
“Eso es de locos.” “Échele ganas.” “No sea débil.” Si creciste en Colombia, probablemente escuchaste alguna de estas frases cuando alguien hablaba de ir al psicólogo. El estigma en salud mental no es un tema abstracto: es la razón por la que millones de personas sufren en silencio en lugar de buscar ayuda que existe y funciona.
Introducción
En Colombia, hablar de salud mental sigue siendo un acto de valentía. A pesar de los avances legislativos — desde la Ley 1616 de 2013 hasta la reciente Ley 2460 de 2025 que la actualizó, reconociendo la salud mental como derecho fundamental y ampliando la red comunitaria de atención —, el estigma asociado a los trastornos mentales continúa siendo una barrera poderosa que impide que millones de personas busquen ayuda, completen tratamientos y se reintegren plenamente a sus comunidades. Entender por qué persiste este estigma es el primer paso para desmontarlo.
Qué es el estigma en salud mental
Erving Goffman definió el estigma como un atributo profundamente desacreditador que reduce a la persona de un ser completo a uno marcado. En salud mental, el estigma opera en tres niveles:
- Estigma público: las actitudes negativas de la sociedad general hacia las personas con trastornos mentales. Incluye estereotipos (son peligrosos, impredecibles, incapaces), prejuicios (miedo, rechazo, desconfianza) y discriminación (exclusión laboral, social, familiar)
- Estigma estructural: las políticas, leyes y prácticas institucionales que desventajan a las personas con trastornos mentales. El presupuesto de salud mental en Colombia representa menos del 2% del presupuesto total de salud, una forma de estigma estructural que comunica que la salud mental importa menos
- Autoestigma: la internalización del estigma público por parte de la persona afectada. Cuando alguien con depresión cree que es débil por tenerla, el estigma ha cumplido su función más destructiva
Datos en Colombia
La Encuesta Nacional de Salud Mental de Colombia (2015) documentó que solo el 38.5% de las personas con un trastorno mental identificado había recibido algún tipo de atención. La brecha de tratamiento es una de las más amplias de la región. Las razones más citadas para no buscar ayuda incluyen creer que el problema se resolvería solo, no saber dónde buscar ayuda y vergüenza o miedo a ser juzgado.
En contextos rurales y en comunidades afrodescendientes e indígenas, el estigma se combina con barreras geográficas, económicas y culturales que hacen prácticamente inaccesible la atención en salud mental.
Consecuencias del estigma
- Retraso en la búsqueda de ayuda: en promedio, una persona con un trastorno mental tarda entre 4 y 23 años en recibir tratamiento desde el inicio de los síntomas
- Abandono del tratamiento: el miedo a ser etiquetado lleva a muchas personas a interrumpir prematuramente el tratamiento farmacológico o psicoterapéutico
- Aislamiento social: las personas con trastornos mentales severos frecuentemente pierden sus redes de apoyo, lo que empeora su pronóstico
- Discriminación laboral: la enfermedad mental sigue siendo motivo de exclusión laboral implícita o explícita
- Sufrimiento familiar: las familias de personas con trastornos mentales enfrentan estigma por asociación, lo que puede llevarlas a ocultar la condición de su familiar
Por qué persiste
El estigma en salud mental se alimenta de múltiples fuentes:
Medios de comunicación: la representación mediática de la enfermedad mental se centra desproporcionadamente en la violencia y la peligrosidad, reforzando estereotipos que no corresponden a la evidencia epidemiológica.
Sistema educativo: la salud mental está prácticamente ausente de los currículos escolares. Los niños y adolescentes no aprenden a reconocer sus emociones, a identificar señales de alarma ni a normalizar la búsqueda de ayuda.
Cultura del aguante: en Colombia y en buena parte de América Latina, existe una narrativa cultural que valora la resistencia al sufrimiento. “Échele ganas”, “no se deje”, “eso es de débiles” son frases que minimizan el sufrimiento legítimo y desalientan la búsqueda de ayuda profesional.
Desinformación: la confusión entre tristeza y depresión, entre nerviosismo y ansiedad clínica, entre personalidad difícil y trastorno de personalidad impide que las personas reconozcan cuándo necesitan ayuda especializada.
Qué funciona para reducirlo
La investigación sobre intervenciones anti-estigma muestra que:
- El contacto directo con personas que viven con trastornos mentales es la estrategia más efectiva para reducir prejuicios
- Las campañas educativas basadas solo en información tienen efectos modestos si no se combinan con contacto
- Las intervenciones dirigidas a grupos específicos (empleadores, policías, profesionales de salud, estudiantes) son más efectivas que las campañas masivas genéricas
- El lenguaje importa: decir “persona con esquizofrenia” en lugar de “esquizofrénico” no es corrección política sino un cambio que modifica actitudes medibles
Referencias
- Ministerio de Salud de Colombia. (2015). Encuesta Nacional de Salud Mental.
- Corrigan, P. W. y Watson, A. C. (2002). Understanding the impact of stigma on people with mental illness. World Psychiatry, 1(1), 16-20.
- Thornicroft, G., et al. (2016). Evidence for effective interventions to reduce mental-health-related stigma and discrimination. The Lancet, 387(10023), 1123-1132.
- Goffman, E. (1963). Stigma: Notes on the management of spoiled identity. Prentice-Hall.
- Congreso de la República de Colombia. (2013). Ley 1616 de 2013 — Ley de Salud Mental.
- Congreso de la República de Colombia. (2025). Ley 2460 de 2025 — Nueva Ley de Salud Mental (actualiza la Ley 1616).
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