
Dinámicas de violencia intrafamiliar y ciclo de Walker
Cómo se sostiene la violencia en el tiempo y por qué la víctima retira la denuncia o vuelve con quien la agredeEste apunte recorre el modelo del ciclo de la violencia que Leonor Walker publicó en 1979, lo cruza con los aportes de Jorge Corsi sobre violencia conyugal y de Rita Segato sobre las dos estructuras de la violencia de género, y cierra con cifras colombianas de Silvia Ramos que ayudan a dimensionar el subregistro. La intención es que te quede un mapa operativo para entender por qué una víctima que denuncia hoy puede retirar la denuncia mañana, y por qué eso no significa que haya mentido.
1 · La pregunta que organiza todo el modelo
En la práctica forense y en la atención psicosocial surge la misma duda una y otra vez: si la víctima reconoce los golpes, si describe el miedo, si firma la denuncia y aporta pruebas, ¿por qué después retira o vuelve? La respuesta no se encuentra en la psicología individual aislada: hace falta mirar la dinámica. Walker (1979) observó que la violencia en la pareja no aparece como una serie de hechos sueltos, sino como un patrón cíclico con tres fases que se repite. Corsi (1994, 2003, 2010) amplió ese patrón hacia una lectura vincular y contextual. Segato (2003, 2010, 2016) agregó la dimensión colectiva: la violencia se aprende entre pares masculinos y se aplica después sobre el eslabón más débil. Lo que estas tres autoras muestran, leído en conjunto, es que el ciclo no es un invento clínico sino una descripción de cómo se organiza la coerción cotidiana.
2 · Leonor Walker (1979): el modelo original en espiral
Walker trabajó con 403 mujeres que residían en refugios de Estados Unidos y publicó los resultados en The Battered Woman. Allí describió tres fases que se repiten: acumulación de tensión, explosión o incidente agudo, y luna de miel. La metáfora de la espiral sirve para señalar que la violencia no se va apaciguando con el tiempo, sino que cada giro suele dejar a la víctima más restringida y con menos red de apoyo, de modo que el siguiente episodio tiende a ser más grave.
2.1 Fase 1 · Acumulación de tensión
En esta fase el agresor descarga irritabilidad en forma de críticas constantes, silencios prolongados, celos retroalimentados y controles sobre horarios, amistades, ropa, dinero y teléfono. La víctima, que suele reconocer los primeros signos porque ya los vivió antes, intenta apaciguar: habla en tono bajo, evita temas, cede ante pedidos que la incomodan, organiza la casa con más cuidado, anticipa lo que al otro le molestará. Esa estrategia funciona por algunos días o semanas, lo que refuerza la fantasía de que ella puede manejar la situación. Mientras tanto, la tensión sube como la presión en una olla tapada.
Hay un detalle que conviene marcar: en esta fase todavía no hay golpes o solo hay incidentes menores. Por eso mucha víctima duda en pedir ayuda: piensa que si no la ve sangrar, no es para tanto. Algunos autores contemporáneos llaman a esto violencia invisible o la fase de los micromaltratos. Corsi la nombra como componente vincular en su cuadro de 1994. Walker, en cambio, insistió en que la acumulación es violencia en sí misma, no preludio, porque ya daña la autoestima y la autonomía.
2.2 Fase 2 · Explosión o incidente agudo
Cuando la tensión acumulada supera el umbral del agresor, este descarga en un episodio que puede incluir agresión física, sexual, psicológica intensa, amenazas de muerte, destrucción de objetos y presencia de armas en el hogar. Walker distinguió dos características que suelen confundirse: el desencadenante del episodio es impredecible (puede ser una comida, una palabra, una mirada), pero la ocurrencia del episodio es predecible (ocurre de forma reiterada cuando la tensión alcanza cierto nivel). Esto es clave en la pericia: no se trata de un arranque reactivo a un hecho puntual, sino de un patrón que se había anunciado.
Durante la explosión la víctima suele paralizarse, disociarse o intentar proteger a hijas e hijos. Puede minimizar después lo que ocurrió, negar lesiones visibles o atribuirlas a caídas. Esto no es simulación ni mentira: es una respuesta neurobiológica bien documentada que se aborda en el apunte de trauma y TEPT. Lo que sí debe distinguir el evaluador es que la minimización posterior convive con recuerdos vívidos del episodio, sobre todo de detalles sensoriales (sonido, olor, posición del cuerpo), que son los que sostienen el testimonio en cámara Gesell o en entrevista forense.
