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Fundadores de la sociología

Tres clásicos para el psicólogo: Durkheim (norma), Weber (sentido), Marx (posición). No es biografía ni tratado de modernidad líquida.

Hecho social, acción social, materialismo histórico: tres puertas, una pregunta cada una.

Este apunte trabaja los tres clásicos y su utilidad para el psicólogo; no desarrolla modernidad líquida ni antropología cultural. Para Bauman y Castells, consulta sociedad contemporánea; para antropología cultural, consulta cultura y antropología cultural; para poder e inequidad, consulta poder, inequidad y acción colectiva; para psicología comunitaria, consulta historia, principios y métodos.

1. El hecho social en Émile Durkheim

Émile Durkheim (1858-1917) formuló una de las piezas fundacionales de la sociología: la noción de hecho social. La categoría aparece en Las reglas del método sociológico (1895) y sirve de respuesta a la pregunta por el objeto propio de una ciencia de la sociedad. Frente a quienes reducían lo social a un agregado de conductas o a la suma de psicologías individuales, Durkheim sostuvo que la sociedad constituye una realidad específica, irreductible al individuo, dotada de propiedades emergentes que solo cabe estudiar con métodos también específicos.

Para delimitar su objeto, Durkheim define el hecho social por tres rasgos encadenados:

  1. Exterioridad: el hecho social existe fuera de cada conciencia individual. La lengua que hablas, las reglas que sigues, el calendario que consultas, las formas de cortesía que reproduces: nada de eso nace en ti ni se agota en tu interior. Lo encuentras ya constituido cuando naces, y pervive cuando mueres.
  2. Coerción: el hecho social se impone a los individuos. La coerción opera más allá de la sanción policial o jurídica: funciona por educación, hábito y sanción difusa. Sentir vergüenza al transgredir una norma no escrita, incomodidad frente a un comportamiento desviado: ahí actúa la coerción social.
  3. Generalidad: el hecho social se presenta de manera extendida en la población, o tiene esa extensión como referencia. Una conducta aislada puede ser psicológica; una conducta repetida por un grupo en forma regular pide otra explicación.

Estos rasgos permiten separar lo social de lo puramente orgánico y de lo puramente individual. Una función biológica, por muy extendida que esté, no es un hecho social. Una preferencia personal, por intensa que sea, tampoco lo es. Un hecho social requiere presencia en la colectividad, presencia anterior al individuo, y capacidad de presión sobre la conducta.

El método que Durkheim derivó de esta definición tiene dos movimientos básicos. Primero, observar los hechos sociales como cosas: tratarlos con la misma objetividad con que el naturalista trata un mineral o un organismo. Segundo, explicar unos hechos sociales por otros hechos sociales, y por estados de conciencia. La célebre regla del suicidio (1897) aplica este proceder: para explicar por qué la tasa de suicidios varía entre regiones y grupos religiosos, Durkheim recurre a variables sociales (integración y regulación), no a la psicología del suicidado.

Aquí el caso del suicidio interesa como ejemplo del procedimiento. El tratado clínico del suicidio queda fuera de este apunte. Durkheim construye tipologías (suicidio egoísta, altruísta, anómico, fatalista) a partir de tasas agregadas. Lo que muestra el ejemplo es que la sociología trabaja con datos que anteceden y desbordan al sujeto: el individuo se suicida, pero el hecho social del suicidio requiere otra escala.

Junto al hecho social, Durkheim introdujo la conciencia colectiva: el conjunto de creencias y sentimientos comunes al ciudadano medio de una sociedad. La conciencia colectiva varía en densidad (fuerte en sociedades tradicionales, diluida en las modernas) y en extensión (abarca más o menos ámbitos de la vida). El concepto abre un camino para pensar cómo una cultura mantiene cohesión y cómo una sociedad se reconfigura bajo la presión de la diferenciación.

