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Los 5 axiomas de la comunicacion de Watzlawick explicados con casos

TL;DR

Los cinco axiomas de Paul Watzlawick, Janet Beavin y Don Jackson, publicados en Pragmática de la comunicación humana (1967), describen propiedades que cumple toda comunicación interpersonal, independientemente de la intención de quienes participan. No son reglas para “comunicarse de forma eficaz”: son observaciones sobre lo que ocurre cada vez que dos personas interactúan. Conocerlos permite entender por qué ciertos conflictos se vuelven circulares, por qué el silencio también comunica y por qué una misma frase genera reacciones distintas según quién la diga.


Imagina una pareja en una sesión de terapia. Ella dice: “Llegas tarde otra vez”. Él guarda silencio y mira al suelo. La terapeuta pregunta: “¿Qué quiso decir ese silencio?” Él responde: “Nada, no dije nada”. Para Watzlawick, ese “no dije nada” choca con el primer axioma: el silencio, la mirada al suelo y la inmovilidad transmitieron un mensaje tan claro como una frase articulada. La pregunta no es si se comunicó algo, sino qué se comunicó y cómo lo interpretó el otro.

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Esta escena, cotidiana en el consultorio, encapsula el primer axioma de una teoría que transformó la psicología de la comunicación. Watzlawick y sus colegas de la Escuela de Palo Alto no se propusieron escribir un manual de asertividad. Quisieron formalizar algo más profundo: las reglas estructurales que operan en toda interacción humana, lo queramos o no.

¿Quién fue Paul Watzlawick y qué es la Escuela de Palo Alto?

Paul Watzlawick (1921-2007) fue un psicólogo y teórico de la comunicación austríaco-estadounidense. Se incorporó al Mental Research Institute (MRI) de Palo Alto, California, en 1961, donde trabajó junto a Don Jackson y Janet Beavin en el desarrollo de un enfoque sistémico de la comunicación y la psicoterapia.

La Escuela de Palo Alto no nació de la nada. Sus raíces se hunden en un proyecto de investigación que el antropólogo Gregory Bateson dirigió desde 1952 con financiamiento de la Fundación Rockefeller: el Proyecto de Comunicación de Stanford. Bateson, junto con Jay Haley, John Weakland y William Fry, estudió los patrones de comunicación en familias con un miembro diagnosticado de esquizofrenia. De ese trabajo surgió la teoría del doble vínculo, una de las hipótesis más influyentes, y también más debatidas, de la psiquiatría del siglo XX.

En 1958, el psiquiatra Don D. Jackson fundó el Mental Research Institute en Palo Alto, un centro que reunió a Bateson y su equipo con clínicos interesados en trasladar aquellas ideas al consultorio. Jackson había observado, en su trabajo con familias, que los síntomas de un paciente no podían separarse del patrón de interacción que los rodeaba. El MRI se convirtió en el hogar institucional de lo que pronto se llamaría “terapia familiar sistémica”.

La Escuela de Palo Alto agrupa a este conjunto de investigadores que, desde los años cincuenta, abordó la comunicación humana como un fenómeno relacional, no individual. La influencia teórica fue triple. La teoría general de sistemas de Ludwig von Bertalanffy aportó la idea de que el todo es distinto de la suma de sus partes: una familia no es un conjunto de individuos yuxtapuestos, sino un sistema con propiedades emergentes. La cibernética de Norbert Wiener sumó el concepto de retroalimentación: cada miembro del sistema regula y es regulado por los demás. Y los trabajos sobre el doble vínculo de Bateson ofrecieron el primer modelo concreto de cómo ciertos patrones comunicacionales podían producir sufrimiento psicológico.

La obra cumbre de este enfoque, Pragmatics of Human Communication (1967), formaliza cinco axiomas que describen las propiedades de toda interacción.

Axioma 1: Es imposible no comunicar

El primer axioma establece que toda conducta en una situación de interacción tiene valor de mensaje. No existe la “no-conducta”: incluso el intento de no comunicar nada (mirar al vacío, cruzarse de brazos, no responder un mensaje) transmite información sobre el estado emocional, la disposición al diálogo o la calidad del vínculo.

Este axioma invierte el sentido común. La gente tiende a pensar que “no decir nada” es neutro. Watzlawick muestra que el silencio activo (ignorar deliberadamente) y el silencio pasivo (quedarse sin palabras por vergüenza o miedo) comunican cosas distintas. El receptor interpreta la conducta del otro, incluso cuando esa conducta consiste en no hacer nada visible.