2.3 Fase 3 · Luna de miel
Después del incidente agudo sobreviene una fase que Walker llamó honeymoon o luna de miel. El agresor muestra arrepentimiento, pide perdón, llora, promete que cambiará, regala objetos, busca atención médica para la víctima si hay lesiones, y a veces involucra a figuras religiosas o familiares como aliados. En esta fase se reactiva lo que Herman (1992) denominó vínculo traumático: la gratificación intermitente del afecto precedida por el terror produce un aprendizaje que se parece al de las adicciones. La víctima vuelve a confiar porque la conducta amable del agresor coincide temporalmente con el alivio de que el episodio terminó.
Desde el modelo de Walker, la luna de miel no es muestra de que la relación funciona, sino parte del mecanismo que asegura que la víctima permanezca. Lo importante es que esta fase disminuye con los años: en parejas de larga data con violencia instalada, la fase 3 puede desaparecer mientras las fases 1 y 2 se cronifican. Por eso se dice que la espiral no es virtuosa, sino que cada ciclo deja a la víctima más aislada y al agresor con menos esfuerzo por reparar.
3 · Diagrama del ciclo y de sus tres fases
Lectura: cada giro lleno del ciclo suele dejar a la víctima con menor autonomía. La fase 3 se acorta con el tiempo; las fases 1 y 2 se cronifican.
4 · La trampa: por qué la víctima retira la denuncia o vuelve
Walker misma abordó este punto. La víctima se acerca a la Comisaría, declara, aporta parte médico si lo hay, sale con una medida de protección y, en las semanas siguientes, recibe al agresor arrepentido que promete terapia de pareja, que le lleva flores, que le dice que ella exagera, que llora frente a hijos e hijas. Si además la familia política la presiona para que "no destruya el hogar", si la dependencia económica es alta, si tiene hijas o hijos pequeños y él amenaza con quitárselos, la presión para retirar se vuelve insoportable. Esto no es irracionalidad: es una decisión tomada dentro del sistema coercitivo que describe el propio ciclo.
Para la evaluación forense conviene documentar cinco puntos cuando se entrevista a una víctima que retiró: (a) cuánto duró la fase de luna de miel después del episodio que motivó la denuncia, (b) si hubo promesas específicas de cambio o de tratamiento, (c) si hubo contacto entre el agresor y la víctima por canales que la medida de protección no controlaba (familia, hijas en común, redes sociales), (d) si hubo represalias posteriores al retiro, y (e) qué dijo la víctima en aquel momento y qué dice ahora. La consistencia entre ambos relatos, sumada al contexto, suele ser más útil que la permanencia formal de la denuncia.
5 · Jorge Corsi (1994, 2003, 2010): cuando el ciclo no alcanza
Corsi, psicólogo argentino especializado en violencia familiar, sostuvo que mirar solo el ciclo invisibiliza el contexto. Su aporte es un cuadro de cuatro componentes que se entrelazan: ideológico, instrumental, vincular y contextual. Cada uno da cuenta de una capa distinta del fenómeno. Además, propuso tres dimensiones de análisis: cognitiva (lo que cada quien cree), interaccional (lo que pasa entre los dos) y conductual (lo que se hace y se deja de hacer).
5.1 Los cuatro componentes de Corsi
El componente ideológico alude a creencias que naturalizan la desigualdad: "la mujer pertenece al hombre", "en la casa no se mete un extraño", "los hombres son así". Corsi lo lee como sustrato cultural que el agresor internaliza. El componente instrumental describe la violencia como medio para obtener un fin: retener el control cuando la víctima amenaza con irse, con trabajar, con denunciar. El componente vincular remite a estilos de apego y a la dependencia emocional aprendida. El componente contextual incorpora el barrio, las redes, el acceso a justicia, la situación económica y los antecedentes de violencia familiar del agresor.
Estos componentes sirven en la pericia para descartar lecturas simplistas. Un caso donde la ideología es muy rígida y el contexto es muy aislado suele presentar violencia más difícil de interrumpir, porque el agresor cuenta con redes que lo justifican. En cambio, un caso donde el instrumento es el componente dominante y la ideología es lábil suele responder con más margen a intervención judicial, porque la amenaza de sanción altera el cálculo costo-beneficio.