Para la práctica clínica, esta caja de herramientas sirve de tres maneras. Primero, distingue entre malestar individual y malestar normativo: un síntoma puede hablar del cuerpo, pero también del lazo social. Segundo, recuerda que las normas (jurídicas, morales, familiares) operan por interiorización, no solo por amenaza. Tercero, sitúa al consultante dentro de corrientes que lo preceden y lo exceden: la queja del paciente rara vez es solo del paciente.

Tipos de suicidio en Durkheim (resumen)

Durkheim construyó cuatro tipos a partir del cruce entre integración y regulación:

  • Egoísta: integración débil, vínculo tenue con el grupo, predominio del individuo sobre la colectividad.
  • Altruísta: integración excesiva, el individuo se disuelve en el grupo hasta perder su propio valor.
  • Anómico: regulación débil, las normas han perdido vigencia o se han vuelto contradictorias.
  • Fatalista: regulación excesiva, opresión normativa que no deja margen a la conducta.

La tipología muestra que el dato individual (una muerte por suicidio) está sobredeterminado por la configuración social.

2. Acción social y tipos ideales en Max Weber

Max Weber (1864-1920) construyó una sociología centrada en el sujeto actuante y en la comprensión del sentido de sus conductas. La pregunta rectora de su obra, formulada en Economía y sociedad, puede resumirse así: ¿qué sentido atribuye el actor a su conducta y cómo orienta esa atribución la vida en común? Weber reconoce la existencia de regularidades macrosociales, pero las concibe como sedimentaciones de acciones cargadas de sentido.

El punto de partida es la noción de acción social: toda conducta humana a la que el actor vincula un sentido subjetivo y que orienta su relación con otros. Conducta puramente reactiva (un estornudo) o puramente individual (el ensimismamiento) queda fuera. La acción social requiere referencia a la conducta de otro, sea real, imaginada o esperada.

La tipología weberiana ordena la acción social en cuatro tipos, ordenados por su orientación:

  1. Acción racional con arreglo a fines (zweckrational): el actor elige los medios más adecuados para un fin dado, calcula resultados y ajusta su conducta. Comprar el boleto más barato, estudiar una carrera con plan, decidir una terapia por costo-beneficio.
  2. Acción racional con arreglo a valores (wertrational): el actor actúa porque el comportamiento responde a un valor que considera valioso en sí mismo, sin calcular sus consecuencias prácticas. Cumplir un deber, sostener una fe, defender una causa más allá del rédito.
  3. Acción afectiva: el actor se mueve por afectos y estados emocionales presentes. Reaccionar con ira, abrazar con ternura, dejarse llevar por el pánico en una multitud.
  4. Acción tradicional: el actor actúa por costumbre arraigada, sin cuestionar su origen ni sopesar alternativas. Saludar al pasar, repetir un rito familiar, mantener una práctica profesional heredada, sin revisar su fundamento.

Estos cuatro tipos no describen personas; describen orientaciones. Un mismo médico puede actuar racional con arreglo a fines al elegir un tratamiento, racional con arreglo a valores al defender el secreto profesional, afectivo al recibir un caso límite, y tradicional al continuar una rutina heredada del equipo anterior. La tipología es heurística: ilumina tramos de la conducta. Su alcance queda acotado a esos tramos.

El instrumento que Weber usa para no confundir la tipología con la realidad es el tipo ideal. Un tipo ideal es una construcción conceptual que exagera ciertos rasgos para hacerlos comparables y comprensibles. En la realidad no existe un burócrata acabado, un carismático puro, un tradicional sin mezcla: el tipo ideal funciona como punto de referencia contra el cual contrastar los casos reales, que quedan cortos o se exceden respecto del tipo.

El método que Weber acompaña a esta tipología se llama Verstehen, traducido habitualmente como comprensión. Comprender implica reconstruir el sentido que la conducta tiene para el actor, a partir de sus declaraciones, sus prácticas y su contexto. El investigador reconstruye qué cuenta como sentido para quien actúa, y con eso explica por qué hace lo que hace. Juzgar desde fuera si el sentido es verdadero o falso queda fuera de la operación.

