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Silogismos

Epistemología III

Silogismos

El silogismo categórico funciona como una máquina de dos premisas y una conclusión. El oficio del aula consiste en detectar la conclusión ilícita: aquella que parece seguir y, sin embargo, viola la distribución de los términos o mueve el término medio a un lugar que no sostiene el paso.

  • Piezas: mayor, menor y término medio; A, E, I, O
  • Figuras 1 a 4: el medio cambia de lugar
  • Validez y verdad conviven en tensión
  • Sesgo de creencia: la conclusión creíble tapa la forma
  • Modos más allá de Barbara y autoevaluación

Tesis de aula. Distinguir figura, modo y término medio te deja ver cuándo el argumento arrastra una conclusión que las premisas no autorizan. Este cuaderno se ocupa de esa máquina de tres líneas. El mapa de tipos de inferencia (deducción, inducción, abducción) vive en el apunte de razonamiento lógico. Los atajos de juicio viven en heurísticos. Aquí el trabajo es otro: clasificar un argumento de dos premisas y decidir si la conclusión es lícita.

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Piezas: mayor, menor, término medio; A E I O

Un silogismo categórico tiene tres proposiciones y tres términos. Cada término aparece dos veces. El término mayor (P) es el predicado de la conclusión y aparece en la premisa mayor. El término menor (S) es el sujeto de la conclusión y aparece en la premisa menor. El término medio (M) aparece en las dos premisas y desaparece de la conclusión: su trabajo consiste en articular S con P. Si M no conecta de verdad, la máquina gira en falso y la conclusión se vuelve ilícita.

Definición de trabajo. Silogismo categórico: argumento con premisa mayor, premisa menor y conclusión, construido con proposiciones de la forma Todo / Ningún / Algún / Algún… no, que comparte exactamente tres términos (S, P, M).

Máquina de tres líneas. Premisa mayor + premisa menor + conclusión. El término medio es el engranaje. Si el engranaje no muerde en al menos una premisa de forma distribuida, S y P quedan sueltos y la conclusión se inventa un puente.

Las cuatro formas de proposición categórica se nombran con vocales desde la Edad Media. A (universal afirmativa): Todo S es P. E (universal negativa): Ningún S es P. I (particular afirmativa): Algún S es P. O (particular negativa): Algún S no es P. La cantidad (universal o particular) y la cualidad (afirmativa o negativa) deciden qué términos quedan distribuidos. Un término distribuido cubre la clase entera. En A se distribuye el sujeto. En E se distribuyen sujeto y predicado. En I no se distribuye ninguno. En O se distribuye el predicado. Esa cuenta, seca y sin adorno, es la que después te deja cazar la conclusión ilícita.

A Todo S es P. Distribuye S. Ejemplo de aula: Todo mamífero es vertebrado.
E Ningún S es P. Distribuye S y P. Ejemplo: Ningún pez es mamífero.
I Algún S es P. No distribuye. Ejemplo: Algún estudiante llega tarde al seminario.
O Algún S no es P. Distribuye P. Ejemplo: Algún informe no cita fuente primaria.

En el aula conviene escribir las tres líneas en español corriente y, debajo, traducir a S, P y M. «Todo vertebrado tiene columna. Todo mamífero es vertebrado. Por tanto, todo mamífero tiene columna.» Aquí P es «tiene columna», S es «mamífero» y M es «vertebrado». El medio está en las dos premisas y se cae en la conclusión. Ese patrón es el que Aristóteles trabaja en los Analíticos primeros: el medio como pieza que permite pasar de dos juicios al tercero. El nombre latino del modo (Barbara, Celarent, Darii, Ferio) llega después, como etiqueta de memoria de las vocales A-A-A, E-A-E, A-I-I, E-I-O. En el parcial importa señalar cuál es M y si M está distribuido al menos una vez; recitar el latín no suma punto.

