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La pregunta del milagro: terapia breve centrada en soluciones

Eran las 11:40 de la mañana en un consultorio de la zona conurbada de Guadalajara. Sesión de 50 minutos, tercera con Daniela, 34 años, administrativa en una PyME. Llegó con la frase que se repite como un molde: “Vengo para que me quite esto”. Señalaba la garganta, el pecho. Había pasado por dos médicas y un gastroenterólogo. Los estudios, normales. Lo que ella llamaba “esto” era una opresión que aparecía sobre todo los domingos de noche y antes de reuniones con su jefa. No quería “revisar la infancia”. Quería dejar de sentir aquello. Yo tampoco iba a proponerle eso como punto de partida.

A los 35 minutos le hice una pregunta que no parece clínica. No le pedí que recordara, ni que conectara causalidades, ni que hipotetizara sobre su estructura. Le pregunté por algo que, en sentido estricto, no había ocurrido. La invité a describir, con detalle, cómo sería un día de su vida si esa opresión no estuviera presente. La invité a imaginar el milagro.

Ponlo en práctica

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Esa pregunta tiene nombre técnico, historia clínica, una familia de preguntas hermanas y, sobre todo, condiciones de uso. Aquí la vamos a desarmar.

Este tema se trabaja completo en Psicología Clínica y de la Salud, una de las 30 materias de la Escuela de Psique: lectura curada, casos y un banco de preguntas que explica por qué cada opción está bien o mal. La sesión 1 de cada materia es gratis y no pide tarjeta.

Este artículo es la radiografía de un instrumento, no la promesa de un atajo. Si esperas leer un guion de una sola sesión para “cambiar tu vida con una pregunta”, no la vas a encontrar aquí. Vas a encontrar, en cambio, qué dice la evidencia, dónde se rompe, qué errores comete un clínico novato y por qué la pregunta del milagro no es intercambiable con un reencuadre ni con una pregunta circular milanesa.

TL;DR

  • La pregunta del milagro es una intervención verbal de la Terapia Breve Centrada en Soluciones (TBCS) que pide al consultante describir cómo sería su vida si el problema desapareciera durante una noche. No busca insight causal: busca detalles del futuro preferido.
  • Nace en el Brief Family Therapy Center de Milwaukee con Steve de Shazer e Insoo Kim Berg, y forma parte de un set mayor de preguntas (excepciones, escalas, copreguntas) con una lógica común.
  • La evidencia (meta-análisis y revisiones sistemáticas) muestra tamaños de efecto pequeños a moderados para SFBT, con más respaldo en contextos escolares, de trabajo social y problemas conductuales, y menos en psicopatología severa.
  • Tres errores frecuentes: usarla como truco de oratoria, saltarse el encuadre terapéutico previo y forzar al consultante a “tener fe” en el milagro. Funciona dentro de un modelo, no aislada.
  • En crisis, riesgo suicida o psicosis aguda sin estabilización, la pregunta del milagro está contraindicada como intervención de inicio.

Definición corta para parcial

La pregunta del milagro (miracle question) es una intervención verbal característica de la Terapia Breve Centrada en Soluciones, desarrollada en el Brief Family Therapy Center de Milwaukee por Steve de Shazer e Insoo Kim Berg. Consiste en invitar al consultante a imaginar que, mientras dormía, ocurrió un milagro que resolvió su queja, y a describir con detalle cómo lo notaría al día siguiente. Su función técnica es elicitar descripciones del futuro preferido, que luego se usan para construir metas, detectar excepciones y planificar tareas.

Qué es la pregunta del milagro (y qué no es): formulación, variantes y genealogía

Empecemos por lo que no es, porque el uso coloquial lo deforma con frecuencia.

No es una técnica de visualización creativa. No es una afirmación positiva disfrazada. No es una invitación a “tener fe”. No es un ejercicio de pensamiento mágico. Y, muy importante, no es una herramienta que opere sola: tiene sentido clínico dentro de un modelo con su propia epistemología.