De aquí se desprenden dos consecuencias para el trabajo clínico. Por un lado, toda intervención opera sobre acciones cargadas de sentido: el paciente no cumple una indicación por puro reflejo, la interpreta y la reinterpreta. Por otro lado, el clínico construye tipos ideales para pensar (el paciente depresivo estándar, el consultante por crisis, la madre sobreimplicada) sabiendo que son herramientas que orientan la escucha, no moldes para encajar personas.

Tipos de dominación legítima en Weber

Weber clasifica la dominación por la fuente de legitimidad que la hace obedecer:

  • Legal-racional: se obedece porque la norma se aplica con procedimientos claros (administración, derecho moderno).
  • Tradicional: se obedece porque la costumbre se ha transmitido a lo largo de generaciones (monarquía tradicional, derecho de sangre).
  • Carismática: se obedece porque el líder encarna una causa o un don extraordinario (movimientos revolucionarios, profetas, líderes mesiánicos).

Cada tipo admite combinaciones, y los tránsitos entre uno y otro dan buena parte de la historia política moderna.

3. Materialismo histórico y clases en Karl Marx

Karl Marx (1818-1883), en colaboración con Friedrich Engels, propuso una lectura de la historia centrada en las condiciones materiales de producción. La fórmula clásica aparece en el prefacio a la Contribución a la crítica de la economía política (1859): el modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política e intelectual. Esta fórmula queda lejos de un catecismo político. Funciona como un método orientado a explicar las configuraciones sociales por sus condiciones materiales de posibilidad.

El materialismo histórico distingue dos planos articulados:

  1. Infraestructura: fuerzas productivas (herramientas, técnicas, saberes técnicos, organización del trabajo) y relaciones de producción (propiedad, contrato, división del trabajo, distribución del producto).
  2. Superestructura: el conjunto de instituciones, leyes, ideas, discursos y prácticas que se levantan sobre la infraestructura y la legitiman, la cuestionan o la regulan.

La relación entre ambos planos no es de determinación mecánica. La superestructura tiene autonomía relativa, y en ella se producen luchas ideológicas, jurídicas y políticas con peso propio. Esa autonomía opera sobre un trasfondo: una formación social se queda sin sostenimiento cuando su infraestructura cambia y sus formas jurídicas y políticas permanecen rígidas. Esa tensión genera crisis, reformas o revoluciones.

El concepto central para analizar la dinámica social en este marco es el de clase social. Para Marx, una clase se define por la posición respecto de los medios de producción. Hay propietarios de los medios de producción (burguesía) y quienes cuentan solo con su fuerza de trabajo (proletariado). Entre ambos polos existen capas intermedias (campesinos, pequeña burguesía, técnicos, profesionales asalariados) cuya posición varía históricamente.

La pertenencia de clase desborda la conciencia. Marx distingue entre clase en sí (posición objetiva respecto de los medios de producción) y clase para sí (formación de un actor colectivo capaz de actuar en función de sus intereses). El paso de una a otra depende de condiciones históricas: organización, conflictos, tradiciones de lucha, derrotas y victorias.

El motor del cambio social, en este esquema, es el conflicto entre las clases fundamentales de cada modo de producción. Cada modo (esclavista, feudal, capitalista, socialista) contiene contradicciones internas que empujan a su transformación. Bajo el capitalismo, Marx identifica la tendencia a la baja de la tasa de ganancia, la concentración del capital, la producción de una reserva de trabajadores disponibles y las crisis periódicas de sobreproducción.

El método marxiano combina análisis estructural (de las relaciones de producción) con análisis histórico (de las formas concretas que adopta la lucha de clases en cada formación) y con análisis de la conciencia (de cómo los actores viven, interpretan y reproducen su condición). Los tres planos se entrelazan y ninguno agota la realidad por sí solo.

