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FOMO: el miedo a perderse algo y como las redes sociales lo alimentan

FOMO: el miedo a perderse algo y cómo las redes sociales lo alimentan

La notificación que no puedes ignorar

Camila tiene 21 años. Está en una cena con tres amigas. La conversación fluye, se ríen, pasan un buen rato. Pero cada vez que hay un silencio breve, cada vez que alguien va al baño, cada vez que la conversación baja de intensidad por tres segundos, Camila mira su celular. No busca nada específico. Revisa si hay algo que no quiera perderse: un mensaje del grupo de la universidad, una historia de Instagram que alguien subió, un evento al que no la invitaron.

Camila no es adicta al celular. Tiene algo más sutil y más extendido: FOMO (Fear Of Missing Out), el miedo a perderse algo. Esa ansiedad persistente de que en algún lugar, en algún momento, algo interesante, importante o divertido está ocurriendo y ella no está ahí. O peor: que está ocurriendo y ella no se enteró.

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Andrew Przybylski y sus colegas (2013) le dieron nombre y escala a este fenómeno en un estudio publicado en Computers in Human Behavior. Lo que descubrieron es que el FOMO no es un capricho de la generación Z: es un mecanismo psicológico conectado con necesidades humanas fundamentales que las redes sociales han amplificado a escala planetaria.

TL;DR

  • FOMO (Przybylski et al., 2013): aprensión de que otros puedan tener experiencias gratificantes de las que uno está ausente, y deseo de estar constantemente conectado para saber lo que hacen los demás.
  • No es invención de internet: la preocupación por lo que hacen otros y el miedo a quedar excluido es humana. Las redes sociales lo amplifican al hacerlo visible 24/7.
  • Se relaciona con necesidades psicológicas insatisfechas: las personas con mayor FOMO reportan menor satisfacción de necesidades de autonomía, competencia y relación.
  • Consecuencias medibles: mayor uso problemático de redes sociales, peor calidad del sueño, menor bienestar emocional y mayor ansiedad social.
  • No todas las personas son iguales: Beyens y Valkenburg (2021) demostraron que el efecto de las redes sociales en el bienestar es altamente individual. Algunos sufren, otros no se ven afectados, y la diferencia está en quién es la persona, no en la tecnología.

Lo que las plataformas llaman engagement es, en el fondo, una extraccion sostenida de atencion. Cada scroll que damos alimenta un modelo predictivo que sabe mas de nuestros deseos que nosotros mismos.

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Un video que explora el fenómeno del FOMO y cómo las redes sociales amplifican el miedo a quedarse fuera.

Definición corta para parcial

FOMO (Fear Of Missing Out): aprensión persistente de que otros puedan estar teniendo experiencias gratificantes de las que uno está ausente, acompañada del deseo de mantenerse continuamente conectado a lo que hacen los demás. Przybylski, Murayama y DeHaan (2013) lo definieron operacionalmente y desarrollaron una escala de medición. El FOMO se asocia con menor satisfacción de necesidades psicológicas básicas (autonomía, competencia, relación), mayor uso problemático de redes sociales, peor calidad del sueño y menor bienestar emocional.

Palabras clave: FOMO · fear of missing out · redes sociales · necesidades psicológicas · Przybylski · comparación social · bienestar digital · ansiedad social · autoestima.

Przybylski y el origen del concepto

Andrew Przybylski, investigador de la Universidad de Oxford, publicó en 2013 el estudio que definió el FOMO como constructo psicológico medible. Junto con Kou Murayama y Sarah DeHaan, diseñó la escala FOMO: un cuestionario de 10 ítems que evalúa el grado en que una persona teme perderse experiencias que otros están teniendo.

Los hallazgos del estudio original fueron reveladores:

1. El FOMO es transversal a la edad: aunque se asocia con jóvenes, adultos de todas las edades lo experimentan. 2. Se conecta con necesidades psicológicas insatisfechas: las personas con mayor FOMO reportaban menor satisfacción en las tres necesidades de la teoría de la autodeterminación: autonomía (sentir que mis acciones son elegidas por mí), competencia (sentir que soy efectivo) y relación (sentir conexión con otros). 3. Predice comportamientos problemáticos: mayor revisión del celular en momentos sociales, menor satisfacción con la vida, peor estado anímico y más distractibilidad.

