
TL;DR
La gestión emocional no consiste en controlar lo que sientes, sino en cambiar la relación con lo que sientes. El modelo de James Gross identifica cinco familias de estrategias que van desde antes de que la emoción nazca hasta después de que se expresa. Algunas —como la reevaluación cognitiva— funcionan. Otras —como la supresión— parecen útiles a corto plazo y cobran factura. Este artículo recorre la evidencia, los instrumentos de medición, las implicaciones clínicas y las trampas más comunes cuando alguien llega a consulta diciendo “no puedo controlar mis emociones”.
Mapa rápido para estudiar o exponer
- Concepto clave: la gestión emocional es el conjunto de procesos que modulan la intensidad, duración y expresión de las emociones.
- Modelo de Gross (1998, 2015): 5 familias de estrategias (selección de situación, modificación de situación, despliegue atencional, cambio cognitivo, modulación de respuesta).
- Reevaluación vs supresión: la reevaluación reduce la carga emocional; la supresión la esconde pero eleva el estrés fisiológico.
- DERS (Gratz & Roemer 2004): escala que mide dificultades en 6 dimensiones (no aceptación, metas, impulso, conciencia, estrategias, claridad).
- Meta-análisis Aldao et al. (2010): la supresión es la estrategia más asociada a psicopatología; la reevaluación es la más protectora.
- Neurociencia: corteza prefrontal dorsal-lateral regula la amígdala durante la reevaluación.
- Terapias: TERC (Terapia de Regulación Emocional), ART (entrenamiento en regulación de afecto), DBT (terapia dialéctico-conductual).
Definición corta para parcial
La gestión emocional —o regulación emocional— es el proceso por el cual una persona influye en qué emociones tiene, cuándo las tiene y cómo las experimenta y expresa. Incluye estrategias automáticas e intencionales, conscientes e inconscientes, que pueden aumentar o disminuir la intensidad, duración o expresión de una respuesta emocional.
Palabras clave: regulación emocional, reevaluación cognitiva, supresión expresiva, DERS, modelo de procesos de Gross, corteza prefrontal, amígdala, inteligencia emocional.
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Este tema tiene una cualidad: se entiende mejor cuando alguien lo explica en voz alta. En este video del canal de RDK recorremos qué es la gestión emocional, cómo se diferencia de la inteligencia emocional y qué estrategias funcionan en la práctica clínica:
| Video | Gestión emocional — RDK PsiqueAcadémica (89:59) |
| Qué encontrarás | Modelo de Gross, DERS, diferencia entre gestión e inteligencia emocional, intervenciones |
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Una paciente de 34 años llega diciendo que “no puede controlar sus emociones”. En la última semana lloró en una reunión de trabajo, estalló con su pareja por algo pequeño y sintió que la angustia la tumbaba. “Sé que no debería sentirme así”, repite. Cuando le preguntas qué hace cuando la angustia aparece, dice: “Trato de no pensar en eso. Me distraigo. A veces funciono como si nada pasara”.
Esa frase —”funciono como si nada pasara”— es la puerta de entrada. No es que le falten emociones. Es que las está gestionando con la estrategia más cara: la supresión. Y la supresión tiene un efecto rebote que la investigación ha documentado durante tres décadas.
La gestión emocional no es un luxo terapéutico. Es uno de los predictores transversales más robustos de bienestar mental y de vulnerabilidad a la psicopatología. Veamos qué dice la evidencia.
¿Qué es la gestión emocional?
La gestión emocional —usada en psicología como sinónimo de regulación emocional— se define como el conjunto de procesos por los cuales las personas influyen en las emociones que tienen, cuándo las tienen y cómo las experimentan y las expresan (Gross, 1998).
La definición es amplia a propósito. Cubre desde elegir no ir a una reunión que sabes que te va a estresar, hasta respirar hondo antes de responder un mensaje, hasta reinterpretar lo que significa un rechazo. Todas esas son formas de regular. La pregunta clínica no es si alguien regula sus emociones —todos lo hacen— sino cómo lo hace y si esas estrategias le están funcionando o cobrando factura.
La gestión emocional no es lo mismo que la inteligencia emocional. La inteligencia emocional incluye la capacidad de identificar, comprender y usar las emociones —un constructo más amplio que abarca percepción, comprensión y gestión. La regulación emocional es el componente operativo: qué haces con lo que sientes, una vez que lo sientes.
