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Autosabotaje: qué es en psicología y por qué boicoteamos nuestras propias metas

Hay un momento que aparece en consulta con una frecuencia desconcertante: el paciente que, después de semanas de progreso, deja de venir. O el que tenía la entrevista del trabajo soñado y no preparó nada. O la estudiante que sacaba las mejores notas y, la semana del examen final, se puso a organizar el clóset entero en lugar de estudiar. Cuando le preguntas qué pasó, no tienen una respuesta clara. “No sé”, dicen. “Se me trabó algo”.

Ese “se me trabó algo” es probablemente la descripción más honesta del autosabotaje que vas a escuchar en una sesión. No es pereza, no es falta de deseo, no es que no les importe. Es algo más complejo, más doloroso y —para quien lo vive— profundamente desconcertante: la persona se convierte en el principal obstáculo para conseguir lo que dice querer.

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Lo que hace al autosabotaje un fenómeno clínicamente interesante es que no se reduce a un solo mecanismo. Hay quienes se boicotean porque proteger la autoestima les importa más que la meta, hay quienes lo hacen porque el éxito les aterra más que el fracaso, y hay quienes simplemente se quedan sin recursos para seguir dirigiendo su conducta. Tres mecanismos distintos, tres lógicas internas distintas y —sobre todo— tres intervenciones distintas. Confundirlos es uno de los errores más frecuentes en consulta.

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¿Qué es el autosabotaje en psicología?

El autosabotaje es la tendencia a comportarse de manera que dificulta, retrasa o destruye la consecución de metas que uno mismo se ha fijado. No es un diagnóstico clínico del DSM-5 ni un trastorno categorizable. Es un patrón conductual transversal que aparece en trastornos de ansiedad, depresión, trastornos de personalidad y —con mayor frecuencia— en personas sin ningún diagnóstico, como una estrategia adaptativa que dejó de funcionar.

La revisión semnal de Baumeister y Scher (1988) lo definió con precisión: las conductas autoderrotistas son aquellos patrones en los que la persona se acerca a una meta, tiene la posibilidad real de alcanzarla, y ejecuta conductas que reducen la probabilidad de un resultado exitoso. La clave no es que fracasen —fracasar es parte de la vida— sino que el fracaso proviene de una conducta activa de la propia persona, no de las circunstancias.

Lo que distingue el autosabotaje de un simple fracaso es la agencia: la persona no es víctima de la situación, es autora de su propio tropiezo. Y eso es lo que lo hace tan difícil de sostener emocionalmente.

Definición corta para el parcial

El autosabotaje es un patrón conductual en el que la persona ejecuta acciones que dificultan o impiden la consecución de sus propias metas. Se distingue del fracaso ordinario porque la conducta proviene de la propia persona, no de factores externos. Se relaciona con el self-handicapping (creación de obstáculos para proteger la autoestima), la baja tolerancia al éxito y los déficits en autorregulación. No es un trastorno del DSM-5, sino un mecanismo transversal presente en múltiples cuadros clínicos.

Los tres mecanismos psicológicos del autosabotaje

El autosabotaje no es un fenómeno unitario. La investigación ha identificado al menos tres mecanismos psicológicos distintos que pueden operar solos o combinados. Entender cuál está en juego es crucial porque cada uno requiere una intervención diferente.

1. Self-handicapping: proteger la autoestima antes que la meta

El self-handicapping es probablemente el mecanismo más estudiado del autosabotaje. Fue descrito por Berglas y Jones en 1978 como la estrategia de crear obstáculos para el propio desempeño antes de una evaluación, de manera que si el resultado es malo, puede atribuirse al obstáculo y no a la falta de capacidad. Y si el resultado es bueno, la persona parece aún más competente porque logró superar el obstáculo.

El estudio clásico de Tice (1991) demostró que las personas con baja autoestima usan el self-handicapping de manera preferentemente protectora: no buscan verse mejor, buscan no verse peor. La amenaza no es “¿y si fracaso?”, sino “¿y si fracaso y todos descubren que no soy tan capaz como pensaban?”. La diferencia es sutil pero cambia la intervención: no se trabaja la autoeficacia desde cero, se trabaja el terror a que la autoeficacia sea puesta a prueba.