La conexión con la teoría de la autodeterminación es clave. El FOMO no es simplemente “gusto por las redes sociales”. Es la expresión de una necesidad psicológica de conexión y pertenencia que no se está satisfaciendo adecuadamente. La persona con FOMO no revisa su celular por placer: lo revisa por la ansiedad de que la conexión social que necesita podría estar ocurriendo en otro lugar.

“El FOMO no es un problema de tecnología. Es un problema de necesidades psicológicas que la tecnología promete satisfacer pero que, cuando se usa de forma compulsiva, deja más insatisfechas.” (Paráfrasis de Przybylski et al., 2013.)

El mecanismo: por qué las redes amplifican el FOMO

El miedo a perderse algo existe desde mucho antes que internet. La preocupación por lo que hace el grupo, el miedo a la exclusión social, el deseo de pertenencia: son mecanismos evolutivos que mantuvieron a nuestros ancestros dentro de la tribu, donde tenían mejor probabilidad de sobrevivir.

Lo que las redes sociales hicieron fue amplificar y hacer visible lo que antes era invisible. Antes de internet, si tus amigos hacían algo sin ti, no lo sabías. Ahora lo sabes: aparece en tu feed como una historia, una foto etiquetada, un check-in en un lugar. La exclusión, que antes era silenciosa, ahora tiene notificación push.

Mecanismo Antes de internet Con redes sociales
Exclusión visible Si te excluían, rara vez lo sabías Te llega como notificación, foto o historia
Comparación social Comparabas con las personas que veías Comparas con la versión idealizada de cientos de personas
Disponibilidad Los eventos ocurrían y terminaban Los eventos quedan archivados, permanentemente accesibles
Inmediatez Te enterabas después, si te enterabas Te enteras en tiempo real, 24/7
Frecuencia de comparación Ocasional (cuando veías a alguien) Constante (cada vez que abres una app)

Hancock y Liu (2022), en un meta-análisis de la asociación entre bienestar psicológico y uso de redes sociales, encontraron que el efecto es estadísticamente significativo pero pequeño en promedio. El detalle crucial: el promedio oculta diferencias individuales enormes.

No afecta a todas las personas igual: la evidencia individual

La investigación más reciente ha producido un hallazgo que cambia la conversación sobre FOMO y redes sociales: no todas las personas se ven afectadas de la misma forma.

Valkenburg y Beyens (2021), en un estudio publicado en el Journal of Computer-Mediated Communication, demostraron que el efecto del consumo pasivo de redes sociales en el bienestar es altamente individual. Algunas personas experimentan deterioro del bienestar; otras no muestran ningún cambio; un subgrupo incluso reporta mejora.

Esta variabilidad individual explica por qué es tan difícil dar consejos universales sobre “cuánto tiempo en redes es saludable”. Para algunas personas, dos horas diarias generan ansiedad. Para otras, el mismo tiempo es inofensivo o incluso beneficioso (conexión social, información, entretenimiento).

Lo que distingue a las personas vulnerables de las resistentes no es la cantidad de tiempo en redes: es la relación que tienen con la tecnología. Las personas vulnerables usan las redes para compararse, para buscar validación y para monitorear lo que otros hacen. Las personas resilientes usan las redes para conectarse, para crear y para informarse.

Las consecuencias medibles del FOMO

Ozer (2020), en un estudio con jóvenes adultos, encontró que el FOMO predice significativamente la adicción al smartphone. Las personas con mayor FOMO usan el celular de forma más compulsiva, lo revisan con mayor frecuencia y experimentan más ansiedad cuando no pueden acceder a él.

A’isah y Hazim (2025), en un estudio reciente, encontraron que la autoestima media la relación entre FOMO y bienestar: las personas con baja autoestima son más vulnerables al FOMO, y el FOMO, a su vez, reduce la autoestima en un ciclo que se refuerza.

Niu y Sun (2016), en un estudio con adolescentes chinos publicado en Acta Psychologica Sinica, demostraron que la comparación social en redes sociales predice síntomas depresivos, con el FOMO actuando como mediador. La persona que se compara con las versiones idealizadas de otros en redes sociales desarrolla ansiedad por perderse lo que otros tienen, y esa ansiedad predice depresión.