Dos grandes caminos: antes o después
James Gross, el investigador que más ha sistematizado este campo, propuso una distinción que se ha vuelto canónica: las estrategias de regulación pueden operar antes de que la emoción se genere (antecedent-focused) o después (response-focused).
- Antes: intervienes en la situación, en la atención o en la interpretación. Todavía no hay emoción plena; estás moldeando lo que va a llegar.
- Después: la emoción ya está. Intervienes en cómo se expresa, sea modificando la respuesta fisiológica o suprimiendo la expresión.
La diferencia no es académica. Las estrategias “de antes” son consistentemente más efectivas y menos costosas que las “de después” (Webb, Miles & Sheeran, 2012).
El modelo de procesos de Gross: cinco familias
El modelo más estudiado de regulación emocional es el modelo de procesos de Gross (1998, ampliado en 2015). Organiza las estrategias en cinco familias según el momento del proceso emocional en que intervienen.
1. Selección de situación
Elegir o evitar situaciones en función de su carga emocional esperada. No ir a la reunión donde sabes que vas a discutir es regulación. Quedarte porque “debes poder manejarlo” también es regulación —solo que más cara.
Un matiz clínico: la evitación funciona a corto plazo pero alimenta la ansiedad a largo plazo. En trastornos de ansiedad, la selección de situación se vuelve evitación patológica. La diferencia entre “cuidarse” y “evitar” no siempre es clara, y ahí es donde el trabajo terapéutico aporta.
2. Modificación de situación
Alterar el entorno para cambiar su impacto emocional. Pedirle a un amigo que vaya contigo a un evento social, poner música mientras trabajas o cerrar notificaciones durante una conversación difícil.
3. Despliegue atencional
Cambiar el foco atencional dentro de una situación. Distraerte, pensar en otra cosa, rumiar (sí, rumiar también es un despliegue atencional —solo que desadaptativo), o buscar información que confirme o disconfirme lo que sientes.
La rumiación —darle vueltas a lo mismo sin llegar a resolución— es la versión patológica de esta familia. Y es uno de los predictores más fuertes de depresión.
4. Cambio cognitivo
Modificar cómo evalúas la situación para cambiar lo que sientes. Aquí entran dos estrategias estrella de la psicología contemporánea:
- Reevaluación cognitiva: reinterpretar el significado de un evento. “No me está atacando, está estresado” o “esto no es un rechazo, es una preferencia”. Es la estrategia más estudiada y con mejor perfil costo-beneficio.
- Distancia psicológica: imaginarte la situación desde fuera, como si la vieras en tercera persona.
“No es la situación lo que te hace sufrir, sino cómo la interpretas.” Epicteto lo dijo hace dos mil años. Gross le puso diseño experimental y 30 años de datos.
5. Modulación de respuesta
Intervenir directamente en la respuesta emocional ya generada. Aquí entra la respiración diafragmática, el ejercicio físico, ciertos fármacos —y la estrategia más estudiada y más costosa: la supresión expresiva.
Suprimir consiste en inhibir la expresión visible de la emoción. Seguir funcionando como si nada pasara. Funciona socialmente —los demás no te ven mal— pero internamente eleva la activación del sistema nervioso simpático y, paradójicamente, puede intensificar la experiencia emocional que intentabas ocultar (Gross, 1998).
La supresión no elimina la emoción. La empuja bajo la superficie, donde sigue operando —pero ahora sin la información que da la expresión. Cuando un paciente me dice “ya lo superé”, suelo preguntar: ¿lo superaste o dejaste de mostrarlo? La respuesta a esa pregunta cambia el rumbo de la terapia.
¿Qué pasa en el cerebro? Neurociencia de la regulación emocional
La regulación emocional tiene un sustrato neural bien mapeado. El circuito central involucra la interacción entre la corteza prefrontal dorsolateral (dlPFC) y la amígdala.
Cuando haces una reevaluación cognitiva —cuando reinterpretas una situación para cambiar lo que sientes—, la dlPFC se activa y modula la respuesta de la amígdala. Es literalmente tu corteza racional frenando tu cerebro emocional. La fuerza de esa conexión prefrontal-amígdala predice qué tan bueno eres regulando (Ochsner & Gross, en Gross, 2015).
La supresión, en cambio, no activa la dlPFC de la misma manera. Parece operar por inhibición directa de la expresión motora, sin reducir la activación amigdalina. Por eso la supresión “se siente” diferente: no estás regulando la emoción, la estás conteniendo.
