
Marta llega a supervisión con una frase que ya escuchaste en otras salas: «solo quiero que mi hijo me hable». Tiene quince años, come, va al colegio y responde con monosílabos. Ella pregunta más. Él se encoge más. El padre, desde el pasillo, le dice que deje de insistir. Ella insiste igual, porque callar le parece abandono. En la tercera sesión ya no pregunta «qué le pasa a él». Pregunta otra cosa: «¿y si lo que hago yo para ayudarlo es lo que mantiene el silencio?».
Esa pregunta nace del modelo de Palo Alto: una forma de mirar la comunicación, el síntoma y el cambio que se fraguó en el Mental Research Institute (MRI). No te ofrece un protocolo de cinco pasos para «arreglar» a alguien. Te ofrece un mapa: el problema suele vivir en el circuito de intentos de solución, no en una pieza interna dañada que haya que extraer.
Ponlo en práctica
Test de conocimiento: Modelo Sistémico
Pon a prueba lo que sabes de este tema: 12 preguntas reales, tu nivel al final y los temas exactos a reforzar.
Si estudias terapia familiar o comunicación clínica, este artículo te sirve para distinguir ese mapa de otros linajes que se le parecen en el afiche y se separan en la sala. El MRI no es Haley, no es Milán y no es la terapia centrada en soluciones. Aquí el foco es otro: axiomas de la comunicación, síntoma como mensaje y la diferencia entre cambiar de cantidad y cambiar de regla.
Este tema se trabaja completo en Psicología Clínica y de la Salud, una de las 30 materias de la Escuela de Psique: lectura curada, casos y un banco de preguntas que explica por qué cada opción está bien o mal. La sesión 1 de cada materia es gratis y no pide tarjeta.
Cuando el intento de ayudar empeora el problema
En clase te enseñan a buscar causas. En el pasillo de un hospital de provincia ves otra cosa. Una pareja discute por el insomnio de él. Ella le pide que se relaje. Él se esfuerza en relajarse. El esfuerzo lo despierta. Al día siguiente ella insiste con más cariño y más control. El círculo no es «él está ansioso» en abstracto. El círculo es: más pedido de calma, más vigilancia del cuerpo, menos sueño.
El modelo de Palo Alto parte de esa observación cotidiana. Lo que la familia llama solución —preguntar, vigilar, explicar, consolar, amenazar, razonar— puede ser el material mismo del problema. Weakland, Fisch, Watzlawick y Bodin lo formularon con sequedad de examen: la terapia breve del MRI se ocupa de resolver un problema definido en la interacción, no de reorganizar la personalidad (1974.
Eso duele un poco, y está bien que duela. Si eres estudiante, te saca del romance del «fondo». Si ya atiendes, te saca del automatismo de dar más de lo mismo con voz suave. El MRI no dice que el sufrimiento sea inventado. Dice que se organiza en secuencias.
Marta no es una madre invasiva en esencia. Es una madre que hace lo que tantos consultorios latinoamericanos premian: ocuparse. Cada pregunta suya dice «háblame». Cada silencio del hijo dice «no me acorrales». Los dos tienen razón. El problema no es quién tiene más razón. El problema es que esas dos verdades se alimentan.
Rohrbaugh y Shoham retomaron esta idea décadas después y la llamaron procesos irónicos: el intento de control produce el fenómeno que se quería evitar (2001. No hace falta convertir eso en un guion de consultorio. Basta con que, la noche antes del examen, sepas reconocer el patrón.
Qué es el modelo de Palo Alto y el MRI
Palo Alto, en este artículo, no es una ciudad de postal. Es el nombre de una tradición que se condensó en el Mental Research Institute. Don Jackson impulsó ese espacio. Bateson había dejado una semilla interaccional. Watzlawick, Beavin, Weakland y Fisch tradujeron esa semilla a un lenguaje usable: comunicación, paradoja, problema y cambio.