Hidayah y Nastiti (2023), en un estudio sobre TikTok específicamente, encontraron que el FOMO correlaciona significativamente con el uso problemático de la plataforma, especialmente en adolescentes y jóvenes que usan TikTok como fuente principal de información social.

Consecuencia Qué dice la evidencia Magnitud del efecto
Adicción al smartphone El FOMO predice uso compulsivo del celular Moderada (Ozer, 2020)
Peor calidad del sueño Revisión nocturna de redes por miedo a perderse algo Moderada
Menor bienestar emocional Comparación social mediada por FOMO Pequeña a moderada (Hancock y Liu, 2022)
Síntomas depresivos La comparación social en redes predice depresión Pequeña pero significativa (Niu y Sun, 2016)
Menor autoestima FOMO y autoestima se refuerzan negativamente Moderada (A’isah y Hazim, 2025)

El FOMO como señal, no como diagnóstico

Para un estudiante de psicología y para un futuro clínico, es importante entender el FOMO como lo que es: una señal psicológica, no un diagnóstico.

El FOMO no aparece en el DSM-5 ni en la CIE-11 como trastorno. Es un constructo que describe un patrón de pensamiento y conducta relacionado con la conexión social digital. Pero como señal clínica, el FOMO puede indicar:

  • Necesidad insatisfecha de pertenencia: la persona revisa redes compulsivamente porque no se siente suficientemente conectada en su vida offline.
  • Ansiedad social: el miedo a perderse experiencias sociales es una manifestación de la ansiedad de no encajar.
  • Baja autoestima: la comparación constante con versiones idealizadas de otros erosiona la valoración personal.
  • Procrastinación emocional: revisar redes para evadir la incomodidad de la tarea presente (conectado con la procrastinación como falla de regulación emocional).

Weinstein y Przybylski (2019) demostraron que las restricciones motivacionales de la tecnología (cuando se usan desde la autonomía, no desde la coacción) reducen el FOMO. Las personas que deciden limitar su uso de redes sociales por razones propias (no por presión externa) reportan menor FOMO y mayor bienestar.

Estrategias para reducir el FOMO

Si el FOMO es una señal de necesidades psicológicas insatisfechas, la solución no es “dejar el celular” (eso trata el síntoma, no la causa). La solución es trabajar la necesidad que el FOMO revela:

Identificar la necesidad detrás del FOMO: cuando sientas el impulso de revisar redes, pregúntate: ¿qué necesito? ¿Conexión? ¿Pertenencia? ¿Información? ¿Entretenimiento? Nombrar la necesidad reduce la urgencia del impulso.

Cultivar conexiones offline: el FOMO se alimenta de la insatisfacción con la calidad de las conexiones sociales. Invertir tiempo en relaciones cara a cara de profundidad (no de cantidad) reduce la ansiedad de perderse lo que ocurre en el mundo digital.

Desactivar notificaciones no esenciales: cada notificación que llega al celular activa el sistema de recompensa y el miedo a perderse algo. Desactivar las notificaciones de redes sociales reduce los disparadores automáticos del FOMO sin eliminar el acceso.

Practicar JOMO (Joy of Missing Out): el opuesto del FOMO no es la indiferencia, sino la capacidad de disfrutar lo que estás haciendo sin preocuparte por lo que no estás haciendo. El JOMO se cultiva con atención plena: estar presente donde estás, no mentalmente en otro lugar.

Diferenciar conexión de comparación: usar redes para conectar (chatear con un amigo, compartir algo con un grupo) tiene efectos distintos que usarlas para comparar (scrollear el feed, ver stories de personas que no conoces bien). La primera satisface necesidades; la segunda las intensifica.

Preguntas frecuentes

¿Qué es exactamente el FOMO?

Es el miedo a perderse algo: la aprensión persistente de que otros están teniendo experiencias gratificantes de las que uno está ausente. Przybylski et al. (2013) lo definieron como constructo psicológico y diseñaron una escala para medirlo.

¿El FOMO es un trastorno mental?

No. No aparece en el DSM-5 ni en la CIE-11. Es un patrón de pensamiento y conducta relacionado con la conexión social digital. Como señal clínica, puede indicar necesidades psicológicas insatisfechas o vulnerabilidades emocionales.

