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Cuando ir al psicologo: senales reales, barreras comunes y como dar el primer paso

Cuándo ir al psicólogo: señales reales, barreras comunes y cómo dar el primer paso

La pregunta que tarda años en hacerse

Un paciente —lo llamaremos Andrés— llega a la primera sesión de terapia y dice: “Llevo cinco años pensando que debería venir. No sé qué me detuvo tanto tiempo”.

Andrés no es un caso excepcional. En América Latina, el tiempo promedio entre el inicio de los síntomas psicológicos y la primera consulta con un profesional es de siete a diez años. Siete a diez años de sufrimiento que podría haberse aliviado antes si la persona hubiera sabido cuándo buscar ayuda.

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La pregunta “¿debería ir al psicólogo?” no es trivial. Muchas personas la postergan por miedo, estigma, desinformación o la creencia de que “no es para tanto”. Otras la postergan porque simplemente no saben qué señales indican que es momento. Y algunas van cuando ya no es necesario, buscando respuestas que la psicología no puede dar.

Este artículo es para quienes se hacen esa pregunta. Y también para los estudiantes de psicología que necesitan saber identificar, en sus futuros pacientes, cuándo es momento de derivar, intervenir o esperar.

TL;DR

  • No hace falta estar “mal del todo” para ir: la idea de que solo se va al psicólogo cuando no se puede más es un mito. La intervención temprana produce mejores resultados que la intervención tardía.
  • Señales claras: sufrimiento que persiste más de dos semanas, interferencia con la vida diaria (trabajo, estudio, relaciones), síntomas físicos sin causa médica, pensamientos recurrentes que no se pueden controlar, aislamiento.
  • Duración del sufrimiento no tratado: Altamura et al. (2007) demostraron que cuanto más tiempo pasa sin tratamiento, peor es el pronóstico. La duración de la enfermedad no tratada es un predictor de peor respuesta al tratamiento.
  • Barreras reales: estigma, costo, desinformación, miedo a ser juzgado, creencia de que “yo puedo solo”. Las barreras no son debilidad: son obstáculos estructurales que la investigación ha mapeado.
  • El primer paso es más simple de lo que parece: la primera consulta es una entrevista. No hay compromiso de continuar. No hay diagnóstico en la primera sesión. Es una conversación para ver si la psicología tiene algo que ofrecerte.

Pedir ayuda profesional sigue siendo, para muchos, admitir un fracaso. Pero la evidencia es clara: las personas que consultan al psicologo no estan mas rotas que las demas. Solo estan mas dispuestas a hacer algo concreto por su bienestar.

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Definición corta para parcial

Indicadores de derivación psicológica: criterios clínicos y personales que sugieren que una persona se beneficiaría de atención psicológica profesional. Incluyen: persistencia del sufrimiento emocional más de dos semanas, interferencia funcional en áreas de la vida cotidiana, presencia de síntomas físicos sin causa médica explicativa, pensamientos recurrentes intrusivos, deterioro de relaciones sociales, consumo problemático de sustancias, y cualquier idea de hacerse daño. La regla clínica es: cuando el sufrimiento interfiere con la vida y la persona no logra resolverlo por sí sola, es momento de consultar.

Palabras clave: búsqueda de ayuda · help-seeking · barreras de acceso · estigma · intervención temprana · duración de la enfermedad no tratada · derivación · primera consulta · screening psicológico.

Las señales que sí indican que es momento

No existe una lista única y universal de “cuándo ir al psicólogo”, pero la evidencia clínica identifica patrones que sí justifican la consulta. La regla general que los clínicos usan tiene tres componentes: persistencia, interferencia y pérdida de control.

Persistencia: el sufrimiento no es un mal día. Lleva semanas o meses. El criterio clínico más usado es de al menos dos semanas de síntomas continuos (que es el criterio del DSM-5-TR para el episodio depresivo mayor). Si lo que sientes dura días, puede ser una reacción normal a un evento. Si dura semanas, necesita atención.

Interferencia: el sufrimiento afecta tu funcionamiento. No puedes concentrarte en el trabajo. Tus notas bajan. Tus relaciones se deterioran. Dejas de hacer cosas que antes disfrutabas. El sufrimiento ya no está encerrado en tu cabeza: se derrama sobre tu vida.

