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Familia y migración: lealtades a dos orillas

La tía llama a las once de la noche, hora de Bogotá, y son las siete de la mañana en Madrid. El hijo de trece años tiene el teléfono en la mesa y no sabe si debe ponerse de pie. La madre, al otro lado, pregunta por las notas como si el boletín fuera un puente. El padre, en la misma cocina, baja la voz: «dile que estamos bien». Ni uno miente del todo. Ni uno dice el resto. En consultorio, esa escena no entra como «familia migrante» en abstracto. Entra como un sistema con dos orillas, dos relojes y una lealtad que no cabe en una sola casa.

Este texto corta un ángulo: las lealtades a dos orillas. No reescribe el ciclo vital familiar, no reescribe Nagy como manual, no convierte la migración en debate de aduanas. Pregunta qué hace un terapeuta cuando el «nosotros» vive en dos países y el síntoma del adolescente es, a veces, el telegrama que cruza, a falta de otro canal.

TL;DR

  • Migrar reorganiza el sistema: Sluzki (muerte y duelo) describió etapas y conflictos típicos; Falicov (2007) pidió ampliar qué cuenta como familia cuando hay lazo transnacional.
  • La lealtad a dos orillas nombra un deber afectivo partido entre quienes se fueron y quienes se quedaron.
  • Berry (1997) nombra estrategias de aculturación; en terapia sirven como mapa, no como etiqueta del paciente.
  • La pérdida ambigua (Boss) cabe cuando hay alguien vivo y ausente a la vez: remesas, pantallas, visitas que no llegan.
  • El oficio: preguntar por relojes, dinero, idioma, cuidado de abuelos y el mandato de «no hagas sufrir a los de allá».

Definición corta para parcial

Familia y migración, en este recorte clínico, nombra un sistema cuyos miembros significativos viven (o circulan) entre al menos dos territorios, con lealtades, cuidados y duelos que no se agotan en el hogar visible. El terapeuta pregunta por las dos orillas, no solo por el síntoma del que vino a sesión.

Sluzki (muerte y duelo) no vendió un destino feliz. Describió un proceso en el que el sistema se prepara, se desprende, aterriza y reorganiza. En cada tramo hay un conflicto típico.

Falicov (2007) empujó el encuadre: familia, comunidad y cultura se ensanchan cuando hay inmigrantes transnacionales. El genograma de una sola ciudad se queda corto.

Palabras clave: lealtad transnacional, etapas de Sluzki, MECA / Falicov, aculturación, pérdida ambigua.

La escena no empieza en el aeropuerto

En el primer mes, el consultorio se llena de logística: papeles, idioma, colegio nuevo, el trabajo de turnos. Eso importa. No es el caso. El caso suele ser anterior: quién decidió, quién se opuso, quién se quedó con los abuelos, quién mandó la plata del pasaje, qué se prometió («en dos años volvemos»). Sluzki (muerte y duelo), en Family Process, armó un mapa de la migración como proceso familiar, no como trámite de un individuo. El conflicto no espera a que «se adapten». Acompaña el preparativo, el viaje, el desembarco y los años en que el mito del retorno sigue gobernando el calendario.

Falicov (2007) empujó el encuadre: familia, comunidad y cultura se ensanchan cuando hay inmigrantes transnacionales. El genograma de tres generaciones dibujado en una hoja tamaño carta se queda corto si la tía cuidadora vive a ocho mil kilómetros y entra por videollamada a la hora de dormir. El terapeuta que solo pregunta «¿con quién vives?» pierde a la orilla que paga el arriendo o que guarda el duelo.

El hermano de la familia como sistema abierto ya enseñó entradas, reglas y retroalimentación. Aquí la entrada es un pasaje y una ausencia. La regla suele ser: no hagas llorar a los de allá; no cuentes lo difícil; manda foto de éxito. La retroalimentación llega en forma de insomnio, de nota baja, de una pelea por el WhatsApp que «no se contestó a tiempo».