¿Por qué las redes sociales empeoran el FOMO?

Porque hacen visible lo que antes era invisible (la exclusión), amplifican la comparación social (comparas con cientos de versiones idealizadas) y están disponibles 24/7 (el miedo no tiene pausa).

¿A todas las personas les afectan igual las redes sociales?

No. Valkenburg y Beyens (2021) demostraron que el efecto es altamente individual. Algunas personas experimentan deterioro del bienestar; otras no. La diferencia está en la relación con la tecnología, no en el tiempo de uso.

¿El FOMO afecta la salud mental?

Puede ser un factor contribuyente. Las personas con mayor FOMO reportan peor calidad del sueño, mayor ansiedad y menor bienestar. En personas vulnerables (baja autoestima, ansiedad social), el FOMO puede intensificar síntomas existentes.

¿Cómo puedo reducir mi FOMO?

Identificando la necesidad psicológica detrás del impulso (conexión, pertenencia), cultivando relaciones offline de calidad, desactivando notificaciones no esenciales y practicando estar presente donde estás en lugar de mentalmente en otro lugar.

¿Es lo mismo FOMO que adicción al celular?

No, pero están relacionados. Ozer (2020) demostró que el FOMO predice la adicción al smartphone. El FOMO es el patrón emocional (miedo a perderse algo); la adicción al celular es el patrón conductual (uso compulsivo). El segundo suele ser consecuencia del primero.

Referencias

  • A’isah, N., & Hazim, A. (2025). Relationship between self esteem and fear of missing out (FOMO). Jurnal Pendidikan Sains, 21(1), 1-15. 10.21070/ups.8090
  • Hancock, J. T., & Liu, X. (2022). Psychological well-being and social media use: A meta-analysis. SSRN Electronic Journal. 10.2139/ssrn.4053961
  • Hidayah, N., & Nastiti, D. (2023). Relationship of fear of missing out (FoMO) with social media TikTok addiction. Jurnal Pendidikan Sains, 19(3), 1-12. 10.21070/ups.2808
  • Niu, G. H., & Sun, X. M. (2016). The impact of social network site on adolescents’ depression: The mediating effect of social comparison. Acta Psychologica Sinica, 48(10), 1282-1291. 10.3724/sp.j.1041.2016.01282
  • Ozer, O. (2020). Smartphone addiction and fear of missing out: Does smartphone use matter? Journal of Computer and Education Research, 8(16), 1-20. 10.18009/jcer.696481
  • Przybylski, A. K., Murayama, K., & DeHaan, C. R. (2013). Motivational, emotional, and behavioral correlates of fear of missing out. Computers in Human Behavior, 29(4), 1841-1848. 10.1016/j.chb.2013.02.014
  • Valkenburg, P. M., & Beyens, I. (2021). Social media browsing and adolescent well-being: Challenging the “passive use” narrative. Journal of Computer-Mediated Communication, 26(4), 1-15. 10.1093/jcmc/zmab015
  • Weinstein, E., & Przybylski, A. K. (2019). The impacts of motivational framing of technology restrictions on adolescent concealment. Computers in Human Behavior, 91, 1-12. 10.1016/j.chb.2018.08.053

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La economía de la atención: por qué las redes están diseñadas para generar FOMO

Las plataformas de redes sociales no son neutrales. Son sistemas diseñados para capturar y retener la atención, y el FOMO es uno de los motores más efectivos para lograrlo. Cada notificación, cada badge rojo, cada “alguien acaba de publicar” está optimizado para activar el circuito de recompensa y generar el impulso de revisar.

Los ingenieros de Silicon Valley que diseñan estos sistemas entienden la psicología humana mejor de lo que la mayoría de los psicólogos reconocen. Saben que la notificación intermitente (que llega a veces sí, a veces no) es más adictiva que la notificación constante. Saben que la incertidumbre de “¿habrá algo nuevo?” genera más compulsión que la certeza. Saben que el scroll infinito elimina la señal natural de “ya viste suficiente” que los medios tradicionales proporcionaban.