Pérdida de control: has intentado resolverlo por tu cuenta y no lo logras. Hablaste con amigos, leíste libros, hiciste ejercicio, intentaste pensar positivo. Nada funciona o funciona solo temporalmente. La sensación es que el problema te supera.

Señal ¿Cuándo preocuparse? ¿Cuándo es una reacción normal?
Tristeza Persiste más de 2 semanas, interfiere con la vida diaria Dura días tras un evento adverso, mejora con apoyo social
Ansiedad Es constante, desproporcionada, genera evitación de situaciones Especifica a un evento (examen, entrevista) y desaparece
Insomnio Persiste semanas, no asociado a cambio de rutina Dura 1-2 noches por estrés puntual
Irritabilidad Es la nueva normalidad, daña relaciones Es reactiva a una situación concreta
Aislamiento Evitas a personas que antes veías regularmente Prefieres un fin de semana solo
Pensamientos recurrentes Son intrusivos, no puedes detenerlos, generan angustia Son preocupaciones que puedes aparcar
Consumo de alcohol/drogas Aumenta en cantidad o frecuencia, lo usas para manejar emociones Es ocasional y no interferes con obligaciones

La distinción clave no es la presencia del síntoma —todos los seres humanos experimentan tristeza, ansiedad, irritabilidad— sino su persistencia, intensidad e interferencia. Un tristeza que dura dos días después de una ruptura es normal. Una tristeza que dura dos meses y te impide levantarte de la cama necesita atención.

La duración del sufrimiento no tratado: por qué esperar es costoso

Una de las preguntas más frecuentes es: “¿qué pasa si espero un poco más?”. La respuesta de la investigación es clara: cuanto más tiempo pasa sin tratamiento, peor es el pronóstico.

Altamura et al. (2007) demostraron en un estudio naturalístico que la duración de la enfermedad no tratada en el trastorno depresivo mayor es un predictor significativo de peor respuesta al tratamiento, más recaídas y mayor cronicidad. Cada año sin tratamiento se asocia con una reducción medible en la probabilidad de recuperación completa.

Norman y Lewis (2005), en su estudio sobre la duración de la psicosis no tratada, encontraron resultados aún más dramáticos: cada mes de psicosis no tratada se asocia con peor funcionamiento social, más síntomas negativos y peor calidad de vida años después. La intervención temprana en psicosis —en los primeros meses— produce resultados significativamente mejores que la intervención tardía.

“El cerebro que sufre sin tratamiento no espera. Cada mes de enfermedad no tratada deja huellas que son más difíciles de revertir. La intervención temprana no es un lujo: es la variable más predictiva de buen pronóstico que tenemos.” (Síntesis de Marshall y Harrigan, 2009.)

Waddington y Nkire (2025), en una revisión reciente sobre la conceptualización de la duración de la enfermedad no tratada, extienden estos hallazgos más allá de la psicosis: la demora en buscar ayuda se asocia con peor pronóstico en depresión, trastornos de ansiedad, trastorno bipolar y trastornos de la conducta alimentaria.

La implicación práctica es directa: si tienes la duda de si deberías ir al psicólogo, la duda misma es una señal. No necesitas estar seguro de que tienes un trastorno para beneficiarte de la terapia. La mayoría de las personas que van a terapia no tienen un diagnóstico específico: tienen un sufrimiento que no logran manejar solas.

Las barreras que nos detienen

Si la intervención temprana es tan importante, ¿por qué la gente tarda tanto en buscar ayuda? La investigación ha identificado barreras que no son debilidad personal sino obstáculos reales:

Estigma: la creencia de que ir al psicólogo significa estar “loco” o ser “débil”. El estigma público (lo que la sociedad piensa) y el estigma internalizado (lo que la persona piensa de sí misma por necesitar ayuda) son barreras poderosas. Cukut Krilic (2022) demostró que el estigma es una de las barreras más citadas en la literatura sobre búsqueda de ayuda, especialmente en poblaciones migrantes y minoritarias.