El MRI se volvió famoso por la terapia breve centrada en la resolución de problemas. Fisch resumió el oficio con una pregunta casi grosera de tan concreta: «¿qué has hecho últimamente?» (2004. No es una pulla. Es un recorte. En vez de reconstruir la biografía, el terapeuta pregunta por la secuencia reciente: qué se intentó, con quién, en qué orden, y qué ocurrió justo después.
Ese recorte distingue al MRI de un manual de psicopatología y de un manifiesto humanista. El modelo no niega la historia. La deja en segundo plano para ver la interacción que está ocurriendo ahora. Jackson ya había insistido en que la familia se estudia como sistema de reglas, no como suma de caracteres. Watzlawick y Beavin describieron regularidades del intercambio sin entrar al «interior» de cada hablante (1967.
Si necesitas un mapa de nombres y escuelas, el apunte de aportantes de los enfoques de terapia familiar te ubica el MRI entre otros linajes. Aquí nos quedamos en un solo edificio: comunicación, síntoma y cambio según Palo Alto. El MRI se enseña a veces como si fuera «la» terapia sistémica. No lo es. Es una rama. Comparte abuelos con Haley y con Milán, y después toma un camino propio.
Axiomas de la comunicación: el mapa que usa el modelo
Antes de hablar de síntoma, el modelo te obliga a hablar de comunicación. Watzlawick, Beavin y Jackson (1967) publicaron Pragmatics of Human Communication como un tratado de pragmática, no como un manual clínico rígido. Los axiomas que de ahí se enseñan en pregrado no son adornos. Son el suelo.
El primero, el que más se cita y el que más se malentiende, dice que no es posible no comunicar. El silencio de Marta y su hijo comunica. La silla vacía del padre comunica. El «después hablamos» comunica. No hace falta intención explícita. La conducta en presencia de otro ya es mensaje.
En la pragmática de Watzlawick, Beavin y Jackson (1967), toda conducta en un contexto interpersonal tiene valor de mensaje: el problema no empieza cuando alguien «habla mal», empieza cuando el intercambio ya no puede no significar.
El segundo axioma distingue nivel de contenido y nivel de relación. «Cierra la puerta» puede ser un dato o una orden, según quién lo diga y con qué tono. En consulta latina esto se ve a cada rato. Una madre dice «¿ya comiste?» y el adolescente oye «no confío en ti». Los dos oyen la frase. No oyen el mismo nivel.
Hay más piezas del mapa: la puntuación de la secuencia, la analogía y lo digital, la simetría o la complementariedad. No las convierto en lista memorizable. Lo que te sirve es esto: el MRI no diagnostica primero un trastorno y después «agrega comunicación». Parte de que el fenómeno clínico ya es comunicativo.
Watzlawick lo reiteró en conversación con Wilder: la mirada interaccional no es un adorno cultural sobre una psicología individual, es otro recorte de la realidad clínica (1978. Si te quedas en «él es oposicionista», no ves el baile. Si ves el baile, el síntoma deja de ser una cosa guardada dentro de un cuerpo y pasa a ser un movimiento en una danza. Los axiomas no «demuestran» que la familia cause la enfermedad. Muestran que, una vez hay un problema, ese problema se sostiene en intercambios.
El síntoma como mensaje en la interacción
Aquí el modelo se pone más clínico y más fácil de malusar. Decir que el síntoma es un mensaje no es decir que el paciente «elige» sufrir para comunicar algo. Es decir que el síntoma ocupa un lugar en la conversación familiar: organiza turnos, distancias, alianzas y treguas.
El insomnio del marido no solo «es ansiedad». También es el tema que permite a la pareja hablarse sin hablarse de lo demás. La negativa del hijo a contar el día no solo «es adolescencia». También es una respuesta a un interrogatorio que ya duró meses. Weakland y Fisch, trabajando en contextos médicos, mostraron casos que «no tenían sentido» si se los leía como déficit individual y recobraban sentido si se los leía como secuencia (1984.
Esa lectura es de formación, no de protocolo rígido. No sales de este párrafo autorizado a interpretarle a una familia «tu hija se deprime para unirlos». Esa frase es una agresión disfrazada de sistema. El MRI más cuidadoso describe la función posible del síntoma y prueba un movimiento pequeño.
