Skip to content

El inconsciente en Freud vs. el inconsciente colectivo de Jung

Lo que se repite y lo que cambia: dos inconscientes para dos clínicas

Te voy a contar una escena que pasa seguido en la sala. Una paciente llega diciendo: “no sé por qué me angustio cuando todo está bien”. El clínico Freud lee esa frase como un acertijo de historia personal: algo del pasado quedó fuera del relato consciente y pugna por volver. El clínico Jung lee la misma frase como un síntoma del sistema: la consciencia se cerró, el resto de la psique salió a compensar, y lo que se presenta como angustia es un mensaje del fondo.

Los dos escuchan lo mismo y oyen distinto. Y la diferencia no es decorativa —define qué pregunta clínica se abre, qué técnica se pone en juego y qué clase de cambio se espera. En este artículo vamos a poner frente a frente los dos constructos de inconsciente que fundaron la psicología profunda: el inconsciente personal reprimido de Freud y el inconsciente colectivo de Jung, con la ruptura de 1913 como escena decisiva, no como chisme biográfico. La meta es que salgas con una distinción operativa: cuándo conviene hablar como freudiano, cuándo como junguiano, y por qué no son sinónimos.

Por qué esta distinción importa en consulta (y en examen)

En la carrera de psicología LATAM estas dos palabras —”inconsciente”—conviven en la misma clase, en el mismo manual y a veces en la misma sesión clínica. El problema es que se usan como si dijeran lo mismo. Si confunde los marcos, confunde la técnica. Si confunde la técnica, confunde qué le vas a ofrecer a alguien que se sienta frente a ti con un síntoma que no entiende.

Lo que sigue es el contraste operativo: qué cuenta como contenido inconsciente en cada modelo, qué fuerza lo mueve, qué lo trae al presente y qué se hace con eso. Después miramos la ruptura de 1913 no como “se pelearon”, sino como el momento en que el campo se partió en dos preguntas clínicas distintas. Y cerramos con qué pieza conservar de cada lado si hoy, en un consultorio real, tienes que decidir cómo escuchar.

Freud: el inconsciente como archivo personal reprimido

Para Freud el inconsciente nace como una hipótesis de trabajo, no como una metáfora. En Papers on metapsychology (1915), especialmente en el capítulo IV “Topografía y dinámica de la represión”, lo define como un sistema donde residen representaciones investidas con energía que fueron rechazadas de la consciencia por resultar displacenteras [10.1037/e417472005-346]. El primer capítulo de ese mismo trabajo, “Justificación del concepto de lo inconsciente”, es donde Freud planta la bandera epistemológica: hay procesos mentales que no son conscientes y, sin embargo, son psíquicos —y se pueden inferir por sus efectos [10.1037/e417472005-343].

La operación clave se llama represión. Es el mecanismo que empuja fuera de la consciencia un contenido (un deseo, una fantasía, una huella) porque su satisfacción o su mera consciencia generaría displacer. Lo reprimido no desaparece: queda ahí, cargado, intentando volver. Lo que el paciente vive como síntoma —un lapsus, un sueño, un acto fallido, una angustia sin causa aparente— es el retorno de lo reprimido: la irrupción disfrazada de un contenido que el yo no admite.

Lo que cuenta como inconsciente en Freud

  • Contenidos personales: pulsiones, recuerdos, fantasías del sujeto; huellas de la sexualidad infantil y de las primeras relaciones de objeto.
  • Energía: libidinal y agresiva, distribuida por el aparato psíquico en términos de investimento.
  • Mecanismo: represión primaria (rechazo inicial) y represión secundaria (retorno disfrazado bajo síntoma, sublimación, formaciones reactivas). El retorno de lo reprimido se presenta bajo formaciones de compromiso que disfrazan el contenido original.
  • Función: el inconsciente freudiano es el motor del conflicto intrapsíquico. El yo pelea contra el ello; el superyo vigila. En la clínica, ese conflicto se ve con frecuencia: síntoma, defensa, deseo escondido.

Cómo se accede a él

Por la palabra. El método es la asociación libre con la atención flotante del analista, y por el análisis del sueño (la vía regia hacia el inconsciente). La transferencia es el otro gran laboratorio: lo reprimido vuelve puesto en la persona del analista.