Sluzki: etapas, no destino

Sluzki (muerte y duelo) no vendió un destino feliz. Describió un proceso en el que el sistema se prepara, se desprende, aterriza y reorganiza. En cada tramo hay un conflicto típico. En el preparativo, quien no quería irse queda como deudor o como héroe según el relato. En el desprendimiento, el duelo se aplaza porque «hay que ser fuertes». En el aterrizaje, el idioma y el trabajo absorben la energía que el vínculo pedía. En la reorganización, aparece el síntoma: un hijo que se niega a hablar la lengua de origen, o un hijo que se niega a hablar la del colegio.

El error de primer año de residencia es tratar esas etapas como checklist de duelo. Una familia puede estar en aterrizaje laboral y en mito de retorno a la vez. El adolescente puede haber migrado a los cinco años y «aterrizar» a los quince, cuando el grupo de pares le pregunta de dónde es y no tiene una respuesta que no parta a alguien.

En sesión, el mapa de Sluzki sirve para datar. «¿En qué mes dejaron de llamar cada domingo?» es más útil que «¿cómo te sientes de inmigrante?». La fecha ancla. El adjetivo flota.

Falicov: ampliar el nosotros

Celia Falicov entrenó a pensar en cultura sin convertir al paciente en folclore. En 1995, en Family Process, publicó un marco comparativo multidimensional para formar terapeutas que piensen en cultura (el texto que el campo cita como base de MECA). En 2007, con inmigrantes transnacionales, pidió expandir los significados de familia, comunidad y cultura. MECA es un modo de preguntar por migración, ecología, organización familiar y ciclo vital sin asumir que «latino» o «europeo» ya explicó el caso.

El ciclo vital familiar clásico —nido lleno, nido vacío— se tuerce. El hermano de ciclo vital familiar cubre el mapa de etapas en una geografía. Aquí una madre puede tener nido vacío en Bogotá y nido lleno en Madrid, el mismo mes, según a quién cuente. Un abuelo cuida nietos «como si fueran hijos» mientras los padres trabajan en otro huso. Eso a veces es el arreglo transnacional que sostiene la escuela. El terapeuta distingue: ¿el nieto perdió infancia, o el sistema inventó un cuidado viable? La pregunta se responde con horarios y tareas, no con un diagnóstico de entrada.

Falicov (2007) también corta el romanticismo. El lazo transnacional puede ser cuidado y puede ser control. La tía que llama cada noche sostiene. La tía que vigila con quién sale la sobrina, desde otro continente, también opera. El síntoma del adolescente a veces es el intento de poner un huso horario entre el cuerpo y la vigilancia.

Lealtad a dos orillas (sin reescribir Nagy)

Boszormenyi-Nagy enseñó lealtad invisible y libro de cuentas. El artículo de terapia contextual de Nagy ya es casa de ese léxico. Aquí no se reescribe. Se señala un uso: la lealtad migrante suele ser un deber partido. Debes a los que se quedaron (no olvides, manda, vuelve). Debes a los que se fueron contigo (intégrate, no nos avergüences, aprende el idioma). Debes al que pagó el pasaje. Debes al hijo que dejó amigos. El libro de cuentas no se liquida en una sesión; se nombra para que deje de cobrar en secreto.

Un ejemplo de consultorio. Una joven de diecinueve, universidad pública en Chile, padres en Venezuela. Cada vez que saca una nota alta, se alegra y se enferma. La nota alta es prueba de que «valió la pena irse». También es prueba de que ella «está bien» y, por tanto, no tiene derecho a extrañar. La lealtad a la orilla que se sacrificó le prohíbe el malestar. El síntoma (jaqueca, abandono de ramos) restaura el derecho a extrañar sin pronunciarlo. El terapeuta que interpreta solo ansiedad de desempeño pierde la orilla.

Otro ejemplo. Un padre que manda remesas y no puede «fracasar» frente a los hermanos que se quedaron. La pareja, en el país de llegada, vive un recorte de comida que él no cuenta. El secreto opera como contabilidad moral. El hermano de secretos familiares cubre el secreto como organizador. Aquí el secreto tiene aduana: lo que no se dice «para no preocupar a mamá».

Berry: aculturación como mapa, no como veredicto

Berry (1997), en Applied Psychology, organizó inmigración, aculturación y adaptación en un modelo que el pregrado memoriza: integración, asimilación, separación, marginación. En consultorio, el modelo sirve si no se convierte en marca fija. Una misma familia puede integrar en el trabajo, separar en la comida y oscilar en el idioma de los hijos. El adolescente que se niega a hablar español en casa no «está asimilado»: puede estar protegiendo un yo escolar que en casa se deshace.