Analogía del pasillo. Imagina tres aulas unidas por un pasillo. S vive en un aula, P en otra, M es el pasillo. Si el pasillo está trabado (M no se distribuye), puedes creer que S y P se hablan porque «suenan parecidos», y aun así no hay tránsito. El sesgo de creencia, más abajo, explota justo esa ilusión: una conclusión que «suena de aula» tapa un pasillo trabado.

Dos errores de pieza se repiten. El primero: tratar un argumento de una sola premisa como silogismo. «Los psicólogos estudian conducta; luego Ana es psicóloga» le falta la segunda premisa y, de paso, confunde el medio. El segundo: repetir un término con sentido distinto (equivocidad). «Nada termina en nada; la clase termina a las 6; luego la clase es nada.» Ahí «termina» cambia de oficio. El silogismo categórico exige términos unívocos. Si el vocabulario resbala, la forma ya no se puede evaluar.

Taquigrafía de aula: escribe S, P, M al margen; marca A/E/I/O en cada línea; tacha M en la conclusión. Si M sigue apareciendo abajo, o si aparece un cuarto término, el argumento ya no es silogismo categórico de tres términos.

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Figuras 1 a 4: por qué el medio cambia de lugar

La figura es el mapa de dónde se sienta M en las premisas. El modo es la terna de vocales (por ejemplo A-A-A). Figura y modo se leen juntos: un mismo modo en otra figura deja de valer. Por eso el medio cambia de lugar: cada figura coloca a M como sujeto o como predicado de cada premisa, y esa geometría decide si S queda realmente ligado a P.

Premisa mayor Premisa menor Término medio articula Conclusión S–P

En la figura 1 M es sujeto de la mayor y predicado de la menor: M–P / S–M / por tanto S–P. Es la figura que Aristóteles privilegia porque el medio «está en medio» también en el orden de las palabras. Barbara vive aquí: Todo M es P; todo S es M; todo S es P. Celarent, Darii y Ferio también. En la figura 2 M es predicado en las dos premisas: P–M / S–M. Cesare, Camestres, Festino y Baroco. En la figura 3 M es sujeto en las dos: M–P / M–S. Darapti, Disamis, Datisi, Felapton, Bocardo, Ferison. En la figura 4 M es predicado de la mayor y sujeto de la menor: P–M / M–S. Bramantip, Camenes, Dimaris, Fesapo, Fresison. La cuarta figura se sistematiza más tarde que las tres primeras; en el aula basta con saber ubicar M, no con pelear la historiografía.

Por qué el medio se mueve. Si M ocupara el mismo asiento en cada figura, habría una sola geometría y gran parte de los argumentos cotidianos (donde el medio cae como predicado, o se repite como sujeto) quedarían fuera del mapa. Las 4 figuras cubren las 4 combinaciones de «M sujeto / M predicado» en las dos premisas. El cambio de lugar cubre el inventario de cómo puede articularse el puente.

Un ejemplo de figura 2, en español de aula: «Ningún reptil es mamífero. Toda ballena es mamífero. Por tanto, ninguna ballena es reptil.» M = mamífero, predicado en las dos premisas. El modo es E-A-E (Camestres). La conclusión niega con justicia porque el medio, al ser predicado de una E y de una A, alcanza para separar S de P. Cambia el asiento de M y el mismo vocabulario se rompe. «Ningún reptil es mamífero. Ninguna ballena es reptil. Por tanto, ninguna ballena es mamífero.» Ahora el medio deja de ser mamífero; el término que se repite es reptil, y la conclusión afirma algo que las premisas no dan (de hecho, lo contradicen en el mundo). La figura se lee en los asientos, no en la simpatía del tema.

Johnson-Laird (2010) muestra que las personas no recorren estas geometrías como un tablero de reglas. Construyen modelos mentales de lo que las premisas describen y leen la conclusión sobre esos modelos. Cuando el modelo de lo creíble coincide con la conclusión, la figura se vuelve invisible. Por eso este cuaderno insiste en marcar M con lápiz antes de opinar si «suena bien». El modelo mental ayuda a entender el error; no sustituye el mapa de las 4 figuras en el parcial.

