
Identidad y rol del practicante: ocupar el lugar intermedio
Este cuaderno de Prácticas I ya sostiene tres piezas que necesitas tener a la mano antes de leer lo que sigue: el mapa legal y ético del ejercicio (Marco legal y ético de la práctica en psicología), el apunte sobre el pasaje de estudiante a practicante (Introducción a la práctica profesional: el pasaje de estudiante a practicante) y las bases del consentimiento y la confidencialidad (Consentimiento informado y confidencialidad en la práctica inicial). Con esos tres cimientos, este apunte responde una pregunta distinta, más silenciosa y a la vez más decisiva para tu formación: ¿quién eres tú como practicante dentro del equipo? No se trata solo de lo que te permiten hacer los documentos, sino de cómo te construyes como profesional en ese lugar intermedio entre la universidad y la institución.
Aquí se trabajan los cinco subtemas del banco Tema 3: la construcción de la identidad profesional, el rol del psicólogo en formación, los límites del practicante, la relación con el equipo y la institución, y el pasaje de estudiante a profesional. La identidad profesional no se recibe en una ceremonia: se edifica con cada sesión, con cada bitácora, con cada palabra dirigida al supervisor y con la lectura crítica de cada caso. Por eso este apunte no te pide que repitas definiciones, sino que mires cómo estás ocupando el rol que te toca hoy.
Idea que sostiene todo el apunte. La identidad del practicante se teje con tres hilos inseparables: el rol que te asignan los lineamientos, los límites que delimitan tu acción y la pertenencia al equipo que te recibe. Si descuidas uno de los tres, tu formación queda coja y aparecen los riesgos del impostor que sabe de memoria la teoría pero no sostiene la práctica, o del intruso que actúa como si ya tuviera la titularidad.
1. Construcción de la identidad profesional
Donald Super mostró que la identidad ocupacional no se entrega en un acta de grado: se construye a lo largo de los años, con tanteos, regresiones y momentos de insight que rara vez son lineales. En psicología esa construcción es además pública: te vinculas con personas en momentos de fragilidad, y la forma en que te presentas, te conduces y respondes construye, en cada encuentro, tu imagen como profesional. Por eso la formación no termina en el aula: ocurre en la silla, en la co-visión, en la bitácora, en la palabra al supervisor y en el modo como regresas al día siguiente al servicio que te acogió.
Schön aporta una herramienta fina para pensar este proceso. En The Reflective Practitioner distingue entre conocimiento-en-la-acción (lo que haces sin tener que pensarlo paso a paso, como sostener la escucha o modular la voz), reflexión-en-la-acción (lo que ajustas mientras actúas, cuando algo del caso te obliga a improvisar) y reflexión-sobre-la-acción (lo que miras hacia atrás en la supervisión o en la bitácora). Para ti, que estás aprendiendo, la reflexión-en-la-acción todavía no se vuelve automática; por eso necesitas co-terapia, co-visión y supervisión. Cada pausa que te das para entender qué te pasó en la sesión es una pieza de tu identidad en formación.
Tarjeta de campo. ¿Quién eres hoy como practicante? Escríbelo en una línea honesta. Vuelve a esa línea cada cuatro semanas y mira qué cambió. Si la línea se mantiene igual palabra por palabra, probablemente estás descuidando la reflexión; si cambia en exceso sin que medie una experiencia clara, también. Lo que buscas es un movimiento que puedas explicar.
Esa construcción tiene un ancla normativa que no se puede saltar. La Ley 1090 de 2006 (Código Deontológico y Bioético del Psicólogo, Colombia) deja una línea muy precisa: el ejercicio pleno de la psicología lo realiza quien cuenta con tarjeta profesional y acreditación vigente. Mientras tanto, el practicante actúa bajo convenio docente-asistencial y bajo supervisión. Esa frontera no te reduce: te protege a ti, protege al consultante y le da cauce institucional a tu aprendizaje.
2. El rol del psicólogo en formación
Rønnestad y Skovholt, en The Developing Practitioner, describen cómo el terapeuta atraviesa fases a lo largo de toda la carrera: una fase inicial, una intermedia, una avanzada y otra integrada. Cada fase tiene tareas distintas: al inicio se aprende a tolerar la incertidumbre del encuentro clínico y a sostener la escucha en silencio; en fases siguientes se incorporan habilidades técnicas, se integra un estilo propio y se aprende a reparar rupturas con consultantes. La idea útil para ti es esta: la fase marca el tipo de ayuda que necesitas, no lo que vales como persona. Pedir supervisión estrecha al inicio no te hace menos apto; te hace una profesional que respeta su fase y la usa para crecer.
En el flujo anterior aparecen, simplificadas, las fases que estos autores describen. La flecha entre pasos recuerda algo importante: no se saltan, aunque algunas personas las atraviesen con mayor o menor rapidez. Tu tarea de hoy es identificar en cuál de esos pasos estás y conversar esa lectura con tu supervisor, en lugar de exigirte una autonomía que todavía no corresponde a tu momento formativo.