El doble vínculo de Bateson aparece en este punto como tentación. Es un primo, no el tema. Si lo que necesitas es esa noción —mensaje contradictorio, imposibilidad de metacomunicar, contexto de apego— ve al artículo sobre doble vínculo y comunicación patógena. Aquí no lo reescribimos. Aquí el síntoma interesa como pieza de un circuito actual: qué se dice, qué se hace, qué se intenta detener y qué se refuerza al intentarlo.
En supervisión, cuando un estudiante dice «el síntoma habla», yo pregunto: ¿habla a quién, en qué secuencia, después de qué intento de ayuda? Si no puede responder eso, todavía está en metáfora. Carratalá, Vilaregut, Schlanger y Günther reconstruyeron un caso de Weakland con esa sequedad de oficio: poco discurso sobre esencias, mucha atención al problema tal como la gente lo está manejando (2016.
Intentos de solución que mantienen el problema
Si el artículo tuviera que dejar una sola idea en tu cuaderno, sería esta. El MRI sostiene que muchas dificultades clínicas se mantienen por la reiteración de un intento de solución que parece lógico y produce el efecto contrario.
Shoham y Rohrbaugh lo llevaron al laboratorio de procesos irónicos: tratar de no pensar en algo lo vuelve más presente; tratar de forzar el sueño lo aleja; tratar de obligar la cercanía produce distancia (1997. El dato no te autoriza a prescribir paradojas. Te autoriza a dudar del «más de lo mismo».
En familias latinoamericanas este patrón tiene disfraz cultural. Cuidar es virtud. Preguntar es amor. Explicar es educación. El MRI no pelea con esos valores. Pregunta por su dosis y por su efecto. Hay madres que cuidan y el hijo habla. Hay madres que cuidan igual y el hijo se cierra. El modelo no moraliza el cuidado. Mira el circuito.
Weakland, Fisch, Watzlawick y Bodin (1974) desplazaron la pregunta clínica: ya no «por qué es así esta persona», sino «qué se ha intentado para resolver esto y de qué modo ese intento alimenta lo que se quiere apagar».
Tres formas frecuentes del intento que mantiene, dichas en lenguaje de clase y no de manual de trucos:
- Más de lo mismo en cantidad: hablar más, vigilar más, castigar más, consolar más.
- Más de lo mismo en lógica: explicar otra vez la misma razón con otras palabras.
- Invertir el signo sin cambiar la regla: pasar del grito al silencio punitivo, que sigue siendo control.
La homeostasis familiar describe, en otro registro, cómo un sistema tiende a conservar su equilibrio. Ese artículo te sirve para el concepto general de resistencia al cambio. El MRI afila esa idea: el equilibrio se ve en los intentos concretos con los que la familia (y a veces el terapeuta) trata de volver al orden conocido.
Si sientes la tentación de unirte al intento —tú también le pides al hijo que hable, tú también le pides al insomne que se relaje—, ya entraste al circuito. El modelo no te acusa. Te avisa. El terapeuta también puede volverse «más de lo mismo» con título universitario.
Cambio 1 y cambio 2 en el modelo de Palo Alto
Watzlawick, Weakland y Fisch (1974) publicaron Change para nombrar una distinción que hoy se recita y rara vez se entiende. Cambio 1: se altera la cantidad dentro de la misma regla. Cambio 2: se altera la regla misma.
Pacheco Arango, Agudelo Hurtado, Escobar Loaiza y Ciro López revisaron esa noción y subrayan algo que conviene llevar a examen: no es una metáfora poética, es una diferencia de nivel lógico (2021. Si el problema es «le pido que hable y se calla», un cambio 1 sería pedirle con más dulzura o con más firmeza. Un cambio 2 sería dejar de tratar el habla como prueba de amor.
El cambio 1 mueve las piezas sobre el mismo tablero. El cambio 2 cambia las reglas del juego. Watzlawick, Weakland y Fisch (1974) insistieron en que mucha terapia se agota en el primer nivel y por eso reproduce el problema que dice combatir.