Asientos de M. Fig. 1: sujeto en mayor, predicado en menor. Fig. 2: predicado en las dos. Fig. 3: sujeto en las dos. Fig. 4: predicado en mayor, sujeto en menor. Si no puedes señalar el asiento, aún no tienes figura.

Hay 4 figuras y 4 vocales por línea: 4 x 4 x 4 = 64 modos por figura, 256 combinaciones si se cuenta el cruce entero. Una fracción de esas combinaciones resulta válida (el número exacto depende de si se admiten subalternas y de la doctrina de la importación existencial). El dato útil para el examen consiste en saber que la validez es escasa y que una terna de vocales «bonita» en la figura equivocada no salva el paso. Memorizar 256 combinaciones no ayuda. Barbara en figura 1 vale. La misma terna A-A-A en figura 2 no produce un silogismo válido, porque el medio, predicado en dos A, no se distribuye ni una vez.

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Validez frente a verdad: la forma puede caminar con premisas falsas

La validez pregunta si la conclusión se sigue de las premisas por la forma. La verdad pregunta si cada proposición acierta con el mundo. Un silogismo válido puede tener premisas falsas y, entonces, una conclusión falsa. Un silogismo inválido puede tener premisas verdaderas y una conclusión verdadera por coincidencia. Mezclar las dos preguntas es el atajo que el parcial premia cazar.

Validez con premisas falsas. «Todo mamífero vuela. Toda ballena es mamífero. Por tanto, toda ballena vuela.» Modo Barbara, figura 1, forma válida. La primera premisa es falsa. La conclusión es falsa. La máquina, aun así, está bien armada: si las premisas fueran verdaderas, la conclusión no podría fallar. El oficio distingue ese «si» del «es».

El ejemplo inverso también conviene tenerlo a mano. «Algún estudiante es puntual. Algún puntual aprueba. Por tanto, algún estudiante aprueba.» Las tres líneas pueden ser verdaderas en un curso concreto. El medio («puntual») no está distribuido en ninguna premisa (son dos I). La conclusión, aunque ocurra en el aula, no se sigue de esas dos líneas. Hay conclusión ilícita con material verdadero. El mundo no perdona ni salva la forma: son ejes distintos.

Prueba rápida. Cambia el contenido y deja la forma. Si al sustituir S, P y M por clases absurdas la conclusión sigue «pegada», estás ante validez. Si al cambiar el contenido se cae el puente, estabas leyendo la creencia, no la forma. «Todo cuadrado vuela. Todo círculo es cuadrado. Todo círculo vuela» conserva Barbara aunque el universo sea disparatado.

En epistemología esta distinción importa porque el silogismo se ofrece a veces como retrato de «la ciencia que deduce». El apunte sobre la dicotomía ciencia-filosofía y el de epistemología y sus problemas sitúan otra conversación: cómo se justifican las premisas, qué cuenta como evidencia, qué es una inferencia ampliativa. Aquí el recorte es más estrecho y más técnico. Puedes tener un aparato deductivo en regla y, aun así, partir de premisas que el mundo no sostiene. La validez no lava la verdad de las premisas. La verdad de las premisas no lava un medio indistribuido.

Trampa de parcial. Te ponen un silogismo con conclusión falsa y te piden «¿válido?». Si respondes «inválido» porque la conclusión ofende al sentido común, estás calificando verdad, no forma. El corrector espera que marques la figura y el modo y que separes el juicio de verdad. El caso de las ballenas que vuelan está pensado para eso.

Una variante más fina: premisas verdaderas, forma válida, conclusión verdadera. Ese caso no enseña nada por sí solo, porque las tres luces coinciden y el atajo de creencia no se ve. El caso didáctico es el conflicto: forma buena con contenido malo, o contenido bueno con forma mala. Evans, Barston y Pollard (1983) llevan ese conflicto al laboratorio, y el bloque siguiente lo toma como dato, no como anécdota.

