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Crítica de Gilligan al modelo de Kohlberg

Crítica de Gilligan al modelo de Kohlberg voz del cuidado justicia frente a relación complemento, no refutación

Tesis del tema: Carol Gilligan observó que la escala de Kohlberg había sido validada con muestras de chicos y dilemas abstractos, y que el razonamiento relacional —el cuidado— aparecía mal puntuado. Su propuesta no borra la escala: añade una segunda voz moral.

En una frase: la moral también se lee en clave de relaciones, y esa lectura tenía su propia lógica.

1. El punto de partida: muestras de chicos y dilemas abstractos

Gilligan era alumna y colaboradora de Kohlberg en Harvard. Al estudiar el razonamiento moral con un grupo distinto al habitual —mujeres embarazadas deliberando sobre aborto en dilemas reales— notó algo incómodo para el modelo: respuestas complejas, coherentes y maduras quedaban ancladas en el estadio 3 (aprobación social), porque el criterio de puntuación premiaba la lógica de derechos e imparcialidad por encima de la lógica de responsabilidad.

Muestra original: chicos de Chicago Dilemas hipotéticos tipo Heinz Escala calibrada en justicia Razonamiento relacional queda sub-puntuado

Su crítica metodológica fue precisa: el instrumento no era neutral. Había elegido un tipo de dilema, un tipo de participante y un tipo de respuesta ideal. Con esas tres decisiones tomadas de antemano, una voz moral distinta sonaba a ruido.

Piensa en un termómetro que solo mide grados Celsius aplicado a un horno que funciona en Fahrenheit: las lecturas salen bajas y alguien concluye que el horno es frío. El problema estaba en la escala, no en el horno.

Definición clave: la crítica de Gilligan apunta a la validez de contenido de la escala de Kohlberg: qué incluye como razonamiento moral y qué deja fuera del conteo.

1b. Tres decisiones de diseño que sesgaron la escala

Vale la pena desempacar el argumento metodológico, porque en el parcial piden exactamente eso. Primera decisión: los participantes. La muestra longitudinal original fue masculina; el estándar del “razonamiento maduro” se definió mirando a chicos. Segunda decisión: los dilemas. Heinz y compañía son hipotéticos, abstractos, con terceros anónimos. Nada de parejas, hijos ni cuerpos reales en juego. Tercera decisión: la respuesta ideal. La puntuación premió invocaciones de derechos y contratos, y leyó menciones a relaciones como señal de inmadurez.

Cada una de esas decisiones es defendible por separado. Juntas produjeron un instrumento que escuchaba un solo canal. La crítica no señalaba mala fe de parte suya: describió un punto ciego compartido por todo el campo, incluida ella misma mientras trabajaba en el equipo.

La lección metodológica trasciende el tema: cuando una escala define lo correcto antes de escuchar, encuentra lo que buscaba. En evaluación psicológica, esa advertencia se estudia con nombre propio: validez de contenido y sesgo de constructo. Si te preguntan qué aportó Gilligan además de su tesis sustantiva, esta es la respuesta de nivel superior.

2. La voz del cuidado: otro eje para leer dilemas morales

La ética del cuidado organiza el juicio alrededor de otras preguntas. Antes de “¿qué dice la regla?”, pregunta “¿a quién afecta esta decisión y cómo quedan los vínculos?”. La responsabilidad concreta, la atención al contexto y la red de relaciones pesan tanto como el principio universal.

Voz de la justicia

Derechos · imparcialidad · reglas universales

Voz del cuidado

Relaciones · responsabilidad · contexto concreto

En un dilema real de aborto, la voz kohlbergiana discute derechos enfrentados. La voz del cuidado pregunta quién cuidará, qué le pasará a la relación con la pareja o con la madre, y qué significa decidir sin traicionarse. Ambas lecturas son morales; solo una entraba en la escala.

El error frecuente es traducir esto como “las mujeres piensan así”. Gilligan describía una voz presente en hombres y mujeres, con énfasis distintos según experiencia social. La asociación con lo femenino refleja quién históricamente ha cuidado, no un destino psicológico.