En consulta se ve claro: el paciente que no estudia para el examen no está pensando “no quiero pasar”. Está pensando “si estudio y no paso, no hay excusa, y eso significa que no soy capaz”. El no estudiar es un mecanismo de protección del self, no un mecanismo de evitación de la meta.

Lovejoy y Durik (2010) profundizaron en este hallazgo mostrando que el self-handicapping depende del tipo de meta de logro que la persona se fija. Cuando la meta es de desempeño (demostrar que se es competente), el self-handicapping aumenta. Cuando la meta es de maestría (aprender y mejorar), el self-handicapping disminuye. La implicancia clínica es directa: si cambias el marco de la meta, cambias la probabilidad de autosabotaje.

Es importante distinguir este mecanismo de fenómenos vecinos. La procrastinación también implica no hacer lo que conviene, pero su función principal es la evitación temporal de la incomodidad emocional, no la protección estratégica de la autoestima. La persona que procrastina sabe que debería estudiar y lo evita porque estudiar le genera ansiedad ahora; la persona que se autosabotea mediante self-handicapping crea un obstáculo que le permite preservar la creencia de que podría haberlo logrado si no hubiera estado ese obstáculo.

Mecanismo Pregunta interna Función psicológica Intervención
Self-handicapping “¿Y si fracaso y descubren que no soy capaz?” Proteger la autoestima de la amenaza de evaluación Cambiar metas de desempeño por metas de maestría
Miedo al éxito “¿Y si lo logro y mi vida cambia?” Evitar la pérdida de identidad o el conflicto relacional Explorar el costo imaginado del éxito
Ruptura autorregulatoria “No puedo más con esto” Falla en el control inhibitorio bajo agotamiento Fortalecer autorregulación y reducir carga emocional

2. Miedo al éxito: cuando lograr la meta aterra más que fracasar

El miedo al éxito es el mecanismo más contraintuitivo del autosabotaje y, sin embargo, uno de los más frecuentes. La idea fue introducida por Matina Horner en 1969, quien lo describió como el “motivo para evitar el éxito” —la anticipación de que el éxito traerá consecuencias negativas sociales o relacionales que hacen que la persona prefiera no alcanzarlo.

Piedmont (1988) desarrolló un modelo interaccional que mostró cómo el miedo al éxito opera en interacción con la motivación de logro: las personas con alta motivación de logro pero también alto miedo al éxito tienden a sabotear precisamente cuando están más cerca de la meta, porque es ahí donde el éxito se vuelve concreto y sus consecuencias imaginadas se vuelven urgentes.

En consulta, el miedo al éxito se presenta con una narrativa específica: “Si termino la carrera, voy a tener que asumir responsabilidades que no sé si quiero”, “si adelgazo, mi pareja se va a sentir mal”, “si me va bien en el trabajo, mis amigos van a pensar que me creí mejor que ellos”. El éxito se vive como una traición al grupo de pertenencia o como una amenaza a la identidad construida alrededor de “ser el que lucha pero no llega”.

No es casualidad que este mecanismo aparezca con frecuencia en personas que crecieron en contextos donde el logro era visto como algo sospechoso o donde el éxito generaba envidia abierta. La persona aprendió que tener éxito es peligroso y esa creencia opera como un freno automático cada vez que se acerca a una meta significativa. Esto se conecta directamente con lo que la teoría del apego describe sobre los modelos internos de relación: si el entorno temprano castigaba el logro o lo ignoraba, la persona internaliza que el éxito amenaza los vínculos.

El miedo al éxito es difícil de detectar porque rara vez se enuncia como tal. La persona no dice “tengo miedo de que me vaya bien”. Dice “no me interesa ese puesto”, “no quiero esa responsabilidad”, “no soy de esa gente”. El miedo se disfraza de preferencia, de identidad, de lealtad. El clínico que no lo escucha con atención se queda en la superficie del relato y pierde el mecanismo que sostiene el autosabotaje.

En la consulta sistémica esto se ve con claridad: el autosabotaje de un miembro de la familia muchas veces tiene una función en el sistema. El joven que reprueba el examen que le habría dado una beca en otra ciudad mantiene a la madre tranquila porque no se va. El autosabotaje, visto desde fuera, es una solución relacional disfuncional.

