
El ritmo circadiano es el ciclo de aproximadamente 24 horas que gobierna el sueño, la temperatura corporal y la secreción hormonal en casi todos los seres vivos. Lo dirige el núcleo supraquiasmático (SCN) del hipotálamo, que sincroniza al organismo con la luz ambiental a través de células ganglionares retinianas con melanopsina. En humanos, el período interno promedio es de 24,18 horas (Czeisler et al., 1999), y su desalineación con el horario social produce efectos medibles sobre sueño, humor y rendimiento.
TL;DR
- El ritmo circadiano es endógeno, pero se reajusta diariamente a la luz — por eso se llama circadiano (cerca de un día), no exacto de un día.
- El marcapasos central es el SCN (Moore y Eichler, 1972); lo informan las células ipRGC retinianas (Hattar et al., 2002).
- La melatonina, secretada por la pineal, es el mensajero químico nocturno; la luz azul la suprime hasta en un 50 % (Brainard et al., 2001).
- El modelo de dos procesos de Borbély (1982) explica por qué tienes sueño cuando lo tienes: homeostasis + reloj circadiano, trabajando en paralelo.
- El cronotipo varía en la población (Roenneberg et al., 2007); ignorarlo genera jet lag social con consecuencias clínicas documentadas (Caliandro et al., 2021).
En 1729, el astrónomo francés Jean-Jacques d’Ortous de Mairan metió una planta de mimosa en un armario oscuro y descubrió algo que nadie esperaba: las hojas seguían abriéndose de día y cerrándose de noche, sin ver la luz. Dos siglos y medio después, esa curiosidad botánica se convirtió en una de las áreas más productivas de la neurociencia moderna. Si vas a estudiar trastornos del sueño, depresión estacional, consumo de sustancias o incluso rendimiento académico, el reloj biológico va a estar en la ecuación.
Origen del concepto: de una planta encerrada al hipotálamo
Fíjate que el descubrimiento de Mairan es más importante de lo que parece. Antes de él se creía que los organismos respondían reactivamente a la luz, como un termostato. Lo que él mostró es que el ritmo es endógeno: sigue corriendo aunque retires la señal externa. Esa idea tardaría 200 años en formalizarse.
En los años 1950, Colin Pittendrigh y Jürgen Aschoff fundaron la cronobiología moderna. Pittendrigh acuñó el término circadiano —del latín circa diem, “cerca de un día”— precisamente porque los ritmos endógenos nunca son exactamente de 24 horas. Son cercanos. Esa diferencia obliga al organismo a reajustarse todos los días con una señal externa llamada zeitgeber (“dador de tiempo”), siendo la luz el más potente.
El salto decisivo ocurrió en 1972. Robert Moore y Victor Eichler lesionaron el núcleo supraquiasmático en ratas y encontraron que el ritmo de cortisol colapsaba por completo (Moore y Eichler, 1972). El SCN, una estructura pequeña en el hipotálamo anterior, resultó ser el marcapasos circadiano del mamífero. Hoy sabemos que aloja unas 20.000 neuronas y que su oscilación la mantienen asas de retroalimentación entre genes como CLOCK, BMAL1, PER y CRY (Takahashi, 2017).
¿Puedes distinguir, sin mirar arriba, entre “endógeno” y “zeitgeber”? Si dudaste, vuelve a leer el párrafo. Ese par es la base de todo lo que viene.
Definición formal: qué cuenta como ritmo circadiano
No cualquier ciclo biológico es circadiano. Para serlo debe cumplir tres criterios:
- Período cercano a 24 horas en condiciones constantes. Ni 12, ni 36: cerca de un día.
- Persistencia en ausencia de señales externas —lo que los cronobiólogos llaman free-running—. Si el ritmo desaparece al apagar la luz, era reactivo, no circadiano.
- Capacidad de arrastre (entrainment): se reajusta a un zeitgeber, típicamente luz.
El experimento canónico en humanos lo hizo el grupo de Charles Czeisler en Harvard. Encerraron a voluntarios durante semanas en apartamentos sin ventanas ni relojes, con iluminación tenue constante. El período endógeno promedio resultó ser 24,18 horas con una precisión sorprendente (Czeisler et al., 1999). Esa diferencia de 11 minutos frente al día solar es la razón por la que sin luz diaria, poco a poco, tu reloj interno se desplaza.
Pongamos un ejemplo: si tu período es 24,3 h y te aíslas, cada semana te atrasas unas dos horas respecto al mundo exterior. Al mes, estás completamente desfasado. Eso que les ocurre a astronautas, mineros de tercera guardia y personas con ceguera total pigmentaria documentada.
Componentes del sistema circadiano

Recuérdalo así: hay un reloj (SCN), un mensajero (melatonina) y una forma de poner el reloj en hora (luz ambiental captada por ipRGC).
El SCN envía su señal por dos vías. Una vía neural mantiene ritmos en núcleos como el locus coeruleus o el núcleo paraventricular. Una vía humoral activa la glándula pineal, que sintetiza melatonina en las horas oscuras. La melatonina no produce sueño por sí sola; más bien abre una ventana permisiva para dormir y consolida el ciclo.