Cuando redactes en el examen, nombra los dos ejes en una frase cada uno. «La forma es válida (Barbara, figura 1). La premisa mayor es falsa; la conclusión, también.» Esa prosa corta evita el veredicto globo («está mal») que mezcla todo. El docente lee si separaste los ejes. El silogismo, en este cuaderno, es el aparato para practicar esa separación, no un museo de nombres latinos.

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Sesgo de creencia: la conclusión creíble tapa la forma

Evans, Barston y Pollard (1983) pusieron a personas adultas a evaluar silogismos en los que la validez y la credibilidad de la conclusión se cruzaban. Cuatro celdas: válido y creíble; válido e increíble; inválido y creíble; inválido e increíble. El hallazgo que importa en aula: cuando la conclusión era creíble, se aceptaban argumentos inválidos con una frecuencia alta; cuando la conclusión era increíble, se rechazaban argumentos válidos más de lo que la forma autorizaba. La creencia no «ayuda un poco». Compite con la forma y, en el conflicto, gana con facilidad.

Sesgo de creencia (Evans, Barston y Pollard, 1983). Una conclusión que «suena verdadera» tapa un agujero de forma. Una conclusión que «suena falsa» hace rechazar un silogismo válido. El conflicto entre lógica y creencia se mide en laboratorio.

Traduce el diseño a español de seminario. Inválido y creíble: «Todo psicólogo estudia conducta. Ana estudia conducta. Por tanto, Ana es psicóloga.» La conclusión puede ser verdadera en el mundo (Ana puede ser psicóloga). El medio («estudia conducta») está indistribuido: es predicado de dos afirmativas y no cubre la clase. Quien acepta el paso lo hace porque el retrato de Ana «encaja», no porque M articule. Válido e increíble: «Ningún mamífero vuela. Algún murciélago es mamífero. Por tanto, algún murciélago no vuela.» La forma (Ferio, figura 1) es válida. La conclusión choca con lo que sabes de los murciélagos. Quien la rechaza está defendiendo zoología, no lógica. El experimento clásico usa materiales en inglés; el mecanismo se reproduce con el vocabulario del curso.

Qué hacer con el dato. Antes de decir «sí, se sigue», escribe al margen: ¿la conclusión me gusta? Si la respuesta es sí, fuerza un segundo paso: nombra figura, modo y distribución de M. El sesgo se mitiga con un hábito externo, no con la promesa de «estar atento». Johnson-Laird (2010) encaja aquí: el modelo mental de lo plausible se construye primero; la revisión de la forma llega, si llega, después.

El sesgo de creencia no anula el silogismo como herramienta. Lo sitúa. En un parcial de epistemología te van a dar, de propósito, una conclusión simpática con un medio flojo, o una conclusión antipática con un medio bien asentado. El puntaje está en resistir la simpatía. Eso diferencia este cuaderno del de heurísticos: allá se mapean atajos de juicio (disponibilidad, representatividad, anclaje). Acá el atajo tiene nombre preciso —creencia versus forma silogística— y un paper de 1983 que lo documenta con celdas cruzadas. Citar de memoria «la gente se equivoca» no alcanza; hay que decir en qué celda estaba el ítem.

Analogía del cuño de goma. La conclusión creíble funciona como un cuño de goma que estampa «aprobado» sobre la hoja antes de leer las premisas. Tu trabajo es levantar el cuño y mirar los asientos de M. El gesto es físico: lápiz en S, P y M, vocales al lado, y recién entonces el sí o el no.