Técnicamente, es una pregunta hipotética en tiempo futuro, formulada en condicional irreal: “Suponga que, mientras usted dormía, ocurrió un milagro y el problema que lo trajo aquí se resolvió. Como no puede saber que fue un milagro, no se despierta. ¿Cómo se daría cuenta al día siguiente de que algo cambió?”. La formulación clásica es de Steve de Shazer y aparece en sus obras fundacionales (de Shazer, 1985; de Shazer et al., 1986; de Shazer, 1988, 1991, 1994).

Lo que la pregunta busca es muy específico: elicitar descripciones concretas del futuro preferido, no del pasado causal. La idea de fondo es que, si el consultante puede describir con suficiente detalle cómo sería un día sin el problema, ya está construyendo, en colaboración con el clínico, las metas operativas del tratamiento. La queja inicial —”me siento ansiosa”, “me peleo con mi pareja”, “no duermo”— se traduce en marcadores conductuales observables: a qué hora se levantaría, qué haría distinto, qué notarían los demás.

Una versión contemporánea de la formulación aparece en de Shazer y Dolan (2021), capítulo dedicado íntegramente a esta intervención dentro del manual More Than Miracles. La genealogía institucional ayuda a entender por qué la pregunta tiene esa forma.

La TBCS no nació en un escritorio teórico. Nació en una sala de terapia en Milwaukee, Wisconsin, a finales de los años setenta, en el Brief Family Therapy Center (BFTC). El equipo fundador —Steve de Shazer, Insoo Kim Berg y sus colegas— estaba insatisfecho con dos cosas: la duración promedio de los tratamientos familiares (que consideraban excesiva) y la dependencia del modelo de Mental Research Institute (MRI) de Palo Alto, que aunque breve, seguía centrado en el problema. La bisagra conceptual fue un giro epistemológico: en vez de estudiar a fondo el problema para resolverlo, el equipo de Milwaukee empezó a estudiar cuándo el problema no estaba. Esta “pregunta por la excepción” se volvió el corazón del modelo, y la pregunta del milagro, su dispositivo de elicitación más cinematográfico. Macdonald (2016) recoge, desde dentro, las historias de cómo de Shazer y Berg refinaban estas preguntas sesión tras sesión.

Macdonald también ha documentado, en la misma línea testimonial, el papel de Berg en la consolidación del modelo. Berg no fue la coautora nominal más visible, pero fue la terapeuta cuya voz se escucha en la mayor parte de las transcripciones que fundamentan los manuales. En la genealogía del modelo, eso importa. El BFTC también produjo infraestructura conceptual adyacente —preguntas de escala, presuposiciones del lenguaje, tareas prescritas entre sesión, sesiones de equipo interrumpidas por espejo unidireccional— que no son accesorias: son las que hacen que la pregunta delmilagro funcione. Cuando leas sobre TBCS, recuerda que ninguna técnica del modelo opera fuera del modelo.

Volvamos a la formulación. La versión canónica tiene tres componentes, y omitir uno de los tres la convierte en otra cosa. Primero, el encuadre temporal: “mientras dormía esta noche”. Segundo, la condicional irreal: “ocurrió un milagro y el problema que lo trajo aquí se resolvió”. Tercero, la instrucción perceptual: “como no puede saber que fue un milagro, no se despierta; ¿qué sería lo primero que notaría al día siguiente?”. Este último componente es el que la distingue de una simple fantasía positiva: pide descripción perceptual, no valoración emocional.

De Shazer y Dolan (2021) describen variantes para poblaciones y contextos. Para niños, se sustituye el escenario nocturno por un dibujo o por un cuento. Para adolescentes escolarizados, la metáfora del “fin de semana mágico” es una alternativa frecuente. Para adultos con deterioro cognitivo, se omite la condicional y se pregunta directamente por “el día más llevadero que haya tenido últimamente”, manteniendo la instrucción perceptual. Las variantes no son mejoras; son adaptaciones. Cambian la superficie lingüística, no la función técnica. Si pierdes la función, tienes un guión bonito y poco más.

