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Circularidad vs causalidad lineal: como piensa un terapeuta sistemico

1. TL;DR

  • La causalidad lineal busca un origen: A produce B. El trauma produce el síntoma, el estresor produce la ansiedad, el padre autoritario produce el hijo rebelde.
  • La causalidad circular describe un bucle: A afecta a B, que afecta a A, que afecta a B. El problema no está en un punto, sino en la secuencia que se sostiene a sí misma.
  • Un terapeuta sistémico no pregunta “quién empezó” sino “qué mantiene”. La pregunta clínica se desplaza del origen al patrón.
  • Las técnicas sistémicas (preguntas circulares, reencuadre, prescripción del síntoma, interrupción de la secuencia) operan modificando el bucle, no buscando la causa raíz.

2. Escena de apertura: el círculo que nadie ve

Marta llega a consulta diciendo que quiere que su esposo Javier deje de gritarle. La primera sesión es un monólogo de cuarenta minutos sobre los gritos de Javier, su tono, su frecuencia. Cuando llega Javier, la historia cambia de signo: él dice que grita porque Marta lo ignora. Marta dice que lo ignora porque él grita. Cada uno tiene una explicación lineal y coherente: el otro es la causa, yo soy la consecuencia.

Si el terapeuta pregunta “quién empezó”, se mete en un problema sin salida. Marta recuerda el primer grito en 2019. Javier recuerda el primer silencio en 2018. Ambos tienen razón en su línea temporal y operan con causalidad lineal: hay un evento inicial, una respuesta y un culpable.

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El terapeuta sistémico no busca el evento inicial, sino la secuencia que se repite. Y cuando la mira con cuidado, ve algo que Marta y Javier no pueden ver desde dentro: cada acción del uno es la reacción a la acción del otro. El grito de Javier es respuesta al silencio de Marta. El silencio de Marta es respuesta al grito de Javier. El bucle se sostiene a sí mismo.

Cuando un terapeuta sistémico escucha “él me grita porque yo me defiendo” y luego “yo me defiendo porque él me grita”, no escucha dos explicaciones contradictorias. Escucha una sola descripción del mismo círculo, narrada desde dos posiciones distintas dentro de ese círculo.

Esta escena condensa la diferencia entre dos formas de pensar el problema humano. La causalidad lineal, la forma espontánea, busca un origen y un responsable. La causalidad circular, la forma en que piensa un terapeuta sistémico, busca el patrón que se retroalimenta. El cambio de mirada es un giro epistemológico que transforma qué se observa, qué se diagnostica y qué se interviene.

3. Pensamiento lineal vs pensamiento circular: la diferencia fundamental

El pensamiento lineal es la forma en que el cerebro humano entiende el mundo de manera espontánea. Si algo cae, algo lo empujó. Si un síntoma aparece, algo lo produjo. La causalidad lineal busca una flecha desde una causa hacia un efecto: A causa B. Es el modelo de la física clásica, de la medicina, del sentido común. En su dominio funciona bien: si tienes una infección bacteriana, buscar el germen y atacarlo con un antibiótico es lo que necesitas.

El pensamiento circular funciona distinto. No busca una flecha, busca un bucle. No pregunta “qué produjo esto”, pregunta “qué mantiene esto”. En un sistema circular cada elemento es a la vez causa y efecto de los demás: la conducta de A influye en B, la de B influye en A, y la resultante vuelve a influir en B. La pregunta “quién empezó” pierde sentido clínico: el problema no está en el inicio, sino en la retroalimentación que lo sostiene.

La diferencia se ve en cómo se formula la pregunta clínica.

Aspecto Causalidad lineal Causalidad circular
Pregunta guía Qué causó el problema Qué mantiene el problema
Unidad de análisis El individuo El sistema de interacciones
Foco temporal El origen (pasado) La secuencia (presente)
Responsabilidad Un agente causal Distribuida en el bucle
Intervención típica Eliminar la causa Modificar el patrón

Esta tabla refleja dos epistemologías. Un terapeuta lineal busca el trauma original o la experiencia temprana que explica el síntoma actual. Uno circular mira las interacciones presentes, las secuencias que se repiten, las retroalimentaciones que mantienen el problema vivo aquí y ahora. No se trata de que un modelo sea superior: cada uno ilumina algo distinto. Los problemas de pareja y familia, las dinámicas que no se resuelven por más que se identifica al culpable, son el territorio natural del pensamiento circular.

