
Por Ricardo de Castro · 21 de abril de 2026 · 9 min de lectura
TL;DR
El construccionismo social es una corriente teórica dentro de la psicología que sostiene que muchas categorías que tratamos como hechos naturales (género, diagnóstico psicológico, emoción, identidad) son productos históricos y culturales sostenidos por prácticas discursivas. Fundada por Kenneth Gergen, John Shotter y desarrollada desde los años ochenta, la corriente es frecuentemente caricaturizada como “todo es opinión” o “no existe la realidad”. Ninguna de esas lecturas es correcta. Este artículo recorre seis mitos recurrentes sobre el construccionismo social y muestra qué afirma en sus formulaciones serias, qué implicaciones tiene para la clínica y cómo se relaciona con la evidencia psicológica contemporánea.
AIO Summary
El construccionismo social afirma que muchas categorías psicológicas son producto de prácticas sociales, históricas y discursivas, no simples reflejos de hechos naturales. Gergen (1985) formuló sus cuatro supuestos: los términos con los que describimos el mundo no derivan del mundo mismo, son sostenidos por procesos sociales, cambian según el contexto y tienen consecuencias prácticas. No niega la existencia de la realidad física, ni equipara “construido” con “ficticio”, ni rechaza la ciencia empírica. Tiene aplicaciones clínicas concretas (terapia narrativa, terapias colaborativas, terapia de enfoque sistémico) con evidencia creciente.
1. Mito 1: “El construccionismo social dice que nada es real”
Este es el malentendido más extendido y el más fácil de refutar. Ningún autor serio dentro del construccionismo social niega la existencia de la realidad material. Nadie que trabaje en esta tradición afirma que los átomos no existan, que el dolor no sea real o que las piedras pesen según lo que creemos.
Lo que el construccionismo afirma es distinto: las categorías con las que clasificamos y nombramos esa realidad son productos históricos. La diferencia es la misma que hay entre “los astros existen” (afirmación realista, indiscutida por Gergen) y “la categoría ‘planeta’ es una convención astronómica que en 2006 excluyó a Plutón por acuerdo de una asamblea” (afirmación construccionista, irrefutable).
Fíjate en el registro. El construccionismo trabaja sobre epistemología (cómo conocemos) y sobre ontología de las categorías (qué tipo de entidades son las categorías psicológicas), no sobre la existencia de la realidad en sí. Gergen (2001) insiste en que el error más común de los críticos es mezclar los niveles y luego atribuir al construccionismo una afirmación ontológica general que nunca hizo.
2. Mito 2: “Si todo se construye, el construccionismo también, así que se autorrefuta”


El argumento parece fuerte. Si toda afirmación es construcción social, entonces la afirmación “toda afirmación es construcción social” es también construcción social, y por tanto no puede pretender validez universal. Se autorrefuta.
El problema es que el argumento asume lo que pretende probar: que “ser construcción” equivale a “no tener validez”. Pero los construccionistas nunca sostuvieron esa equivalencia. La tabla periódica es una construcción colectiva de la química a lo largo de 150 años, y funciona. La ciencia como empresa es una práctica social, y produce conocimiento robusto. El construccionismo no opone construcción a verdad, sino construcción a naturalización acrítica.
Recuérdalo así: el construccionista bien formado no dice “es construcción, luego es falso”. Dice “es construcción, revisemos quién la construyó, para qué, con qué consecuencias, y si esa construcción sigue siendo útil”. Esa operación puede aplicarse a la propia tesis construccionista y de hecho Gergen la aplica reflexivamente.
3. Mito 3: “El construccionismo es enemigo de la ciencia psicológica empírica”
Ojo con esta lectura. Hay dentro del construccionismo social autores más críticos con la psicología experimental clásica (Gergen, Sampson) y autores más integradores (Harré, Nightingale, Cromby). La corriente no es monolítica y reducirla a un anti-positivismo militante es caricatura.
La crítica construccionista al positivismo ingenuo no es que los datos empíricos sean falsos. Es que los datos empíricos requieren interpretación teórica y que esa interpretación es social. Cuando la psicología clásica afirmaba que existían “diferencias cognitivas naturales entre sexos” basándose en tests diseñados con supuestos previos, la crítica construccionista consistía en mostrar que el diseño del test y la interpretación del dato eran culturalmente específicos. No se negaba que hubiera diferencias observables en los scores; se problematizaba la inferencia naturalista.