3. Los tres niveles de la ética del cuidado

  1. Orientación a la supervivencia individual: la persona se protege primero; el cuidado propio justifica una decisión tras otra.
  2. Bondad como autosacrificio: ser buena equivale a no defraudar; el propio interés se percibe como egoísmo.
  3. Ética del cuidado no violenta: incluirse a sí misma en la red; la responsabilidad con el otro y consigo misma dejan de verse como contrarios.

Fíjate en la estructura: es una secuencia de equilibrio entre yo y los otros, paralela en ambición a los niveles de Kohlberg pero con otra métrica interna. En el nivel 3 gilliganiano no hay sumisión: hay una redefinición de qué significa no dañar, incluyéndose en la lista de personas a las que no se daña.

Nivel 1

Yo me protejo

Nivel 2

Tu antes que yo

Nivel 3

Nosotros, conmigo incluida
Trampa de parcial: confundir estos tres niveles con los estadios de Kohlberg. Son escaleras distintas con peldaños propios; no hay equivalencia uno a uno.

2b. Justicia y cuidado en el mismo dilema, minuto a minuto

Tomemos el dilema de Heinz y lo pasamos por ambos canales para ver que no compiten: se turnan. Voz de justicia: la vida pesa más que la propiedad; una ley que condena a muerte a alguien por proteger un precio abusivo pierde legitimidad; existe el recurso del perdón judicial. Hasta ahí, Kohlberg puro.

Entra la voz del cuidado: ¿quién cuidará a la esposa si Heinz está preso? ¿Qué le enseña a su comunidad resolver esto con allanamiento? ¿El farmacéutico también es alguien con historia —quizá un hombre asustado por sus propias deudas— cuya humanidad conviene no borrar? Nada de eso aparece en la tabla de estadios, y todo eso aparece en la sala de espera de un hospital real.

La conversación moral madura alterna lentes sin drama: primero derechos, luego vínculos, luego consecuencias prácticas, otra vez principios. Gilligan no pidió abandonar la primera pasada; pidió no detenerse ahí.

Dilema planteado Lectura de derechos Lectura de relaciones Decisión negociada

Ese circuito de cuatro pasos es, de paso, un buen formato de respuesta para preguntas de desarrollo: muestra que conoces ambas tradiciones y sabes ponerlas a trabajar juntas.

3b. La escalera del cuidado en una historia de consultorio

Una estudiante de último semestre llega agotada: cuida a su abuela, responde el grupo de la hermana, lleva las cuentas del negocio familiar y estudia. Pregunta “¿cómo dejo de sentir culpa si un sábado no voy?”. En términos gilliganianos, vive entre el nivel 2 y el 3: sabe que el autosacrificio infinito tampoco cuida, y aún no encuentra la fórmula para incluirse.

El trabajo clínico no consiste en decirle “pónte primero” como eslogan. Consiste en examinar la creencia que une su valor personal con la disponibilidad incondicional. ¿De dónde salió? ¿Quién la premió? ¿Qué pasaría, en concreto, si un sábado falta: qué diría la abuela, qué teme ella escuchar? Cada respuesta concreta afloja la regla abstracta.

Semanas después aparece algo parecido al nivel 3: no abandona a ninguno, pero deja de tratarse a sí misma como variable ajustable. La culpa baja porque cambia la aritmética, no porque se anestesie.

Definición clave: el nivel 3 de Gilligan no es egoísmo corregido; es una redefinición del no dañar que incluye a quien decide.

Fíjate además en cómo este caso ilumina la diferencia con la voz de justicia. Una lectura kohlbergiana preguntaría por derechos y deberes contractuales dentro de la familia. Útil, pero se queda corto: lo que estaba en juego era una identidad construida sobre el cuidado, y eso la escala clásica ni registraba.

4. Evidencia empírica a favor y en contra

A favor: estudios posteriores documentaron razonamiento relacional rico en dilemas reales, y los meta-análisis sobre diferencias sexuales encontraron efectos pequeños en promedio con presencia del razonamiento de cuidado en ambos sexos. Eso apoya la existencia de la voz, aunque desmonte la lectura binaria.