Desinformación: muchas personas no saben qué hace un psicólogo, qué pasa en una sesión o cuándo es apropiado consultar. La imagen de la terapia que circula en la cultura popular —el diván, el silencio del analista, el “y cómo te hace eso sentir”— no representa la mayoría de las prácticas contemporáneas.

Costo y acceso: en LATAM, la atención psicológica es costosa en el sector privado y escasa en el público. La brecha entre necesidad y acceso es uno de los problemas de salud pública más serios de la región.

Miedo a ser juzgado: la preocupación de que el terapeuta piense que uno exagera, que no tiene un “problema real” o que debería poder resolverlo solo. Este miedo es tan común que tiene nombre: estigma anticipado, y es uno de los predictores más fuertes de no buscar ayuda.

Creencia de autosuficiencia: “yo puedo solo”. Esta creencia, que culturalmente se premia como fortaleza, es en muchos casos una barrera que retrasa la búsqueda de ayuda efectiva. Helms (2003) demostró que la creencia de que uno debe resolver sus problemas solo es una de las barreras más citadas por adolescentes y adultos jóvenes que postergan la consulta.

Morena y Gaias (2024), en su estudio sobre perfiles de barreras en estudiantes universitarios, encontraron que las barreras no son uniformes: diferentes personas enfrentan obstáculos diferentes. El estigma es más fuerte en hombres; el costo es más fuerte en poblaciones de bajos ingresos; la desinformación es más fuerte en personas sin contacto previo con servicios de salud mental.

Barrera Qué dice la persona Lo que la evidencia muestra
Estigma “No quiero que piensen que estoy loco” El estigma interno retrasa la consulta un promedio de 3-5 años
Autosuficiencia “Yo puedo solo” Creer que uno debe resolver todo solo es predictor de no buscar ayuda
Costo “No me lo puedo permitir” La brecha económico es real pero existen servicios de bajo costo (universidades, ONG)
Desinformación “No sé qué pasa ahí” La primera sesión es una entrevista, no un diagnóstico ni un compromiso
Miedo al juicio “El terapeuta pensará que exagero” El terapeuta está entrenado para no juzgar; el miedo es más grande que la realidad
Incertidumbre “¿Y si no tengo nada?” No necesitas un diagnóstico para beneficiarte de la terapia

Qué pasa en la primera consulta

Una de las barreras más reducibles es la desinformación sobre qué pasa en la primera sesión. Aquí está la descripción honesta:

La primera sesión es una entrevista. El psicólogo te pregunta por qué vienes, qué te trae, desde cuándo, cómo afecta tu vida. No hay tests obligatorios en la primera sesión (a menos que el motivo de consulta lo requiera). No hay diagnóstico en el primer encuentro. No hay compromiso de continuar si no te sientes cómodo.

El psicólogo escucha más de lo que habla. La primera sesión es principalmente para que el terapeuta entienda tu situación y para que tú sientas si hay comodidad con ese profesional. La alianza terapéutica —que es el predictor más fuerte de buen resultado en psicoterapia— empieza a construirse desde esa primera conversación.

Tienes derecho a preguntar. ¿Qué enfoque usa? ¿Cuántas sesiones estima? ¿Qué espera de ti entre sesiones? ¿Cuál es su experiencia con tu tipo de problema? Un buen terapeuta responde sin incomodarse. Si no te sientes cómodo con las respuestas, es legítimo buscar otro profesional.

No hay “problemas demasiado pequeños”. El paciente que duda si “su problema es suficiente para terapia” está haciendo la pregunta equivocada. La pregunta correcta es: ¿este sufrimiento interfiere con mi vida y no logro resolverlo solo? Si la respuesta es sí, es suficiente.

Cuándo NO ir al psicólogo (o cuándo no es la primera opción)

Para ser honestos, la psicología no es la respuesta a todo. Hay situaciones en las que la terapia no es la primera opción:

  • Emergencia médica: si hay riesgo suicida agudo, ideación con plan, síntomas psicóticos (alucinaciones, delirios) o intoxicación aguda, el primer recurso es el servicio de urgencias, no el consultorio psicológico.
  • Problema primariamente médico: si el sufrimiento emocional tiene una causa médica subyacente (hipotiroidismo, tumor, deficiencia vitamínica), el primer paso es el médico, no el psicólogo.
  • Situación aguda resoluble: si el sufrimiento es claramente reactivo a una situación temporal (un examen, una mudanza, una pérdida reciente) y la persona tiene red de apoyo funcionando, esperar puede ser razonable. Pero si pasan semanas y no mejora, la indicación cambia.