Una nota de método. Evans y colegas trabajan con silogismos categóricos, no con dilemas morales ni con sesgos de encuesta. Si en el examen mezclas este hallazgo con Kahneman y Tversky sin avisar el cambio de aparato, diluyes el dato. El enlace interno a pensamiento y razonamiento cubre el panorama amplio. Este bloque pide una frase de la forma: «En el conflicto validez-credibilidad, Evans, Barston y Pollard (1983) muestran aceptación de inválidos creíbles y rechazo de válidos increíbles.» Punto. Luego el ejemplo en español.

Cuatro celdas. Válido + creíble: fácil. Válido + increíble: se rechaza de más. Inválido + creíble: se acepta de más. Inválido + increíble: se detecta con más claridad. El conflicto está en las dos celdas mixtas.

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Trampa de parcial: Barbara convive con otros modos

Barbara (A-A-A, figura 1) es el ejemplo que el manual pone primero porque las tres líneas son universales afirmativas y el medio se ve. El parcial aprovecha esa familiaridad. Te piden «el silogismo válido» y el atajo consiste en buscar tres «todo» seguidos. Celarent (E-A-E), Darii (A-I-I) y Ferio (E-I-O) son válidos en la misma figura. Cesare y Camestres lo son en la 2. Un ítem con «algún» no es, por eso, basura: puede ser Darii o Ferio. Un ítem con «ningún» puede ser Celarent. Reducir el mapa a Barbara deja fuera el oficio.

Trampa de parcial. Tratar a Barbara como el molde de la validez. Hay otros modos válidos en las 4 figuras. Un silogismo con particulares (I, O) puede ser lícito. Un silogismo con tres A en figura 2 es ilícito porque el medio no se distribuye. Clasifica figura y modo; no busques el retrato de Barbara.

Otra trampa. Confundir «algún» con invalidez. Darii: Todo M es P; algún S es M; algún S es P. Ferio: Ningún M es P; algún S es M; algún S no es P. Las particulares entran en modos válidos. Lo que tumba es el medio indistribuido o el término que se distribuye en la conclusión sin haberse distribuido en la premisa (ilícito mayor o ilícito menor).

El oficio de detectar la conclusión ilícita se puede escribir como lista corta. Conviene seguirla en este orden, sin saltar a la simpatía de la conclusión.

  1. Subraya S (sujeto de la conclusión), P (predicado de la conclusión) y M (el término que está en las dos premisas y no en la conclusión).
  2. Asigna A, E, I u O a cada línea y anota qué términos se distribuyen.
  3. Ubica la figura según el asiento de M en las premisas.
  4. Comprueba dos reglas de distribución: M distribuido al menos una vez; todo término distribuido en la conclusión debía estarlo en su premisa.
  5. Separa el juicio de validez del juicio de verdad, y recién entonces mira si la conclusión «te gusta» (celda de Evans).
  6. Nombra el modo si lo reconoces (Barbara, Celarent, Darii, Ferio, Cesare, Camestres…); si no lo nombras, igual puedes dictaminar lícito o ilícito con las reglas del paso 4.

La tabla reúne casos de aula en español. El latín queda para el nombre del modo, no para las premisas.

Premisa mayor Premisa menor Conclusión ¿válido?
Todo vertebrado tiene columna Todo gorrión es vertebrado Todo gorrión tiene columna Sí (Barbara, fig. 1)
Todo mamífero vuela Toda ballena es mamífero Toda ballena vuela Sí (forma válida; premisas falsas)
Ningún pez es mamífero Toda ballena es mamífero Ninguna ballena es pez Sí (Camestres, fig. 2)
Algún estudiante es puntual Algún puntual aprueba Algún estudiante aprueba No (medio indistribuido)
Todo psicólogo estudia conducta Ana estudia conducta Ana es psicóloga No (creíble; forma ilícita)

Trampa de la fila creíble. La última fila de la tabla es el ítem que más se acepta en voz alta. La conclusión puede ser verdadera en el mundo y, aun así, ilícita. Si en el parcial te dan nombres propios (Ana, Luis, el profesor García), sospecha figura 2 mal armada o un medio que es predicado de dos afirmativas.