Esto tiene implicaciones clínicas directas. Pacientes con depresión, ansiedad y trastorno límite de la personalidad muestran patrones de hipersensibilidad amigdalina y conectividad prefrontal reducida. No es que “se dejen llevar”: es que su cerebro tiene menos freno cortical disponible.
Un dato que vale la pena destacar: la conectividad prefrontal-amígdala se fortalece con la práctica. Estudios de neuroimagen en personas que completaron 8 semanas de entrenamiento en mindfulness muestran cambios estructurales en exactamente ese circuito. No hace falta meditar durante años: sesiones cortas y consistentes producen cambios medibles. El cerebro que regula mejor no es un cerebro diferente: es uno que practicó más.
Otro hallazgo relevante: la regulación emocional tiene un componente interpersonal que la neurociencia solo empieza a mapear. Cuando alguien te ayuda a regular —un terapeuta, un compañero afectivo, un amigo que escucha sin interrumpir— tu amígdala responde como si tu propia corteza prefrontal estuviera trabajando. Esto explica por qué la alianza terapéutica tiene efectos neurobiológicos, no solo psicológicos. No es metáfora: el otro literalmente ayuda a tu cerebro a frenarse.
¿Cuándo la gestión emocional falla? Dificultades en la regulación
No todas las dificultades con las emociones son patológicas. Pero cuando los problemas de regulación son persistentes y transversales, hablamos de dificultades en la regulación emocional.
Gratz y Roemer (2004) desarrollaron la escala más usada para medir este constructo: el DERS (Difficulties in Emotion Regulation Scale). Evalúa seis dimensiones:
- No aceptación de respuestas emocionales: reaccionar a las propias emociones con culpa, vergüenza o enojo (“no debería sentirme así”).
- Dificultad para comprometerse con metas: las emociones interfieren con el comportamiento dirigido a objetivos.
- Dificultad para el control de impulsos: actuar impulsivamente cuando se está alterado.
- Falta de conciencia emocional: no saber qué se siente ni identificarlo.
- Falta de acceso a estrategias: no saber qué hacer cuando se está mal.
- Falta de claridad emocional: confusión sobre lo que se siente.
| Dimensión DERS | Pregunta clínica | Si el paciente responde “sí” |
|---|---|---|
| No aceptación | “¿Te castigas por sentir lo que sientes?” | Culpa secundaria sobre la emoción primaria |
| Metas | “¿Lo que sientes te impide hacer lo que tenías que hacer?” | Interferencia funcional |
| Impulsos | “¿Haces cosas de las que te arrepientes cuando estás alterado?” | Riesgo de desregulación conductual |
| Conciencia | “¿Sabes nombrar lo que sientes, o es una masa confusa?” | Alexitimia parcial o total |
| Estrategias | “Cuando estás mal, ¿sabes qué te ayuda?” | Repertorio limitado |
| Claridad | “¿Distingues entre estar triste, estar enojado, estar ansioso?” | Confusión emocional |
Un puntaje alto en DERS predice mayor severidad en ansiedad, depresión, conductas alimentarias y uso de sustancias. Es uno de los marcadores transdiagnósticos más útiles en evaluación clínica.
Estrategias adaptativas vs. desadaptativas
La pregunta no es solo “¿regulas?” sino “¿cómo regulas?”. El meta-análisis de Aldao, Nolen-Hoeksema y Schweizer (2010) revisó 114 estudios y comparó el uso de estrategias específicas con la psicopatología.
| Estrategia | Tipo | Asociación con psicopatología | Tamaño del efecto |
|---|---|---|---|
| Reevaluación cognitiva | Adaptativa | Protectora (reduce síntomas) | r = -.20 |
| Resolución de problemas | Adaptativa | Protectora | r = -.14 |
| Aceptación | Adaptativa | Protectora | r = -.11 |
| Rumiación | Desadaptativa | De riesgo (fuerte) | r = .37 |
| Supresión | Desadaptativa | De riesgo | r = .17 |
| Evitación | Desadaptativa | De riesgo | r = .21 |
La rumiación es la estrategia más tóxica del paquete. Y es también la más invisible: el paciente no reporta “hacer nada”, sino “darle vueltas”. Esa diferencia entre pasividad aparente y actividad mental intensa es uno de los datos que más cambia cuando aprendes a evaluar.