Aquí conviene distinguir entre comunicación intencional y comunicación no intencional. Cuando alguien dice “pásame el libro”, hay un propósito consciente de transmitir una petición. Pero cuando esa misma persona cruza los brazos mientras lo dice, rara vez piensa “voy a comunicar hostilidad cruzando los brazos”. La postura comunica de igual modo. El primer axioma no afirma que toda conducta sea deliberada: afirma que toda conducta es comunicativa, quiera su autor o no transmitir un mensaje. La diferencia importa en clínica, porque muchas personas que generan sufrimiento a su entorno lo hacen mediante conductas que no reconocen como comunicación.

Aplicación clínica: el síntoma como mensaje

En terapia sistémica, un síntoma (una crisis de angustia, un episodio de mutismo, una conducta de evitación) se lee como una forma de comunicación dentro del sistema familiar. El paciente identificado no “tiene” un síntoma que surge de la nada: expresa, mediante su conducta, algo que el sistema no logra verbalizar. El primer axioma delimita el marco desde el cual el terapeuta sistémico lee el problema.

Consideremos otro caso. Una madre acude a consulta quejándose de que su hijo adolescente “no le habla”. Describe semanas de monosílabos, puertas que se cierran, cenas en silencio. “Ya no me comunica nada”, repite. La terapeuta le pregunta cómo responde ella ante esos silencios. La madre describe una secuencia: pregunta insistente, reproche, retirada enfadada a su habitación. Desde el primer axioma, el adolescente no “deja de comunicar”: su silencio transmite malestar, distancia,quizá una protesta que no encuentra palabras. Y la conducta de la madre, a su vez, responde a ese mensaje y lo refuerza. Lo que la familia vivía como ausencia de comunicación resulta ser, a la luz del axioma, un intercambio denso y doloroso. La intervención terapéutica no consistirá en lograr que el adolescente “hable”, sino en ayudar a la madre a leer el silencio como un mensaje y a modificar su propia respuesta, abriendo así espacio para que el intercambio cambie de tono.

Esta lectura conecta con un antecedente directo: la teoría del doble vínculo de Bateson. Bateson y sus colaboradores (1956) describieron situaciones en las que una persona recibe mensajes contradictorios de otra de la que depende emocionalmente, sin posibilidad de señalar la contradicción ni de salir de la situación. Aunque el doble vínculo pertenece a un modelo posterior y más específico, comparte con el primer axioma la premisa fundamental: lo que no se dice con palabras se dice de otra forma, y ese “decir sin palabras” tiene efectos reales sobre quienes lo reciben.

Axioma 2: Toda comunicación tiene un nivel de contenido y un nivel de relación

Watzlawick distinguió dos dimensiones en cada mensaje:

Nivel Función Pregunta que responde
Contenido (report) Transmitir información ¿Qué se dice?
Relación (command) Definir el vínculo ¿Cómo se dice y entre quiénes?

El nivel de relación es una metacomunicación: comunica algo sobre la naturaleza del vínculo entre los participantes. Cuando alguien dice “Pásame la sal”, el contenido es idéntico sin importar quién lo diga. Pero si lo dice un amigo en una cena, un jefe en una reunión o un desconocido en un restaurante, el nivel de relación cambia por completo: puede ser una petición casual, una orden jerárquica o una demanda inapropiada.

Para apreciar cuánto cambia el nivel de relación con el contexto, conviene comparar la misma frase en tres vínculos distintos:

Vínculo Frase Nivel de relación dominante
Pareja “Necesito que escuches lo que te digo” Petición de intimidad y cercanía emocional
Jefe y empleado “Necesito que escuches lo que te digo” Orden jerárquica con consecuencia laboral
Terapeuta y paciente “Necesito que escuches lo que te digo” Invitación terapéutica con un marco de trabajo compartido

“El nivel de relación clasifica al nivel de contenido y, por tanto, es una metacomunicación.” — Watzlawick, Beavin y Jackson (1967)

Este axioma explica por qué las parejas discuten por el “tono” y no por las palabras. La discusión sobre el contenido (“solo te pedí que recogieras los platos”) oculta el conflicto real, que pertenece al nivel de relación (“me hablas como si fuera tu empleado”).