Definición operativa. El psicólogo en formación es quien realiza actividades propias de la psicología bajo convenio, con supervisión y dentro de un proyecto formativo avalado por la universidad y por la institución que lo recibe. La supervisión es la condición que vuelve tu práctica aprendizaje y convierte cada intervención en una oportunidad de mejora.
3. Límites del rol del practicante
El practicante ocupa un lugar que se malentiende con facilidad. Está dentro del equipo, firma bitácora, atiende consultantes, pero no es el psicólogo responsable de la institución. Esa distinción, que parece un tecnicismo, define la trampa de parcial más frecuente en este momento formativo. Veámosla con cuidado, porque se presenta con la cara del compromiso.
Trampa de parcial. Confundir estar en el sitio con ser la profesional responsable del sitio. Si te quedas hasta tarde como si fueras de planta, si decides una intervención sin consultar, si firmas un informe como si fuera ya tuyo, estás cruzando el límite del rol. Lo que parece entrega al equipo es, en realidad, un riesgo ético para el consultante y una exposición innecesaria para ti.
La Ley 1090 de 2006 sitúa con claridad esa frontera. La siguiente tabla resume las diferencias operativas que necesitas tener a la mano cuando te pregunten, dentro o fuera del servicio, qué puedes firmar y hasta dónde llega tu decisión clínica autónoma.
| Aspecto | Practicante | Psicólogo habilitado (Ley 1090) |
|---|---|---|
| Marco | Convenio docente-asistencial, supervisión asignada | Tarjeta profesional vigente |
| Firma de informes | Co-firma con supervisor; acreditación de la universidad | Firma con tarjeta profesional |
| Decisiones clínicas | Proponen, consultan, registran | Asumen responsabilidad legal y ética |
| Confidencialidad | Activa, con reporte a supervisor y equipo | Activa, con marco legal pleno |
| Roles que puede asumir | Observación, co-terapia, atención supervisada, psicoeducación, tamizaje | Evaluación, intervención, peritaje, docencia, investigación |
| Rotación entre servicios | Según convenio y créditos | Según decisión profesional |
La tabla es un mapa de responsabilidades distintas que conviven en una misma institución. Conocerlo te permite pedir ayuda a tiempo, que es una habilidad profesional, no un déficit. También te permite explicar con serenidad al consultante y al equipo por qué determinadas decisiones pasan por tu supervisor antes de ejecutarse.
4. Relación con el equipo y la institución
Pertenecer a un equipo no es lo mismo que ser parte de la planta. Cuando llegas a la institución te reciben en un rol específico: practicante X, asignado al servicio Y, con horario Z, con supervisor S. Esa pertenencia es contractual y formativa a la vez, y se construye con gestos pequeños que rara vez aparecen en los reglamentos. La forma como te presentas en la primera reunión, la manera como saludas al consultante que ya conociste, la puntualidad con la que entregas tus bitácoras, la voluntad de leer los protocolos del servicio antes de la primera sesión: todo eso comunica quién eres en ese equipo.
Una pista concreta para la primera semana. Pide una reunión corta, de veinte a treinta minutos, con cada referente del equipo al que te asignen. Pregúntale cómo es su estilo de comunicación, qué decisiones pasan por su despacho, qué información del consultante consideran reservada y cómo gestionan las urgencias. Lo que aprendas ahí no está en ningún manual: está en la cultura del lugar, y se vuelve tan importante como los contenidos de los protocolos escritos.
ASCOFAPSI y el Colegio Colombiano de Psicólogos (Colpsic) han subrayado la importancia de que las prácticas se den en escenarios con condiciones mínimas claras: supervisión efectiva, delimitación precisa del rol del practicante, protocolos de seguridad del consultante y articulación fluida entre universidad e institución. Cuando esas condiciones no existen, el primer paso no es adaptarse en silencio ni asumir más funciones de las que corresponden al rol; es conversar con tu supervisor académico para que se ajusten antes de que el daño llegue a un caso.
Analogía. Entrar a un equipo como practicante se parece a aprender a tocar en una orquesta que ya tiene director, concertino y ensayos avanzados. No llegas a sustituir al concertino ni a corregir la lectura del director; llegas a leer la partitura que te asignaron, escuchar a los demás y ensayar tu sección con disciplina. Si tocas fuera de tiempo, el conjunto se entera y la pieza se resiente; si tocas a tiempo, la música fluye y tu falta de solista pasa desapercibida. La identidad se forja en la disciplina de tocar con otros, no en el afán de lucirte.
En la relación cotidiana con el equipo también se aprende a manejar la diferencia de criterios. Puede ocurrir que el supervisor del servicio proponga una intervención con la que tu supervisor académico no estaría de acuerdo. Antes de tomar partido, recoge los argumentos de ambos, fórmula tu propia lectura y plantéala en una reunión de supervisión. Esa práctica, más que un compendio de teorías, te enseña a sostener el rol cuando las presiones se acumulan.
5. De estudiante a profesional
El pasaje de estudiante a profesional no ocurre el día de la ceremonia de grado. Es un proceso que toma años, con idas y vueltas, y se nota en cosas como: tolerar la incertidumbre sin zanjar precipitadamente un caso, reparar rupturas con el consultante en lugar de evadirlas, pedir supervisión cuando aparece una zona ciega, escribir con honestidad lo que no sabes en lugar de adornar lo que sí. La profesionalización se mide por esos gestos cotidianos, no por el documento que recibes al final.