Hare-Mustin y Marecek (1988) mostraron en su análisis del concepto de diferencia de género cómo los mismos datos podían interpretarse de maneras radicalmente distintas según el marco teórico de partida. Esa crítica metodológica convive con respeto por el método empírico riguroso; exige más, no menos, cuidado científico. Teo (2015), revisando la psicología crítica contemporánea, enfatiza este punto: el construccionismo no desplaza la investigación empírica, la contextualiza.
4. Mito 4: “Construccionismo social es lo mismo que relativismo moral”
Falso. El relativismo moral afirma que no hay criterios éticos objetivos y que toda posición moral es equivalente. Ningún construccionista relevante sostiene eso. De hecho, la mayoría de construccionistas son activamente políticos, defienden posiciones éticas sustantivas y consideran que su análisis teórico informa la acción política, no la paraliza.
Sampson (1993), uno de los autores más citados de la corriente, argumentó que categorías como “self autónomo e independiente” son construcciones culturales occidentales específicas que deben ser críticamente evaluadas, no porque todas las visiones del self sean equivalentes, sino precisamente para poder elegir con mejor información cuál queremos promover. La crítica construccionista opera como herramienta política, no como escepticismo paralizante.
Sugarman (2015), en su análisis de la ética psicológica bajo condiciones de neoliberalismo, muestra cómo desenmascarar supuestos culturales no impide tomar posición ética fuerte. Al contrario: permite tomarla con mejor fundamentación.
5. Mito 5: “Los diagnósticos psicológicos son construcciones, luego no son reales”
Este es un mito especialmente dañino en clínica y merece desarrollo. El construccionismo sostiene que categorías como TDAH, trastorno límite de la personalidad, depresión mayor o esquizofrenia son categorías nosológicas construidas históricamente por comunidades profesionales (APA, OMS) en contextos específicos. Esa afirmación es indiscutible: los criterios DSM cambiaron de la versión III a la IV, de la IV a la V, y seguirán cambiando. Lo que cuenta como “trastorno” depende de decisiones colegiadas.
Pero reconocer esto no implica que el sufrimiento de las personas diagnosticadas sea ficticio, que los diagnósticos sean arbitrarios en el mismo sentido que una moneda al aire, ni que no tengan utilidad clínica. Los diagnósticos son construcciones con consecuencias reales: organizan el acceso a tratamiento, la investigación, la formación, la política pública.
La posición construccionista seria, desarrollada por autores como Ian Hacking, es que los diagnósticos son human kinds (clases humanas): categorías que, una vez aplicadas a personas, modifican la experiencia y conducta de esas personas (efecto bucle). Esa mirada no invalida el diagnóstico; lo hace más reflexivo. El clínico construccionista no rechaza el DSM; lo usa sabiendo qué hace el diagnóstico al paciente y a la relación terapéutica.
6. Mito 6: “El construccionismo solo sirve para la teoría, no tiene aplicación clínica”
Falso. Varias tradiciones terapéuticas se fundamentan explícitamente en supuestos construccionistas y han generado protocolos aplicables:
- Terapia narrativa (Michael White, David Epston): el problema no es del paciente, es del relato dominante sobre el paciente. La intervención consiste en externalizar el problema, buscar eventos que contradigan el relato saturado y co-construir una narrativa alternativa. Tiene aplicación documentada en trauma, duelo, conducta en adolescentes y trastornos alimentarios.
- Terapias colaborativas (Anderson, Goolishian): el terapeuta renuncia a la posición de experto que sabe qué le pasa al paciente y entra en una conversación donde ambos co-construyen significado. Está en la base de muchas intervenciones en equipos reflexivos, terapia de familia con mirada no jerárquica y supervisión colaborativa.
- Enfoque solution-focused breve (Steve de Shazer, Insoo Kim Berg): con raíces construccionistas parciales, se centra en las excepciones al problema y en los recursos del paciente más que en el déficit diagnosticado.