La metacomunicación opera como un marco interpretativo que define cómo debe entenderse el mensaje. Cuando dos personas se metacomunican de forma sana (“cuando me hablas así me siento desvalorizado”), abren la posibilidad de reparar el vínculo. Cuando la metacomunicación se rompe, los mensajes tienden a interpretarse en su lectura más dañina.

En la práctica clínica, el terapeuta utiliza el nivel de relación de forma consciente. Una intervención como “cuéntame más sobre eso” puede significar cosas muy distintas según cómo se diga: con curiosidad genuina (nivel de relación de colaboración), con frialdad protocolaria (nivel de relación de distancia técnica) o con un tono que el paciente perciba como examen (nivel de relación de evaluación). Los terapeutas en formación aprenden pronto que el nivel de relación suele tener más peso que el contenido en la alianza terapéutica. Un paciente puede olvidar las palabras exactas de una intervención, pero recordará durante meses cómo se sintió al recibirla.

Axioma 3: La naturaleza de una relación depende de la puntuación de la secuencia

Cada participante en una interacción “puntúa” la cadena de intercambios desde su perspectiva. Esto significa que cada uno identifica un punto de partida distinto en la secuencia de eventos.

El patrón típico:

  1. Persona A dice: “Yo reacciono así porque tú me atacaste primero.”
  2. Persona B responde: “Yo te ataqué porque tú me ignoraste antes.”
  3. Persona A replica: “Yo te ignoré porque tú fuiste descortés al llegar.”

La discusión puede retroceder indefinidamente sin llegar a un origen compartido. Cada participante ve su propia conducta como reacción y la del otro como provocación. Este patrón genera lo que Watzlawick llamó conflictos de puntuación: no son mentiras, son perspectivas legítimas desde el marco de cada persona.

Un caso de conflicto de puntuación

Imagina a una pareja que acude a terapia. Él describe la situación así: “Yo me cierro y me quedo callado porque ella me ataca en cuanto llego a casa”. Ella relata lo mismo desde el otro extremo: “Yo lo confronto porque llego y lo encuentro frío, distante, como si yo no existiera”. Cada uno puntúa la secuencia de forma distinta: para él, el origen es el ataque de ella; para ella, el origen es el retraimiento de él. Ambos describen hechos reales, pero los ordenan en una cadena donde su propia conducta aparece como respuesta justificada.

Este patrón se retroalimenta. Él llega expectante, algo tenso. Ella percibe la tensión como frialdad y confronta. Él lee la confrontación como un ataque y se cierra. Ella interpreta el cierre como confirmación de desinterés y eleva el tono. La escalada se sostiene sola porque cada episodio confirma la puntuación de cada parte. Watzlawick llamó a este fenómeno profecía autocumplida de la puntuación: lo que cada uno espera del otro tiende a provocar la conducta que teme.

El conflicto circular y la técnica de prescripción del síntoma

En terapia de pareja, los conflictos de puntuación suelen manifestarse como secuencias de escalada donde cada respuesta del otro confirma la interpretación de que “él empezó” o “ella me provocó”. El terapeuta sistémico no busca determinar quién tiene razón (eso reforzaría la puntuación de uno sobre el otro), sino interrumpir el ciclo y reencuadrar la secuencia como un patrón compartido.

Una de las técnicas características del enfoque de Palo Alto para estos casos es la prescripción del síntoma. El terapeuta puede pedir a la pareja que, en lugar de intentar “no discutir”, escenifique deliberadamente la secuencia problemática en un momento y lugar pactados. La idea es que al realizar de forma consciente lo que venían haciendo de forma automática, los miembros de la pareja ganan perspectiva sobre el patrón y dejan de percibir su conducta como mera reacción forzosa frente a la del otro. La prescripción del síntoma convierte un ciclo invisible en un objeto de observación compartida.

Axioma 4: Los seres humanos se comunican digital y analógicamente

Watzlawick distinguió dos modos de comunicación:

Modo Medio Fortaleza Limitación
Digital Palabras, números, símbolos Sintaxis lógica precisa Carece de significado inherente
Analógica Gestos, tono, postura, expresión Significado intuitivo inmediato No puede negar ni articular abstracciones

La palabra “amor” escrita en un papel y un abrazo transmiten contenidos distintos. La palabra es digital: precisa, secuencial, pero el significado depende de un código compartido. El abrazo es analógico: evoca directamente la experiencia, pero no puede matizar “te quiero como amigo” frente a “te quiero románticamente” con la misma precisión que las palabras.