El terapeuta pregunta: ¿quién en este sistema tiene permitido extrañar? ¿quién tiene permitido adaptarse? A veces el mandato es asimétrico. Los padres piden que el hijo «sea de aquí» para que no sufra, y a la vez se duelen si el hijo ya no ríe los chistes de allá. El hijo queda como traidor en las dos orillas. Eso no se resuelve con un taller de identidad. Se resuelve, en parte, nombrando el doble mandato y negociando islas de idioma: una cena, un grupo de WhatsApp, un equipo de fútbol.

Berry también habla de estrés de aculturación. Útil. Peligroso si el clínico atribuye cada síntoma al «choque cultural» y deja de ver un TDAH, una depresión, una violencia de pareja. La cultura opera como contexto, no como cajón de sastre. El diagnóstico diferencial sigue existiendo.

Pérdida ambigua: alguien está y no está

Pauline Boss trabajó la pérdida ambigua: la persona está ausente y psicológicamente presente, o presente y psicológicamente ausente. En 2002, en Family Process, escribió sobre familias de desaparecidos. El puente a migración no es metafórico barato: el abuelo está vivo en el pueblo y no está en el desayuno; el padre está en la misma casa y psicológicamente sigue en el trabajo de doce horas que paga el arriendo. Falicov dialoga con esa gramática cuando habla de transmigrantes.

En sesión, la pérdida ambigua se nota en rituales a medias. El cumpleaños se canta por pantalla y no hay acuerdo sobre si apagar la vela. El luto de un tío se vive en diferido, sin cuerpo, con un funeral de Zoom a las 5 a.m. El terapeuta no «cierra el duelo». Ayuda a inventar rituales que el sistema pueda sostener: una silla, una foto, una llamada con hora fija, un permiso para no contestar a las once.

El hermano de resiliencia familiar cubre qué hace que un sistema salga fortalecido. Aquí el fortalecimiento, cuando ocurre, suele incluir una narrativa que admite las dos orillas sin exigir que una muera. «Somos de aquí y de allá» es un arreglo que hay que operacionalizar: visitas, dinero, idioma, cuidado de enfermos, y qué se hace cuando el pasaje no alcanza.

Lo que el terapeuta pregunta (oficio, no protocolo)

Una lista que cabe en el margen del cuaderno:

  1. ¿Quién decidió migrar y quién se enteró después?
  2. ¿Qué se prometió sobre el retorno, y a quién?
  3. ¿Quién cuida a quién, en qué país, con qué pago (dinero o deuda moral)?
  4. ¿Qué no se puede contar a la orilla de origen?
  5. ¿En qué idioma se pelea, se reza, se hace la tarea?
  6. ¿Qué fecha del calendario (fiesta, aniversario, vencimiento de visa) reorganiza el síntoma?
  7. ¿Quién tiene pasaporte, quién no, y quién queda como rehén administrativo?
  8. ¿Qué hace el adolescente cuando las dos orillas piden lealtad el mismo domingo?

Estas preguntas no sustituyen el encuadre. Lo alimentan. El genograma se dibuja con flechas de remesa y de cuidado, no solo con líneas de pareja. El horario de las sesiones considera el turno de limpieza y la llamada a la abuela. Un encuadre rígido de «50 minutos, sin teléfono» puede expulsar el sistema transnacional que vive en el teléfono.

Errores frecuentes que cuestan puntos (y casos)

Error 1. Psicologizar la pobreza del trayecto. El insomnio de quien trabaja de noche no es, de entrada, ansiedad de aculturación. A veces es el turno. El terapeuta pregunta por horas de sueño reales antes de interpretar el sueño como metáfora.

Error 2. Convertir al hijo en traductor y llamarlo madurez. El niño que traduce en el banco y en el colegio ocupa un rol. A veces es parentificación. El texto de qué es la parentificación ya corta ese constructo. Aquí se añade: el rol de traductor migrante puede ser temporal y protegido, o puede comerse la infancia. Se distingue por reversibilidad, por secreto y por si el adulto recupera la agencia cuando aprende el idioma.