4. La causalidad lineal en psicología: A causa B

La mayor parte de la psicología clínica que se enseña en pregrado opera con un modelo causal lineal: se identifica una variable independiente, se mide su efecto sobre una dependiente, se controlan las intervinientes.

El modelo lineal dice que el trauma infantil causa síntomas disociativos en la adultez, que el estrés crónico causa ansiedad, que la exposición a violencia intrafamiliar causa problemas de conducta. Cada afirmación identifica una causa y un efecto, y la investigación las respalda. Los tratamientos derivados de este modelo, como la exposición prolongada para el TEPT, tienen evidencia de eficacia.

El problema del modelo lineal no es que esté equivocado, sino que es incompleto cuando el fenómeno es interactivo.

Considera un adolescente que llega a consulta con ansiedad social. El modelo lineal busca la causa: una experiencia de humillación, una predisposición genética, una crianza sobreprotectora. El tratamiento apunta a desensibilizar la respuesta de ansiedad, reestructurar las cogniciones sociales y exponer gradualmente al paciente a situaciones temidas.

Pero considera qué pasa cuando ese adolescente vive en una familia donde la madre, que también padece ansiedad social, modela la evitación, el padre refuerza el aislamiento llamándolo “tranquilidad”, y la abuela cuenta historias catastrofistas sobre el mundo exterior. El adolescente no es un recipiente pasivo donde una causa produjo un efecto: es un nodo dentro de un sistema donde cada miembro contribuye a mantener el problema. Si trabajas solo con él en exposición gradual, el progreso de la consulta se desmorona cada domingo en la mesa familiar.

La causalidad lineal te dice que el trauma causa el síntoma. La causalidad circular te dice que el síntoma se mantiene porque cumple una función dentro de un sistema de interacciones que se retroalimenta.

Cuando el problema vive en la interacción entre personas, y no dentro de una persona, el modelo lineal se queda corto. Ahí entra el pensamiento sistémico y su herramienta conceptual central: la causalidad circular.

5. La causalidad circular: A afecta a B que afecta a A

La causalidad circular describe un proceso donde las relaciones entre elementos son bidireccionales y mutuamente influyentes. No hay una causa primera, hay un circuito. El concepto proviene de la cibernética que Norbert Wiener fundó en los años cuarenta, y que Gregory Bateson importó a las ciencias humanas.

En un sistema circular, lo que importa no es quién inició la secuencia, sino cómo se mantiene. Bateson lo ilustró con el termostato y la calefacción: si preguntas quién empezó, la pregunta no tiene sentido. Lo que existe es un bucle: la calefacción calienta, el termostato detecta, cuando alcanza el nivel programado apaga la calefacción, cuando baja la enciende. El sistema se autorregula. Ningún componente es la causa o el efecto.

Bateson aplicó esta lógica al comportamiento humano. El “yo” no es una entidad separada que causa conductas, sino un patrón de relaciones que se autororganiza. La conducta de beber de una persona con alcoholismo no es causada por un “yo” defectuoso, sino que es parte de un sistema circular donde la bebida, la sobriedad, el orgullo y la rendición se retroalimentan.

Aplicada a la clínica: el síntoma no es el efecto de una causa que está en otro miembro de la familia, sino una pieza de un circuito. Si modificas una pieza, el circuito entero se reorganiza. Si no modificas el circuito, el síntoma vuelve, porque el circuito lo necesita para mantener su equilibrio.

Un ejemplo. Imagina una familia donde el padre trabaja muchas horas. El hijo adolescente, que extraña su atención, se porta mal en la escuela. La madre, preocupada, le exige al padre que se ocupe. El padre, sintiéndose atacado, se defiende trabajando más para demostrar que es un buen proveedor: llega más cansado, el hijo se porta peor, la madre exige más. El círculo se cierra.

Cada miembro tiene una explicación lineal impecable: el padre dice que trabaja mucho porque la familia lo necesita, la madre dice que exige al padre porque el hijo está mal, el hijo dice que se porta mal porque su padre no está. Las tres son verdaderas e incompletas. Lo que ninguna explica es el círculo, y el círculo es donde vive el problema.

Un terapeuta sistémico no intenta determinar quién tiene razón: intenta ver el círculo, nombrarlo y trabajar con la familia para interrumpirlo en algún punto.

6. Cómo opera la circularidad en los problemas familiares

Los problemas que se sostienen por causalidad circular no son caos puro: tienen estructura. La terapia sistémica ha identificado tres patrones recurrentes.