Definición operativa. Pasaje de estudiante a profesional es el tránsito por el cual la persona deja de pensar la práctica como tarea académica y la asume como responsabilidad compartida con un equipo, un supervisor y un marco legal. El pasaje integra lo aprendido en clase en escena, con sus dudas, sus silencios y sus aciertos.
Una forma práctica de seguir ese pasaje en la bitácora semanal es anotar, al cierre de cada semana, tres cosas que conviene cultivar en orden.
- Lo que aprendí. Un contenido, una habilidad o un descubrimiento del caso que quieres conservar.
- Lo que me confundió. Una decisión, una reacción del consultante o un criterio del equipo que todavía no entiendo del todo.
- Lo que voy a cambiar la próxima semana. Una acción concreta, observable y pequeña, que ajusto a partir de lo anterior.
Esa estructura es reflexión-sobre-la-acción en formato corto. Si la sostienes durante toda la práctica, al final tendrás un mapa de tu desarrollo que vale más que una lista larga de temas cubiertos. También te servirá para presentar tu informe final con material real, no con generalidades.
La practicante que lee cada protocolo antes de la primera sesión, que pregunta cuando no entiende, que devuelve al equipo lo aprendido del caso y que cuida la confidencialidad sin descuidar la supervisión, está construyendo su identidad profesional aunque todavía no firme como titular.
Autoevaluación
Las preguntas que siguen no son un examen: son una bitácora de cierre. Léelas, respóndelas con honestidad y vuelve a ellas dentro de un mes. Si tu respuesta no cambia, reflexiona por qué; si cambia demasiado sin mediar experiencia clara, también.
¿En cuál de las fases de Rønnestad y Skovholt te ubicas hoy y qué te lo muestra?
Identifica tu fase con una sola palabra y anota dos ejemplos de la última semana que la sustenten. Si dices que ya estás en la fase competente pero no puedes nombrar dos ejemplos concretos, vuelve a mirar con calma. La honestidad aquí es más formativa que la respuesta correcta.
¿Qué actividad firmaste o decidiste sola en las últimas dos semanas sin supervisión?
Revisa tu bitácora y tus correos. Si encuentras decisiones clínicas sin co-firma o sin supervisión previa, reconócelas y conversa con tu supervisor cómo evitarlas en adelante. Esa conversación, más que el reproche, es la que forma identidad profesional y la que cuida al consultante.
¿Cómo te presentas ante el consultante la primera vez de cada proceso?
Dile con claridad que estás en formación, con qué universidad, bajo qué supervisión y qué confidencialidad rige. Si en alguna sesión te presentaste de manera ambigua o evasiva, anota por qué pasó y qué vas a cambiar en la siguiente ocasión. La presentación es ya una intervención.
¿Qué le devuelves al equipo sobre lo que aprendiste del caso en el último mes?
Piensa en una acción concreta: una nota en la reunión clínica, un comentario en la co-visión, un protocolo que ajustaron juntos, una lectura que recomendaste. Si no la hay, agenda una devolución esta semana. Devolver al equipo lo aprendido multiplica la formación y te posiciona como parte del servicio.
Para el parcial. Identidad del practicante = rol asignado + límites del convenio + pertenencia al equipo. La Ley 1090 reserva el ejercicio pleno a quien está habilitado; el practicante opera bajo supervisión. Trampa frecuente: confundir estar en el sitio con firmar como responsable del sitio.
Rol
Lo que el convenio y el supervisor te autorizan a hacer hoy.
Límite
Lo que no firmas, no decides y no sostienes a solas.
Equipo
La red que te recibe y a la que devuelves lo aprendido del caso.
Cierre
Tu identidad como practicante no se define el día que recibes la tarjeta profesional. Se construye en cada sesión, en cada bitácora, en cada pausa para preguntar antes de decidir. La Ley 1090 de 2006 marca el contorno legal, Rønnestad y Skovholt describen el camino formativo con sus fases, Schön te recuerda que la reflexión es tu herramienta de trabajo y Super insiste en que el rol se construye con el tiempo, no se recibe en un instante.
Para sostener el trabajo, vuelve con regularidad al marco legal y ético (Marco legal y ético de la práctica en psicología), al apunte de consentimiento y confidencialidad (Consentimiento informado y confidencialidad en la práctica inicial) y a la lectura sobre el pasaje de estudiante a practicante (Introducción a la práctica profesional: el pasaje de estudiante a practicante). Si tu práctica te pone frente a grupos en mayor vulnerabilidad, revisa también Ética en la intervención con poblaciones vulnerables.
Lo que ya tienes
Convenio firmado, supervisor asignado y escenario de práctica. Tres anclas que vuelven tu práctica formación y le dan encuadre a tu rol.
Lo que vas a construir
Identidad profesional, red de equipo, estilo de reflexión y lectura crítica de cada caso. Cuatro hilos que se tejen cada semana con bitácora, supervisión y retorno al servicio.