La regla es: cuando hay duda, consultar. El psicólogo puede determinar si lo que necesitas es terapia, derivación médica, o simplemente confirmación de que lo que sientes es normal y pasajero.

Cómo elegir un psicólogo

Si has decidido ir, la siguiente pregunta es: ¿cómo elijo? Algunos criterios basados en evidencia:

  • Formación: verifica que tenga título profesional de psicología y especialización/posgrado en el área que necesitas (clínica, pareja, familia, etc.).
  • Enfoque con evidencia: los enfoques con mayor respaldo empírico son la terapia cognitivo-conductual (TCC), la terapia interpersonal, la terapia centrada en emociones y la terapia psicodinámica breve. Pregunta qué enfoque usa y si tiene evidencia para tu problema específico.
  • Experiencia con tu problema: un terapeuta generalista puede ser bueno, pero uno que ha trabajado con tu tipo de problema específico (ansiedad, depresión, trauma, pareja) suele tener mejores resultados.
  • Comodidad personal: la alianza terapéutica es el predictor más fuerte de resultado. Si no te sientes cómodo con el terapeuta en las primeras 2-3 sesiones, es legítimo cambiar. No es fallo tuyo ni del terapeuta: es un ajuste que no se dio.

Una nota sobre los primeros pasos

El primer paso no es encontrar al terapeuta perfecto. Es dar el paso. La mayoría de los profesionales ajustan estilo, enfoque y ritmo a la persona que tienen enfrente. Y el cambio terapéutico, según la evidencia, depende más de la calidad de la alianza terapéutica (la relación con el terapeuta) que del enfoque específico. Un buen profesional con un enfoque diferente al ideal teórico puede producir excelentes resultados. Un profesional mediocre con el enfoque “correcto” rara vez lo hace.

Preguntas frecuentes

¿Cómo sé si necesito ir al psicólogo?

Si tu sufrimiento emocional persiste más de dos semanas, interfiere con tu vida diaria (trabajo, estudio, relaciones) y no logras resolverlo por ti solo, es momento de consultar. No necesitas tener un diagnóstico ni estar “mal del todo”: la terapia es para el sufrimiento que interfiere con la vida, no solo para las condiciones más severas.

¿Cuál es la diferencia entre ir al psicólogo y hablar con un amigo?

Un amigo te escucha y te acompaña, y eso es valioso. Un psicólogo hace eso más las técnicas basadas en evidencia, la formulación clínica de tu problema y el seguimiento de tu progreso. La diferencia no es que el amigo sea menos valioso: es que el psicólogo tiene entrenamiento específico para el tipo de sufrimiento que te trae.

¿Qué pasa en la primera sesión de psicología?

La primera sesión es una entrevista. El psicólogo te pregunta por tu motivo de consulta, tu historia y cómo afecta tu vida. No hay tests obligatorios, no hay diagnóstico inmediato y no hay compromiso de continuar si no te sientes cómodo. Es una conversación para evaluar si la psicología tiene algo que ofrecerte.

¿Ir al psicólogo significa que estoy loco?

No. La mayoría de las personas que van a terapia no tienen un trastorno mental severo. Tienen un sufrimiento que interfiere con su vida y que no logran resolver solas. Ir al psicólogo es tan normal como ir al médico cuando tienes un dolor que no se quita: no significa que estés grave, significa que estás cuidando tu salud.

¿Cuánto tiempo dura la terapia?

Depende del problema, del enfoque y de la persona. Algunas terapias breves (TCC para ansiedad) pueden ser efectivas en 8-16 sesiones. Otros procesos (terapia psicodinámica, trabajo de trauma) pueden tomar meses o años. El terapeuta debe darte una estimación realista después de las primeras sesiones.

¿Y si no me siento cómodo con el psicólogo?