Escalada simétrica

Ocurre cuando dos personas interactúan sobre la base de una igualdad que se vuelve competitiva. A hace X, B responde con un poco más de X, A responde con aún más. La pareja que empieza discutiendo por los platos y termina, tres horas después, cuestionando toda la relación. Cada paso es una respuesta legítima al anterior y ningún paso es irracional visto desde dentro, pero la secuencia total es destructiva. Paul Watzlawick y sus colegas del MRI de Palo Alto describieron este patrón: las dos partes usan el mismo tipo de conducta y cada una justifica la suya como respuesta a la del otro. La escalada no tiene un culpable, tiene una estructura.

Complementariedad rígida

El patrón opuesto en superficie pero igualmente circular. Las partes no hacen lo mismo, sino conductas que se encajan como piezas de un rompecabezas: una persigue y la otra se retira, una decide y la otra obedece. El problema no es la complementariedad, necesaria en cualquier relación, sino su rigidez: las posiciones se congelan y el sistema no puede adaptarse.

En una pareja donde uno exige cercanía y el otro pide distancia, la complementariedad se ha vuelto rígida. Si el que pide distancia se acerca, el que exige cercanía se asusta y se retrae. El sistema oscila pero vuelve al mismo equilibrio: la rigidez es el problema.

Profecías autocumplidas

Descrita por el sociólogo Robert K. Merton. Una persona cree que la otra va a rechazarla, se comporta de manera defensiva, la otra responde con rechazo, y la creencia se confirma. La profecía se cumple, no porque fuera cierta desde el principio, sino porque la conducta que generó la volvió cierta.

Estos tres patrones no son exhaustivos, pero cubren buena parte de los problemas circulares que llegan a consulta. El terapeuta los identifica observando la secuencia de interacciones, no preguntando quién tiene razón.

Patrón circular Estructura Ejemplo clínico
Escalada simétrica A y B hacen lo mismo, cada vez más Pareja que grita cada vez más fuerte
Complementariedad rígida A y B hacen conductas opuestas que se encajan Uno persigue, el otro se retira
Profecía autocumplida La creencia de A genera conducta que confirma la creencia “Me va a rechazar” genera rechazo

Para entender cómo interactúan estos patrones con otras dinámicas, vale la pena leer sobre la triangulación familiar y el conflicto entre padres y sobre las fronteras, subsistemas y jerarquías según Minuchin.

7. La contribución de la Escuela de Milán y Palo Alto

La causalidad circular tiene una genealogía precisa, con dos centros intelectuales que nombrar: el Mental Research Institute de Palo Alto y el grupo de Milán liderado por Mara Selvini Palazzoli.

Palo Alto y la herencia de Bateson

Gregory Bateson, antropólogo de formación, fue el puente entre la cibernética y las ciencias humanas. Participó en el proyecto de Palo Alto que dio origen a la pragmática de la comunicación humana y propuso que los fenómenos psicológicos y sociales debían entenderse como sistemas de retroalimentación. En 1971 publicó un artículo sobre la cibernética del yo donde argumentó que la adicción no podía entenderse como una secuencia lineal, sino como un sistema circular donde el bebedor, la bebida y el entorno se retroalimentan.

A partir de ese trabajo se publicó en 1967 “Pragmatics of Human Communication”, de Paul Watzlawick, Janet Beavin y Don Jackson, que introdujo los cinco axiomas de la comunicación (puedes profundizarlos en el artículo sobre los cinco axiomas de comunicación de Watzlawick). Uno de esos axiomas, el de la puntuación de la secuencia de hechos, describe cómo cada participante puntúa la secuencia de manera distinta, ubicándose a sí mismo como la respuesta y al otro como el iniciador.

El grupo de Milán

En Italia, Mara Selvini Palazzoli reunió en los años setenta un equipo que se conoció como la Escuela de Milán: Luigi Boscolo, Gianfranco Cecchin y Giuliana Prata. Llevaron la lógica circular de Palo Alto a la clínica con familias que presentaban problemas graves, incluidos cuadros de anorexia y psicosis.

Su primera contribución fue un formato de sesión con tres elementos. La hipótesis circular: una conjetura sobre cómo funciona el sistema en términos de relaciones circulares. La neutralidad: la posición del terapeuta, que se abstiene de tomar partido. Las preguntas circulares: piden a un miembro que describa la relación entre otros dos, lo que revela el patrón sin confrontar a nadie.

