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Teorías clásicas y contemporáneas del delito

El psicólogo jurídico recibe con frecuencia una pregunta que parece simple y no lo es: ¿por qué las personas delinquen? La criminología lleva más de dos siglos intentando responderla y, en lugar de una sola respuesta, ofrece un mosaico de teorías que se complementan, se contradicen y se relevan según el fenómeno observado. Este apunte funciona como mapa: ubica las cinco tradiciones que un profesional latinoamericano debe reconocer para sostener una entrevista forense, un informe o una pericia sinReducir la complejidad del delito a un eslogan clínico. La promesa es concreta: entender qué explica cada teoría y, sobre todo, qué no explica, para no confundir el delito como conducta con el delito como diagnóstico de un sujeto particular.

Antes de avanzar, una nota de método. Aquí no se trata de hacer una genealogía exhaustiva de la criminología. Se trata de leer las teorías clásicas y contemporáneas como herramientas para pensar casos: el paciente que roba en la farmacia, el adolescente con reiteradas denuncias, la madre denunciada por maltrato, el empresario con fraude fiscal. Cada teoría ilumina una arista; ninguna por sí sola agota el fenómeno. Esa humildad epistemológica es la que separa al psicólogo jurídico competente del aficionado a los perfiles mediáticos.

Clásica · Beccaria (1764) inaugura la pregunta por la pena y la disuasión Anomia · Merton (1938) mira la estructura social y los medios para lograr metas Asociación diferencial · Sutherland y Cressey aprendizaje en grupos íntimos Control · Gottfredson y Hirschi (1990) autocontrol formado en la crianza Biosocial · Raine y colaboradores integración cauta de marcadores neurobiológicos y sociales

La base: Cesare Beccaria y el giro ilustrado

En 1764, Cesare Beccaria publica en Livorno un libelo de apenas noventa páginas: Dei delitti e delle pene (De los delitos y de las penas). El texto es corto pero revolucionario. Beccaria escribe todavía en italiano dieciochesco, sin aparato empírico, sin estadísticas, sin neuroimagen. Y, sin embargo, sienta las bases de todo lo que vino después en materia de política criminal moderna.

¿Cuál es la idea de fondo? Que el castigo penal no se justifica por su capacidad de hacer sufrir, sino por su capacidad de disuadir racionalmente a quien lo contempla. Beccaria hereda de la filosofía ilustrada una concepción utilitaria del sujeto: el individuo calcula placeres y dolores, beneficios y costes. Si el delito procura un beneficio inmediato y el castigo es incierto o lejano, la balanza se inclina hacia la transgresión. La función del derecho penal consiste entonces en ajustar la certeza, la prontitud y la proporcionalidad de la pena hasta volver el delito una opción irracional.

Beneficio del delito se compara con Coste esperado de la pena cuando certeza → pronta → proporcional Disuasión

Beccaria introduce además tres corolatos que siguen activos en debates penales contemporáneos. Primero, la proporcionalidad: el castigo debe ajustarse a la gravedad del hecho, no a la majestad del ofendido. Segundo, la certeza: una pena leve aplicada con regularidad disuade más que una pena severa aplicada de forma caprichosa. Tercero, la abolición de la tortura: el suplicio produce confesiones poco confiables y corrompe al cuerpo social que lo ejerce.

Para el psicólogo jurídico: cuando un paciente relata haber delinquido para "salir del paso" sin pensarlo dos veces, esa racionalidad instrumental que describe es exactamente la que Beccaria puso en el centro del análisis. No hay biología ahí, no hay trauma profundo: hay cálculo y contexto. Beccaria no describe psicopatología, describe estructura de incentivos.

¿Por qué empezar por un libro del siglo XVIII en un apunte de psicología? Porque Beccaria funda el campo. Quien lee a Gottfredson y Hirschi en 1990 sin haber leído a Beccaria termina reinventando, mal, la rueda del libre albedrío. Quien revisa un informe forense sin considerar la lógica disuasoria que el sistema penal dice perseguir, malinterpreta por qué una persona reincide: no porque "no le importe", sino porque la pena esperada se evaluó como tolerable. La clásica sigue siendo el piso, aunque los modernos la hayan sofisticado.

El estructuralismo: Robert Merton y la anomia de 1938

En 1938, el sociólogo estadounidense Robert K. Merton publica en American Sociological Review el artículo Social Structure and Anomie, una de las piezas más citadas de toda la criminología del siglo XX. El artículo es breve, denso, y opera un desplazamiento clave: la pregunta por el delito deja de ser una pregunta sobre los sujetos y pasa a ser una pregunta sobre la sociedad.

¿Cuál es el mecanismo que Merton describe? Lo fórmula en dos pasos. Primero, toda sociedad propone a sus integrantes una meta cultural, esto es, un objetivo simbólico al que dice que hay que aspirar. En las sociedades industriales occidentales del siglo XX esa meta se condensa en una palabra: éxito económico. Segundo, la sociedad distribuye de forma desigual los medios institucionalizados para llegar a esa meta: educación de calidad, redes sociales, créditos, propiedades heredadas, inserción laboral estable. Cuando los medios están restringidos pero la meta se mantiene intacta, aparece lo que Merton llama anomia: un desajuste estructural entre lo que se desea y lo que se puede lograr por vías legítimas.

