implementation of new guidelines for a common language. American Psychologist, 70(1), 21-32. https://doi.org/10.1037/a0037988

Vacha-Haase, T., Davenport, D. S. y Kerewsky, S. D. (2004). Problematic students: Gatekeeping practices of academic professional psychology programs. Professional Psychology: Research and Practice, 35(2), 115-122. https://doi.org/10.1037/0735-7028.35.2.115

Weck, F., Kaufmann, Y. M. y Höfling, V. (2017). Competence feedback improves CBT competence in trainee therapists: A randomized controlled pilot study. Psychotherapy Research, 27(4), 501-509. https://doi.org/10.1080/10503307.2015.1132857

Sobre la autoría
Este artículo pertenece a Psique Académica, proyecto educativo de psicología dirigido por Ricardo De Castro King, psicólogo clínico colombiano (Tarjeta Profesional COLPSIC 106127) que ofrece acompañamiento psicológico online, en español, a hispanohablantes en Estados Unidos, Canadá y Europa desde . Todo el contenido se publica bajo dirección editorial con proceso interno de control de calidad. Conoce más en Quiénes somos y en Sobre Rick. Contenido con fines educativos: no reemplaza la consulta profesional.