Su segunda contribución fue la sistematización de los juegos familiares, las secuencias de interacción recurrentes que mantienen el síntoma. Selvini Palazzoli y Prata describieron en 1982 cómo las familias despliegan maniobras relacionales para mantener su equilibrio. Puedes leer más en el artículo sobre la Escuela de Milán: preguntas circulares, hipótesis y neutralidad.

La contribución conjunta de Palo Alto y Milán fue transformar la causalidad circular de concepto teórico en práctica clínica: no basta con pensar circularmente, hay que intervenir circularmente.

8. La técnica terapéutica: romper el círculo

Pensar circularmente es necesario, pero no suficiente. Un terapeuta sistémico hace algo con esa forma de pensar, y eso tiene nombres concretos.

Preguntas circulares

La herramienta más característica de la terapia sistémica. Una pregunta lineal pregunta por la causa: “¿Por qué estás triste?” Una circular pregunta por la relación: “Cuando tu mamá está triste, ¿cómo reacciona tu papá?” Desplaza el foco del individuo al sistema y revela patrones invisibles desde dentro. Al escucharla, los miembros observan su dinámica desde un ángulo distinto, lo que abre la posibilidad de modificar el patrón en lugar de buscar culpables.

Reencuadre

El reencuadre cambia el significado de una conducta sin cambiar los hechos. Una madre dice que su hijo es “manipulador” porque llora cuando no le compran un juguete. El terapeuta reencuadra: “Tu hijo está aprendiendo a comunicar necesidades con los medios que tiene a su edad”. El significado pasó de “manipulación” a “comunicación inmadura”, lo que abre nuevas respuestas: si el llanto es manipulación, se responde no cediendo; si es comunicación inmadura, se enseña a expresar la necesidad de forma más regulada.

Prescripción del síntoma

Una de las intervenciones más contraintuitivas de la terapia sistémica: pedir al paciente o a la familia que hagan deliberadamente aquello que hacían de manera involuntaria. Si una pareja discute cada noche por los mismos temas, el terapeuta puede prescribir que discutan exactamente cuarenta y cinco minutos, a las ocho, sentados en sillas específicas. La lógica es circular: si la discusión es involuntaria, el sistema no tiene control; si es prescrita, recupera la agencia, y muchas familias descubren que cuando tienen que discutir a la hora indicada no encuentran nada de qué hablar. El síntoma, vuelto voluntario, pierde su función.

Interrupción de la secuencia

Consiste en identificar un momento específico del círculo y modificar deliberadamente la conducta en ese punto para que no se complete. Si el patrón es “madre exige, padre se defiende, hijo se porta mal, madre exige más”, el terapeuta trabaja con el padre para que valide la preocupación de la madre en lugar de defenderse. Si el padre valida, la madre no tiene nada que atacar y la secuencia no continúa hacia el hijo. Un cambio en un eslabón puede desarmar el círculo completo: es lo que la terapia estratégica de Weakland, Fisch y Watzlawick llamaba resolución enfocada del problema.

9. Caso clínico: una pareja en escalada simétrica

Lucía y Andrés llevan casados seis años. Llegan a consulta porque “ya no se pueden comunicar”. Lucía dice que Andrés es distante, que no comparte nada de su día y que cuando ella intenta hablar responde con monosílabos o se va a otra habitación. Andrés dice que Lucía es asfixiante, que lo interroga cuando llega del trabajo y que él se retira porque cualquier cosa que diga se convierte en discusión.

Un terapeuta con mirada lineal trataría de determinar quién tiene razón: tal vez concluiría que Lucía es ansiosa o que Andrés es evitativo. Ambas hipótesis son lineales.

El terapeuta sistémico construye una hipótesis circular. El patrón es: Lucía persigue, Andrés se retira, Lucía persigue más porque siente abandono, Andrés se retira más porque siente asfixia. Cuanto más persigue Lucía, más se retira Andrés; cuanto más se retira Andrés, más persigue Lucía.

La pregunta clínica no es “quién empezó”, sino “qué mantiene el patrón de persecución y retiro”. La respuesta es la retroalimentación: la conducta de cada uno es la respuesta a la del otro, y ninguna puede cambiar mientras la otra siga igual.

La intervención empieza con preguntas circulares. El terapeuta pregunta a Lucía: “Cuando Andrés se va a otra habitación, ¿qué piensas que siente?” Lucía dice que piensa que él no la quiere. Pregunta a Andrés: “Cuando Lucía te pregunta cómo te fue apenas llegas, ¿qué sientes?” Andrés dice que se siente interrogado. Luego pregunta a ambos: “¿Qué pasaría si Andrés interpretara la pregunta como interés? ¿Y si Lucía interpretara el retiro como cansancio?”

