
Epistemología III
Razonamiento lógico
Razonar es el oficio de pasar de premisas a una conclusión y de poder decir con qué derecho lo hiciste. Este cuaderno recorre deducción, inducción y abducción para el parcial de epistemología. El mapa de heurísticos vive en otro apunte. La máquina de dos premisas (silogismo) también. Aquí el corte es el tipo de inferencia y la diferencia entre validez y verdad.
- Qué es razonar: premisas, conclusión, validez y verdad
- Deducción y modelos mentales
- Inducción: generalizar con margen
- Abducción: hipótesis que cubre el dato
- Sesgo de creencia y selección de Wason
Tesis de aula. El parcial pesca a quien llama «lógico» a lo que le suena razonable. Lógico, en este cuaderno, nombra un tipo de paso: qué se sigue, con qué fuerza y con qué riesgo. Deducción conserva; inducción amplía con margen; abducción propone una hipótesis. Mezclar los tres en una sola palabra («razoné bien») es el atajo que hay que desarmar.
Qué es razonar: de premisas a conclusión
Una inferencia tiene al menos dos piezas visibles: las premisas (lo que das por sentado o por observado) y la conclusión (lo que pretendes haber ganado). Razonar consiste en articular ese paso y en poder mostrarlo. Pensar, en cambio, cubre un territorio más ancho: recordar, imaginar, dudar, asociar. El apunte de pensamiento y razonamiento sitúa heurísticos y sesgos. El de conocimiento como problema pregunta qué cuenta como saber. Este recorte es más estrecho: clasificar el paso.
Definición de trabajo. Razonamiento: proceso de extraer una conclusión a partir de premisas, de modo que se pueda evaluar la fuerza del paso (válido, probable, plausible) aparte de si las premisas aciertan con el mundo.
Validez frente a verdad. Validez pregunta si la conclusión se sigue de las premisas por la forma del paso. Verdad pregunta si cada proposición acierta con el mundo. Un paso válido puede partir de premisas falsas. Un paso inválido puede llegar, por coincidencia, a una conclusión verdadera. El oficio las nombra por separado.
Ejemplo seco. Premisas: «Si llueve, la calle se moja. La calle está mojada.» Conclusión: «Llovió.» El mundo puede coincidir (de hecho llovió). El paso, aun así, es ilícito: la calle se moja también con un camión cisterna. Eso es afirmar el consecuente. El parcial premia cazar ese tipo de confusión, no recitar nombres latinos.
Otro eje, igual de útil: necesidad frente a ampliación. En un paso deductivo, si las premisas sostienen, la conclusión no puede fallar. No añade hecho nuevo; reordena lo ya concedido. En un paso inductivo o abductivo, la conclusión dice algo que las premisas no contenían del todo. Ganas alcance y pagas riesgo. Quien llama «prueba» a una generalización de diez casos está cobrando un alcance que no pagó.
Analogía del andamio. Las premisas son tablones. La conclusión es el piso al que quieres subir. Un andamio deductivo, bien trabado, no te deja caer si los tablones aguantan. Un andamio inductivo te asoma a un piso más alto y se mueve con el viento: puedes usarlo, y debes decir que se mueve. Un andamio abductivo es una hipótesis de cómo se armó el edificio: útil para seguir buscando, frágil si la tomas por plano final.
En el aula conviene escribir el argumento en tres renglones, aunque el enunciado venga en prosa. Premisa 1. Premisa 2. Por tanto, conclusión. Ese gesto, casi administrativo, obliga a ver qué falta. Muchos ítems de examen esconden una premisa no dicha (la que «todo el mundo sabe»). Hacerla explícita es parte del oficio: o la concedes, o la discutes, o marcas que el paso depende de ella.
Taquigrafía: premisas = lo dado. Conclusión = lo ganado. Validez = forma del paso. Verdad = acierto con el mundo. Si mezclas los dos ejes en un «está mal», el corrector no ve si cazaste la forma o el contenido.
Deducción: si las premisas sostienen, la conclusión no puede fallar
La deducción es el paso en el que la verdad de las premisas garantiza la verdad de la conclusión. «Garantiza» aquí no es un eslogan de marketing: nombra una relación formal. Si aceptas «todo mamífero es vertebrado» y «toda ballena es mamífero», no puedes rechazar «toda ballena es vertebrado» sin contradecirte. El contenido puede ser disparatado («todo mamífero vuela») y la forma, aun así, válida. Esa separación se entrena con silogismos; este bloque la necesita como brújula, no como inventario de figuras.
Deducción. Paso no ampliativo: la conclusión no dice más de lo que las premisas ya comprometían. Si las premisas son verdaderas, la conclusión no puede ser falsa. El riesgo está en las premisas, no en el salto.