La riqueza y los problemas de la comunicación humana derivan de la interacción entre ambos modos. Cuando alguien dice “estoy bien” (digital) con la mandíbula apretada y la voz temblorosa (analógica), el receptor recibe dos mensajes contradictorios. Watzlawick planteó que las contradicciones entre lo digital y lo analógico generan dobles mensajes que confunden al receptor.

Doble vínculo y contradicción digital-analógica

La conexión entre este axioma y la teoría del doble vínculo de Bateson es estrecha. Bateson describió el doble vínculo como una secuencia en la que una persona recibe, de alguien de quien depende afectivamente, dos mensajes mutuamente excluyentes en niveles distintos de comunicación, junto con una prohibición implícita de señalar la contradicción o de abandonar la situación. El ejemplo clásico es el de una madre que dice a su hijo “acércate, te quiero” con un cuerpo rígido y un tono que invita a la distancia. El contenido digital (“te quiero”) y el mensaje analógico (rigidez, frialdad) se contradicen. El niño, que necesita del cariño materno para su desarrollo, queda atrapado: si responde al contenido, choca con el rechazo corporal; si responde al cuerpo, desobedece la orden verbal.

Watzlawick y el grupo de Palo Alto retomaron este modelo para proponer una lectura interaccional de la esquizofrenia. En los años cincuenta y sesenta, plantearon que ciertas conductas catalogadas como sintomáticas en personas con diagnóstico de esquizofrenia podían entenderse como intentos de salida frente a situaciones comunicacionales de doble vínculo recurrentes. Es importante señalar que esta hipótesis, históricamente seminal para la terapia familiar, ha sido ampliamente matizada: la investigación posterior mostró que la esquizofrenia tiene componentes neurobiológicos y genéticos que un modelo puramente comunicacional no alcanza a explicar. El valor del modelo de Palo Alto hoy reside menos en su validez etiológica y más en su aporte conceptual: mostrar con claridad cómo la contradicción entre niveles de comunicación genera sufrimiento relacional.

Axioma 5: Los intercambios son simétricos o complementarios

Toda relación se basa en uno de dos patrones fundamentales:

Simétrico: basado en la igualdad y la reciprocidad. Los participantes reflejan la conducta del otro. Si uno hace una broma, el otro responde con otra. Si uno comparte algo personal, el otro hace lo propio. El riesgo es la escalada competitiva: cada broma se vuelve más afilada, cada logro del otro se convierte en un desafío a superar.

Un ejemplo de escalada simétrica patológica se observa en parejas donde la competencia por tener la razón se desboca. Uno eleva el tono; el otro lo eleva más. Uno trae a colación un agravio antiguo; el otro responde con uno mayor. Ninguno cede porque ceder equivale a perder, y el patrón se intensifica hasta que la discusión deja de versar sobre un contenido concreto y se convierte en una pugna por la dominancia.

Complementario: basado en la diferencia. Un participante ocupa una posición “uno” (superior, protectora, directiva) y el otro una posición “otro” (receptora, dependiente, obediente). Ejemplos: médico-paciente, profesor-alumno, padre-hijo. El riesgo es la rigidez: cuando la posición complementaria se vuelve fija, la relación pierde flexibilidad y se cristaliza.

En complementariedad rígida encontramos, por ejemplo, vínculos donde uno de los miembros asume de forma estable el rol de cuidador y el otro el de cuidado, incluso en circunstancias donde el intercambio de roles sería saludable. La persona cuidadora puede agotarse sin reconocerlo, y la persona cuidada puede perder autonomía que conservaba.

“Tanto la simetría como la complementariedad son patrones relacionales neutros en sí mismos. Los problemas surgen cuando uno de los dos se vuelve rígido o compulsivo.” — Watzlawick (1967)

La distinción entre patrones saludables y patológicos no radica en el tipo de patrón, sino en su flexibilidad:

Dimensión Patrón saludable Patrón patológico
Simetría Competencia lúdica, intercambio recíproco Escalada competitiva sin freno
Complementariedad Roles que se intercambian según el contexto Roles fijos que impiden el cambio
Transición Alterna simetría y complementariedad Se atasca en un solo modo
Metacomunicación Puede hablar sobre el propio patrón El patrón es invisible, no se nombra

Investigaciones posteriores refinaron esta distinción y mostraron que las relaciones sanas combinan ambos patrones según el contexto: simétricos en la igualdad del diálogo y complementarios cuando la situación lo requiere (uno cuida al otro cuando está enfermo).