Excepciones y escalas: las preguntas hermanas

La pregunta del milagro no viaja sola. Tiene dos hermanas técnicas que comparten su lógica y la completan.

La pregunta por las excepciones. “¿Hubo alguna vez, recientemente, en que el problema no ocurrió o fue menos intenso? ¿Qué hizo usted distinto ese día?”. Esta pregunta rastrea episodios donde la solución ya ocurrió, sin que el consultante lo haya notado. El supuesto clínico es que esos episodios contienen los elementos sobre los que se construyen las tareas.

La pregunta de escala. “Si 10 es el día del milagro y 0 el momento más difícil que ha tenido, ¿en qué número está hoy? ¿Qué tendría que ocurrir para pasar de 3 a 4?”. Las escalas convierten estados internos en métricas operativas y son útiles para revisar progreso entre sesiones. Fueron sistematizadas en paralelo por el propio equipo de Milwaukee y aparecen documentadas en de Shazer y Dolan (2021) y en McKeel (2011), donde se revisan los procesos de cambio vinculados a ambas preguntas. La escala también sirve para operacionalizar lo que el consultante ya está haciendo bien: “si 10 es resolver el problema y 0 es no haberlo tocado, ¿en qué número está usted hoy con lo que ya intenta?”. Esta segunda versión es la que más se vincula con el trabajo de excepciones.

El clínico que usa la pregunta delmilagro sin trabajar excepciones ni escalas está usando una herramienta suelta. Funciona, pero deja del lado de la mesa el mecanismo que la hace terapéutica: la traducción del futuro preferido en conductas presentes.

Si quieres profundizar en el modelo del que forma parte, revisa la entrada de TBCS: qué es y técnicas, donde se desarrollan las técnicas compañeras (excepciones, escalas, copreguntas y presuposiciones lingüísticas). El ángulo cambia: allí el modelo es el protagonista; aquí, la pregunta delmilagro.

Diferencia con reencuadre, con la pregunta milanesa y con el uso fuera del consultorio

Hay dos confusiones frecuentes que conviene deshacer antes de pasar a la evidencia.

La primera: la pregunta del milagro no es un reencuadre. El reencuadre (reframing), sistematizado dentro de la terapia sistémica estratégica, propone un cambio de significado sobre lo que ya ocurrió: la conducta o el síntoma se resignifica desde un marco alternativo. La pregunta del milagro no resignifica el pasado; construye el futuro. Para una revisión del reencuadre como técnica en el marco sistémico, revisa reencuadre en terapia sistémica. La distinción importa porque cada técnica tiene criterios de indicación distintos: el reencuadre opera sobre narrativas cerradas, la pregunta del milagro sobre metas a construir.

La segunda: no es una pregunta circular milanesa. Las preguntas circulares del modelo de Milán (Selvini-Palazzoli, Boscolo, Cecchin y Prata) exploran relaciones, hipótesis y diferencias entre los miembros del sistema familiar. La pregunta del milagro, en cambio, es una pregunta lineal dirigida al consultante sobre su propio futuro hipotético. Comparte con Milán el aire de familia sistémico y la honestidad sobre la no-neutralidad del clínico, pero su mecánica es otra. Para el conjunto del cuadro, mira la entrada sobre la Escuela de Milán.

Lo que une a estas tres técnicas —pregunta del milagro, reencuadre, preguntas circulares— es su pertenencia al paraguas de los enfoques posmodernos en formulación clínica, donde la realidad se co-construye en conversación y la neutralidad absoluta del clínico se considera una ficción operativa. Enfoques posmodernos en formulación resume ese paraguas.

Una nota adicional que suele confundir al clínico en formación: la TBCS y la terapia familiar estratégica comparten el aire de familia “breve” pero difieren en su motor. La estratégica prescribe tareas paradójicas o directas para interrumpir el patrón de mantenimiento del problema; la TBCS prescribe tareas para amplificar lo que ya funciona. Ambas caben dentro de la psicoterapia breve y estratégica, pero la pregunta del milagro, sin más, no es una tarea paradójica: es un dispositivo de elicitación conversacional.