Estas preguntas introducen una nueva puntuación de la secuencia. Cada miembro había ubicado al otro como causante; la pregunta abre la posibilidad de una puntuación distinta.

Luego el reencuadre: “Lucía, tú persigues porque te importa. Andrés, tú te retiras porque necesitas procesar. Ambos hacen algo con sentido, pero en momentos que se cancelan mutuamente”. El reencuadre valida ambas conductas y señala el problema: no son las conductas, es su sincronía.

Finalmente, la interrupción de la secuencia. El terapeuta pide un experimento: durante dos semanas, Lucía no preguntará nada en los primeros treinta minutos después de que Andrés llegue, y Andrés se compromete a iniciar una conversación dentro de ese plazo. La secuencia se invierte: en lugar de “Lucía persigue, Andrés se retira”, pasa a “Andrés inicia, Lucía recibe”. Si la secuencia cambia, el patrón cambia. Si el patrón cambia, las emociones que generaba también cambian, porque eran productos del círculo, no causas primarias.

En la terapia sistémica no se trata de convencer a la pareja de que el otro tiene razón. Se trata de modificar la secuencia de interacción para que las emociones que genera la secuencia dejen de aparecer.

El caso no es un cuento de hadas: los cambios toman tiempo y las recaídas son parte del proceso. Pero cuando el patrón se modifica, los cambios son profundos, porque no se lograron cambiando a un individuo, sino la estructura circular que sostenía el problema. Esto conecta con el cambio de primer y segundo orden en terapia sistémica: el primero ajusta la conducta dentro del mismo sistema, el segundo transforma el sistema.

10. Errores frecuentes en el examen

Los estudiantes encuentran preguntas sobre causalidad lineal y circular en exámenes de teorías psicoterapéuticas y psicología de la familia. Estos son los errores que se repiten.

Confundir causalidad circular con “todo causa todo”. La causalidad circular no dice que cualquier cosa cause cualquier otra, sino que en ciertos sistemas los elementos se influyen mutuamente sin que se pueda aislar una causa lineal. Es una descripción precisa de un tipo de sistema, no una licencia para abandonar el rigor causal.

Atribuir el concepto a Minuchin o Bowen. La causalidad circular viene de la cibernética y fue desarrollada por Palo Alto y la Escuela de Milán. Minuchin trabajó con estructura familiar y Bowen con diferenciación del self: aunque ambos son sistémicos, la causalidad circular es específica de la tradición cibernético-estratégica.

Pensar que el modelo sistémico niega el trauma. El modelo sistémico no niega el trauma. Dice que el problema se mantiene por interacciones presentes, y que intervenir en ellas puede ser más eficaz que buscar el origen. Un terapeuta sistémico puede reconocer un trauma y trabajar al mismo tiempo con el patrón circular actual.

Confundir complementariedad con complementariedad rígida. La complementariedad es necesaria en toda relación: alguien cocina, el otro lava. La rigidez es cuando esas posiciones se congelan. El problema es la rigidez, no la complementariedad.

Olvidar la puntuación de la secuencia. Muchos estudiantes recuerdan los axiomas de Watzlawick pero no conectan el de la puntuación con la causalidad circular. La puntuación es la operación mental por la cual cada miembro ubica el inicio del círculo en el otro. Entenderla explica por qué cada miembro de una pareja en conflicto puede decir, con sinceridad, que el otro empezó.

11. La pregunta del estudiante

“¿Entonces la terapia sistémica sirve para todo y la terapia individual no?”

No. La pregunta parte de un falso dilema. La terapia sistémica es útil cuando el problema se mantiene por interacciones circulares: conflictos de pareja, problemas familiares crónicos, trastornos de conducta en la adolescencia donde la dinámica familiar alimenta el síntoma, y casos donde el paciente identificado porta un síntoma que cumple una función en el sistema.

La terapia individual sigue siendo la herramienta indicada para muchos problemas: los trastornos de ansiedad que responden a la exposición, los cuadros depresivos que se benefician de la activación conductual, el procesamiento de traumas con técnicas basadas en evidencia. No se trata de elegir un modelo y descartar el otro, sino de saber qué problema vive en el individuo y cuál en la interacción.

Un buen clínico conoce ambos modelos y los combina: puede atender a un adolescente en sesión individual para trabajar exposición gradual en fobia social, y citar a la familia para modificar el patrón circular que refuerza la evitación. La formación consiste en leer cada caso y decidir qué mirada, lineal o circular, ilumina mejor el problema.