Johnson-Laird (2010) muestra que las personas no recorren las reglas como un tablero. Construyen modelos mentales de lo que las premisas describen y leen la conclusión sobre esos modelos. Cuando un modelo basta para «ver» la conclusión, se acepta. Cuando hay que construir modelos alternativos (los que falsarían la conclusión), el trabajo se vuelve pesado y aparecen errores sistemáticos. La teoría no niega que exista validez; explica por qué un paso válido se siente opaco y un paso inválido se siente limpio.
Eso cambia el estudio. Memorizar «modus ponens» ayuda si además ensayas el caso en el que el consecuente aparece solo. «Si el inventario está mal, el informe falla. El informe falló. Luego el inventario está mal.» Suena de oficina. Es afirmar el consecuente. El modelo mental de «informe fallido» se llena con la causa que ya temías (el inventario) y no abre la ventana del servidor caído, del dato mal copiado, del criterio de un supervisor. El modelo se adelanta a la forma.
Qué pide el parcial. Distinguir un paso deductivo de uno que solo «encaja». Nombrar validez sin confundirla con verdad. Citar, si te piden autor, que Johnson-Laird (2010) sitúa el razonamiento deductivo en modelos mentales, no en una lista muda de reglas. El paper está en https://doi.org/10.1073/pnas.1012933107.
Dos formas deductivas que sí conviene tener en español de aula. Modus ponens: si P entonces Q; P; por tanto Q. Modus tollens: si P entonces Q; no Q; por tanto no P. El segundo cuesta más. Wason, más abajo, lo pone en una tarjeta. Aquí basta marcar la asimetría: afirmar el antecedente camina; negar el consecuente también camina; afirmar el consecuente y negar el antecedente no caminan. Cuatro celdas, dos lícitas. El resto es ruido de oficina.
Prueba rápida. Sustituye el contenido por clases absurdas y deja la forma. Si la conclusión sigue pegada, estás ante deducción. «Si el gato es ministro, el pez vota. El gato es ministro. El pez vota.» Forma en regla. Mundo disparatado. El eje de verdad queda para otra pregunta.
Inducción: generalizar con margen
La inducción amplía. De un conjunto de casos pasas a una regla, a una frecuencia, a una expectativa. «Los cinco pacientes con este perfil respondieron al protocolo; el sexto, con el mismo perfil, es probable que responda.» Ese «probable» es el precio. Las premisas no prohíben el contraejemplo. El contraejemplo, cuando llega, no «rompe la lógica»: muestra el margen que ya estaba cobrado.
Inducción de trabajo. Paso ampliativo que proyecta lo observado hacia lo no observado (el próximo caso, la población, el martes que viene). La fuerza depende del muestreo, de la homogeneidad del dominio y de cuánto te juegas si fallas. No equivale a prueba deductiva.
El error de aula más repetido es inflar la inducción hasta hacerla pasar por deducción. «En la literatura, este efecto se replica; por tanto, en tu caso tiene que verse.» El «tiene que» es un ladrón de modalidad. Lo honesto es: «en muestras parecidas se vio; tu caso puede desviarse; hay que mirar condiciones.» El apunte de alcances, hipótesis y operacionalización cubre cómo se formula eso en un diseño. Aquí el corte es epistemológico: qué tipo de paso estás dando cuando dices «por tanto».
Hay inducciones más y menos cuidadosas. Cuidada: muestras definidas, contraejemplos buscados, rango de aplicación dicho en voz alta. Descuidada: tres anécdotas, una etiqueta («los adolescentes son…») y una política. El sesgo de confirmación, tratado en sesgo de confirmación, empuja a coleccionar los casos que alimentan la regla y a olvidar los que la rozan. Wason, en el bloque 5, convierte esa tendencia en una tarea de cuatro tarjetas. No adelantemos el experimento; sí adelantemos el hábito: una inducción que no busca el caso que la haría fallar está disfrazada de certeza.
Analogía del mapa de rutas. La deducción es el plano del edificio: si el plano es fiel, la escalera está donde dice. La inducción es el mapa de tráfico a las 7 a.m.: te orienta, y un accidente lo desmiente sin que el mapa haya «mentido» del todo. Usar el mapa de tráfico como plano de arquitectura es el error de modalidad.
Taquigrafía: inducción = ampliación con margen. Palabras que delatan inflación: «tiene que», «queda demostrado», «ya se sabe». Palabras que pagan el precio: «en esta muestra», «hasta aquí», «con estas condiciones».
Abducción: la hipótesis que cubre el dato
Charles S. Peirce llamó abducción (o hipótesis) al paso que inventa una explicación. Ves un dato sorprendente. Propones una hipótesis tal que, si fuera verdadera, el dato dejaría de sorprender. Luego vendrán deducción (qué más se seguiría) e inducción (poner a prueba). El orden importa. La abducción no prueba; abre una pista. Peirce lo trabaja en textos del siglo XIX; se cita en APA sin doi.org.