3. Ruptura de la autorregulación: cuando el sistema se agota

El tercer mecanismo es menos narrativo y más fisiológico. Baumeister (1997) propuso que muchas conductas autoderrotistas son resultado de una ruptura en el sistema de autorregulación: cuando la persona está bajo estrés, cansancio emocional o amenaza a la autoestima, su capacidad de controlar sus impulsos y dirigir su conducta hacia la meta disminuye drásticamente.

La imagen es la de un músculo que se fatiga: la autorregulación es un recurso limitado que se agota con el uso. Después de un día de esfuerzo por mantenerse en una dieta, trabajar con un jefe difícil y contener las ganas de reclamar a un compañero, la persona llega a casa y se come medio kilo de helado. No es que haya decidido sabotear la dieta: es que su capacidad de autorregularse agotó y la conducta automática tomó el control.

Este mecanismo se relaciona con lo que se sabe sobre la culpa al descansar y la autoexigencia crónica: las personas que viven bajo una presión interna constante agotan sus recursos de autorregulación más rápido y, por lo tanto, son más vulnerables a conductas autoderrotistas en los momentos en que más necesitan controlarse. No es que quieran fallar: es que su sistema de control ya no tiene combustible.

La diferencia entre los tres mecanismos no es académica. Un paciente con self-handicapping necesita reestructurar sus creencias sobre la evaluación. Un paciente con miedo al éxito necesita explorar el costo relacional del logro. Un paciente con ruptura autorregulatoria necesita aprender a distribuir su carga y recuperar recursos antes de exigir control inhibitorio. Confundirlos lleva a intervenir en el lugar equivocado.

La paradoja del autosabotaje: ¿por qué se sostiene?

La pregunta más difícil de responder para una persona que se autosabotea es simple: “si no quieres hacerlo, ¿por qué lo haces?”. La respuesta está en la paradoja central del autosabotaje: la conducta que parece irracional desde afuera tiene una lógica interna perfecta desde adentro.

Baumeister y Scher (1988) identificaron que las conductas autoderrotistas se sostienen porque producen un alivio a corto plazo que es emocionalmente más tangible que el beneficio a largo plazo de la meta. El estudiante que organiza el clóset en lugar de estudiar siente, en ese momento, un alivio: hace algo útil, tiene una sensación de control, evita la ansiedad del examen. El costo —reprobar— llega después, cuando la ansiedad ya se alivió.

Huang, Lin y Zhang (2019) exploraron cómo esta dinámica se intensifica cuando la meta se vuelve competitiva. Cuando las personas sienten que su logro va a ser comparado con el de otros, el autosabotaje aumenta —no porque no quieran ganar, sino porque la evaluación social del resultado se vuelve tan amenazante que sabotear se convierte en una estrategia de protección.

Esta paradoja explica por qué la simple información no cambia el patrón. Decirle a alguien “estás autosaboteándote” no sirve, porque la persona ya lo sabe intelectualmente. El problema no es de información: es de regulación emocional. La conducta de autosabotaje está al servicio de una necesidad emocional que la persona no sabe satisfacer de otra manera. Aquí es donde el trabajo con la autocompasión puede ofrecer una alternativa: en lugar de castigarse por autosabotearse, la persona aprende a reconocer la necesidad emocional que hay debajo y a atenderla sin destruir su meta.

Cómo se relaciona el autosabotaje con otros fenómenos psicológicos

El autosabotaje no vive aislado. Se entrelaza con varios procesos psicológicos que conviene distinguir para no confundirlos en consulta.