Cambia de psicólogo. La alianza terapéutica —la calidad de la relación entre paciente y terapeuta— es el predictor más fuerte de buen resultado. Si después de 2-3 sesiones no te sientes cómodo, es legítimo y razonable buscar otro profesional. No es un fallo tuyo ni del terapeuta: es un ajuste que no se dio.

¿Puedo ir al psicólogo aunque no tenga un “problema grave”?

Sí. La psicología no es solo para crisis. Muchas personas van a terapia para conocverse mejor, mejorar sus relaciones, manejar mejor el estrés o tomar decisiones importantes. La idea de que necesitas estar “mal” para ir es un mito que retrasa la búsqueda de ayuda.

Referencias

  • Altamura, A. C., Dell’Osso, B., et al. (2007). Duration of untreated illness in major depressive disorder: a naturalistic study. International Journal of Clinical Practice, 61(10), 1699-1706. 10.1111/j.1742-1241.2007.01450.x
  • Cukut Krilic, T. (2022). Stigma and barriers to help seeking among refugees. En Refugee mental health. Ljubljana University Press. 10.3986/9789610506768_13
  • Helms, J. L. (2003). Barriers to help seeking among 12th graders. Journal of Educational and Psychological Consultation, 14(1), 27-40. 10.1207/s1532768xjepc1401_02
  • Marshall, M., & Harrigan, S. (2009). Duration of untreated psychosis. En Early intervention in psychosis. Cambridge University Press. 10.1017/cbo9780511576287.009
  • Morena, A., & Gaias, L. (2024). Profiles of mental health help-seeking barriers in college students. Stigma and Health, 9(2), 215-228. 10.1037/sah0000517
  • Norman, R. M., & Lewis, S. (2005). Duration of untreated psychosis and its relationship to clinical outcome. British Journal of Psychiatry, 187(48), s19-s23. 10.1192/bjp.187.48.s19
  • Waddington, R., & Nkire, C. (2025). Duration of untreated illness in psychosis: conceptualising duration of untreated distress. Psychosis Research, 12, 100232. 10.1016/j.psycom.2025.100232

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El costo de no ir: lo que la espera se lleva

Pensemos en lo que pasa durante esos siete a diez años promedio que una persona tarda en buscar ayuda. No son años neutros. Son años en los que el sufrimiento no tratado hace cosas medibles:

En las relaciones: la persona que sufre sin tratamiento se vuelve más irritable, más retraída o más dependiente. Sus parejas, hijos y amigos soportan el peso de un sufrimiento que no entienden y no saben cómo manejar. Muchas rupturas de pareja y conflictos familiares que parecen “problemas de relación” son en realidad problemas de un sufrimiento emocional no tratado que se filtra en cada interacción.

En el trabajo: la dificultad para concentrarse, la fatiga, la desmotivación y el presentismo (estar en el trabajo sin funcionar) reducen el desempeño. La persona puede perder oportunidades de ascenso, cometer errores que no cometería si estuviera bien, o perder el empleo en casos graves.

En la salud física: el estrés crónico no tratado se asocia con hipertensión, problemas gastrointestinales, insomnio crónico, dolores de cabeza y deterioro del sistema inmune. La persona que no trata su salud mental termina tratando sus consecuencias físicas —a menudo sin que ningún médico conecte los síntomas con la causa subyacente—.

En la autoestima: cada año que pasa sintiéndose mal sin mejorar, la persona construye una narrativa sobre sí misma: “soy así”, “no puedo cambiar”, “soy débil”. Esa narrativa se instala como identidad y hace aún más difícil buscar ayuda, porque ahora no solo hay que tratar el sufrimiento: hay que desarmar la creencia de que es constitucional.

Altamura et al. (2007) cuantificaron este costo: cada año de depresión no tratada se asocia con una reducción del 5-10% en la probabilidad de recuperación completa. Después de cinco años sin tratamiento, la probabilidad de respuesta al tratamiento se reduce a la mitad. No es que la persona sea “incurable”: es que el cerebro, el cuerpo y la identidad se han adaptado al sufrimiento de formas que son más difíciles de revertir.