Reprimir mantiene fuera de la consciencia algo que se sostiene con carga. Olvidar no alcanza para describirlo. Por eso el inconsciente freudiano tiene dueño, fecha y biografía. Lo que está ahí afuera es tuyo y de ningún otro.

En la clínica esto se traduce en una pregunta concreta: ¿qué de tu propia historia tuviste que sacarte de encima para poder funcionar? El trabajo es levantar la represora, no expandir el sistema.

Jung: el inconsciente como matriz compartida

Jung llega al inconsciente desde otro problema. No le cierra la pregunta de la represión como explicación última del síntoma. En The Archetypes and the Collective Unconscious (volumen 9i de sus Collected Works) propone algo distinto: además de un inconsciente personal, hay un estrato más profundo, colectivo, que no se adquiere en la historia individual sino que se hereda como estructura [10.4324/9781315725642]. En el capítulo “The Concept of the Collective Unconscious” precisa que ese estrato no es un depósito de recuerdos sino un a priori de la psique: disposiciones funcionales que permiten producir imágenes análogas en tiempos y lugares distintos .

El nombre técnico de esas disposiciones es arquetipo. No son “ideas” en el sentido intelectual; son formas formales que se llenan con contenidos culturales variables. La madre, el padre, el niño, la muerte, el héroe, la sombra, el viejo sabio —no son personas de tu infancia, son patrones con los que tu psique se organiza cuando se encuentra con ciertos problemas humanos.

Lo que cuenta como inconsciente en Jung

  • Contenidos colectivos: patrones formales (arquetipos), no recuerdos del sujeto.
  • Energía: libido en sentido amplio junguiano (energía psíquica general, no solo sexual), distribuida por el principio de compensación (lo inconsciente compensa los desbalances de la consciencia).
  • Mecanismo: en Jung la fuerza central no es la represión sino la compensación. Cuando la consciencia se vuelve unilateral, lo inconsciente produce un contrapeso. Sueños, sincronicidades, síntomas, actos creativos: cada uno cumple una función reguladora.
  • Función: el inconsciente junguiano tiende al equilibrio dinámico y, en su estrato más profundo, a lo que Jung llama sí-mismo (Self): un centro regulador que integra consciente e inconsciente.

Cómo se accede a él

Por amplificación, no por asociación libre. El analista toma el símbolo del sueño o del relato y lo conecta con mitos, cuentos, tradiciones culturales —le suma contexto hasta que el símbolo empieza a resonar con su patrón arquetípico. También se trabaja con la imaginación activa: dejar que el símbolo se desarrolle, dialogue, dé respuestas. Y por la elaboración del complejo: un nudo emocional con núcleo arquetípico (por ejemplo, el complejo maternal o el complejo paternal) que se explora como entidad con dinámica propia dentro del sistema psíquico.

Lo reprimido freudiano tiene autor y fecha. El arquetipo junguiano, no. Es por eso que ciertos sueños no se terminan de explicar con la biografía del paciente: apuntan a un patrón que no inventó él.

Tabla operativa: mismo nombre, dos lógicas

Eje Freud: inconsciente personal Jung: inconsciente colectivo
Origen del contenido Historia individual (sexualidad infantil, conflictos tempranos) Estructura heredada de la psique humana
Mecanismo central Represión (primaria y secundaria) Compensación (lo inconsciente equilibra la consciencia)
Energía Libido sexual y agresión Libido en sentido amplio (energía psíquica general)
  • Forma típica del contenido | Representaciones, fantasías, huellas, síntomas | Arquetipos: formas formales que se llenan de imágenes |
Método clínico Asociación libre, atención flotante, análisis del sueño Amplificación simbólica, imaginación activa, diálogo con el sueño
Pregunta clínica de fondo ¿Qué tuviste que sacarte de encima? ¿Qué parte de tu sistema quedó fuera de tu mirada?
Relación con la cultura Reto individual contra la cultura Puente entre sujeto y tradición cultural

La tabla no jerarquiza: muestra que los dos modelos están optimizados para cosas distintas. Si lo que ves en sesión tiene forma de conflicto personal con raíz biográfica clara, la lectura freudiana te orienta con más precisión. Si lo que ves tiene forma de símbolo repetitivo que no se cierra con la historia del paciente, la lectura junguiana abre más camino.