En contra o matizando: varios investigadores mostraron que la escala de Kohlberg, aplicada con cuidado, capta más razonamiento relacional de lo que Gilligan estimó; y que la diferencia aparece más en el contenido del dilema (relaciones frente a leyes) que en la estructura cognitiva. Si cambias el dilema, cambia la voz que emerge.

Punto Lectura Gilligan Respuesta kohlbergiana Dato actual razonable
Diferencias por sexoEscala sesgada al masculinoEfectos pequeños, no jerarquíaAmbos sexos usan ambas voces
Razonamiento de estadio 3Sub-puntuado por diseñoCorrecciones afinaron la capturaParcialmente cierto
Cuidado como estructura propiaLógica independienteContenido, no estructuraDebate parcialmente abierto
Implicación educativaIncluir cuidado en currículoAceptar ampliaciónEducación moral integra ambas
Analogía: justicia y cuidado funcionan como dos lentes del mismo par de gafas graduadas. Ninguno miente sobre el paisaje; cada uno resalta cosas distintas, y la vista entera necesita ambos.

4b. Dos estudios que conviene citar con precisión

Primero, las investigaciones de dilemas reales con mujeres embarazadas: ahí nació la observación. No eran encuestas de laboratorio sino entrevistas profundas sobre decisiones en curso, con consecuencias médicas, económicas y relacionales visibles. El razonamiento emergente giraba alrededor de responsabilidad y no dañar, y no calzaba limpio en las casillas disponibles.

Segundo, los meta-análisis sobre diferencias sexuales en razonamiento moral: encontraron tamaños de efecto pequeños. Traducción operativa: conocer el sexo de una persona casi no predice su estilo moral. Lo que sí predice algo es el tipo de dilema presentado y la experiencia social de quien responde. Ese doble hallazgo sostiene la lectura más defendible hoy: dos voces disponibles para cada quien, distribuidas de forma distinta según historia y contexto.

Mención honrosa para las réplicas kohlbergianas: versiones revisadas de la escala incorporaron dilemas relacionales y criterios de puntuación más sensibles al contenido. Que el modelo se haya ajustado tras la crítica es, paradójicamente, un indicador notable de su vitalidad científica.

4c. Cómo se ve la voz del cuidado fuera del consultorio

La ética del cuidado no vive solo en dilemas clínicos. Está en la docente que reparte la atención del salón sin dejar al de la última fila fuera del mapa. En el enfermero que negocia horarios para no abandonar a un turno entero. En el hijo adulto que organiza turnos de cuidado con sus hermanos y descubre, con sorpresa, que poner condiciones no rompe la familia: la ordena.

Fíjate qué tienen en común esas escenas: ninguna se resuelve invocando un principio universal por sí solo. Todas exigen leer vínculos, distribuir carga y sostener conversaciones incómodas. Son competencias morales, entrenables, y durante décadas quedaron fuera de las escalas porque su gramática era otra.

También hay una advertencia. El lenguaje del cuidado puede usarse para justificar autosacrificio infinito (“es que yo soy así”) o para presionar a otros (“si me quisieras, harías esto”). Reconocer la voz incluye detectar cuando se convierte en palanca. Gilligan misma marcó esa frontera con el nivel 3: el cuidado maduro incluye a quien cuida, y por eso no admite chantaje.

Definición clave: el razonamiento de cuidado es una competencia moral de pies a cabeza —leer vínculos, distribuir responsabilidad, incluirse—, no un rasgo de personalidad sumisa.

5. Qué queda hoy del debate justicia frente a cuidado

Tres herencias claras. Primera: la psicología moral aceptó que las relaciones y el contexto son datos morales, no ruido. Segunda: los instrumentos modernos incluyen dilemas relacionales junto a los abstractos. Tercera: la educación moral trabaja ambas voces —discutir reglas y entrenar perspectivismo empático— sin jerarquizarlas.

En clínica, el legado es práctico: cuando un paciente delibera (“¿dejo a mi pareja o cuido a mi madre enferma?”), escuchar solo la voz de derechos produce consejos sordos. Escuchar solo la voz del cuidado produce culpa infinita. La consulta madura nombra las dos voces y explora su negociación.