Abducción. Dato raro + hipótesis que lo haría esperable. El paso es plausible, no necesario. Varias hipótesis pueden cubrir el mismo dato. El oficio consiste en elegir cuál merece el siguiente test, no en coronar a la primera que suena bien.
Escena de clínica de aula, sin diagnosticar a una persona concreta. Un adolescente llega tarde tres martes. Hipótesis A: evita la primera hora porque allí está el compañero con el que se pelea. Hipótesis B: el bus de las 6:40 falla esos días. Hipótesis C: duerme mal los lunes por un entrenamiento. Las tres cubren el dato. La abducción honesta las deja sobre la mesa y pregunta qué observación las separaría. Quien se casa con A porque «encaja con lo que ya creías de él» está haciendo sesgo de creencia con disfraz de hipótesis.
En investigación, la abducción aparece cuando el resultado no calza y alguien propone un mecanismo. «Si el instrumento fatiga al ítem 12, veríamos caída justo ahí.» Eso es una hipótesis de artefacto. Después se deduce qué patrón debería verse y se mira. Confundir la hipótesis brillante con el hallazgo es el salto que el parcial premia marcar. El cuaderno de epistemología y sus problemas pregunta con qué derecho dices que sabes. La abducción, bien usada, responde: todavía no sé; tengo una pista que merece costo de prueba.
Trampa de parcial. Te dan un caso clínico o un resultado raro y te piden «la explicación lógica». Si ofreces una sola historia elegante y la llamas demostrada, fallaste el tipo de inferencia. El corrector espera: abducción (varias hipótesis), qué las distinguiría, y la advertencia de que ninguna está probada todavía.
Relación entre los tres pasos, en una frase que sí cabe en un oral. Abduces una hipótesis; deduces qué más tendría que ocurrir si fuera cierta; induces (o experimentas) para ver si el mundo acompaña. Peirce insiste en que la ciencia vive de ese ciclo, no de un solo tipo de «por tanto». Aristóteles, en otra clave, ya distinguía silogismo demostrativo de razonamiento a partir de signos. No hace falta pelear historiografía: hace falta no aplastar los tres oficios en la palabra «lógica».
Trampa de parcial: creencia y selección de Wason
Dos hallazgos de laboratorio, distintos, se cuelan en el mismo ítem si no los separas. El primero: sesgo de creencia en silogismos (Evans, Barston y Pollard, 1983). El segundo: selección de Wason (1968). El primero cruza validez con lo creíble de la conclusión. El segundo muestra que, ante una regla «si P entonces Q», la gente busca tarjetas que confirman y deja de lado la que podría falsar.
Sesgo de creencia (Evans, Barston y Pollard, 1983). Cuando la conclusión «suena verdadera», se aceptan argumentos inválidos. Cuando «suena falsa», se rechazan argumentos válidos. El conflicto entre forma y creencia se midió con celdas cruzadas. Paper: https://doi.org/10.3758/bf03196976.
Traducción de aula. Inválido y creíble: «Los buenos terapeutas escuchan. Ana escucha. Ana es buena terapeuta.» La conclusión puede ser verdadera en el mundo. El paso afirma el consecuente. Quien lo acepta está defendiendo un retrato, no una forma. Válido e increíble: un silogismo bien armado cuya conclusión choca con lo que ya «sabes» de ballenas, murciélagos o adolescentes. Quien lo tira está calificando zoología, no validez. El cuaderno de silogismos entrena la geometría; aquí basta el mecanismo: la creencia compite con la forma y, en el conflicto, suele ganar.
Wason (1968) pone cuatro tarjetas. Cada una tiene una letra de un lado y un número del otro. La regla: «si hay una D de un lado, hay un 3 del otro». Las caras visibles son D, K, 3 y 7. ¿Cuáles debes voltear? La respuesta deductiva: D (modus ponens) y 7 (modus tollens: un 7 con D falsaría la regla). La 3 no informa: un 3 con D cumple, un 3 con otra letra no rompe la regla. La K tampoco. La mayoría voltea D y 3: busca el caso que encaja, no el que rompería. Paper: https://doi.org/10.1080/14640746808400161.
Trampa de parcial. Llamar «falta de inteligencia» al sesgo de creencia o al error de Wason. Los dos se documentan en adultos que razonan bien en otras tareas. Son sesgos de cómo se construye el modelo y de qué evidencia se busca. El ítem pide el mecanismo (celdas de Evans; tarjetas P y no-Q de Wason), no un veredicto sobre el coeficiente de la persona.