Esto no significa que el cambio 1 sea inútil. Bajar la dosis de una discusión puede aliviar una noche. El MRI se pone exigente cuando ese alivio se convierte en método. Si la regla es «la calma se fabrica a pedido», relajar más sigue siendo la misma regla.
Una escena de clase. Un internista deriva a una mujer que se toma el pulso veinte veces al día. Le han dicho que no lo haga. Ella lo hace más. Eso es cambio 1 con signo menos: la instrucción «deja de chequear» es otra forma de chequear el chequeo. Un movimiento de otro nivel no le discute el miedo. Le discute la premisa de que el pulso hay que gobernarlo.
Fisch, Weakland y Segal (1982), en The Tactics of Change, bajaron esta lógica a tácticas de entrevista breve. Táctica no es un manual casero. Es un modo de preguntar para no quedar atrapado en el pedido del consultante («haga que mi hijo hable») cuando ese pedido es el motor del atasco.
| Nivel | Qué se altera | Ejemplo de secuencia | Efecto habitual |
|---|---|---|---|
| Cambio 1 | Intensidad o frecuencia | Pedir más calma al que no duerme | El control aumenta y el sueño baja |
| Cambio 2 | Premisa o regla del intercambio | Dejar de tratar el sueño como tarea | Se afloja el circuito de vigilancia |
La tabla cabe en una ficha. La dificultad es reconocer cuándo ofreces cambio 1 con vocabulario de cambio 2.
Cómo se formula un problema en terapia breve del MRI
Aquí el artículo se pone más técnico y más prudente. El MRI no pregunta «quién es esta familia». Pregunta «cuál es el problema, para quién, desde cuándo, qué se ha intentado y qué se espera de mí».
Weakland y Fisch llamaron a esto enfoque estratégico: no porque el terapeuta «gane», sino porque elige un recorte y una palanca (2010. Estrategia, en esta casa, no es astucia contra el paciente. Es economía de intervención.
Cuatro recortes que sí puedes llevar a un parcial, dichos como preguntas de estudio y no como pasos de cura:
- Definir el problema en conducta observable («se calla en la sobremesa», no «es distante»).
- Ubicar la secuencia: qué pasa antes, qué se hace, qué pasa después.
- Listar los intentos de solución ya ensayados, incluidos los del terapeuta anterior.
- Acotar un cambio mínimo que, de ocurrir, haría pensar a la familia que algo se movió.
Eso es formación. No es un protocolo para desarmar un síntoma el viernes. En contextos de salud, Weakland y Fisch (1984) mostraron que esta formulación cabe incluso cuando el caso «no encaja» en la queja médica habitual. El médico pide adhesión; la familia ya intentó adhesión; el intento se volvió pelea.
El reencuadre en terapia sistémica es una herramienta que el MRI usa con frecuencia: decir de otro modo lo que ya está ocurriendo para que deje de significar lo mismo. Ese apunte cubre la táctica. Este artículo cubre el edificio.
Una advertencia de formación, dicha sin anestesia. Formular un problema en clave MRI no reemplaza evaluación de riesgo, no reemplaza tratamiento de un trastorno cuando hace falta, y no te autoriza a «prescribir» una paradoja porque la leíste en un blog. El modelo se estudia. Se supervisa. Se dosifica.
Palo Alto no es Haley ni la Escuela de Milán
Esta sección existe para no mezclar tres tecnologías en un mismo párrafo de examen.
La terapia estratégica de Jay Haley trabaja con directivas, tareas y paradojas, y pone en el centro el poder, la jerarquía y la orquestación del terapeuta. Haley comparte raíces interaccionales con Palo Alto. Después se separa. El MRI del Brief Therapy Center se interesa menos por reordenar la jerarquía familiar y más por interrumpir el intento de solución que mantiene el problema. Si tu pregunta de cátedra es Haley, ese es el texto. Aquí Haley queda como vecino, no como sinónimo.