Un dato del meta-análisis: la diferencia entre estrategias adaptativas y desadaptativas no es simétrica. Las desadaptativas predicen psicopatología con más fuerza que las adaptativas la previenen. En otras palabras: hacer las cosas mal cuesta más de lo que hacer las cosas bien protege. Por eso intervenir sobre la rumiación y la supresión tiene mayor impacto clínico que enseñar reevaluación desde cero.
Regulación emocional a lo largo del desarrollo
La capacidad de regular las emociones no nace completa. Se construye a lo largo del desarrollo, desde la infancia hasta la adultez, en un proceso donde la biología y el entorno interactúan de manera continua.
Infancia: regulación externa antes que interna
Los bebés no regulan solos. Dependen de los cuidadores para co-regularse: el contacto físico, la voz, el ritmo del arrullo, la disponibilidad para calmar. Esta co-regulación es el andamiaje sobre el que se construye la autorregulación. Un niño que recibe respuestas consistentes y sintonizadas aprende gradualmente a calmarse solo. Un niño que recibe respuestas erráticas, intrusivas o ausentes tiene menos herramientas para hacerlo.
Esto no es un diagnóstico de destino. Los cerebros infantiles son plásticos y las intervenciones tempranas funcionan. Pero explica por qué las dificultades en regulación emocional adulta suelen tener raíces en patrones de apego y regulación temprana.
Adolescencia: la tormenta perfecta
La adolescencia es el período de mayor descalce entre la madurez del sistema límbico (que se activa temprano y con fuerza) y la madurez de la corteza prefrontal (que continúa desarrollándose hasta los 25 años). Esto produce lo que los neurocientíficos llaman “asimetría adolescente”: emociones intensas con frenos aún en construcción.
Ese descalce no es un defecto. Es una etapa de calibración. El cerebro adolescente está aprendiendo, a través de la experiencia, qué estrategias funcionan y cuáles no. Por eso las intervenciones en adolescentes —enseñar reevaluación, mindfulness, habilidades de tolerancia— tienen un retorno altísimo.
Adultez: el repertorio se estabiliza —pero puede cambiar
En la adultez, el repertorio de regulación tiende a estabilizarse. Las personas que usaron supresión durante años siguen suprimiendo; las que usaron reevaluación siguen reevaluando. Pero —y esto es clave— el repertorio no es inmutable. La terapia, la meditación regular, la práctica deliberada de nuevas estrategias y ciertas experiencias vitales pueden reorganizar los patrones de regulación en cualquier edad.
En consulta veo dos perfiles frecuentes: el paciente que suprime todo y se enferma físicamente, y el paciente que no suprime nada y se enferma socialmente. Ambos tienen un problema de regulación —solo que en polos opuestos. El trabajo no es llegar a un punto medio difuso. Es construir un repertorio: tener más de una estrategia y saber cuándo usar cuál.
¿Cómo se evalúa la gestión emocional?
Además del DERS, existen varios instrumentos validados:
- CERQ (Cognitive Emotion Regulation Questionnaire, Garnefski et al. 2001): mide estrategias cognitivas específicas (autoculpa, aceptación, rumiación, reenfoco positivo, planificación, reevaluación, poner en perspectiva, catastrofización, culpar a otros).
- ERQ (Emotion Regulation Questionnaire, Gross & John 2003): breve, dos subescalas —reevaluación y supresión.
- FEARS y DERS-18: versiones breves del DERS para investigación y screening.
En consulta, suelo usar el ERQ como punto de partida porque toma dos minutos y te dice si el paciente está en modo supresión o reevaluación. Luego profundizo con el DERS si veo patrón de desregulación más amplio.
| Instrumento | Autores | Qué mide | Ítems / tiempo |
|---|---|---|---|
| DERS | Gratz & Roemer (2004) | 6 dimensiones de dificultad en regulación | 36 ítems / 7 min |
| ERQ | Gross & John (2003) | Reevaluación vs supresión | 10 ítems / 2 min |
| CERQ | Garnefski et al. (2001) | 9 estrategias cognitivas específicas | 36 ítems / 7 min |
| DERS-18 | Victor & Klonsky (2016) | Versión breve del DERS | 18 ítems / 4 min |
Intervención: ¿qué funciona?
La buena noticia: la regulación emocional se puede entrenar. Varias intervenciones tienen evidencia robusta.