¿Y cómo sabe el SCN qué hora es afuera? Durante décadas se asumió que usaba conos y bastones retinianos. En 2002, Samer Hattar y colaboradores descubrieron un tercer tipo de fotoreceptor: las células ganglionares intrínsecamente fotosensibles (ipRGC), que contienen un pigmento llamado melanopsina y responden específicamente a luz azul (Hattar et al., 2002). Brainard y colaboradores ya habían mostrado que la ventana 446–477 nm es la que más suprime la melatonina nocturna (Brainard et al., 2001). La implicación práctica es directa: no es “la pantalla” lo que te desincroniza, es el espectro azul emitido de noche.
El acoplamiento entre todos estos componentes se ordena bien con el modelo de dos procesos que Alexander Borbély propuso en 1982.
Tabla — Modelo de dos procesos de Borbély
| Proceso | Naturaleza | Controlado por | Implicación clínica |
|---|---|---|---|
| Proceso S (homeostático) | Presión de sueño acumulada con la vigilia | Adenosina extracelular | Explica por qué dormir poco una noche empeora el rendimiento al día siguiente |
| Proceso C (circadiano) | Propensión al sueño según hora del día | SCN + melatonina + temperatura | Explica por qué a las 3 a. m. te cuesta más estar despierto aunque no hayas dormido |
| Interacción S×C | Sueño normal = alto S + bajo C | Sinergia de ambos | Insomnio típico: S suficiente pero C desfasado (despiertas a las 4 a. m.) |
| Desacople | Jet lag, trabajo nocturno | Zeitgeber vs endógeno | Clínica de los trastornos del ritmo circadiano (CIE-11, DSM-5) |
Ojo con algo que se confunde mucho en examen: dormir mal no siempre es insomnio. Un proceso S bajo (siesta larga a las 6 p. m.) puede reducir la presión de sueño y producir despertares nocturnos que no son patológicos en sentido estricto. La pregunta clínica adecuada siempre incluye rutina de vigilia, no solo de sueño.
Aplicaciones: cronotipo, jet lag social y sueño adolescente

Si te preguntan esto en un examen, hay un dato que todo clínico debería manejar: no todas las personas tienen la misma fase circadiana. Till Roenneberg describió con el Munich ChronoType Questionnaire la distribución poblacional de cronotipos (Roenneberg et al., 2007). El resultado es una curva aproximadamente normal entre matutinos extremos y vespertinos extremos, con la mayoría en el medio. El cronotipo tiene heredabilidad alta y cambia con la edad: los adolescentes se desplazan naturalmente hacia un cronotipo más tardío, y por eso a los 15 años te cuesta dormirte a las 10 p. m. y despertarte a las 6 a. m. No es pereza —es neurobiología documentada.
Cuando el cronotipo individual y el horario social no coinciden aparece el jet lag social: diferencia entre la mitad del sueño de días libres y días laborales. Las consecuencias no son triviales. Caliandro y colaboradores revisaron la evidencia reciente y vincularon el jet lag social con alteraciones metabólicas, aumento de IMC, peor regulación glucémica y síntomas depresivos en adultos jóvenes (Caliandro et al., 2021).
Y aquí el puente con psicopatología: la disrupción circadiana sostenida se correlaciona con trastornos del ánimo, bipolaridad, ansiedad y conductas adictivas (Walker et al., 2020). El modelo biopsicosocial ya no puede ignorar la variable cronobiológica; forma parte de la evaluación en salud mental contemporánea.
En la práctica lo vas a ver como pacientes que duermen “las horas” pero funcionan mal —porque duermen en la fase equivocada para su cronotipo. En términos educativos, muchas guías priorizan intervenciones conductuales y ambientales —como higiene del sueño, exposición adecuada a luz y ajuste de hábitos— antes de pensar el problema solo desde fármacos (puedes profundizar en higiene del sueño).
Un experimento elegante de Kenneth Wright lo demostró. Llevó a voluntarios a acampar una semana sin luz artificial, solo con hoguera al atardecer. Al regresar, su fase de melatonina se había adelantado unas dos horas, acercándose a un cronotipo matutino (Wright et al., 2013). La luz natural matinal, insistente y diaria, es más potente que cualquier suplemento.
Críticas y limitaciones
El modelo canónico SCN-céntrico es útil pero incompleto. Investigaciones recientes muestran que existen osciladores periféricos en hígado, músculo, páncreas y hasta fibroblastos de la piel. El SCN coordina pero no dicta unilateralmente; horarios de comida, ejercicio y temperatura también arrastran estos osciladores periféricos, a veces en direcciones contradictorias con la luz (Takahashi, 2017).