La ruptura de 1913: una escisión clínica, no solo una pelea

Jung fue el heredero elegido de Freud. Le sucedió como presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional. La ruptura de 1913 —con el retiro de Jung, la renuncia a la presidencia, la correspondencia Freud-Jung publicada después— no fue un berrinche: fue la primera vez que alguien con peso institucional dijo en voz alta que el modelo pulsional-sexual no cubría todo lo que veía en sesión.

Lo que Jung objetó no fue la existencia del inconsciente; fue la reducción. Para Jung, hacer del inconsciente un almacén de lo sexual reprimido dejaba sin explicar: los mitos, los símbolos religiosos, los sueños que no remitían a la infancia del paciente, los momentos creativos que parecían llegar “de afuera”. Si el inconsciente solo guarda lo que el sujeto rechazó, ¿cómo se explica que el sujeto sueñe con imágenes que no había imaginado? Y ahí aparece la hipótesis del inconsciente colectivo: hay material simbólico que precede y excede la biografía del soñante.

La Freud-Jung Letters (cartas 100F, 113J y siguientes) muestran el punto exacto del desacuerdo: Freud insistía en la libido sexual como energía privilegiada; Jung proponía un concepto más extenso de energía psíquica y, con él, una función trascendente de lo inconsciente respecto del yo. La carta de Freud del 2 de noviembre de 1911 ya advertía: “Me parece que usted ha robado mi libido”. Jung respondió que estaba ampliando la libido, no robándola. Esa diferencia teórica pequeña en el papel abre una divergencia clínica enorme cuando se baja a la sesión: cambia qué se le pregunta al paciente, qué se hace con un sueño, cómo se lee una transferencia.

La ruptura no fue una desavenencia personal: fue el momento en que el campo reconoció que el inconsciente freudiano no agotaba el inconsciente. Ahí nació la posibilidad de un inconsciente colectivo como constructo teórico serio, con método clínico propio y, sobre todo, con preguntas que Freud dejaba sin responder.

Qué hace cada clínico cuando aparece el mismo síntoma

Volvamos a la paciente de la apertura: “no me angustia algo, me angustia sin causa”. Veamos las dos lecturas.

Lectura freudiana

Lo que parece “sin causa” tiene causa, solo que está fuera de la consciencia. El clínico busca: ¿qué conflicto quedó reprimido? ¿Qué deseo se rechazó? La angustia es señal de un conflicto intrapsíquico que el yo no admite. El trabajo es hacer consciente lo inconsciente: levantar la represora, traer el recuerdo a la sesión, resignificar la huella. Si aparece un sueño, se asocia libre: cada elemento se conecta con algo de la biografía del paciente hasta dar con la fantasía reprimida que organiza el síntoma.

Lectura junguiana

La angustia no necesita causa biográfica para existir. Es un mensaje del sistema: la consciencia se hizo unilateral (por ejemplo, “yo tengo que rendir, ser útil, no fallar”) y la psique empuja el contrapeso. El clínico busca: ¿qué está compensando la angustia? ¿A qué sombra, a qué función devaluada, apunta? El sueño, en Jung, no se asocia libre; se amplifica. Se le suma contexto cultural hasta que el símbolo empieza a hablar desde su patrón arquetípico. Si el sueño muestra una figura de madre devoradora, no hace falta que la madre del paciente sea devoradora: ese arquetipo puede activarse por la dinámica actual del sujeto.

Los dos clínicos pueden atender a la misma paciente con la misma angustia. Ninguno de los dos está “equivocado”. La diferencia es qué le preguntan al material.

Comparación crítica: por qué uno solo no alcanza

Hay tres puntos donde la comparación deja de ser simétrica y se vuelve útil.

Punto 1: la prueba del inconsciente

Una crítica filosófica contemporánea del inconsciente freudiano aparece en Wakefield (2018), que cuestiona si la definición freudiana de “inconsciente” como “mental pero no consciente” realmente explica algo distinto del inconsciente pre-freudiano [10.1007/978-3-319-96343-3_3]. El argumento es serio: Freud habría juntado tres cosas distintas —lo no consciente por falta de atención, lo reprimido dinámicamente, y lo mental inconsciente por estructura cerebral— bajo un solo término. Si Wakefield tiene razón en su crítica, el inconsciente freudiano se vuelve una categoría más confusa de lo que aparenta. Si Wakefield exagera, el punto sigue siendo útil: la herencia freudiana pide ser limpiada cuando se la usa, sobre todo en supervisión clínica cuando un residente nombra “inconsciente” sin precisar qué tipo de proceso está nombrando. La precisión conceptual no es un lujo académico: define qué se interviene.