Este diseño no es conspiración. Es optimización. Las plataformas compiten por el recurso más escaso de la economía digital: la atención humana. Y el FOMO es la herramienta más rentable para capturarla, porque apela a una necesidad humana real (pertenencia) con una solución que nunca la satisface del todo (más información sobre lo que otros hacen).

Entender esto es liberador para quien sufre FOMO. No es débil. No es especialmente vulnerable. Está usando un sistema que fue diseñado para generar exactamente la reacción que tiene. La responsabilidad no es solo personal: también es del entorno.

La diferencia entre conexión y consumo pasivo

Una distinción que la investigación ha hecho cada vez más nítida es la diferencia entre usar redes sociales para conectar y usarlas para consumir pasivamente.

La conexión activa —enviar un mensaje a un amigo, comentar en la publicación de alguien que conoces, compartir algo con tu grupo— satisface necesidades psicológicas de relación y pertenencia. Su efecto en el bienestar es neutral o positivo.

El consumo pasivo —scrollear el feed, ver stories de personas que apenas conoces, comparar tu vida con las versiones idealizadas de otros— es el que genera problemas. Su efecto en el bienestar es negativo, especialmente en personas vulnerables.

Esta distinción explica por qué los consejos simplistas de “deja las redes sociales” no funcionan. No se trata de eliminar la tecnología: se trata de cambiar la relación con ella. La persona que usa redes para conectar con amigos reales obtiene beneficios. La persona que las usa para monitorear lo que hacen desconocidos idealizados obtiene ansiedad.

Para un psicólogo clínico que trabaja con pacientes con FOMO, la intervención no es “deja el celular”. Es: “¿para qué lo usas? ¿Conexión o comparación?”. Cambiar el uso de comparación a conexión reduce el FOMO sin eliminar la tecnología.

FOMO en adolescentes: el grupo de mayor riesgo

Los adolescentes son el grupo más vulnerable al FOMO por razones neurobiológicas y sociales. Durante la adolescencia, el cerebro social está en su pico de sensibilidad: la opinión de los pares pesa de forma especialmente intensa, y la necesidad de pertenencia es biológicamente urgente.

El cerebro adolescente tiene un circuito de recompensa social hipersensible: la aprobación de los pares activa los mismos circuitos que las sustancias adictivas en adultos. Y el rechazo social activa los circuitos del dolor físico. Esto significa que para un adolescente, ver que sus amigos hacen algo sin él no es una molestia: es una experiencia de dolor neurobiológicamente real.

Las redes sociales amplifican esta vulnerabilidad al hacer visible cada exclusión, cada evento al que no fue invitado, cada momento que otros comparten. Para el cerebro adolescente, que ya está hipersensibilizado al rechazo social, la exposición constante a las experiencias de otros es un bombardero de señales de exclusión potencial.

La intervención con adolescentes no consiste en prohibir las redes (eso genera conflicto y no resuelve la necesidad subyacente de pertenencia). Consiste en fortalecer las conexiones offline, validar el dolor de la exclusión sin minimizarlo, y enseñar estrategias de regulación emocional específicas para la sensibilidad social de esta etapa.

Para los padres que leen esto: la pregunta no es “¿cómo le quito el celular a mi hijo?”. La pregunta es “¿cómo ayudo a mi hijo a desarrollar un cerebro que pueda usar el celular sin que el celular lo use a él?”. La respuesta, según la evidencia, pasa por la conexión offline, la validación emocional, la educación digital y —cuando es necesario— la ayuda profesional temprana.

Cuando el FOMO necesita ayuda profesional

Igual que con la procrastinación, hay casos en los que el FOMO es una señal de algo que requiere atención profesional:

  • FOMO que interfiere con la vida diaria: la persona no puede concentrarse en tareas, conversaciones o actividades porque está mentalmente en las redes.
  • FOMO acompañado de ansiedad o depresión significativas: el ciclo FOMO-comparación-depresión se refuerza y la persona no logra romperlo sola.
  • FOMO que afecta el sueño de forma crónica: la persona revisa el celular hasta tarde, duerme poco y mal, y su funcionamiento diurno se deteriora.
  • FOMO con uso problemático de sustancias o conductas: el FOMO se combina con otros patrones de regulación emocional disfuncional.