Y una nota de cierre sobre la migración de la técnica: la pregunta delmilagro ha sido adoptada fuera del setting clínico, en coaching, consultoría organizacional, educación y dinámicas de recursos humanos. Esto no es, por sí mismo, un problema. Lo es cuando se olvida que la pregunta fue diseñada dentro de un modelo clínico con criterios de indicación, contraindicación y supervisión. En contextos de coaching, suele usarse sin excepciones, sin escalas y sin tareas, y se convierte en una invitación motivacional genérica. Produce visión, pero no cambio conductual sostenido. En contextos educativos, se ha usado con adolescents para reflexión sobre futuro académico; funciona con adaptaciones y formatos grupales breves, con los mismos riesgos. Si vas a usar la pregunta fuera del modelo, hazlo con conocimiento de causa.

Qué dice la evidencia (y qué no)

Conviene separar lo que la investigación ha establecido de lo que el boca a boca profesional repite como si fuera un hallazgo.

La revisión más citada de los primeros años de la TBCS es la de Gingerich y Eisengart (2000), publicada en Family Process, que revisó los estudios de outcome disponibles hasta ese momento y reportó tamaños de efecto pequeños a moderados, con resultados más consistentes en contextos escolares, de trabajo social y consejería breve, y menos consistentes en problemasinternalizados severos. La revisión advertía, además, problemas metodológicos frecuentes: muestras pequeñas, ausencia de grupos control y definiciones operativas variables de la TBCS.

Décadas después, las revisiones sistemáticas y meta-análisis actualizados —entre ellos el trabajo de Franklin, Trepper, Gingerich y Kim recogido en los manuales colectivos publicados por Oxford University Press (Gingerich, Kim, Stams y Macdonald, 2011)— confirman la fotografía general: la TBCS funciona en promedio más adecuada que la no-intervención y comparable a otros enfoques breves en problemas leves a moderados; la evidencia en cuadros severos (trastornos psicóticos agudos, depresión mayor con ideación suicida activa, cuadros bipolares no estabilizados) sigue siendo escasa y no permite extrapolar. El meta-análisis más reciente de Kim y colaboradores, sintetizado en el manual de Oxford, no reporta superioridad de la TBCS sobre enfoques alternativos activos cuando se controlala alianza terapéutica y laexpectativa de mejoría, lo que refuerza la lectura de la TBCS como un protocolo bien entrenado, no como unaintervención superior.

En el terreno de la investigación de proceso, McKeel (2011) revisa qué elementos de la TBCS correlacionan con cambio: el uso de preguntas de futuro preferido, excepciones y escalas aparece asociado con alianza terapéutica más sólida y con percepción de avance por parte de los consultantes. Es un dato modesto pero robusto: la técnica importa, no solo el vínculo.

Sobre efectos diferenciales entre preguntas centradas en solución y preguntas centradas en problema, Neipp, Beyebach, Núñez y Martínez-González (2015) replican hallazgos previos mostrando que las primeras elicitan más soluciones verbalizadas por el consultante que las segundas. Es un dato de laboratorio, no de outcome clínico, pero sugiere que el formato de la pregunta no es neutro.

Una observación adicional, menos citada en la literatura pero muy relevante en la práctica: la TBCS ha mostrado mayortransferencia a contextos institucionales (escuelas, centros de salud comunitaria, dispositivos de protección) que a consultorios privados de psicoterapia individual. Esto no se debe a que el modelo “no sirva” para clínica individual; se debe a que la pregunta delmilagro y las preguntas de excepciones son relativamente fáciles de entrenar para profesionales no psicoterapeutas (trabajadores sociales, enfermeras, docentes, orientadores), lo que ha permitido acumularevidencia en esos contextos donde la TCC o las terapias psicodinámicas tienen menos acceso. Franklin, Trepper y colaboradores han discutido esta difusión en manuales como los recogidos por Oxford University Press.