Cómo se conectan los cinco axiomas en la práctica clínica

Los axiomas no funcionan de forma aislada. En una interacción real operan los cinco simultáneamente:

  • El axioma 1 nos dice que no hay neutralidad: toda conducta comunica.
  • El axioma 2 nos enseña a leer el nivel de relación bajo el contenido.
  • El axioma 3 explica por qué cada parte tiene su versión de los hechos.
  • El axioma 4 nos alerta sobre las contradicciones entre lo dicho y lo mostrado.
  • El axioma 5 describe la danza de igualdad y diferencia que estructura el vínculo.

La Escuela de Palo Alto integró estos axiomas en un modelo de terapia breve que se centra en cambiar el patrón de interacción, no en diagnosticar a un individuo. Si el patrón cambia, los síntomas suelen resolverse.

Aplicaciones en psicoterapia breve

Los axiomas de Watzlawick no quedaron en la teoría. El MRI los tradujo en un modelo de psicoterapia breve desarrollado a lo largo de los años setenta por el propio Watzlawick, Richard Fisch, John Weakland y Paul Purtell. La premisa de este enfoque es radical en su simplicidad: los problemas por los que las personas buscan ayuda no se mantienen por sus causas originarias, sino por las soluciones que intentan y que no funcionan.

El punto de partida clínico es una distinción entre problema y solución intentada. La pareja que discute porque uno de los miembros insiste en que el otro “abrase más” intensifica la exigencia cuanto más se siente rechazado. El intento de solución (exigir cercanía) genera más distancia, lo que se interpreta como necesidad de exigir más. El ciclo se sostiene porque la conducta que se ensaya para resolver el problema lo agrava. La intervención terapéutica consiste en identificar la solución intentada y modificarla, en lugar de profundizar en la historia del problema.

El terapeuta breve del MRI busca tres datos concretos en las primeras sesiones: qué hace la persona para resolver el problema (la solución intentada), qué efecto tiene esa conducta sobre el problema y qué ocurriría si dejara de hacerla. A partir de ahí, diseña una intervención mínima orientada a interrumpir el ciclo. El objetivo no es comprender el origen remoto del síntoma, sino modificar el patrón presente que lo mantiene activo. Esta economía de medios, que en su momento resultó disruptiva frente a los abordajes prolongados, hizo del modelo del MRI una referencia para la terapia breve contemporánea.

“La solución intentada mantiene el problema.” — Watzlawick (1974)

Esta premisa marca una diferencia sustancial con el psicoanálisis. Mientras la tradición psicoanalítica busca las raíces tempranas del conflicto en la historia del paciente, la terapia breve del MRI se concentra en el aquí y ahora de la interacción. No niega que el pasado importe, pero sostiene que intervenir sobre el patrón presente suele ser más eficiente que reconstruir su origen remoto. Un análisis minucioso de la infancia puede resultar interesante, pero rara vez modifica por sí solo la secuencia interaccional que sostiene el síntoma en el presente.

Una de las herramientas conceptuales centrales de este enfoque es el reencuadre. Reencuadrar consiste en cambiar el marco de significado dentro del cual se interpreta una conducta, sin alterar los hechos objetivos. Si un padre describe a su hijo adolescente como “rebelde y desafiante”, el terapeuta puede reencuadrar esa misma conducta como “búsqueda de autonomía”. Los hechos no cambian, pero el marco sí, y con él las posibles respuestas del padre. El reencuadre abre opciones de interacción que la etiqueta original cerraba.

El reencuadre puede operar en dos direcciones. En el reencuadre de contenido, la conducta se redefine dentro de una categoría distinta: lo que el padre llamaba “desafío” pasa a leerse como “necesidad de diferenciación”. En el reencuadre de relación, lo que cambia es el significado del vínculo en que se inscribe la conducta: el terapeuta puede señalar que la rebeldía del adolescente, lejos de ser un ataque al padre, es la prueba de que confía lo suficiente en él como para confrontarlo. Ambos movimientos persiguen el mismo fin: que los miembros del sistema dispongan de una lectura alternativa del problema y, con ella, de nuevas formas de responder.

Limitaciones y críticas

El modelo de la Escuela de Palo Alto, pionero en su momento, ha recibido críticas sustantivas que conviene conocer.