McNamee y Gergen (1992), en Therapy as Social Construction, articularon los fundamentos de estas intervenciones. Investigación posterior sobre terapia narrativa (White’s reflecting team approach) muestra efectos positivos en algunos contextos clínicos, aunque la base empírica es más escasa que para TCC o TIP y requiere más investigación controlada. No es un enfoque tan establecido empíricamente como la TCC, pero no es mera especulación teórica.
7. Qué sí afirma el construccionismo social: los cuatro supuestos de Gergen (1985)


Si los seis mitos son falsos, qué queda. Gergen, en su texto programático publicado en American Psychologist, enumeró cuatro supuestos que definen la tradición:
| # | Supuesto | Implicación |
|---|---|---|
| 1 | Los términos con los que describimos el mundo no derivan directamente del mundo | El lenguaje psicológico no es transparente |
| 2 | Los términos con que describimos el mundo son artefactos de intercambios sociales históricamente situados | La nomenclatura clínica tiene historia y cambia |
| 3 | La persistencia de una descripción depende de procesos sociales (comunidades, instituciones, acuerdos) | Los diagnósticos cambian cuando cambian las comunidades que los sostienen |
| 4 | Las descripciones tienen consecuencias prácticas: moldean la experiencia social | Diagnosticar modifica al diagnosticado (efecto bucle) |
Esta es la formulación mínima del construccionismo. Ninguno de los cuatro supuestos niega la realidad material, ninguno equipara construcción con ficción, ninguno disuelve la ciencia psicológica. Lo que hace es pedirle más reflexividad histórica y política.
FAQ
¿Un clínico puede ser construccionista y usar el DSM? Sí. La posición construccionista reflexiva permite usar el diagnóstico sabiendo qué efectos produce en el paciente y modulando su uso según contexto (no diagnosticar innecesariamente, explicar al paciente que el diagnóstico es un instrumento clínico, revisar periódicamente la pertinencia).
¿Construccionismo es lo mismo que constructivismo? No exactamente. El constructivismo (Piaget, von Glasersfeld, Kelly) enfatiza la construcción individual del conocimiento por el sujeto cognoscente. El construccionismo social (Gergen, Shotter, Harré) enfatiza la construcción colectiva y discursiva. Comparten raíces filosóficas pero difieren en la unidad de análisis.
¿Todos los feminismos son construccionistas? No. Hay feminismos materialistas, psicoanalíticos y biologicistas que no son construccionistas. Pero gran parte del feminismo académico contemporáneo dialoga con el construccionismo, especialmente en análisis de género como categoría histórica.
¿Qué leer primero si quiero profundizar? Tres textos puerta de entrada útiles: Gergen (1985) para la formulación fundacional en American Psychologist; Hare-Mustin y Marecek (1988) para un ejemplo aplicado a género; White y Epston (1990) Narrative Means to Therapeutic Ends para la vertiente clínica.
Referencias
- Gergen, K. J. (1985). The social constructionist movement in modern psychology. American Psychologist, 40(3), 266-275. doi:10.1037/0003-066X.40.3.266
- Gergen, K. J. (2001). Psychological science in a postmodern context. American Psychologist, 56(10), 803-813. doi:10.1037/0003-066X.56.10.803
- Hare-Mustin, R. T., & Marecek, J. (1988). The meaning of difference: Gender theory, postmodernism, and psychology. American Psychologist, 43(6), 455-464. doi:10.1037/0003-066X.43.6.455
- Sampson, E. E. (1993). Identity politics: Challenges to psychology’s understanding. American Psychologist, 48(12), 1219-1230. doi:10.1037/0003-066X.48.12.1219
- Sugarman, J. (2015). Neoliberalism and psychological ethics. Journal of Theoretical and Philosophical Psychology, 35(2), 103-116. doi:10.1037/a0038960
- Teo, T. (2015). Critical psychology: A geography of intellectual engagement and resistance. American Psychologist, 70(3), 243-254. doi:10.1037/a0038727
- Westen, D. (1998). The scientific legacy of Sigmund Freud: Toward a psychodynamically informed psychological science. Psychological Bulletin, 124(3), 333-371. doi:10.1037/0033-2909.124.3.333
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