Sobre integración con otros modelos, Beyebach (1999) y Beyebach (2009) han propuesto mapas para articular la TBCS con intervenciones estratégicas y narrativas, con la advertencia de que las integraciones deben respetar la lógica del modelo integrador, no simplemente sumar técnicas.

Componente de la TBCS Respaldo de evidencia Contexto donde resulta más adecuado Límite conocido
Pregunta del milagro Descriptivo + proceso (McKeel, 2011) Primera- segunda sesión, metas operativas Crisis, psicosis aguda
Excepciones Descriptivo + proceso Detección de recursos presentes Consultantes con muy pocas excepciones accesibles
Escalas (1-10) Descriptivo + proceso (Gingerich y Eisengart, 2000) Monitoreo entre sesiones, ajuste de metas Si se usan como “técnica de cierre” sin diálogo posterior
Tareas prescritas Proceso Conectardetalles del milagro con conducta presente Tareas genéricas (“piense positivo”) no funcionan
Sesiones con equipo detrás del espejo Descriptivo (Macdonald, 2016) Formación, casos complejos No es replicable en muchos contextos clínicos

Errores frecuentes y escenas típicas

Aquí están los tres errores que veo con más frecuencia cuando superviso clínicos en formación, y que también aparecen documentados en la literatura de proceso. Añado una cuarta escena típica —el consultante que no “ve” nada— porque en supervisión aparece más a menudo que los tres primeros juntos.

Usarla como truco de oratoria. El clínico lee la pregunta, espera la respuesta y sigue adelante. Lo que se pierde es la función técnica: elicitar descripciones detalladas del futuro preferido para construir metas. Si no hay conversación posterior sobre los detalles que emergen, la pregunta es decorativa. Cotton (2014) documenta, con análisis conversacional, que el uso experto de la pregunta implica cadenas de micro-preguntas que profundizan en lo dicho, no una sola emisión aislada.

Saltarse el encuadre terapéutico previo. La pregunta del milagro funciona si ya se construyó un mínimo de alliance y si el consultante comprende qué se le pregunta y por qué. Llegar a la sesión tres y disparar la pregunta antes de que el consultante haya podido explicarse produce respuestas estereotipadas, confundidas o defensivas. La técnica no reemplaza la escucha.

Presionar el milagro. Forzar al consultante a “comprometerse” con el escenario futuro o a “sentirlo más intensamente” convierte una pregunta hipotética en una exigencia emocional. El condicional irreal de la pregunta es, justamente, lo que la hace protegida: no se le pide creer en el milagro, solo imaginarlo. Presionar ahí rompe el encuadre.

Un cuarto error, más sutil, es confundir la pregunta con una sesión resolutiva por sí sola. Ninguna técnica del modelo TBCS está diseñada para eso, y la evidencia no respalda la idea de “una sesión y listo”. Las preguntas elicitan material; las tareas y las sesiones siguientes hacen el trabajo.

Y la escena típica que más a menudo llega a supervisión: el consultante, después de la pregunta del milagro, dice “no veo nada”, “no me sale” o se queda en silencio más de un minuto. Antes de interpretar eso como resistencia, conviene descartar tres cosas: que la pregunta no se haya entendido (especialmente cuando la metáfora del milagro no resuena); que el consultante tenga poca esperanza basal y la pregunta le resulte dolorosa por el contraste con su futuro percibido; y que haya factores atencionales (fatiga, hambre, ruido, dolor físico) interferiendo. Un clínico que ignora esas variables termina atribuyendo a “resistencia” lo que es biología básica. La respuesta útil, según el caso, es reformular el encuadre temporal sin abandonar la estructura, volver a las excepciones, o revisar las condiciones de la sesión.

El silencio después de la pregunta del milagro no es necesariamente un dato clínico sobre el consultante. Es, con frecuencia, un dato sobre el contexto en que se formuló la pregunta: encuadre, alianza previa, hora de la sesión, nivel de fatiga. Antes de concluir, conviene revisar el escenario, no al consultante.