La Escuela de Milán trabaja con hipótesis, preguntas circulares, neutralidad y un dispositivo de equipo. También nace del tronco sistémico. También habla de paradoja. Su oficio, sin embargo, no es el del MRI. Milán pregunta para hacer visible un juego. Palo Alto pregunta para recortar un problema y dejar de alimentar la solución que lo sostiene. Si tu examen pide Selvini, Boscolo, Cecchin o Prata, no extraigas la respuesta de este artículo.
Otras casas (Satir, Nagy, Minuchin) recorren otros caminos y no son el objeto de este texto. En muchos programas latinoamericanos «sistémico» se enseña como un paquete. El MRI te pide una sola pregunta: ¿cuál es el intento que mantiene esto?
| Enfoque | Pregunta que lo organiza | Palanca habitual | No es |
|---|---|---|---|
| MRI / Palo Alto | Qué intento mantiene el problema | Interrumpir la solución reiterada | Un listado rígido de paradojas |
| Haley estratégico | Cómo está organizada la jerarquía | Directiva y tarea | El MRI de Weakland y Fisch |
| Escuela de Milán | Qué juego sostiene el sistema | Pregunta, hipótesis, equipo | Terapia breve de problema |
| Terapia de soluciones | Qué excepción ya funciona | Pregunta de milagro y escalas | El linaje de Change |
La tabla no declara un ganador. Declara vecindarios. En formación, saber en qué calle estás evita citar a Watzlawick para responder una pregunta de Cecchin.
Circularidad, reencuadre, homeostasis y terapia centrada en soluciones
Quedan cuatro vecinos que conviene nombrar para no repetirlos.
La circularidad frente a la causalidad lineal es el marco general: A no «causa» a B en línea recta; A y B se coproducen. Ese artículo cubre la epistemología. El modelo de Palo Alto usa esa epistemología, pero su aporte específico no es «todo es circular». Su aporte es un tipo de círculo: el de la solución que fabrica el problema. Si en tu ensayo dejas «circularidad» y no llegas a «intento de solución», todavía no hablaste MRI.
El reencuadre, ya señalado, es táctica. La homeostasis, ya señalada, es el concepto de conservación. Ambos dialogan con Palo Alto. Ninguno agota Palo Alto. Puedes reencuadrar y seguir adentro del cambio 1. Puedes hablar de homeostasis y no haber descrito una sola secuencia.
La pregunta del milagro pertenece a otro linaje, el de la terapia breve centrada en soluciones. De Shazer y Berg pasaron por el MRI y después giraron el foco: de interrumpir el problema a construir la excepción. Es un giro real. Si tu cátedra te pidió milagro, escalas y «qué sería distinto mañana», no contestes con axiomas de la comunicación.
Esta limpieza es higiene clínica. Mezclar MRI y soluciones puede terminar pidiendo milagros a una familia atrapada en un intento de control, o interrumpiendo excepciones que ya le servían. El modelo pide que sepas qué pregunta estás haciendo antes de hacerla.
Qué aporta el modelo de Palo Alto a la formación clínica
En un pregrado latinoamericano, el MRI aporta tres cosas que no te da un manual de trastornos.
Primero, una ética de la descripción. Te entrena a hablar de lo que se hace, no de lo que alguien «es». Marta deja de ser «madre fusional» y pasa a ser una mujer que pregunta demasiado en la sobremesa. El hijo deja de ser «evasivo» y pasa a ser un joven que responde con el cuerpo.
Segundo, una sospecha útil sobre la ayuda. El modelo te acostumbra a preguntar si tu intervención es un intento más. En prácticas de hospital, donde el tiempo es corto y la queja viene ya empaquetada, esa sospecha evita que repitas la consigna que ya fracasó tres veces.
Tercero, una teoría del cambio que se puede enseñar sin teatralidad. Cambio 1 y cambio 2 caben en un pizarrón. Después cuestan una vida. Saber la distinción no te vuelve capaz de producirla.
Pragmatics of Human Communication (Watzlawick, Beavin y Jackson, 1967) te forma como lector de intercambios. Change (Watzlawick, Weakland y Fisch, 1974) te forma como lector de niveles. The Tactics of Change (Fisch, Weakland y Segal, 1982) te forma como entrevistador breve.