Fenómeno Semejanza con autosabotaje Diferencia clave
Procrastinación Ambos implican no hacer lo que conviene La procrastinación es evitación temporal; el autosabotaje puede ser activo y estratégico
Perfeccionismo Ambos pueden impedir alcanzar la meta El perfeccionismo busca la excelencia; el autosabotaje evita la evaluación
Rumiación Ambos mantienen a la persona estancada La rumiación es cognitiva; el autosabotaje es conductual
Indefensión aprendida Ambos producen inacción La indefensión es por aprendizaje de incontrolabilidad; el autosabotaje puede ser voluntario

La distinción con la procrastinación es la más importante para el estudiante. La procrastinación es una falla en la regulación emocional temporal: la persona evita la tarea porque le genera incomodidad ahora, pero no necesariamente está creando obstáculos permanentes. El autosabotaje, en cambio, puede incluir conductas activas que destruyen la posibilidad de éxito: insultar al jefe el día de la evaluación, borrarse del examen cuando ya se había inscrito, romper una relación funcional sin razón aparente.

Una manera de diferenciarlos en consulta: pregunta “¿qué ganaste con no hacerlo?”. Si la respuesta es “tranquilidad temporal”, probablemente sea procrastinación. Si la respuesta es “no tuve que averiguar si era capaz”, probablemente sea autosabotaje. La diferencia está en qué se protege: la comodidad momentánea o la imagen del self.

El perfeccionismo también merece una distinción cuidadosa. El perfeccionista que reescribe un trabajo diez veces hasta que se le pasa la fecha de entrega está ejecutando una conducta que parece autosabotaje, pero su motivación es diferente: busca la excelencia, no evitar la evaluación. La diferencia clínica es que el perfeccionista sufre mientras lo hace y quisiera parar, mientras que la persona con self-handicapping experimenta alivio cuando crea el obstáculo. Esta distinción determina si se interviene sobre el estándar irreal (perfeccionismo) o sobre el miedo a la evaluación (autosabotaje).

La rumiación, por su parte, comparte con el autosabotaje la cualidad de mantener a la persona estancada, pero opera en un plano distinto. La rumiación es un proceso cognitivo —dar vueltas a pensamientos negativos sin llegar a una conclusión— mientras que el autosabotaje es conductual. Sin embargo, pueden alimentarse: la persona que rumina sobre posibles fracasos agota sus recursos de autorregulación y se vuelve más vulnerable a conductas autoderrotistas. En ese sentido, la rumiación puede ser el combustible del autosabotaje, aunque no sea el autosabotaje mismo.

Factores que predisponen al autosabotaje

No todas las personas se autosabotean con la misma frecuencia ni intensidad. Varios factores predisponen a este patrón, y conocerlos ayuda tanto a la comprensión clínica como a la prevención.

Baja autoestima y autoeficacia frágil. Las personas con baja autoestima tienen más probabilidades de autosabotearse porque la amenaza a la autoestima es más intensa: si ya creen que no son suficientes, la confirmación pública de esa insuficiencia es insoportable. El self-handicapping les ofrece una salida: “no fracasé porque no puedo, fracasé porque no estudié”. Esto genera un círculo vicioso con la autocrítica interna: cuanto más se critica la persona por autosabotearse, más se debilita su autoestima y más vulnerable se vuelve al siguiente episodio de autosabotaje.

Historia de logros minimizados. Cuando los logros infantiles fueron ignorados, minimizados o castigados por figuras de apego, la persona aprende que tener éxito no produce refuerzo, sino peligro. Este aprendizaje relacional temprano configura el miedo al éxito en la adultez. No es un recuerdo consciente: es una expectativa implícita de que el logro activa amenaza relacional.

Perfeccionismo desadaptativo. El perfeccionismo que evalúa al self de manera implacable (“si no es perfecto, no vale nada”) genera una presión tan alta que la persona prefiere no intentar a intentar y no alcanzar la perfección. La lógica es la misma del self-handicapping, pero el estándar interno es tan extremo que cualquier resultado que no sea la perfección se vive como fracaso, y el fracaso se vive como confirmación de incompetencia.

Contexto relacional restrictivo. Las personas que pertenecen a grupos donde el éxito es visto como traición —familias donde nadie estudió, contextos sociales donde el logro genera envidia— desarrollan un conflicto de lealtad cada vez que se acercan a una meta. El autosabotaje se convierte en una forma de mantener la pertenencia: si no logro, sigo siendo uno de los míos.