Cómo se trabaja en sesión (secuencia, no protocolo rígido)

Una secuencia típica en la que la pregunta del milagro cumple su función incluye, como mínimo, cinco pasos.

Primero, encuadre breve: explicar al consultante que se le va a hacer una pregunta que parece rara pero que tiene una función concreta. Segundo, formulación de la pregunta con los tres componentes (tiempo, condicional, instrucción perceptual). Tercero, silencio sostenido: dejar al consultante al menos quince segundos para que la imaginería se active. Cuarto, micro-preguntas de profundización sobre los detalles elicitados: ¿qué sería lo primero que notaría? ¿qué haría usted diferente? ¿quién más lo notaría? ¿qué le diría su pareja o su hijo? Quinto, traducción a meta operativa y, cuando procede, a una tarea entre sesiones que conecte un detalle del milagro con una conducta presente.

Si haces esto en treinta minutos de sesión inicial, te queda poco margen para el resto. Por eso la pregunta delmilagro funciona como dispositivo de segunda o tercera sesión, cuando ya tienes un mapa mínimo de la queja y el consultante ya te dijo, con sus palabras, qué le pasa y qué ha intentado. Antes de eso, la pregunta suena abstracta.

Una observación práctica adicional: la pregunta delmilagro suele rendir más cuando se formula en voz alta, con ritmo pausado, y cuando el clínico puede señalar que no hay respuestas correctas o incorrectas. El tono importa. Una pregunta formulada con prisa, mientras se anota algo en la historia clínica, pierde su cualidad elicitadora. Cotton (2014) documenta, con análisis conversacional fino, cómo la prosodia y la cadencia del clínico influyen en la calidad de la respuesta del consultante. Esto no es coaching de oratoria: es la parte artesanal de la técnica, que ningún manual puede entrenar del todo.

Límites y contraindicaciones

Ningún instrumento clínico funciona en cada contexto, y esta pregunta no es la excepción.

Crisis aguda y riesgo suicida. Cuando hay ideación suicida activa, agitación severa o consumo reciente de sustancias, la prioridad es la estabilización y el manejo de riesgo, no la elicitación de futurospreferidos. La pregunta del milagro, en ese contexto, no solo es inoportuna: puede vivirse como una banalización del sufrimiento.

Psicosis aguda sin estabilización. En episodios psicóticos activos, el trabajo sobre lacondicional irreal puede ser desorientador o generar confusión adicional. Una vez estabilizado el cuadro, la pregunta puede reintegrarse como técnica de trabajo sobre metas.

Cuadros internalizados severos con baja excepción accesible. En depresiones moderadas a severas, en duelos complicados, en trauma complejo sin procesamiento previo, el consultante puede tener dificultades para imaginar el milagro. Esto no es un fracaso; es información clínica. La intervención útil en estos casos es, primero, restablecer excepciones mínimas o trabajar alianza antes de avanzar.

Contexto cultural y lingüístico. La metáfora del “milagro” no resuena igual en cada contexto. En poblaciones con marcos religiosos específicos, conviene revisar el lenguaje. En poblaciones con marcos seculares o racionalistas, la palabra puede sonar vacía o manipuladora. La adaptación no es traicionar la técnica; es respetar la función. Una reformulación habitual en contextos laicos es sustituir “milagro” por “solución mágica” o por “cambio sin aviso”, manteniendo intacta la estructura de tres componentes.

Preguntas frecuentes

¿La pregunta del milagro sirve para cada motivo de consulta?

No. Funciona más adecuada con motivos donde es viable imaginar un futuro distinto y construir metas operativas: problemas vinculares, dificultades de sueño, conflictos laborales, problemas conductuales. Funciona menos adecuada en motivos donde la prioridad clínica es estabilización o donde el futuro preferido es difícil de elicitar.

¿En cuántas sesiones se nota el efecto?