La diferencia entre crisis y proceso

Una distinción importante para saber cuándo ir al psicólogo es la diferencia entre una crisis y un proceso:

Una crisis es un evento agudo: una pérdida, una ruptura, un accidente, un diagnóstico médico. La crisis genera sufrimiento intenso pero temporal. La pregunta en una crisis no es tanto “¿debería ir al psicólogo?” sino “¿necesito ayuda para transitar esto?”. La respuesta suele ser sí, pero la intervención es breve: pocas sesiones de contención, elaboración y ajuste.

Un proceso es un patrón crónico: la ansiedad que ha estado ahí desde la adolescencia, la dificultad para confiar que aparece en cada relación, el perfeccionismo que agota, la sensación de vacío que no se va aunque todo vaya bien. Los procesos no empiezan con un evento: han estado ahí mucho tiempo. La intervención para un proceso es más larga y más profunda: no se trata de superar una crisis sino de modificar un patrón que se instaló hace años.

Ambos justifican la consulta. La diferencia está en el tipo de ayuda que necesitas: la crisis pide contención y herramientas inmediatas; el proceso pide autoconocimiento y cambio estructural. Un buen psicólogo distingue uno de otro y adapta el enfoque.

¿Y si no encuentro al psicólogo adecuado?

Una preocupación frecuente es: “¿y si voy, no me gusta, y desisto?”. La respuesta honesta es que encontrar el psicólogo adecuado puede tomar dos o tres intentos. Y eso no es fracaso: es parte del proceso.

La alianza terapéutica no es instantánea. Algunas personas sienten desde la primera sesión que están en el lugar correcto. Otras necesitan probar más de un terapeuta para encontrar el ajuste. La investigación sobre alianza muestra que la calidad de la relación paciente-terapeuta explica más varianza del resultado que el enfoque técnico específico. En otras palabras: el terapeuta adecuado para ti es más importante que el enfoque “correcto” en abstracto.

Si pruebas con un psicólogo y no funciona, no concluyas que “la psicología no es para mí”. Concluye que ese psicólogo no era el indicado para ti en este momento. Prueba con otro. La inversión de tiempo en encontrar al profesional adecuado es la inversión más importante del proceso terapéutico.

Para un estudiante de psicología que se prepara para la práctica clínica, la lección es tan importante como para el paciente: no asumas que tus pacientes sabrán cuándo venir. Muchos no lo saben. La educación sobre cuándo buscar ayuda es parte del rol del psicólogo, especialmente en contextos comunitarios y de atención primaria donde el primer contacto no lo inicia el paciente sino el profesional que detecta la señal.

El psicólogo que trabaja en un hospital, en una escuela o en una empresa tiene la oportunidad —y la responsabilidad— de identificar el sufrimiento antes de que se convierta en crisis. El screening rutinario (preguntar por síntomas de depresión, ansiedad, consumo de sustancias y funcionamiento social) es una de las herramientas más infrutilizadas en atención primaria de salud mental en LATAM. Integrarlo en la práctica regular no es sobrediagnosticar: es detectar temprano, que es justo lo que la evidencia dice que produce mejores resultados.

La pregunta “¿cuándo ir al psicólogo?” no debería ser una pregunta que la persona se hace sola durante años en silencio. Debería ser una pregunta que el sistema de salud, la escuela y la comunidad le ayudan a responder antes de que el sufrimiento se cronifique. Mientras eso no ocurra, la responsabilidad cae en cada persona —y en cada profesional— de no esperar a que sea demasiado tarde.

Y “demasiado tarde” en salud mental no significa lo que mucha gente cree. No significa que no haya recuperación. Significa que la recuperación toma más tiempo, requiere más recursos y deja más secuelas. La diferencia entre tratar una depresión a los 3 meses versus a los 3 años no es trivial: es la diferencia entre un proceso de recuperación de semanas y uno de meses o años. Esa diferencia —medible, predecible, demostrada— es la razón por la que la intervención temprana no es un lujo sino un imperativo clínico. Y es la razón por la que la respuesta a la pregunta “¿debería ir al psicólogo?” casi siempre es: sí, si te lo estás preguntando, probablemente deberías ir. La duda no es una señal de debilidad: es la señal más honesta de que algo merece atención. Y la atención temprana es la mejor inversión que puedes hacer en tu bienestar.

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