Punto 2: el problema de la cultura

Shaw (2020) mira el contraste Freud–Jung desde el ángulo clínico directo: ambos son clínicos, los dos escuchan síntomas, pero el modo en que se “someten” a lo inconsciente es distinto. Freud escucha como detective de la biografía; Jung escucha como participante del proceso simbólico [10.4324/9781003047643-6]. Esa diferencia es operativa: Freud trata la transferencia como repetición disfrazada de una pulsión; Jung la trata como aparición de un complejo autónomo con su propia dinámica arquetípica. Para Shaw, los dos clínicos terminan entregándose al inconsciente, pero entregan dimensiones distintas de sí mismos: uno la vigilia racional, el otro la imaginación participante. La consecuencia clínica es enorme: cambia qué se interpreta, qué se sostiene y qué se devuelve al paciente.

Punto 3: la dimensión colectiva

Lo colectivo en Jung es una hipótesis para explicar regularidades culturales que el modelo pulsional individual no cierra. Burston (2021) desarrolla la dimensión histórica del inconsciente colectivo y sus riesgos: cómo Jung, después de 1933, intentó un diálogo con el nazismo desde sus propios conceptos —y cómo ese diálogo se volvió insostenible [10.4324/9780367854317-4]. Incluir esa historia no es para cancelar a Jung, sino para recordar que la dimensión colectiva del inconsciente, si se politiza sin cuidado, habilita discursos peligrosos. Es una advertencia vigente.

Tabla de criterios: ¿cuándo usar cada lente?

Situación clínica Lente más útil Por qué
Síntoma con raíz biográfica clara (fobia, trauma temprano, conflicto con figura parental específica) Freud La represión individual explica bien; la amplificación simbólica sobra
Sueño o síntoma que no se cierra con la historia del paciente Jung Apunta a patrón arquetípico o complejo autónomo
Paciente con formaciones reactivas muy rígidas (moralismo, escrupulosidad) Freud Las formaciones reactivas son clásicos de la represión secundaria
Paciente en crisis de sentido, en “mitad de la vida”, con vacío existencial Jung La individuación y el sí-mismo son herramientas precisas aquí
Caso con transferencias masivas que bloquean la alianza terapéutica Freud (transferencia como repetición) Análisis de la transferencia pulsional
Caso con imaginario rico, creatividad, sueños mitológicos Jung La amplificación rinde más que la asociación libre

Ninguna de las dos lentes es “más verdadera”. Son herramientas optimizadas para distintos tipos de problema clínico. El clínico maduro las alterna según lo que aparece, no según la escuela a la que pertenezca.

Qué llevar y qué dejar de cada lado

De Freud, llevar

  • La pregunta por la represión personal. Sigue siendo una de las herramientas más útiles para pensar por qué alguien no puede querer, gozar, recordar o decidir.
  • La transferencia como laboratorio. El vínculo con el analista es el lugar donde lo inconsciente se muestra.
  • El sueño como vía regia. La función del sueño como cumplimiento disfrazado de deseo (o como formación de compromiso) sigue viva, aunque la neurología del sueño hoy la matice.
  • El principio de conflicto intrapsíquico. No todo sufrimiento es químico, social o sistémico; a veces es un pulso interno peleando contra el yo.

De Jung, llevar

  • La pregunta por la compensación. Cuando algo del sistema queda fuera de la consciencia, lo inconsciente lo empuja de vuelta. Esa intuición es operativa y útil.
  • El símbolo como portador de patrón. No todo es reducible a biografía; algunos materiales apuntan a formas que la cultura codifica hace milenios.
  • La función trascendente. La idea de que el síntoma puede ser una oportunidad de integración, no solo un obstáculo a remover.
  • El cuidado por la dimensión colectiva. Si el paciente cree, pertenece, canta o reza, eso también es psique. Reducirlo a “irracional” o a “superstición” empobrece la clínica.