Para el psicólogo, esta caja de herramientas ofrece tres lecturas. Primero, recuerda que el sufrimiento psíquico está mediado por las condiciones materiales: vivienda, trabajo, ingreso, tiempo, redes. Segundo, invita a leer la posición del consultante en una estructura social con posiciones desiguales frente a los recursos. Tercero, desactiva las lecturas puramente individuales del malestar: lo que se vive como falla personal puede tener raíces estructurales.

Conciencia de clase en Marx

Marx diferencia entre:

  • Clase en sí: posición objetiva respecto de los medios de producción.
  • Clase para sí: formación de un actor colectivo con organización, identidad y proyecto.

El paso de una a otra depende de condiciones históricas: densidad de la cooperación, conflictos previos, tradiciones de lucha, derrotas y victorias. La posición de clase, por sí misma, no produce conciencia de clase.

4. Síntesis comparada de los clásicos

La tabla siguiente condensa las coordenadas centrales de cada autor para facilitar la comparación. Las categorías son convencionales y proceden en parte de la lectura canónica que Anthony Giddens realiza en Capitalismo y moderna teoría social (1971). Sirven como mapa, no como retrato acabado.

Categoría Durkheim Weber Marx
Objeto de estudio Hechos sociales (regularidades externas al individuo) Acción social cargada de sentido Relaciones sociales de producción
Método Observar los hechos sociales como cosas; explicar unos por otros Verstehen (comprensión interpretativa) y tipos ideales Materialismo histórico (análisis estructural, histórico y de clase)
Motor del cambio Densidad y forma de la conciencia colectiva; paso de solidaridad mecánica a orgánica Racionalización progresiva y choque entre tipos de dominación Conflicto entre clases fundamentales de cada modo de producción
Concepto nuclear Hecho social (exterioridad, coerción, generalidad) Tipo ideal y orientación de la acción Clase social en relación con los medios de producción
Unidad de análisis Tasa, institución, norma, representación colectiva Actor singular en su trayectoria Grupo o formación social con posición objetiva
Postura ante el individuo Sujeto interiorizado por normas previas Sujeto constructor de sentido Sujeto determinado y determinante dentro de relaciones de clase
Tratamiento del poder Sanción y regulación normativa Dominación legítima (legal, tradicional, carismática) Relaciones de producción y plusvalía
Pregunta guía ¿Cómo se sostiene el lazo social y qué lo quiebra? ¿Qué sentido atribuye el actor a su conducta? ¿Quién se apropia del trabajo y bajo qué condiciones?
Aporte a la psicología Norma, integración, anomia, regulación Sentido subjetivo, valores, racionalización Condición material, posición de clase, alienación

La lectura cruzada muestra tres énfasis distintos sobre la misma pregunta por la vida en común. Durkheim subraya lo que antecede al sujeto (la norma). Weber subraya lo que el sujeto hace con lo que encuentra (el sentido). Marx subraya la posición desigual frente a los recursos (la estructura). Las tres lecturas conviven: un análisis clínico riguroso puede servirse de cada una de ellas.

5. Aportes de los clásicos a la psicología

La psicología nació como disciplina con vocación de ciencia natural y, en parte, como reacción contra la filosofía. Sociólogos clásicos como Durkheim, Weber y Marx escribieron para públicos muy amplios, pero ofrecen a la psicología herramientas que la clínica y la comunitaria han incorporado, a veces sin nombrarlos.

5.1. De Durkheim: la norma y la anomia

El par normativo de Durkheim ordena la escucha del sufrimiento. La integración (vínculos densos con el grupo) y la regulación (normas claras y vigentes) son dos ejes que permiten situar la queja del consultante. La anomia, definida como ausencia o debilidad de normas en una sociedad o en un tramo de la vida, abre la mirada hacia trastornos que no se explican solo por el individuo: la crisis de sentido del trabajo precario, la soledad de los lazos débiles, el desamparo frente a una decisión vital sin parámetros socialmente disponibles.