En investigación aplicada, el mismo recorte se llevó a consultas de familia con fumadores de alto riesgo: no para «convencer más», sino para dejar de pelear el control del otro (Shoham, Rohrbaugh, Trost y Muramoto, 2006. El dato no convierte al MRI en tratamiento de tabaquismo. Muestra que la lógica de no alimentar el intento tiene traducciones empíricas fuera del mito fundacional.
Límites, crítica y lectura responsable
Un modelo que se enseña con encanto se vuelve dogma. Conviene marcarle el borde.
El recorte breve puede volverse superficial. Hay sufrimientos que no se agotan en un circuito de intentos. Hay traumas, condiciones del desarrollo y contextos de violencia donde «interrumpir la solución» suena a eufemismo si no se nombra el peligro. El MRI no te pide que ignores eso. Tú sí puedes ignorarlo si lees mal.
El lenguaje de la paradoja se presta al exhibicionismo clínico. Un terapeuta puede enamorarse de la jugada ingeniosa y olvidar el consentimiento, la claridad y el marco. Si no puedes explicar a un supervisor qué estás haciendo y por qué, no lo hagas con una familia.
El modelo también puede usarse para culpar. «Ustedes mantienen el problema» destroza una alianza. La versión rigurosa es otra: «lo que han intentado tiene sentido y, al mismo tiempo, está produciendo el efecto que no quieren».
Y está el límite cultural. Palo Alto nació en California, en un instituto con tiempo para grabar sesiones. En una consulta de obra social, con veinte minutos y una sala de espera llena, no vas a montar un Brief Therapy Center. Puedes, eso sí, cambiar una pregunta. Puedes dejar de sumarte al intento. Eso ya es MRI de a pie.
Rohrbaugh y Shoham (2001) fueron explícitos: el modelo se sostiene si interrumpe procesos irónicos, no si se lo recita como identidad de marca. Esa crítica te devuelve al fenómeno.
Un modelo se vuelve dogma cuando se enseña como club. El MRI rinde más como pregunta de oficio —qué intento se está repitiendo— que como bandera de escuela.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el modelo de Palo Alto en terapia?
Es la tradición del Mental Research Institute que lee los problemas humanos como fenómenos de comunicación e interacción. Su terapia breve no busca rehacer la personalidad: recorta un problema, describe los intentos de solución y prueba un movimiento que no alimente el mismo circuito. Se estudia como mapa, no como protocolo de cura.
¿En qué se diferencia el cambio 1 del cambio 2?
El cambio 1 altera cantidad o intensidad dentro de la misma regla: pedir más, vigilar más, explicar más. El cambio 2 altera la premisa del intercambio: deja de tratar el síntoma como objeto a gobernar. Watzlawick, Weakland y Fisch (1974) usaron esa diferencia de nivel para explicar por qué «más de lo mismo» no produce salida.
¿El síntoma es un mensaje o una enfermedad?
En el MRI el síntoma se describe como movimiento en una secuencia comunicativa. Eso no niega el dolor ni reemplaza un diagnóstico cuando hace falta. Niega, eso sí, que baste con mirar «dentro» de una persona. La pregunta útil es qué lugar ocupa el síntoma en el intercambio y qué intentos lo están sosteniendo.
¿Palo Alto es lo mismo que la terapia estratégica de Haley?
No. Comparten raíces interaccionales y se separan en la palanca. Haley orquesta jerarquía, directivas y tareas. El MRI de Weakland, Fisch y Watzlawick se concentra en el intento de solución que mantiene el problema. Si tu examen pregunta por Haley, usa el artículo específico de ese linaje.
¿Se puede aplicar este modelo en consulta como un protocolo rígido?
No. Es un marco de formulación y de prudencia, no una lista para desarmar síntomas. En formación se practica en supervisión, se dosifica y se combina con evaluación de riesgo. Usarlo como truco —sobre todo la paradoja— confunde ingenio con oficio y puede dañar la alianza.
¿Qué leer primero si estudias el MRI?