Déficits en autorregulación emocional. Las personas que no aprendieron a regular sus emociones de manera adaptativa tienen menos recursos para sostener el esfuerzo sostenido que requiere alcanzar una meta. Cuando la frustración, el aburrimiento o la ansiedad aparecen, no tienen herramientas para manejarlos y recurren a conductas que las alivian a corto plazo pero que sabotean el objetivo a largo plazo. Esto se conecta con lo que sabemos sobre la ansiedad y su impacto en la capacidad de planificar y ejecutar conductas dirigidas a metas.

Cómo se trabaja el autosabotaje en consulta

La intervención sobre el autosabotaje depende del mecanismo predominante, pero hay principios comunes que orientan el trabajo clínico.

1. Hacer consciente la lógica interna

El primer paso no es cambiar la conducta, sino hacer consciente la lógica que la sostiene. La persona necesita entender qué función emocional cumple el autosabotaje antes de poder cambiarlo. Preguntas como “¿qué te da organizar el clóset en lugar de estudiar?” o “¿qué pasa si pasas el examen?” ayudan a explorar el beneficio oculto de la conducta autoderrotista.

Este trabajo de exploración requiere paciencia porque la persona frecuentemente no tiene la respuesta al principio. La lógica del autosabotaje opera fuera de la conciencia plena: la persona no se dice “voy a sabotear mi entrevista”. Simplemente se queda dormida, se le olvida, se enferma. El trabajo terapéutico consiste en construir juntos la narrativa que explique la conducta, no en imponer una interpretación desde afuera.

2. Diferenciar los mecanismos

No es lo mismo trabajar con alguien que se autosabotea por self-handicapping que con alguien que lo hace por miedo al éxito o por ruptura autorregulatoria. La formulación clínica debe identificar cuál mecanismo está operando, porque la intervención cambia radicalmente:

Self-handicapping: reestructuración de creencias sobre la evaluación, cambio de metas de desempeño a metas de maestría, exposición gradual a la evaluación sin obstáculos.

Miedo al éxito: exploración del costo imaginado del logro, trabajo con el conflicto de lealtad, elaboración del duelo por la identidad de “el que no llega”.

Ruptura autorregulatoria: entrenamiento en distribución de carga, estrategias de recuperación de recursos, reducción de demandas simultáneas, construcción de rutinas que requieren menos control voluntario.

3. Trabajar la tolerancia al éxito

Este es un componente que la clínica tradicional suele pasar por alto. La persona que se autosabotea por miedo al éxito necesita desarrollar tolerancia al logro: la capacidad de sostener la experiencia de haber conseguido algo sin que eso active ansiedad, culpa o necesidad de autodescalificación. Es un trabajo graduado, parecido a la exposición, pero en lugar de exponer al miedo, se expone al éxito.

La tolerancia al éxito se construye en pasos pequeños: la persona identifica un logro menor, permite que exista sin minimizarlo, observa la ansiedad que aparece y la sostiene sin recurrir al autosabotaje. Con el tiempo, la capacidad de tolerar el éxito aumenta y el impulso de sabotear disminuye.

4. Fortalecer la autorregulación

Para los casos donde la ruptura autorregulatoria es el mecanismo principal, la intervención se centra en fortalecer la capacidad de dirigir la conducta hacia la meta a pesar del cansancio emocional. Esto incluye estrategias de planificación que reduzcan la carga de decisiones en el momento, identificación temprana de signos de agotamiento, y construcción de rutinas que conviertan las conductas dirigidas a metas en hábitos que requieren menos control voluntario.

La autorregulación no es un rasgo que se tiene o no se tiene: es un recurso que se gestiona. La persona que aprende a reconocer cuándo su sistema está agotado puede anticipar la ruptura y planificar descansos antes de que la conducta autoderrotista aparezca. El objetivo no es tener más fuerza de voluntad, sino necesitar menos.

La motivación también juega un papel crucial aquí: cuando la meta está conectada con valores personales y no solo con resultados externos, la persona tiene más recursos para sostener el esfuerzo incluso cuando su autorregulación está agotada. La motivación intrínseca —aquella que brota del interés y la relevancia personal, no del premio o la aprobación— funciona como una reserva adicional que se activa precisamente cuando el sistema de control voluntario ya no tiene combustible.