Terapia de Regulación Emocional (ERT)
Mennin (2006) desarrolló la ERT para pacientes con ansiedad resistente al tratamiento. Combina componentes de TCC tradicional con elementos de terapia de aceptación y compromiso (ACT). El foco está en la reactividad emocional elevada, la dificultad para identificar emociones y los conflictos entre lo que se siente y lo que se quiere hacer.
Entrenamiento en Regulación de Afecto (ART)
Berking y Whitley (2014) diseñaron el ART como un programa estructurado que enseña habilidades de regulación paso a paso: identificar emociones, etiquetarlas, modificarlas si es necesario, tolerarlas si no se pueden cambiar y mantener la congruencia entre emoción y comportamiento. Tiene evidencia en depresión, trastornos alimentarios y adicciones.
DBT (Terapia Dialéctico-Conductual)
La DBT de Linehan incluye un módulo completo de regulación emocional diseñado originalmente para trastorno límite de la personalidad. Enseña habilidades concretas para reducir la vulnerabilidad emocional, aumentar emociones positivas y cambiar emociones intensas. El módulo se llama “regulación de las emociones” y es uno de los cuatro pilares de la terapia, junto con mindfulness, tolerancia al malestar y efectividad interpersonal.
La DBT parte de una idea poderosa: las emociones intensas no son el enemigo. Lo que falla es el sistema de frenos. Y los frenos se pueden construir con entrenamiento específico: identificar la emoción, entender su función, reducir la vulnerabilidad biológica (dormir, comer, evitar sustancias) y aplicar estrategias opuestas a la acción. Si la tristeza te dice que te aísles, la estrategia opuesta es buscar contacto. Si el miedo te dice que huyas, la estrategia opuesta es acercarte gradualmente.
Cuando un paciente con desregulación severa me pregunta cuándo va a “controlar” sus emociones, le respondo que no se trata de controlarlas. Se trata de tener un menú de respuestas posible y no solo una. La emoción no cambia. Lo que cambia es lo que haces después de sentirla. Y eso, sí se aprende.
Estrategias que el paciente puede practicar
La investigación ha identificado varias estrategias concretas que pueden entrenarse y que funcionan en la práctica. Estas no son recetas aisladas: forman un repertorio que se construye con práctica y guía.
- Reevaluación cognitiva: reinterpretar la situación antes de que la emoción escale. “¿Qué otra lectura tiene esto?” Es la estrategia con mayor respaldo empírico y la que más se enseña en TCC.
- Mindfulness y aceptación: observar la emoción sin intentar eliminarla. La aceptación no es resignación; es dejar de pelear contra lo que sientes para poder decidir qué hacer con ello.
- Respiración diafragmática: activa el nervio vago y baja la activación fisiológica. Es modulación de respuesta —una de las pocas de esa familia que funciona sin efectos secundarios.
- Escritura expresiva: escribir sobre lo que sientes durante 15-20 minutos. Parece simple, pero la evidencia de Pennebaker y otros muestra efectos consistentes en regulación emocional y salud física.
- Técnicas de relajación: progresiva, autógena, visualización. Modulación de respuesta con base fisiológica.
- Reenfoco positivo y planificación: dos estrategias del CERQ que consisten en pensar en algo constructivo (no en evitar) y en diseñar un plan concreto. Útiles cuando la emoción paraliza.
- Distanciamiento temporal: preguntarse “¿esto importará en un año?” o “¿cómo lo verá alguien desde fuera?”. Reduce la urgencia emocional sin minimizar el evento.
Manejar bien una conversación difícil también es regulación emocional aplicada. Las habilidades para conversaciones incómodas que cubrimos en otro artículo se sostienen exactamente en esto: poder regular lo que sientes mientras sostienes lo que el otro dice.
La paradoja del “debería”
Hay un patrón que aparece tanto en consulta como en la investigación: el sufrimiento no viene solo de la emoción, sino de la convicción de que no se debería sentir lo que se siente.
“Sé que no debería sentirme así.” Cuántas veces escucho esa frase. Y cada vez pregunto lo mismo: ¿quién te dijo que no deberías? La emoción está. El “debería” no la quita. Lo que hace es sumar una segunda capa de angustia —la culpa por sentir— encima de la primera. Esa segunda capa es la que más sufre el paciente, y paradójicamente, la que más se puede trabajar.
Esto es lo que en el DERS se llama “no aceptación de respuestas emocionales”. Y es uno de los predictores más fuertes de desregulación: no la intensidad de la emoción, sino la reacción negativa frente a la propia emoción.