Empieza por Pragmatics of Human Communication (Watzlawick, Beavin y Jackson, 1967) para los axiomas, sigue con Change (Watzlawick, Weakland y Fisch, 1974) para los niveles de cambio, y usa el artículo de Weakland y colegas en Family Process (1974) para ver cómo se formula un problema breve. Los libros van por autor y año; no les inventes DOI.
Lo que puedes llevarte a la próxima supervisión
Si llegaste hasta aquí buscando una llave maestra, conviene devolver el objeto a su tamaño. El modelo de Palo Alto no te pide que te vuelvas astuto. Te pide que te vuelvas descriptivo. Que mires el pedido de Marta sin convertirlo en diagnóstico de su carácter. Que oigas el silencio del hijo como respuesta, no como defecto.
En un parcial, eso se traduce a vocabulario preciso: axioma, puntuación, intento de solución, cambio 1, cambio 2. En una sala, se traduce a una pregunta menos: la que ya se hizo mil veces y no abrió nada.
Puedes subrayar una frase: el problema, para este modelo, no es que la gente no se esfuerce. Es que se esfuerza en la dirección que fabrica lo que quiere apagar. Esa frase no cura. Ordena el estudio. Y a veces ordena también la mano que pregunta.
Referencias
Carratalá, A., Vilaregut, A., Schlanger, K. y Günther, C. (2016). Problem solving brief therapy: A case conducted by John Weakland. Revista de Psicoterapia, 27(104). 10.33898/rdp.v27i104.99
Fisch, R. (2004). “So what have you done lately?” MRI brief therapy. Journal of Systemic Therapies, 23(4), 4-10. 10.1521/jsyt.23.4.4.57839
Fisch, R., Weakland, J. H. y Segal, L. (1982). The tactics of change: Doing therapy briefly. Jossey-Bass.
Pacheco Arango, D. A., Agudelo Hurtado, Y., Escobar Loaiza, J. A. y Ciro López, J. D. (2021). Relación entre la noción de cambio 1 y cambio 2 en la terapia familiar sistémica, según Watzlawick, Weakland y Fisch. Tempus Psicológico, 4(2). 10.30554/tempuspsi.4.2.3397.2021
Rohrbaugh, M. J. y Shoham, V. (2001). Brief therapy based on interrupting ironic processes: The Palo Alto model. Clinical Psychology: Science and Practice, 8(1), 66-81. 10.1093/clipsy.8.1.66
Shoham, V. y Rohrbaugh, M. J. (1997). Interrupting ironic processes. Psychological Science, 8(3), 151-153. 10.1111/j.1467-9280.1997.tb00400.x
Shoham, V., Rohrbaugh, M. J., Trost, S. E. y Muramoto, M. (2006). A family consultation intervention for health-compromised smokers. Journal of Substance Abuse Treatment, 31(4), 395-402. 10.1016/j.jsat.2006.05.012
Watzlawick, P. y Beavin, J. (1967). Some formal aspects of communication. American Behavioral Scientist, 10(8), 4-8. 10.1177/0002764201000802
Watzlawick, P., Beavin, J. H. y Jackson, D. D. (1967). Pragmatics of human communication: A study of interactional patterns, pathologies, and paradoxes. W. W. Norton.
Watzlawick, P., Weakland, J. H. y Fisch, R. (1974). Change: Principles of problem formation and problem resolution. W. W. Norton.
Weakland, J. H. y Fisch, R. (1984). Cases that “don’t make sense”: Brief strategic treatment in medical practice. Family Systems Medicine, 2(2), 125-136. 10.1037/h0091658
Weakland, J. H. y Fisch, R. (2010). The strategic approach. Journal of Systemic Therapies, 29(4), 29-34. 10.1521/jsyt.2010.29.4.29
Weakland, J. H., Fisch, R., Watzlawick, P. y Bodin, A. M. (1974). Brief therapy: Focused problem resolution. Family Process, 13(2), 141-168. 10.1111/j.1545-5300.1974.00141.x
Wilder, C. (1978). From the interactional view—A conversation with Paul Watzlawick. Journal of Communication, 28(4), 35-45. 10.1111/j.1460-2466.1978.tb01654.x
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