5. Reestructurar el sistema de metas

Un componente que atraviesa todos los mecanismos es el trabajo sobre el tipo de meta que la persona se fija. Lovejoy y Durik (2010) mostraron que las metas de desempeño (demostrar competencia) alimentan el self-handicapping, mientras que las metas de maestría (aprender, mejorar) lo reducen. Ayudar a la persona a reformular sus metas desde “tengo que demostrar que soy capaz” hacia “quiero aprender esto” no es un cambio cosmético: es una intervención que modifica la arquitectura misma del autosabotaje.

Este trabajo de reestructuración es gradual y a veces incómodo. La persona que ha vivido toda su vida evaluándose puede resistirse a abandonar el marco de desempeño porque siente que abandonarlo es abandonar el estándar. El trabajo clínico consiste en mostrar que el estándar no baja cuando la meta cambia de dirección: lo que cambia es la relación con el fracaso.

Preguntas frecuentes

¿El autosabotaje es un trastorno mental?

No. El autosabotaje no aparece como diagnóstico en el DSM-5 ni en la CIE-11. Es un patrón conductual transversal que puede aparecer en múltiples trastornos (ansiedad, depresión, trastornos de personalidad) y también en personas sin ningún diagnóstico. Funciona como un mecanismo, no como una enfermedad.

¿Cómo sé si me estoy autosaboteando?

La señal más clara es un patrón repetitivo: te acercas a una meta que dijiste querer y, justo en ese momento, ejecutas conductas que la dificultan. Si esto pasa una vez, puede ser cansancio. Si pasa cada vez que te acercas al logro, probablemente sea autosabotaje. La clave es la repetición y la agencia: eres tú quien pone el obstáculo.

¿Cuál es la diferencia entre autosabotaje y procrastinación?

La procrastinación es una evitación temporal: dejas para después lo que te incomoda ahora. El autosabotaje puede incluir conductas activas que destruyen la posibilidad de éxito, no solo retrasarla. Además, la procrastinación se resuelve con regulación emocional; el autosabotaje frecuentemente requiere trabajar creencias sobre la evaluación, el éxito o la identidad.

¿Se puede superar el autosabotaje?

Sí, pero no con información sola. Saber que te autosaboteas no cambia el patrón porque la conducta está al servicio de una necesidad emocional. La intervención efectiva requiere identificar qué función cumple el autosabotaje (protección de autoestima, evitación del costo del éxito, ruptura autorregulatoria) y trabajar específicamente sobre ese mecanismo.

¿El autosabotaje siempre es consciente?

No. De hecho, la mayoría de las veces opera fuera de la conciencia plena. La persona no se dice “voy a sabotear mi entrevista”. Simplemente se queda dormida, se le olvida, se enferma. El self-handicapping puede ser totalmente inconsciente: la persona crea el obstáculo sin reconocer que lo está creando. Por eso la primera fase terapéutica es hacer consciente la lógica interna.

Referencias

– Baumeister, R. F. (1997). Esteem threat, self-regulatory breakdown, and emotional distress as factors in self-defeating behavior. Review of General Psychology, 1(2), 145–174. 10.1037/1089-2680.1.2.145

– Baumeister, R. F., & Scher, S. J. (1988). Self-defeating behavior patterns among normal individuals: Review and analysis of common self-destructive tendencies. Psychological Bulletin, 104(1), 3–22. 10.1037/0033-2909.104.1.3

– Huang, Z., Lin, X., & Zhang, J. (2019). When individual goal pursuit turns competitive: How we sabotage and coast. Journal of Personality and Social Psychology, 117(3), 605–620. 10.1037/pspi0000170

– Lovejoy, C. M., & Durik, A. M. (2010). Self-handicapping: The interplay between self-set and assigned achievement goals. Motivation and Emotion, 34(3), 242–252. 10.1007/s11031-010-9179-4

– Piedmont, R. L. (1988). An interactional model of achievement motivation and fear of success. Sex Roles, 19(7–8), 467–490. 10.1007/BF00289719

– Tice, D. M. (1991). Esteem protection or enhancement? Self-handicapping motives and attributions differ by trait self-esteem. Journal of Personality and Social Psychology, 60(5), 711–725. 10.1037/0022-3514.60.5.711

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