Autoevaluación. Abre cada ficha, clasifica en silencio (figura, modo si puedes, válido o no, y si hay conflicto de creencia) y después contrasta con la respuesta. El ejercicio copia el gesto del parcial: un silogismo para clasificar, no un párrafo para parafrasear.

1. Todo metal conduce. Todo cobre es metal. Todo cobre conduce. ¿Qué clasificas?

Figura 1, modo A-A-A (Barbara). Válido. Premisas y conclusión son verdaderas en el mundo habitual de aula, de modo que no hay conflicto de creencia. El medio (metal) es sujeto de la mayor y predicado de la menor, y se distribuye en la mayor. Si cambias «conduce» por «vuela», la forma sigue válida y el contenido se vuelve falso: sirve para rehacer el eje validez / verdad.

2. Algún gato es negro. Algún negro es elegante. Algún gato es elegante. ¿Lícito?

Ilícito. Dos premisas I: el medio («negro») no se distribuye. Aunque conocieras un gato negro y elegante, esa coincidencia no sale de estas dos líneas. Figura 1 aparente por el orden, modo I-I-I, que no está entre los válidos. Celdas de Evans: si la conclusión te parece creíble, estás en inválido + creíble. Marca ilícito y nombra el medio indistribuido.

3. Ningún planeta es hueco. Algún cuerpo celeste es planeta. Algún cuerpo celeste no es hueco. ¿Válido, aunque suene raro?

Válido. Figura 1, modo E-I-O (Ferio). El medio (planeta) se distribuye en la mayor (E). La conclusión particular negativa se sigue. Si «cuerpo celeste no hueco» te resulta extraño o demasiado obvio, estás juzgando contenido. La forma camina. Este ítem entrena el rechazo indebido de un válido que no parece un Barbara.

4. Ningún gato es reptil. Algún felino es reptil. Algún felino no es gato. Clasifica y di si la creencia empuja.

Válido (Ferio, figura 1). Premisa menor falsa en zoología corriente (un felino no es reptil), de modo que hay roce con la creencia: la menor «suena mal» y empuja a tirar el argumento entero. La forma, sin embargo, es lícita. Si hubieras leído solo la menor, habrías calificado verdad. El dictamen pedido es de validez. Anota: forma sí; menor falsa; conclusión verdadera por otras razones del mundo, no porque la menor lo sea.

Si al terminar las 4 fichas te descubriste buscando tres «todo» para decir que sí, volviste a la trampa de Barbara. Vuelve a la lista numerada y recorre distribución. El silogismo categórico, en este curso, es un oficio de asientos y de vocales, puesto al servicio de una pregunta epistemológica chica y dura: ¿esta conclusión está autorizada por estas dos líneas, o la está autorizando lo que ya creías?

Para el cuaderno

Marca S, P y M. Pon A E I O. Nombra la figura por el asiento del medio. Separa validez de verdad. Desconfía de la conclusión que te cae bien. Recuerda que Barbara comparte estante con Celarent, Darii, Ferio y los modos de las figuras 2 a 4. El resto del mapa de inferencias y el de heurísticos esperan en sus propios apuntes; este deja armada la máquina de dos premisas.

Para seguir leyendo en el sitio. El marco de problemas está en Epistemología y sus problemas. El recorte ciencia-filosofía, en Dicotomía ciencia-filosofía. El panorama de inferencias, en Pensamiento y razonamiento.

PsiqueAcadémica · Cuaderno de Epistemología

Evans, J. St. B. T., Barston, J. L., y Pollard, P. (1983). On the conflict between logic and belief in syllogistic reasoning. Memory and Cognition. https://doi.org/10.3758/bf03196976.

Johnson-Laird, P. N. (2010). Mental models and human reasoning. Proceedings of the National Academy of Sciences. https://doi.org/10.1073/pnas.1012933107.

Aristóteles. Analíticos primeros.