Error 3. Usar Berry como veredicto. «Esta familia está en separación» dicho en la primera entrevista es etiqueta, no mapa. El mapa se dibuja por dominios: escuela, trabajo, religión, comida, amigos.

Error 4. Ignorar la orilla que no vino a sesión. El abuelo que cuida, la tía que paga, el hermano que se quedó. Falicov 2007: ampliar familia. Si no caben en el genograma, el plan de tratamiento va a chocar con ellos.

Error 5. Confundir lealtad transnacional con el chivo de la casa. El adolescente que «no se integra» puede estar sosteniendo el duelo de los padres. El artículo del chivo expiatorio en la familia distingue chivo y paciente identificado. En migración, el chivo a veces es el que extraña en voz alta, porque extrañar amenaza el mito de que la ida valió la pena.

Error 6. Prometer que «hablarlo» reconstruye el país. El consultorio no devuelve el barrio. Devuelve, si acaso, un relato que no obligue a traicionar a una de las dos orillas cada vez que se elige un idioma.

Caso de consultorio (compuesto)

Lina, 16, tres años en Medellín, nacida en Caracas. Madre en aseo de edificios; padre en un taller. La abuela, en Caracas, crió a Lina hasta los trece. Ahora Lina reprueba matemáticas y se pelea cuando la madre le pide «agradecimiento». En la primera sesión, Lina dice que la madre «no es su mamá de verdad». La madre llora y habla de sacrificio. Un terapeuta apurado oye rechazo y pone a Lina en el lugar de la ingrata.

El mapa de orillas cambia la escena. Lina debe a la abuela (no olvidar, llamar, volver). Debe a la madre (obedecer, integrar, no extrañar en voz alta). Las matemáticas coinciden con el horario en que, antes, hacía la tarea con la abuela. El reloj es el dato. El terapeuta invita —con permiso y con tecnología— a una sesión breve con la abuela. No para «unir a las dos madres». Para que el deber deje de cobrarse solo en el cuerpo de Lina. Sluzki nombra el desprendimiento tardío. Falicov nombra el cuidado transnacional. Berry nombra la presión de asimilarse en el colegio. Boss nombra a la abuela presente-ausente.

Nada de esto «cura» la nota. Cambia el encargo: Lina deja de ser la traductora emocional exclusiva del proyecto migratorio.

Tabla: dos orillas en el oficio

Pregunta de sesión Orilla visible Orilla no visible Riesgo si se omite
¿Quién cuida? Adultos en el hogar Abuelos, tíos, hijos mayores lejos Culpar al padre presente por un cuidado que ya está asignado
¿Quién paga? Salario local Remesas, deudas, «favores» Ignorar el libro de cuentas
¿Qué idioma manda? Colegio, trabajo Casa, rezo, insulto Tratar el silencio como oposición
¿Qué fecha duele? Exámenes, visa Fiestas de allá, aniversarios Medicalizar un duelo calendárico
¿Qué no se cuenta? Síntoma del que vino Fracaso, enfermedad, nueva pareja Alianza ciega con un secreto
¿Quién extraña en voz alta? Quien tiene permiso Quien tiene mandato de éxito Etiquetar de ingrato al mensajero

Clínica: qué no hacer con la mirada sistémica

No convertir la sesión en clase de geopolítica. El paciente no pidió un editorial. Pidió que alguien entienda por qué el domingo a las once se pone duro el pecho.

No exigir «cierre» de la orilla de origen. Muchas familias viven el transnacionalismo como forma estable, no como etapa a superar. Falicov 2007 empuja a respetar esa forma cuando sostiene, y a interrogarla cuando controla.

No usar la cultura como excusa de violencia. «En mi pueblo se cría así» no autoriza el golpe. El terapeuta sostiene la ley y el cuerpo, y sigue preguntando por lealtades. Las dos cosas a la vez.

No copiar un protocolo de «duelo migratorio» de cinco sesiones. Sluzki es mapa, no cronograma. El tiempo lo marca el sistema: un vencimiento de visa puede reorganizar más que doce técnicas.

FAQ

¿Migrar «causa» un trastorno en los hijos?