Dejar en el camino

  • La sexualidad infantil como eje vertebrador del síntoma (Freud puro, sin matices) deja afuera demasiado material simbólico y cultural.
  • La espiritualización del inconsciente colectivo sin método (Jung mal leído como gurú) convierte la sesión en una clase de filosofía new age.
  • La idea de que uno de los dos marcos está superado. Ninguno lo está. Lo que cambió es el vocabulario de la evidencia: hoy se evalúan con RCT, neuroimagen y estudios de proceso. Eso no invalida los constructos; los pone a trabajar con vara más fina.

Marca de voz: lo que esto cambia en una sesión real

Si tienes que decidir hoy frente a alguien que se sienta delante tuyo con un síntoma que no cierra con su biografía, te propongo esta secuencia, que mezcla las dos lentes:

  1. Preguntá por la historia personal primero. ¿Cuándo apareció esto? ¿Quién más estaba? ¿Qué estaba prohibido en esa casa? Esto es Freud operativo. Si el síntoma tiene fecha y parientes, lo más probable es que esté del lado de la represión.
  2. Preguntá por el patrón. Si el paciente te cuenta el sueño y tú escuchas la quinta versión del mismo sueño a lo largo de un mes, no insistas con asociación libre. Amplificá. Preguntá: ¿qué figura del mito o de la literatura se parece a esto? Esto es Jung operativo.
  3. Preguntá por la compensación. ¿Qué parte de su vida está siendo ignorada en este momento? ¿Qué función devaluó? Lo inconsciente, en Jung, no esconde; regula.
  4. Preguntá por el sí-mismo. Si el paciente atraviesa un momento de “crisis de mitad de vida”, de búsqueda de sentido, de quiebre de su relato previo —no lo patologices como depresión sin más. Preguntá qué individuación está en juego.

Ninguno de los dos marcos por separado hace todo ese trabajo. Los dos juntos, bien usados, sí.

Lo que NO te lleva esta distinción (anti-caníbal)

No salgas de acá pensando que “el inconsciente freudiano aplica a las neurosis y el junguiano a las psicosis”. Esa caricatura la escuché en clase y la rechazo: no hay evidencia firme que mapee síntoma a escuela con esa precisión. Tampoco te vayas pensando que “Jung es más espiritual y Freud más científico”. Ambos eran médicos formados en la Viena de fin de siglo; ambos escribían con rigor; ambos polemizaron con colegas. La espiritualidad en Jung aparece como observación clínica sobre el dato cultural, no como apuesta teológica.

Y no te vayas pensando que esta pieza te resolvió el problema clínico del inconsciente. Lo que hiciste fue conseguir un mapa con dos rutas. Recorrerlo requiere leer los textos que ya viven en esta casa: la historia del psicoanálisis y sus escuelas para entender el contexto que Freud y Jung compartían; los arquetipos de Jung para trabajar el catálogo junguiano una por una; el apunte de psicoanálisis escuela para llevar la teoría al formato de parcial; las etapas psicosexuales de Freud para entender la raíz pulsional que se reprime; y la lectura de Lacan sobre el yo para ver cómo se hereda y se reformula esta discusión hacia mediados del siglo XX.

Resumen operativo en una línea

Freud: el inconsciente guarda lo que tuviste que sacarte de encima. Jung: el inconsciente te muestra lo que te falta ver. Los dos clínicos están escuchando al mismo sujeto. Lo que cambia es la pregunta.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la diferencia más decisiva entre el inconsciente freudiano y el inconsciente colectivo junguiano?

El inconsciente freudiano es personal: contiene contenidos reprimidos de la historia individual del sujeto (pulsiones, recuerdos, fantasías sexuales tempranas), y se accede por la asociación libre y el análisis del sueño. El inconsciente colectivo junguiano es compartido: no se adquiere, se hereda como estructura formal (arquetipos), y se trabaja por amplificación simbólica e imaginación activa. Freud pregunta “¿qué tuviste que sacarte de encima?”; Jung pregunta “¿qué parte de tu sistema quedó fuera de tu mirada?”.

¿Por qué Freud y Jung se separaron en 1913?

No fue una pelea personal sino una divergencia teórica con consecuencias clínicas. Jung objetó la reducción de la libido a lo sexual y propuso un concepto más amplio de energía psíquica, además de la idea de un estrato colectivo del inconsciente. Freud respondió que Jung le había “robado” la libido. La separación se formalizó con la renuncia de Jung a la presidencia de la Asociación Psicoanalítica Internacional en 1913. Desde entonces, los dos modelos clínicos se desarrollaron por carriles distintos y hoy siguen siendo alternativas teóricas vigentes.

