
“Doctora, me recetaron sertralina pero me da miedo tomarla.” Si no sabes qué es la sertralina, cómo funciona y qué efectos secundarios son esperables, acabas de perder una oportunidad clínica. No necesitas prescribir para necesitar saber de psicofármacos.
Introducción
El psicólogo clínico no prescribe medicamentos, pero necesita comprender cómo funcionan. En la práctica cotidiana, los pacientes preguntan por sus medicamentos, expresan dudas sobre los efectos secundarios, consideran abandonar el tratamiento farmacológico o llegan medicados por otro profesional. Un psicólogo que desconoce los principios básicos de la psicofarmacología no puede orientar a sus pacientes adecuadamente ni colaborar efectivamente con los psiquiatras.
Principios generales
Los psicofármacos actúan modificando la neurotransmisión cerebral. Los principales neurotransmisores involucrados son la serotonina (regulación del ánimo, sueño, apetito), la noradrenalina (alerta, energía, concentración), la dopamina (motivación, placer, movimiento), el GABA (inhibición, calma) y el glutamato (excitación, aprendizaje).
Conceptos clave que todo psicólogo debe manejar:
- Latencia terapéutica: muchos fármacos tardan semanas en alcanzar su efecto completo. Los antidepresivos requieren 2-6 semanas, lo que es fuente frecuente de abandono prematuro
- Efecto placebo: hasta el 30% de la respuesta a antidepresivos en depresión leve se atribuye al efecto placebo
- Tolerancia y dependencia: algunos fármacos (benzodiazepinas, opioides) generan adaptación neurobiológica que dificulta su discontinuación
- Síndrome de discontinuación: la suspensión abrupta de ciertos fármacos produce síntomas molestos que no deben confundirse con recaída
Antidepresivos
ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina): sertralina, fluoxetina, escitalopram, paroxetina. Primera línea para depresión y la mayoría de los trastornos de ansiedad. Perfil de efectos secundarios manejable: náuseas iniciales, disfunción sexual, insomnio o somnolencia. La sertralina y el escitalopram son los más prescritos por su equilibrio entre eficacia y tolerabilidad.
IRSN (inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina): venlafaxina, duloxetina, desvenlafaxina. Útiles en depresión con síntomas de fatiga prominente, dolor crónico comórbido y trastorno de ansiedad generalizada. Pueden elevar la presión arterial en dosis altas.
Otros antidepresivos: bupropión (útil en depresión con baja energía y en cesación tabáquica, no causa disfunción sexual), mirtazapina (mejora el sueño y el apetito, útil en pacientes con insomnio y pérdida de peso), trazodona (se usa frecuentemente como hipnótico en dosis bajas).
Ansiolíticos
Benzodiazepinas: alprazolam, clonazepam, lorazepam, diazepam. Actúan sobre el receptor GABA-A produciendo efecto ansiolítico, sedante, miorrelajante y anticonvulsivante. Son efectivas y de acción rápida pero generan tolerancia y dependencia con uso prolongado. Las guías actuales recomiendan uso a corto plazo (máximo 2-4 semanas) y siempre en combinación con un tratamiento de base.
Buspirona: ansiolítico no benzodiazepínico sin potencial de dependencia. Tarda 2-3 semanas en hacer efecto. Alternativa para ansiedad generalizada cuando se quiere evitar las benzodiazepinas.
Pregabalina: originalmente antiepiléptico, con evidencia creciente para ansiedad generalizada. No actúa sobre el sistema GABA directamente sino sobre los canales de calcio.
Estabilizadores del ánimo
Litio: el estabilizador clásico para trastorno bipolar. Requiere monitoreo de niveles plasmáticos, función tiroidea y función renal. Sigue siendo el único fármaco con evidencia consistente de reducción del riesgo suicida.
Valproato: antiepiléptico utilizado como estabilizador, especialmente en episodios maníacos. Contraindicado en mujeres en edad fértil por su teratogenicidad.
Lamotrigina: útil para la prevención de episodios depresivos en trastorno bipolar. Requiere titulación lenta por riesgo de síndrome de Stevens-Johnson.
Antipsicóticos
Primera generación (típicos): haloperidol, clorpromazina. Efectivos para síntomas psicóticos positivos pero con alto riesgo de efectos extrapiramidales (distonía, acatisia, parkinsonismo) y discinesia tardía.
Segunda generación (atípicos): risperidona, olanzapina, quetiapina, aripiprazol. Menor riesgo de efectos extrapiramidales pero mayor riesgo metabólico (aumento de peso, diabetes, dislipidemia). La quetiapina en dosis bajas se usa frecuentemente como hipnótico y para ansiedad, lo que ha generado debate sobre su uso excesivo fuera de indicación.
Lo que el psicólogo debe hacer con este conocimiento
- Comprender qué medicamentos toman sus pacientes y por qué
- Identificar efectos secundarios que el paciente atribuye erróneamente a su trastorno
- Detectar señales de uso inadecuado o abandono del tratamiento farmacológico
- Colaborar con el psiquiatra en la planificación integrada del tratamiento
- Nunca recomendar al paciente modificar, suspender o iniciar medicación (eso corresponde al médico)
- Psicoeducar al paciente sobre la importancia de la adherencia al tratamiento prescrito
El psicólogo que entiende psicofarmacología no reemplaza al psiquiatra: se convierte en un mejor colaborador interdisciplinario y en un profesional más completo al servicio de sus pacientes.
Referencias
- Stahl, S. M. (2021). Stahl essential psychopharmacology: Neuroscientific basis and practical applications (5a ed.). Cambridge University Press.
- Schatzberg, A. F. y Nemeroff, C. B. (2017). Textbook of psychopharmacology (5a ed.). American Psychiatric Publishing.
- Preston, J. D., et al. (2021). Handbook of clinical psychopharmacology for therapists (9a ed.). New Harbinger.
- American Psychiatric Association. (2010). Practice guideline for the treatment of patients with major depressive disorder (3a ed.).
Guia DSM-5 GRATIS
20 Diagnosticos Clave para Psicologos
Criterios, sintomas, diagnostico diferencial y tratamiento — en lenguaje practico LATAM
Sin spam. Solo psicologia util. Cancela cuando quieras.