La autocompasión funciona precisamente ahí: no cambia la emoción primaria, pero reduce la capa secundaria de autocastigo. No es un consuelo: es una estrategia de regulación con evidencia.
Preguntas frecuentes
¿Gestión emocional y inteligencia emocional son lo mismo?
No. La inteligencia emocional es un constructo amplio que incluye percepción, comprensión, uso y gestión de emociones. La gestión emocional es el componente operativo: qué haces con lo que sientes. Se relacionan —una persona con buena gestión suele tener buena inteligencia emocional— pero no son idénticas. Puedes tener excelente comprensión teórica de tus emociones y pésima regulación práctica.
¿Se puede mejorar la gestión emocional en adultos?
Sí. La neuroplasticidad permite cambios en los circuitos prefrontal-amígdala durante toda la vida. Intervenciones como la TCC, la terapia de aceptación y compromiso, la DBT y el mindfulness muestran efectos consistentes en la mejora de estrategias adaptativas y reducción de estrategias desadaptativas, incluso en adultos con patrones consolidados.
¿Cuál es la diferencia entre supresión y regulación?
La supresión inhibe la expresión visible de la emoción sin reducir la experiencia interna. La regulación —específicamente la reevaluación cognitiva— cambia la interpretación de la situación, lo que reduce tanto la experiencia como la expresión. La supresión parece funcionar socialmente, pero eleva el estrés fisiológico y tiende a intensificar lo que intenta ocultar.
¿La gestión emocional sirve para la ansiedad y la depresión?
Sí. Las dificultades en regulación emocional son un factor transdiagnóstico: predicen mayor severidad en ansiedad, depresión, trastornos alimentarios y uso de sustancias. Intervenir sobre estrategias específicas —especialmente reducir la rumiación y la supresión, aumentar la reevaluación— es un componente habitual en el tratamiento de estos cuadros.
¿Cómo sé si tengo dificultades en la regulación emocional?
Si las emociones interfieren de forma recurrente con tu funcionamiento, si reaccionas de maneras de las que te arrepientes, si no puedes identificar lo que sientes o si sientes que no tienes herramientas para manejar lo que te pasa, vale la pena evaluarlo. El DERS y el ERQ son instrumentos que un profesional puede administrar para tener un perfil de tus áreas de dificultad. Distinguir entre tristeza y culpa, por ejemplo, es uno de los pasos más simples y más reveladores para empezar a regular con precisión.
Referencias
- Gross, J. J. (1998). Antecedent- and response-focused emotion regulation: Divergent consequences for experience, expression, and physiology. Journal of Personality and Social Psychology, 74(1), 224–237. https://doi.org/10.1037/0022-3514.74.1.224
- Gross, J. J. (2015). Emotion regulation: Current status and future prospects. Psychological Inquiry, 26(1), 1–26. https://doi.org/10.1080/1047840X.2014.940781
- Gratz, K. L., & Roemer, L. (2004). Multidimensional assessment of emotion regulation and dysregulation: Development, factor structure, and initial validation of the Difficulties in Emotion Regulation Scale. Journal of Psychopathology and Behavioral Assessment, 26(1), 41–54. https://doi.org/10.1023/B:JOBA.0000007455.08539.94
- Webb, T. L., Miles, E., & Sheeran, P. (2012). Dealing with feeling: A meta-analysis of the effectiveness of strategies derived from the process model of emotion regulation. Psychological Bulletin, 138(4), 775–808. https://doi.org/10.1037/a0027600
- Aldao, A., Nolen-Hoeksema, S., & Schweizer, S. (2010). Emotion-regulation strategies across psychopathology: A meta-analytic review. Clinical Psychology Review, 30(2), 217–237. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2009.11.004
- Mennin, D. S. (2006). Emotion regulation therapy: An integrative approach to treatment-resistant anxiety. Journal of Contemporary Psychotherapy, 36(2), 95–106. https://doi.org/10.1007/s10879-006-9012-2
- Berking, M., & Whitley, B. (2014). Development of the “Affect Regulation Training” (ART) program. In Affect Regulation Training (pp. 67–91). Springer. https://doi.org/10.1007/978-1-4939-1022-9_6
- Garnefski, N., Kraaij, V., & Spinhoven, P. (2001). Negative life events, cognitive emotion regulation and emotional problems. Personality and Individual Differences, 30(8), 1311–1327.
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Guía de estudio para este tema
Guía de Estudio: Teoría Polivagal y Regulación Autonómica
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