Para el clínico, esta lectura sugiere tres movimientos. Primero, no patologizar respuestas razonables dentro de un contexto normativo debilitado. Segundo, explorar con el paciente qué normas operan en su entorno y cuáles han perdido vigencia. Tercero, considerar la intervención comunitaria como vía para reconstruir lazos cuando la queja apunta a un déficit estructural.

5.2. De Weber: el sentido y los valores

Weber enseña a atender el sentido que el actor atribuye a su conducta. En consulta, esta lección se traduce en una escucha doble: por un lado, qué dice el paciente; por otro, qué cuenta como valioso, como razonable, como inaceptable para él. Una conducta en apariencia irracional cobra sentido cuando se reconstruye el valor que la sostiene; una conducta en apariencia coherente puede encubrir un cálculo que contradice valores declarados.

La tipología weberiana ayuda a clasificar modalidades de intervención. Una indicación puramente racional con arreglo a fines convence a quien ya comparte el fin. Una intervención sobre valores pide otro tipo de trabajo, más lento y más respetuoso de la singularidad del paciente. Una conducta tradicional arraigada se modifica con estrategias distintas a las que sirven para desmontar una conducta afectiva.

5.3. De Marx: el poder y la posición material

Marx aporta una lectura estructural del sufrimiento. La pregunta por la posición del consultante frente a los medios de producción (empleo, vivienda, tierra, crédito, tiempo, redes) desplaza la clínica de la pura biografía hacia la historia material. Los malestares que se viven como fracasos personales suelen tener anclajes en condiciones objetivas: pérdida de empleo, deudas, violencia doméstica, discriminación, agotamiento por dobles jornadas.

Esta lectura va más allá del rol del psicólogo como economista o como organizador social. Pide competencias para reconocer cuándo la intervención clínica toca un techo (porque el problema es estructural) y cuándo la derivación a servicios sociales, jurídicos o comunitarios es la respuesta adecuada. La psicología comunitaria recoge este legado cuando articula la consulta con la organización barrial y los recursos territoriales.

5.4. Puente a la consulta y la comunidad

Los tres aportes convergen en una fórmula operativa para la práctica. La consulta trabaja el síntoma, pero también indaga las normas que el paciente interioriza, los sentidos que atribuye a su conducta y la posición estructural que ocupa. La psicología comunitaria trabaja los lazos, pero necesita categorías de Durkheim para nombrar su objeto, de Weber para comprender los significados locales y de Marx para no confundir intervención con neutralidad política.

En concreto, un equipo psi puede servirse del trío clásico para tres tareas frecuentes: lectura de casos (qué normas, qué sentidos, qué condiciones materiales están en juego), diseño de dispositivos (grupales, barriales, institucionales) y evaluación de qué nivel de la realidad social está en juego (individual, grupal, comunitario, societal).

Cuándo usar cada clásico en la consulta
  • Cuando la queja apunta a una norma ausente o contradictoria: Durkheim ofrece el vocabulario (anomia, regulación, integración).
  • Cuando la queja apunta a un sentido perdido o a un valor en tensión: Weber ofrece la tipología y el método comprensivo.
  • Cuando la queja apunta a condiciones materiales de vida: Marx ofrece la lectura estructural y la pregunta por la posición social.

Las tres lecturas se articulan. Un caso aislado puede requerir una sola; un cuadro clínico complejo suele requerir las tres, aplicadas con prudencia y sin reduccionismos.

Para el parcial

  1. Definir hecho social: exterioridad y coerción, con el suicidio solo como ejemplo de método.
  2. Nombrar los tipos de acción weberianos y para qué sirve el tipo ideal.
  3. Distinguir infraestructura y superestructura sin recitar un manifiesto.
  4. Completar la tabla comparada: objeto, método, motor del cambio, pregunta al psicólogo.
PsiqueAcadémica · Cuaderno de Socioantropología