¿Se puede integrar a Freud y a Jung en la clínica?

Sí, y muchos clínicos lo hacen. Una integración operativa usa la lente freudiana para trabajar síntomas con raíz biográfica clara (transferencia, formaciones reactivas, conflictos tempranos) y la lente junguiana para síntomas que no se cierran con la biografía del paciente (sueños mitológicos, crisis de sentido, complejos autónomos). La integración exige criterio: no se mezclan los marcos por entusiasmo teórico sino porque el material clínico lo pide.

¿Qué son los arquetipos en Jung y cómo se diferencian de un recuerdo reprimido?

Un arquetipo en Jung es una forma formal del inconsciente colectivo, no un recuerdo del sujeto. La madre, el padre, el niño, la sombra, el héroe son patrones con los que la psique se organiza cuando se encuentra con ciertos problemas humanos. Un recuerdo reprimido, en Freud, es una huella biográfica del sujeto que fue expulsada de la consciencia. El primero se activa por situaciones; el segundo, por conflictos. Los dos producen síntomas, pero las técnicas para trabajarlos son distintas: amplificación simbólica para arquetipos, asociación libre para recuerdos.

¿El inconsciente colectivo es lo mismo que la cultura?

No. La cultura es el conjunto de contenidos variables con los que se llena una forma arquetípica. La madre arquetípica aparece en la Virgen María, en Isis, en Coatlicue, en la Pachamama —el patrón es el mismo, los contenidos culturales cambian. Decir “el inconsciente colectivo es la cultura” confunde la forma con el contenido. Jung no estaba reduciendo la cultura al inconsciente: estaba mostrando que hay patrones formales por debajo de la diversidad cultural.

¿Qué método clínico conviene para trabajar el inconsciente?

Depende del marco. Para el inconsciente freudiano: asociación libre con atención flotante del analista, análisis de sueños (vía regia) y trabajo sobre la transferencia como repetición disfrazada. Para el inconsciente junguiano: amplificación simbólica (sumar contexto cultural al símbolo hasta que resuene con su patrón), imaginación activa (dejar que el símbolo se desarrolle y dialogue) y trabajo sobre los complejos como nudos de emoción con núcleo arquetípico. Ninguno de los dos métodos es universal; se eligen según el material clínico.

¿Sirve la distinción Freud-Jung para la clínica actual?

Sí, pero como mapa y no como manual. La clínica contemporánea integra evidencia de neurociencia, estudios de proceso y de resultados. Los constructos de inconsciente (personal y colectivo) siguen siendo herramientas útiles para formular casos, diseñar intervenciones y entender por qué un paciente repite patrones. La distinción sirve como mapa: la usas para orientarte, no para imponerla al paciente. La distinción funciona cuando no se la usa como dogma de escuela sino como dos lentes distintas para mirar el mismo sufrimiento humano.

Referencias citadas

  • Freud, S. (1915/1971). Papers on metapsychology. The unconscious. Chapter IV. Topography and dynamics of repression. 10.1037/e417472005-346
  • Freud, S. (1915/1971). Papers on metapsychology. The unconscious. Chapter I. Justification for the concept of the unconscious. 10.1037/e417472005-343
  • Jung, C. G. (2014). The Archetypes and the Collective Unconscious. Collected Works of C. G. Jung, Volume 9, Part 1. Princeton University Press. 10.4324/9781315725642
  • Jung, C. G. (2014). The Concept of the Collective Unconscious. In Collected Works of C. G. Jung, Volume 9, Part 1. Princeton University Press.
  • Wakefield, J. C. (2018). “Unconscious” as “Mental and Not Conscious”: Why Repression, the Dynamic Unconscious, and Psychopathology Are Irrelevant to Freud’s Philosophical Argument. En Philosophical Issues in Psychiatry IV. Springer. 10.1007/978-3-319-96343-3_3
  • Shaw, D. (2020). Freud and Jung: Submission and surrender to the unconscious: Discussion of Monhart. En Encountering the Unconscious. Routledge. 10.4324/9781003047643-6
  • Burston, D. (2021). Jung, Freud and the “Aryan unconscious”. En The Routledge International Handbook of Jungian Film Studies. Routledge. 10.4324/9780367854317-4