No en esa frase. La migración reorganiza recursos, duelos y mandatos. Algunos hijos se deprimen, otros se organizan, otros sostienen a los adultos. Berry describe adaptación en varios planos. El diagnóstico, si cabe, se hace con criterios, no con el pasaporte.

¿Hay que traer a la familia de origen por videollamada?

A veces. Falicov 2007 justifica ampliar el nosotros. Se pide permiso, se cuida el huso y se define el encargo de esa llamada. No se improvisan «reencuentros» para la emoción del terapeuta.

¿La lealtad a dos orillas es lo mismo que la lealtad invisible de Nagy?

Comparte gramática de deber y cuenta. No es el mismo texto. Nagy se trabaja en su artículo. Aquí el deber tiene geografía: dos husos, dos públicos, un hijo en el medio.

¿Qué hago si el adolescente se niega a hablar el idioma de los padres?

Pregunto qué protege ese rechazo. Puede ser vergüenza escolar, puede ser alianza con un padre, puede ser el muro que queda contra la vigilancia transnacional. No lo corrijo como «pérdida cultural» en la primera frase.

¿La pérdida ambigua se «resuelve»?

Rara vez se liquida. Boss describe convivir con la ambigüedad. En migración, se inventan rituales y horarios. El objetivo clínico suele ser que el síntoma deje de ser el ritual que queda.

¿Sirve un genograma clásico?

Sirve de base. Hay que marcar territorio, remesas, cuidados a distancia y quién tiene documentos. Si el dibujo no muestra las dos orillas, el dibujo miente.

Lecturas relacionadas en PsiqueAcadémica

Autor Año Aporte Uso en sesión
Sluzki muerte y duelo Etapas del proceso Datar, no cronograma
Falicov 2007 Familia transnacional Ampliar el nosotros
Berry 1997 Aculturación Mapa por dominios
Boss 2002 Pérdida ambigua Rituales, no clausura

Referencias

Sluzki, C. E. (muerte y duelo). Migration and family conflict. Family Process, 18(4), 379-390. 10.1111/j.1545-5300.1979.00379.x

Falicov, C. J. (1995). Training to think culturally: A multidimensional comparative framework. Family Process, 34(4), 373-388. 10.1111/j.1545-5300.1995.00373.x

Falicov, C. J. (2007). Working with transnational immigrants: Expanding meanings of family, community, and culture. Family Process, 46(2), 157-171. 10.1111/j.1545-5300.2007.00201.x

Berry, J. W. (1997). Immigration, acculturation, and adaptation. Applied Psychology, 46(1), 5-34. 10.1111/j.1464-0597.1997.tb01087.x

Boss, P. (2002). Ambiguous loss: Working with families of the missing. Family Process, 41(1), 14-17. 10.1111/j.1545-5300.2002.40102000014.x

Falicov, C. J. (2014). Latino families in therapy (2.a ed.). Guilford. Libro; citar APA sin doi.org.

Suárez-Orozco, C., y Suárez-Orozco, M. (2001). Children of immigration. Harvard University Press. Libro; citar APA sin doi.org.

Relojes, remesas y el cuerpo del domingo

El huso horario organiza, no adorna la agenda. La llamada de las once de la noche en Bogotá llega cuando el adolescente de Madrid ya debería dormir. El cuerpo aprende a tensarse a esa hora. Un terapeuta que interpreta esa tensión como «ansiedad generalizada» sin preguntar el reloj de la tía pierde el dato. Sluzki databa etapas; aquí se data el domingo.

El dinero organiza tanto como el afecto. La remesa que llega el día 5 sostiene el arriendo de allá y, a la vez, deja a la pareja de acá midiendo el arroz. Falicov 2007 pidió expandir familia: quien manda y quien recibe entran al genograma con flechas de plata, no solo de sangre. El terapeuta que se avergüenza de preguntar por montos deja el libro de cuentas en la sombra, que es exactamente donde más cobra.

El idioma de la pelea. Se discute en la lengua que duele. A veces es la de origen, porque ahí están los insultos que el colegio no oye. A veces es la de llegada, porque ahí el hijo ya gana. Preguntar «¿en qué idioma se pelean?» ahorra tres sesiones de «comunicación». El hermano del sistema abierto ya enseñó reglas; aquí la regla tiene acento.