En estos casos, la consulta con un psicólogo puede identificar qué hay debajo del FOMO (ansiedad social, baja autoestima, necesidad de pertenencia insatisfecha) y trabajar la causa, no solo el síntoma.

La paradoja del eterno presente digital

Hay una paradoja en el FOMO que vale la pena nombrar: las redes sociales prometen estar presente en todo, pero en la práctica te mantienen ausente del momento que estás viviendo.

La persona que revisa su celular durante una cena no está presente en la cena. Está mentalmente en otro lugar, buscando experiencias que otros están teniendo. Y mientras busca estar en todas partes, no está en ninguna. El FOMO, paradójicamente, genera exactamente lo que la persona teme: se pierde la experiencia que está ocurriendo aquí y ahora porque está buscando la que ocurre allá y ahora.

Esta paradoja tiene nombre en la literatura: atención dividida crónica. El cerebro que está mitad en el mundo físico y mitad en el digital no procesa bien ninguna de las dos experiencias. La conversación se vuelve superficial. La comida se degusta menos. El recuerdo de lo que ocurrió se debilita. La persona está físicamente presente pero cognitivamente ausente.

La solución que la evidencia respalda no es “dejar el celular” sino estar donde estás. Cuando estés con alguien, estate con esa persona. Cuando estés comiendo, come. Cuando estés trabajando, trabaja. El celular puede esperar. Lo que no puede esperar es la vida que está ocurriendo mientras miras la pantalla.

Una nota sobre la responsabilidad de las plataformas

Sería injusto cargar toda la responsabilidad del FOMO al individuo. Las plataformas digitales tienen un diseño que maximiza la captura de atención, y ese diseño afecta a millones de personas que no tienen por qué ser expertas en psicología para defenderse de él.

La regulación de las plataformas (transparencia en algoritmos, límites de notificaciones por defecto, restricciones de diseño adictivo para menores) es una pieza del rompecabezas que la psicología comunitaria y la salud pública deben impulsar. Pero mientras esa regulación llega, la responsabilidad individual de cuidar la propia atención y la propia salud mental sigue siendo necesaria.

No es uno u otro. Es ambas: exigir plataformas más sanas y, mientras tanto, desarrollar relaciones más sanas con la tecnología que ya tenemos.

El cierre: lo que no te pierdes

Si hay un mensaje que llevarse de todo este artículo, es este: el FOMO te hace creer que te estás perdiendo algo importante allá afuera. Pero lo que de verdad estás perdiendo está aquí: esta conversación, este momento, esta vida que ocurre mientras miras la pantalla.

La próxima vez que sientas el impulso de revisar tu celular en medio de algo que importa —una cena, una conversación, un atardecer—, pregúntate: ¿qué me estoy perdiendo aquí mientras busco qué está pasando allá? La respuesta, casi de seguro, te sorprenderá.

La diferencia entre FOMO y JOMO

Si el FOMO es el miedo a perderse algo, el JOMO (Joy of Missing Out) es su contraparte positiva: la capacidad de disfrutar conscientemente lo que estás haciendo sin preocuparte por lo que no estás haciendo. El JOMO no es aislamiento ni desconexión. Es presencia.

La persona con JOMO puede ver su celular, decidir que no hay nada urgente, y dejarlo para volver a la conversación que estaba teniendo. No lo deja por obligación ni por ansiedad: lo deja porque lo que está viviendo ahora le importa más que lo que podría estar perdiéndose allá afuera.

El JOMO se cultiva. No es un rasgo innato. Se desarrolla con práctica de atención plena, con fortalecimiento de conexiones offline de calidad, y con la decisión consciente de priorizar profundidad sobre amplitud en las experiencias sociales. La persona que cultiva JOMO no consume más redes ni menos: las consume de forma más intencional. Y en esa intencionalidad está la diferencia entre el FOMO que agota y el JOMO que alimenta.

Para un estudiante de psicología que quiera entender la diferencia en términos prácticos: el FOMO es reactivo (respondo a la ansiedad de perderme algo), el JOMO es proactivo (elijo conscientemente dónde poner mi atención). El FOMO vive en la búsqueda compulsiva; el JOMO vive en la elección consciente. Ambos implican redes sociales. La diferencia es quién maneja: la ansiedad o la persona.

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