Segunda crítica importante: los estudios clásicos —Czeisler incluido— se hicieron con poblaciones pequeñas, jóvenes, sanas y mayoritariamente occidentales. La variabilidad individual es grande y extrapolar a otras poblaciones exige cautela. En América Latina escasean aún estudios de cohorte circadiana con tamaño muestral suficiente, aunque grupos en Uruguay, Colombia y Brasil han empezado a publicar perfiles regionales.
Tercera: la popularización del concepto ha generado afirmaciones pseudocientíficas sobre “resetear el reloj” con ayuno, suplementos o aplicaciones. Atención clínica aquí —la evidencia sólida sigue siendo luz, oscuridad, horario regular y, en casos seleccionados, melatonina exógena a baja dosis bajo indicación médica. Si un paciente llega con síntomas compatibles con insomnio, la evaluación debe descartar primero trastornos primarios del ritmo antes de etiquetar.
Preguntas frecuentes
¿El ritmo circadiano es el mismo en todas las personas? No. El período endógeno promedio es de 24,18 h, pero varía individualmente. Además, la fase en que ese período se acopla al día solar depende del cronotipo, que es en parte genético.
¿La melatonina en comprimidos sirve? En dosis bajas (0,3–1 mg) y tiempos específicos puede ayudar en jet lag y algunos trastornos del ritmo circadiano. No es hipnótico y la evidencia para insomnio general es modesta. Requiere indicación profesional.
¿Qué hago si mi cronotipo no encaja con mi horario laboral? Primero: exposición regular a luz natural matinal (30 minutos). Segundo: reducir luz azul 2 h antes de dormir. Tercero: regularidad horaria incluso en fin de semana para reducir jet lag social. Si persiste, evaluación clínica.
¿Los adolescentes realmente necesitan dormir más? Sí. Además del cambio de fase (se duermen más tarde), requieren 8–10 h por noche. Horarios escolares tempranos son, desde la evidencia, un conflicto estructural con su biología.
¿El café afecta al ritmo circadiano o solo al sueño inmediato? Ambos. La cafeína antagoniza el receptor A1 de adenosina (reduce proceso S) y, tomada en la tarde, atrasa la fase circadiana en humanos.
Escrito por Ricardo de Castro — Psicólogo. Última revisión: 20 de abril de 2026. Este artículo tiene fines académicos y divulgativos; no sustituye formación clínica supervisada ni atención profesional individualizada.
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Referencias
- Brainard, G. C., Hanifin, J. P., Greeson, J. M., Byrne, B., Glickman, G., Gerner, E., & Rollag, M. D. (2001). Action spectrum for melatonin regulation in humans: evidence for a novel circadian photoreceptor. Journal of Neuroscience, 21(16), 6405–6412. https://doi.org/10.1523/JNEUROSCI.21-16-06405.2001
- Caliandro, R., Streng, A. A., van Kerkhof, L. W. M., van der Horst, G. T. J., & Chaves, I. (2021). Social jet lag and related risks for human health: a timely review. Nutrients, 13(12), 4543. https://doi.org/10.3390/nu13124543
- Czeisler, C. A., Duffy, J. F., Shanahan, T. L., Brown, E. N., Mitchell, J. F., Rimmer, D. W., Ronda, J. M., Silva, E. J., Allan, J. S., Emens, J. S., Dijk, D.-J., & Kronauer, R. E. (1999). Stability, precision, and near-24-hour period of the human circadian pacemaker. Science, 284(5423), 2177–2181. https://doi.org/10.1126/science.284.5423.2177
- Hattar, S., Liao, H. W., Takao, M., Berson, D. M., & Yau, K. W. (2002). Melanopsin-containing retinal ganglion cells: architecture, projections, and intrinsic photosensitivity. Science, 295(5557), 1065–1070. https://doi.org/10.1126/science.1069609
- Moore, R. Y., & Eichler, V. B. (1972). Loss of a circadian adrenal corticosterone rhythm following suprachiasmatic lesions in the rat. Brain Research, 42(1), 201–206. https://doi.org/10.1016/0006-8993(72)90054-6
- Roenneberg, T., Kuehnle, T., Juda, M., Kantermann, T., Allebrandt, K., Gordijn, M., & Merrow, M. (2007). Epidemiology of the human circadian clock. Sleep Medicine Reviews, 11(6), 429–438. https://doi.org/10.1016/j.smrv.2007.07.005
- Takahashi, J. S. (2017). Transcriptional architecture of the mammalian circadian clock. Nature Reviews Genetics, 18(3), 164–179. https://doi.org/10.1038/nrg.2016.150
- Walker, W. H., Walton, J. C., DeVries, A. C., & Nelson, R. J. (2020). Circadian rhythm disruption and mental health. Translational Psychiatry, 10(1), 28. https://doi.org/10.1038/s41398-020-0694-0
- Wright, K. P. Jr., McHill, A. W., Birks, B. R., Griffin, B. R., Rusterholz, T., & Chinoy, E. D. (2013). Entrainment of the human circadian clock to the natural light-dark cycle. Current Biology, 23(16), 1554–1558. https://doi.org/10.1016/j.cub.2013.06.039
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