5.2 Las tres dimensiones: cognitiva, interaccional, conductual
La dimensión cognitiva trabaja sobre las creencias, atribuciones y expectativas. La dimensión interaccional trabaja sobre los patrones de comunicación y sobre la reciprocidad del vínculo. La dimensión conductual trabaja sobre repertorios observables. Corsi propuso que toda evaluación debería pasar por las tres, en ese orden, porque saltearse una suele producir conclusiones sesgadas. Un ejemplo: si solo se evalúa lo conductual (golpes sí, golpes no) se pierde la coerción psicológica que también es violencia. Si solo se evalúa lo cognitivo se cae en lecturas moralizantes sobre "lo que cree el agresor".
6 · Rita Segato (2003, 2010, 2016): los dos ejes de la violencia de género
Segato, antropóloga y escritora, propuso leer la violencia de género como fenómeno con dos ejes: uno vertical de control y otro horizontal de pacto entre pares. El eje vertical se parece a lo que Walker llamaba ciclo, pero le agrega una lectura estructural: la violencia se dirige hacia quien está debajo en una jerarquía (mujeres, niñas, niños, personas mayores) y sirve para sostener esa jerarquía mediante el castigo a la transgresión. El eje horizontal no mira la pareja sino el grupo de pares masculinos: hombres que se vinculan entre sí mediante ritos de masculinidad que incluyen, en sus versiones patológicas, la ostentación de la agresión como prueba de pertenencia.
Esto explica por qué muchas veces el agresor violento en casa es un vecino cordial, un profesor respetado o un buen compañero de trabajo. La violencia no es un rasgo de carácter permanente sino una conducta situacional que se activa en el plano doméstico y se oculta en el plano público. Para la pericia, esto significa que testimonios de vecinas y compañeros de trabajo que digan que él "es buena gente" no descartan la violencia;describen con precisión el eje horizontal de Segato.
Segato también insistió en algo que Corsi y Walker habían dejado implícito: la violencia de género es un mandato, no un impulso. Quien agrede cumple una expectativa que su grupo de pares sostiene. Por eso la rehabilitación no puede limitarse al agresor individual: debe incluir trabajo con grupos de pares masculinos, porque allí se concentra la presión que sostiene la conducta.
7 · Silvia Ramos y el dato colombiano: lo que muestran las encuestas
La investigadora Silvia Ramos, junto con el equipo de la Corporación Sisma Mujer y luego con el Observatorio de Feminicidios de Colombia, ha producido algunas de las cifras más citadas del país andino. A partir de datos de la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS) y de la Encuesta de Violencia contra las Mujeres, se observan tres patrones estables.
- La violencia afecta con mayor frecuencia a mujeres entre 15 y 29 años, con una curva que vuelve a subir después de los 50, asociada a conflictos por herencias y por cuidado de personas mayores dependientes.
- El consumo de alcohol del agresor aparece como factor asociado en alrededor del 40 al 60 por ciento de los casos reportados, aunque esto no debe leerse como causa exclusiva: muchas parejas conviven con un agresor que controla el consumo en apariencia y descarga igual.
- El subregistro supera el 70 por ciento: por cada mujer que denuncia, hay varias que no lo hacen porque conviven con un agresor, porque dependen económicamente, porque temen perder a sus hijas e hijos, o porque desconocen que lo que viven se llama violencia.
Las cifras de la ENDS se complementan con la lectura cualitativa de Silvia Ramos y su equipo, que documentan cómo las víctimas describen el ciclo en sus propios términos: una fase de "estaba tranquilo", una de "se puso pesado" y una de "después se portó como si nada". Esa narrativa espontánea coincide de forma llamativa con el modelo de Walker, lo que sugiere que las víctimas perciben el patrón aunque no lo nombren como ciclo. Este dato es útil en la entrevista forense: iniciar preguntando si ha notado fases o "etapas" suele activar memorias cronológicas que después pueden organizarse en el esquema del ciclo.