La primera objeta el peso excesivo de lo interaccional. Al situar el problema en el patrón de comunicación y no en el individuo, el modelo de Palo Alto puede minimizar factores intrapsíquicos que la clínica muestra relevantes: historias de trauma, estructura de personalidad, conflictos internos que no se agotan en la dinámica relacional. Un terapeuta exclusivamente focalizado en el patrón interactivo corre el riesgo de pasar por alto el mundo interno del paciente.

La segunda crítica apunta a la ausencia de factores neurobiológicos. El propio modelo del doble vínculo como explicación de la esquizofrenia ha sido desplazado por la investigación genética, neuroquímica y neurodesarrollativa, que sitúa los trastornos psicóticos en un terreno que la teoría de la comunicación, por sí sola, no alcanza a cubrir. Hoy se reconoce que ciertos trastornos requieren intervenciones farmacológicas que un enfoque comunicacional puro no contempla.

La tercera objeta la validez del concepto de doble vínculo. Diversos estudios posteriores a Bateson cuestionaron la idea de que un patrón comunicacional específico pudiera producir esquizofrenia. La evidencia empírica acumulada no respalda una relación causal directa entre doble vínculo y trastorno psicótico, aunque el concepto sigue siendo útil como descripción de patrones comunicacionales disfuncionales en familias con altos niveles de conflicto.

Estas críticas no invalidan el aporte de Palo Alto, pero sitúan sus límites. Los axiomas de Watzlawick describen con notable precisión cómo funciona la comunicación humana. No pretenden, por sí solos, explicar toda la psicopatología ni sustituir a otros modelos clínicos. Su valor perdura como herramienta de observación y como fundamento de intervenciones breves y focalizadas en el patrón de interacción.

Errores frecuentes que cuestan puntos en un examen

  1. Confundir los axiomas con reglas de buena comunicación. Los axiomas describen lo que ocurre inevitablemente, no lo que “debería” ocurrir. No son consejos de comunicación asertiva.
  2. Olvidar que el nivel de relación clasifica al contenido. Un examen típico pregunta qué pasa si los niveles entran en contradicción: la respuesta es que el nivel de relación suele imponerse.
  3. Mezclar comunicación digital/analógica con comunicación verbal/no verbal. Watzlawick no las equiparó. Lo digital incluye números y símbolos, no solo palabras. Lo analógico incluye postura y distancia, no solo gestos.
  4. Tratar la simetría como “buena” y la complementariedad como “mala” (o viceversa). Ambas son patrones relacionales neutros. Lo patológico es la rigidez, no el patrón en sí.
  5. Atribuir los axiomas solo a Watzlawick. Fueron coformulados con Janet Beavin y Don Jackson. Un examen bien formulado pedirá los tres autores.

La pregunta del estudiante

“Si es imposible no comunicar, ¿cómo hago para que mi pareja deje de interpretar mi silencio?”

El primer axioma no dice que debas hablar constantemente para evitar malentendidos. Dice que tu silencio comunica, quieras o no. La solución no es eliminar el silencio, sino metacomunicarlo: “Necesito un momento de silencio para pensar, no es que te esté ignorando.” Al nombrar el silencio, transformas su significado a nivel de relación. Esto es lo que Watzlawick llamó metacomunicación: comunicar sobre la propia comunicación.

Preguntas frecuentes

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Referencias

  • Watzlawick, P., Beavin, J., & Jackson, D. (2017). Some Tentative Axioms of Communication. En Communication Theory (pp. 74-80). Routledge. https://doi.org/10.4324/9781315080918-7
  • Harper, J. M., Scoresby, A. L., & Boyce, W. D. (1977). The Logical Levels of Complementary, Symmetrical, and Parallel Interaction Classes in Family Dyads. Family Process, 16(2), 199-209. https://doi.org/10.1111/j.1545-5300.1977.00199.x
  • Ray, W. (2017). The Palo Alto Group. En Encyclopedia of Couple and Family Therapy (pp. 1-4). Springer. https://doi.org/10.1007/978-3-319-15877-8_596-1
  • Guerrero, L. K. (2013). Emotion and Communication in Conflict Interaction. En The SAGE Handbook of Conflict Communication (pp. 105-132). SAGE. https://doi.org/10.4135/9781452281988.n5
  • Metacommunication. (2009). En Encyclopedia of Communication Theory. SAGE. https://doi.org/10.4135/9781412959384.n242
  • Complementary and Symmetrical Relationships. (2017). En The SAGE Encyclopedia of Marriage, Family, and Couples Counseling. SAGE. https://doi.org/10.4135/9781483369532.n100

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