No hay un número fijo. La evidencia reporta efectos promedio en pocos encuentros (3 a 5 sesiones es típico en contextos de TBCS pura), pero la variabilidad individual es alta y depende del motivo de consulta y de la alianza.

¿Es verdad que la inventó Steve de Shazer?

La formulación canónica se atribuye al equipo del Brief Family Therapy Center de Milwaukee, con Steve de Shazer e Insoo Kim Berg como figuras más visibles. Macdonald (2016) recoge testimonios de primera mano sobre el proceso de refinamiento.

¿La puedo usar combinada con TCC o con terapia sistémica?

Sí. Las integraciones están documentadas (Beyebach, 1999, 2009), pero requieren respetar la lógica de ambos modelos. Mezclar técnicas sin articulación produce ruido clínico.

¿Funciona con adolescentes y niños?

Con adaptaciones. Las versiones con dibujos, cuentos o escenarios escolares son habituales. La estructura de tres componentes se conserva, pero la formulación se ajusta al registro del consultante.

¿Cuál es la diferencia entre la pregunta del milagro y las preguntas de futuro en TCC?

La TCC usa preguntas de futuro para activar probabilidad y planificar conducta. La pregunta del milagro es una condicional irreal diseñada para elicitar detalles perceptuales y construir metas. Comparten territorio pero tienen funciones técnicas distintas.

Referencias

  • de Shazer, S. (1985). Keys to solution in brief therapy. W. W. Norton.
  • de Shazer, S. (1988). Clues: Investigating solutions in brief therapy. W. W. Norton.
  • de Shazer, S. (1991). Putting solution work to work. W. W. Norton.
  • de Shazer, S. (1994). Words were originally magic. W. W. Norton.
  • de Shazer, S., Berg, I. K., Lipchik, E., Nunnally, E., Molnar, A., Gingerich, W., & Weiner-Davis, M. (1986). Brief therapy: Focused solution development. Family Process, 25(2), 207-221.
  • de Shazer, S., & Dolan, Y. (2021). The miracle question. In More than miracles: The state of the art of solution-focused brief therapy (2nd ed.). Routledge. 10.4324/9781003125600-3
  • Beyebach, M. (1999). Some thoughts on integration in solution-focused therapy. Journal of Systemic Therapies, 18(1), 24-42. 10.1521/jsyt.1999.18.1.24
  • Beyebach, M. (2009). Integrative brief solution-focused family therapy: A provisional roadmap. Journal of Systemic Therapies, 28(3), 18-35. 10.1521/jsyt.2009.28.3.18
  • Cotton, J. (2014). Question utilization in solution-focused brief therapy: A recursive frame analysis of Insoo Kim Berg’s solution talk. The Qualitative Report, 19(31), 1-26. 10.46743/2160-3715/2010.1138
  • Gingerich, W. J., & Eisengart, S. (2000). Solution-focused brief therapy: A review of the outcome research. Family Process, 39(4), 477-498. 10.1111/j.1545-5300.2000.39408.x
  • Gingerich, W. J., Kim, J. S., Stams, G. J. J. M., & Macdonald, A. J. (2011). Solution-focused brief therapy outcome research. In Handbook of solution-focused brief therapy (pp. 459-483). Oxford University Press. 10.1093/acprof:oso/9780195385724.003.0043
  • Macdonald, A. J. (2016). Encounters with Steve de Shazer and Insoo Kim Berg: Inside stories of solution-focused brief therapy. Journal of Solution Focused Practices, 4(1). 10.59874/001c.75118
  • McKeel, J. (2011). What works in solution-focused brief therapy: A review of change process research. In Handbook of solution-focused brief therapy (pp. 415-433). Oxford University Press. 10.1093/acprof:oso/9780195385724.003.0059
  • Neipp, M.-C., Beyebach, M., Núñez, R. M., & Martínez-González, M.-C. (2015). The effect of solution-focused versus problem-focused questions: A replication. Journal of Marital and Family Therapy, 42(3), 525-535. 10.1111/jmft.12140

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