8 · Síntesis cruzada: Walker, Corsi, Segato y los datos
| Autora/Autor | Nivel | Aporte central | Palabra clave |
|---|---|---|---|
| Leonor Walker (1979) | Pareja, ciclo | Tres fases repetidas: tensión, explosión, luna de miel. Modelo en espiral con escalada. | ciclo |
| Jorge Corsi (1994-2010) | Vínculo y contexto | Cuatro componentes (ideológico, instrumental, vincular, contextual) y tres dimensiones (cognitiva, interaccional, conductual). | componentes |
| Rita Segato (2003-2016) | Estructura social | Eje vertical de control sobre la pareja y eje horizontal de pacto entre pares masculinos. | dos ejes |
| Silvia Ramos y ENDS | Datos Colombia | Mujeres 15-29 más afectadas, alcohol del agresor como factor asociado, subregistro por encima del 70 por ciento. | subregistro |
9 · Aplicación en entrevista forense y en lectura de expediente
Cuando te toque leer una denuncia o entrevistar a una víctima, conviene tener presente el siguiente orden de chequeo. Primero, identificar si los hechos relatados encajan en alguna de las tres fases del ciclo y durante cuánto tiempo llevan repitiéndose. Segundo, evaluar los componentes de Corsi para descartar lecturas reduccionistas. Tercero, ubicar los hechos en los dos ejes de Segato: qué controlaba el agresor y qué pacto sostienen sus pares masculinos. Cuarto, triangular con los datos cuantitativos: la víctima suele estar en el rango etario de mayor prevalencia, y la presencia de retractación debe leerse como dato del ciclo y del contexto, no como prueba de falsedad.
Detalle 1 · Cómo distinguir minimización de mentira
La víctima que minimiza lo vivido suele hacerlo por vergüenza, miedo o por haber normalizado la conducta. Su relato contiene detalles sensoriales (hora, lugar, posición del cuerpo, ruido de un objeto) aunque minimice la gravedad. La persona que inventa un relato suele tener dificultades para producir detalles sensoriales y tiende a responder con frases genéricas ("me pegó mucho"). La triangulación con parte médico, con testimonios de vecinas y con la dinámica descrita por Corsi ayuda a diferenciar.
Detalle 2 · Indicadores de la fase 1 en el expediente
En las conversaciones previas a la denuncia suelen aparecer: pedidos reiterados de la víctima de que la pareja consulte a alguien, llamadas a líneas de ayuda, antecedentes de mediación familiar sin resultado, separación intentada que se revierte, y consumo creciente de sustancias por parte de la víctima como forma de sobrellevar la tensión. Estos indicadores son relevantes porque muestran que el ciclo llevaba tiempo operando antes del episodio que detonó la denuncia.
Detalle 3 · Indicadores de la fase 3 en el entorno
La presencia de mensajes de WhatsApp, audios, regalos o visitas del agresor a la vivienda de la víctima en los días posteriores a la denuncia es un indicador fiable de luna de miel activa. Lo mismo ocurre cuando la víctima menciona que él "está yendo a terapia", "le envió flores", "se portó bien con los niños esta semana" o "pidió perdón por escrito". Estos datos no invalidan la denuncia; al contrario, dan contexto al patrón.
Detalle 4 · Por qué la retractación no es prueba de falsedad
Una víctima puede haber dicho la verdad al denunciar y luego retirar la denuncia porque la fase 3 la convenció, porque carece de red, porque el agresor la amenazó después de la denuncia, porque la familia la presionó, porque la dependencia económica cubre todo el ingreso o porque el sistema de protección no llegó a tiempo. Walker, Corsi y Segato coinciden en que esta dinámica es esperable y no niega los hechos. La retractación debe documentarse y analizarse dentro del patrón, no usarse como motivo para dar por terminado el caso.
10 · Cierre operativo
El modelo del ciclo de Walker sigue siendo, casi cinco décadas después de su publicación, una de las descripciones más útiles del fenómeno. Corsi lo complementa bajándolo al vínculo y al contexto. Segato lo proyecta hacia la estructura social. Y los datos de Silvia Ramos muestran que lo que pasa en una pareja no ocurre en el vacío: se apoya en una cultura, en un sistema que subregistra y en una red que mira para otro lado. Para la pericia psicológica forense, lo importante no es quedarse en una sola lectura: el ciclo se describe, los componentes se enumeran, los ejes se articulan y las cifras se contrastan. Eso es lo que vuelve útil el modelo.
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