Truco de memoria: acrónimo V.E.C.
Voz añadida Escala cuestionada Cuidado en tres niveles

Si en el examen mencionan a Gilligan, recorre V.E.C.: ¿qué voz faltaba?, ¿qué problema de escala lo reveló?, ¿cuáles son sus tres niveles? Tres casillas y la respuesta queda ordenada.

Para el parcial:
  • In a Different Voice: artículo 1977, libro 1982.
  • Crítica de validez de contenido, no refutación del modelo.
  • Tres niveles del cuidado: supervivencia, autosacrificio, cuidado no violento.
  • Diferencias sexuales pequeñas; la voz existe en ambos sexos.
  • No confundir niveles del cuidado con estadios de Kohlberg.

5b. Tres preguntas de examen resueltas con el marco entero

Pregunta típica 1: “¿La crítica de Gilligan invalida los estadios de Kohlberg?”. Respuesta ordenada: no; cuestiona la validez de contenido de la escala y añade una voz; la secuencia sigue siendo útil para razonamiento de justicia, con instrumentos ampliados.

Pregunta típica 2: “¿El cuidado es una moral femenina?”. Respuesta: es una voz moral universal con énfasis histórico en quienes socialmente cuidan; los meta-análisis muestran efectos pequeños por sexo.

Pregunta típica 3: “¿En qué se diferencia el nivel 3 del cuidado del estadio 6 kohlbergiano?”. Respuesta: el estadio 6 universaliza principios desde la imparcialidad; el nivel 3 integra responsabilidad y autoinclusión desde la red concreta de relaciones. Ambos implican madurez, pero la métrica interna difiere.

Trampa de parcial: responder “Gilligan dijo que las mujeres son del cuidado y los hombres de la justicia”. Esa caricatura pierde puntos en dos frentes a la vez: tergiversa su tesis y desatiende los datos posteriores.

Con esto cierra el núcleo del tema y quedan las tres herencias listas para el parcial. Cierre del tema. La crítica de Gilligan dejó un campo más honesto: escalas con dilemas variados, educación moral con dos voces, clínica que escucha derechos y vínculos en la misma sesión. Pocas discusiones teóricas terminaron tan bien instaladas en la práctica cotidiana como esta.

Para cerrar el recorrido, una síntesis en una línea: Kohlberg enseñó a la psicología moral a escuchar argumentos; Gilligan le enseñó a escuchar voces. Un campo que solo escucha argumentos confunde madurez con retórica; uno que solo escucha voces pierde el estándar para compararlas. La conversación entre ambos dejó las dos lecciones sobre la mesa, y el parcial suele premiar exactamente ese equilibrio.

6. Preguntas de autoevaluación

1. Una respuesta centrada en “no defraudar a ninguno de los míos” quedó en estadio 3 kohlbergiano. ¿Qué diría Gilligan?

Que probablemente sea razonamiento de cuidado sin terminar, no un estadio bajo: la persona está negociando responsabilidades concretas, algo que la escala de justicia penaliza por diseño.

2. ¿Gilligan refutó a Kohlberg?

Propuso un complemento: otra voz moral y una crítica metodológica a la escala. No demostró que la secuencia kohlbergiana fuera inválida; mostró que dejaba fuera parte del fenómeno.

3. ¿Por qué los meta-análisis debilitan la lectura “cuidado = mujeres”?

Porque encuentran efectos pequeños y presencia del razonamiento de cuidado en ambos sexos. La asociación con lo femenino refleja distribución social del cuidado, no capacidad cognitiva.

4. Menciona una consecuencia práctica del debate en educación moral.

Los programas actuales combinan discusión de dilemas de justicia con entrenamiento en toma de perspectiva y cuidado, sin jerarquizar una voz sobre la otra.

Este tema se trabaja completo en Desarrollo Humano y Personalidad I, una de las 30 materias de la Escuela de Psique: lectura curada, casos y un banco de preguntas que explica por qué cada opción está bien o mal. La sesión 1 de cada materia es gratis y no pide tarjeta.