Lo que la pantalla hace (y lo que no)

La videollamada no reconstruye la mesa. Recorta. Se ve la cara, no se huele la casa. El niño de cuatro años se acerca al aparato y se aleja. El abuelo llora y el padre, fuera de cuadro, hace señas de que no se note. El terapeuta puede usar la pantalla con encargo: quince minutos, un tema, un cierre. Improvisar un «reencuentro reparador» para la emoción del clínico suele dejar a la orilla de origen más cargada y al adolescente más expuesto.

Boss, en 2002, escribió sobre familias de desaparecidos. El puente a la migración se declara: cambia el hecho: es la gramática de alguien que está y no está. El funeral por Zoom a las 5 a.m. no «cierra». Inventa un ritual precario. El oficio es honrar esa precariedad sin vender clausura.

Portes y Rumbaut documentaron hijos de inmigrantes en Estados Unidos (libro 2001, Ethnicities). Suárez-Orozco y Suárez-Orozco, el mismo año, escribieron Children of immigration. Ninguno de los dos es un manual de terapia familiar LATAM. Sirven como contrapeso: el hijo no es un adulto pequeño que «se adapta más rápido» por magia. A veces se adapta en la escuela y se desadapta en la casa el mismo día. Citarlos sin copiar GEO: el consultorio de Medellín, Santiago o Madrid tiene aduanas, visados y escuelas distintas. El patrón de dos orillas, no.

Segunda escena: el padre que no puede fracasar

Un hombre de cuarenta, tres años en el sur de Chile, llama a sus hermanos en Honduras cada sábado. Les cuenta el trabajo, no el recorte. En sesión, la pareja dice que él se ausenta aunque está. Pérdida ambigua intramuros: presente de cuerpo, ausente de conversación. El mandato («no hagas sufrir a los de allá») le prohíbe contar el recorte porque el recorte pondría en duda el proyecto. El síntoma de ella —insomnio, pelea por la plata del mercado— es el telegrama. El terapeuta que toma partido por «habla más con tu esposa» sin nombrar la orilla de los hermanos deja el deber intacto.

Intervención mínima: pactar una frase verdadera que sí se pueda decir el sábado («este mes está justo, seguimos») y una hora de pareja sin teléfono. El oficio baja la lealtad partida de secreto a arreglo. Nagy cabría aquí; se señala y se vuelve al recorte geográfico.

Qué mira un supervisor

Si en la grabación de sesión no aparece ni un huso, ni una remesa, ni un nombre de quien se quedó, el caso «familia migrante» está subtitulado y el clínico trabaja como si fuera un nido de una sola ciudad. Falicov 1995 entrenó a pensar en cultura con un marco comparativo, no con un listado de rasgos. El supervisor pregunta: ¿qué dimensión MECA (migración, ecología, organización, ciclo) usaste de verdad, no de adorno?

Si el clínico llena la hora con psicoeducación de Berry, el adolescente se duerme. El modelo cabe en cinco minutos. El resto es el domingo, el boletín, el WhatsApp no contestado, el abuelo que enfermó y el pasaje que no alcanza.

Cierre de oficio

Dos orillas. Dos relojes. Un deber partido. Sluzki data. Falicov ensancha el nosotros. Berry mapa sin marca fija. Boss nombra la presencia-ausencia. Nagy queda en su casa; aquí la lealtad tiene aduana. El síntoma del que vino a sesión es, a veces, el telegrama. El terapeuta pregunta por el reloj antes de interpretar el pecho.

Permiso para extrañar

El último movimiento de oficio es un permiso. Permiso para extrañar sin traicionar el proyecto. Permiso para aprender el idioma nuevo sin borrar el chiste de allá. Permiso para mandar menos plata un mes y decirlo. Permiso para no contestar a las once cuando el cuerpo ya pidió sueño. El terapeuta no otorga el permiso como juez. Pregunta quién, en este sistema, lo tiene prohibido. Suele ser el hijo. A veces es el padre. Rara vez es la orilla que se quedó, que extraña en voz alta porque extrañar es su trabajo emocional no pagado.

Cuando ese permiso aparece en sesión, el síntoma a veces baja de volumen. No porque «se haya adaptado». Porque el telegrama ya no tiene que gritar.