El oficio, entonces, se puede escribir como lista. Conviene seguirla en este orden cuando el enunciado mezcle un caso «de la vida» con la palabra lógica.
- Escribe premisas y conclusión en renglones separados. Marca si falta una premisa no dicha.
- Clasifica el paso: ¿deducción (no ampliativo), inducción (amplía con margen) o abducción (hipótesis que cubre el dato)?
- Si es deducción, separa validez de verdad. Cambia el contenido por clases absurdas y mira si la forma sigue pegada.
- Pregunta si la conclusión te gusta. Si sí, fuerza un segundo paso (Evans): nombra la forma antes de aceptar.
- Si te piden qué evidencia recogerías, nombra también el caso que falsaría (Wason: la tarjeta no-Q), no solo el que confirma.
- Si hay varias historias que cubren el mismo dato, estás en abducción: lista dos o tres y di qué observación las separa.
La tabla resume el inventario para el oral. Cuatro columnas, ejemplos de aula, sin latín salvo el nombre del modo cuando hace falta.
| Tipo de paso | Qué ganas | Qué arriesgas | Ejemplo de aula |
|---|---|---|---|
| Deducción | Conclusión ya comprometida por las premisas | Premisas falsas; forma opaca | Si hay D, hay 3. Hay D. Hay 3. |
| Inducción | Alcance hacia lo no observado | Contraejemplo; inflación a «prueba» | Cinco réplicas; el sexto «tiene que» salir |
| Abducción | Hipótesis que vuelve esperable el dato | Historia elegante sin test | Llega tarde: pelea, bus, sueño |
| Sesgo de creencia | Fallo al cruzar forma y lo creíble | Aceptar inválidos creíbles | Ana escucha; luego es buena terapeuta |
| Wason 1968 | (tarea de selección) | Voltear el 3 y olvidar el 7 | Regla D-3; tarjetas D, K, 3, 7 |
Autoevaluación. Clasifica en silencio y después abre. El gesto copia el parcial: un caso corto, un tipo de inferencia, un mecanismo con nombre.
1. «Si el protocolo está bien aplicado, el indicador baja. El indicador bajó. El protocolo está bien aplicado.» ¿Qué tipo de paso y qué falla?
Se presenta como deducción y afirma el consecuente. El indicador puede bajar por otra causa (cambio de muestra, efecto de calendario, otro tratamiento). El paso afirma el consecuente: deductivo ilícito. Para volverlo abducción honesta, habría que listar hipótesis rivales que también bajarían el indicador y decir qué dato las separa.
2. Doce entrevistas en un barrio coinciden en que «aquí no hay quien confíe en el centro de salud». El informe concluye que la desconfianza está demostrada para la ciudad. ¿Qué pasó?
Inducción inflada. La muestra cubre un barrio y un número chico. El salto a la ciudad cobra un alcance que no se pagó. Lo honesto: en estas doce voces aparece desconfianza hacia ese centro; generalizar a la ciudad pide otro diseño. «Demostrada» es modalidad deductiva metida de contrabando.
3. Un resultado sale al revés. Propones que el ítem 12 fatiga y por eso cae la curva. ¿Ya demostraste el artefacto?
No. Es abducción: una hipótesis que haría esperable el patrón. Siguiente paso deductivo: si fatiga el 12, el tiempo por ítem debería subir ahí y un formulario más corto debería aplanar la caída. Después se mira. Coronar la hipótesis como hallazgo es el salto que el ítem pesca.
4. En la tarea de Wason volteas D y 3. ¿Falta de inteligencia?
No. El error clásico es buscar el caso que confirma (el 3) y dejar la tarjeta que falsaría (el 7, no-Q). Wason (1968) lo documenta en adultos. El oficio: nombrar modus ponens (D) y modus tollens (7). El 3 no informa. Llamarlo «poco inteligente» mezcla un sesgo de selección de evidencia con un juicio de persona. El parcial pide el mecanismo.
Si al terminar las 4 fichas te descubriste usando «lógico» como elogio de lo que te convence, volviste al atajo del primer recuadro. Vuelve a la lista numerada. Razonar, en este curso, es poder decir el tipo de paso, el precio que pagas y el dato que te obligaría a soltar la conclusión.
Para el cuaderno
Escribe premisas y conclusión. Nombra deducción, inducción o abducción. Separa validez de verdad. Desconfía de la conclusión que te cae bien (Evans). Busca también el caso que falsaría (Wason). Deja la máquina de silogismos y el mapa de heurísticos en sus propios apuntes; este deja armado el inventario de inferencias para el oral de epistemología.
Para seguir leyendo en el sitio. Problemas de saber: Epistemología y sus problemas. Conocer y justificar: El conocimiento como problema. Heurísticos: Pensamiento y razonamiento. Confirmación: Sesgo de confirmación.