Otra pregunta: “¿La diferenciación del self de Bowen es causalidad lineal o circular?” Bowen es un autor sistémico: su concepto de diferenciación describe cómo un individuo se relaciona con su familia de origen sin fusionarse ni cortarse. La diferenciación opera dentro de una lógica circular: a menor diferenciación, mayor reactividad emocional en el sistema familiar, lo que presiona hacia menor diferenciación. Puedes leer más en el artículo sobre la diferenciación del self según Bowen.

12. Preguntas frecuentes

¿Qué es la causalidad circular en psicología?

La causalidad circular describe fenómenos donde los elementos se influyen mutuamente en un bucle de retroalimentación, de modo que no se puede aislar una causa lineal. En psicología clínica se aplica a problemas que se mantienen por interacciones recíprocas entre miembros de un sistema, como una familia o una pareja. La conducta de cada persona es a la vez causa y efecto de la conducta de las demás.

¿Cuál es la diferencia entre causalidad lineal y circular?

La causalidad lineal postula que un evento A produce un efecto B en una secuencia unidireccional. La circular postula que A afecta a B y B afecta a A, en un bucle donde cada elemento es a la vez causa y efecto. La diferencia clave está en la pregunta clínica: la lineal pregunta quién causó el problema, la circular pregunta qué patrón lo mantiene.

¿Quién introdujo la causalidad circular en la terapia sistémica?

La noción proviene de la cibernética de Norbert Wiener y fue importada a las ciencias humanas por Gregory Bateson. En terapia fue desarrollada por el Mental Research Institute de Palo Alto, especialmente por Paul Watzlawick, Don Jackson y John Weakland, y por la Escuela de Milán liderada por Mara Selvini Palazzoli. Ambos grupos transformaron el concepto teórico en técnicas clínicas concretas.

¿Qué son las preguntas circulares en terapia sistémica?

Son preguntas dirigidas a un miembro de un sistema para que describa la relación entre otros dos miembros. Por ejemplo, en lugar de preguntar a un adolescente por qué está triste, el terapeuta pregunta cómo reacciona su madre cuando su padre se enoja. Esta pregunta desplaza el foco del individuo al patrón relacional, revela la secuencia de interacciones y abre posibilidades de cambio.

¿La causalidad circular significa que nadie es responsable?

No. La causalidad circular es un modelo descriptivo de cómo se mantiene un problema, no un juicio moral. Distingue entre responsabilidad causal lineal, que es lo que busca el sentido común y el derecho penal, y responsabilidad relacional, que es lo que trabaja la terapia. En un patrón circular, cada participante contribuye al mantenimiento del problema, y el trabajo terapéutico consiste en modificar esa contribución.

13. Lecturas relacionadas

Si este artículo te resultó útil, estos textos de PsiqueAcadémica profundizan en conceptos conectados:

14. Referencias

  • Bateson, G. (1971). The cybernetics of “self”: A theory of alcoholism. Psychiatry, 34(1), 1–18. https://doi.org/10.1080/00332747.1971.11023653
  • Fish, V. (1990). Introducing causality and power into family therapy theory: A correction to the systemic paradigm. Journal of Marital and Family Therapy, 16(1), 21–37. https://doi.org/10.1111/j.1752-0606.1990.tb00042.x
  • Kelledy, L., & Lyons, B. (2019). Circular causality in family systems theory. En Encyclopedia of Couple and Family Therapy. Springer. https://doi.org/10.1007/978-3-319-49425-8_248
  • Pocock, D. (2025). Revisiting causality in systemic family therapy: The critical realist embrace. Australian and New Zealand Journal of Family Therapy. https://doi.org/10.1002/anzf.70036
  • Selvini Palazzoli, M., & Prata, G. (1982). Snares in family therapy. Journal of Marital and Family Therapy, 8(4), 377–386. https://doi.org/10.1111/j.1752-0606.1982.tb01470.x
  • Watzlawick, P. (2010). The use of behavior prescriptions in psychotherapy. Journal of Systemic Therapies, 29(4), 35–43. https://doi.org/10.1521/jsyt.2010.29.4.35
  • Weakland, J. H., Fisch, R., Watzlawick, P., & Bodin, A. M. (1974). Brief therapy: Focused problem resolution. Family Process, 13(2), 141–168. https://doi.org/10.1111/j.1545-5300.1974.00141.x

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