Meta cultural accesible para algunos → bloqueada para otros Anomia estructural presión hacia la adaptación Modos de adaptación

Y aquí viene la herramienta más útil para el psicólogo: la tipología mertoniana de los cinco modos de adaptación. Merton cruza dos ejes: aceptación de la meta y aceptación de los medios institucionalizados. Del cruce salen cinco figuras, que vale la pena reconocer.

Conformidad

Aceptar la meta y aceptar los medios. Es la posición mayoritaria en una sociedad funcional. El sujeto quiere prosperar y lo hace estudiando, trabajando, ahorrando. No genera delito.

Innovación

Aceptar la meta pero rechazar los medios lentos. El sujeto busca el éxito por vías informales, entre ellas el delito económico. Es el modo típico del fraude, la evasión fiscal, el robo con planificación.

Ritualismo

Rechazar la meta pero seguir los medios. El sujeto cumple las formas sin creer ya en el objetivo. Genera rigidez burocrática más que delito, aunque puede asociarse a pequeñas infracciones normativas.

Retraimiento

Rechazar la meta y rechazar los medios. El sujeto se retira del juego. Pensemos en ciertos consumos problemáticos, vida marginal, abandono del trabajo formal. No produce delito de forma directa, aunque puede asociarse a supervivencia predatoria.

Rebelión

Rechazar la meta y los medios existentes pero proponer otros. Construye contraculturas, milicias, proyectos revolucionarios. Aquí la violencia política puede aparecer justificada por una nueva meta colectiva.

Lectura clínica

De los cinco, innovación y rebelión concentran la mayor parte del interés criminológico. Pero en la clínica forense conviene no patologizar al "innovador": muchas veces es alguien que opera con racionalidad económica estricta en un contexto donde la vía legítima está vedada.

Trampa conceptual frecuente

Anomia no es "falta de normas en la cabeza del sujeto". Es un concepto estructural, no intracraneal. Cuando en un informe se escribe "el sujeto delinque por anomia", conviene sustituir por "el sujeto opera en un contexto donde las metas culturales están disponibles pero los medios legítimos están restringidos". Esa reformulación ahorra lecturas moralistas y ajusta la intervención.

Merton escribe en 1938, en plena Depresión, observando cómo el sueño americano del ascenso social se sostenía en el discurso cuando millones de personas apenas podían comer. La teoría de la tensión estructural que de ahí se deriva se ramifica luego en versiones como las de Cohen, Cloward y Ohlin, Agnew y otros, cada una ajustando la mecánica. Pero el núcleo sigue siendo un núcleo sociológico, no psicológico: el delito se explica por la organización de la sociedad, no por la organización interna de la conciencia del sujeto que delinque.

El aprendizaje social: Sutherland y la asociación diferencial

La siguiente parada del mapa es una obra que no se debe leer literalmente sin contexto. Edwin H. Sutherland publica en 1939 la primera versión del principio de la asociación diferencial, y la reformula en 1947. Donald R. Cressey, su discípulo, redondea y edita la versión más conocida del manual Principles of Criminology a partir de la sexta edición, en 1960. Por eso la literatura lo registra como Sutherland y Cressey, sin DOI suelto: es la dupla autor-editor de un manual que pasó por decenas de reimpresiones.

¿Qué dice la teoría? Lo que parece obvio y, sin embargo, sigue siendo pasado por alto: la conducta delictiva se aprende. No se nace con un código penal interno grabado. Se aprende en interacción con otras personas, sobre todo con los grupos íntimos. No se aprende a través de libros ni de noticieros, sino en conversaciones, en casa, en el barrio, en la barra del bar, en la mesa familiar. Y no se aprende solo a ejecutar la conducta: se aprende a la vez la técnica, el motivo, la actitud y la justificación.

Contacto íntimo y frecuente expone al sujeto a Definiciones favorables a la violación de la ley que exceden a las contrarias → entonces Aprendizaje de la conducta delictiva

Sutherland introduce una fórmula que se hizo célebre: el comportamiento delictivo se aprende cuando el exceso de definiciones favorables a la infracción supera al de definiciones contrarias. Eso no significa que el sujeto haga una suma numérica en su cabeza. Significa que el entorno íntimo del sujeto carga más significados, razones y modelos hacia el delito que hacia la norma. Cuando esto se acumula, la probabilidad de delinquir aumenta de forma sistemática.

Una analogía útil: aprender a delinquir es parecido a aprender a cocinar un plato regional. No basta con tener la pauta en un libro. Se aprende viendo, participando, equivocándose con alguien que ya sabe. Quien no tuvo quien le enseñe a "arreglar" un auto ajeno o a "moverse" con una venta informal difícilmente lo hará por generación espontánea. Esa es la intuición sutherlandiana.

¿Qué utilidad tiene esto para el clínico? Tres cosas, al menos. Primera: no hay sujeto que delinqa en el vacío; hay una red de aprendizaje. Una intervención que ignore esa red repite el error de tratar al paciente como Robinson Crusoe. Segunda: el cambio no es solo personal, sino relacional; si el entorno íntimo sigue cargando definiciones favorables al delito, sostener una abstinencia se vuelve una tarea casi imposible. Tercera: la prevención situacional del delito tiene aquí uno de sus anclajes teóricos más antiguos: cortar los contactos que alimentan la conducta, sustituir grupos, generar contramodelos.

Sutherland y Cressey ofrecen una criminología del aprendizaje, no una criminología del carácter. El clínico avezado lee este capítulo y entiende por qué muchos "perfiles de personalidad antisocial" no son otra cosa que historias de exposición diferencial mal contadas.

La teoría del control: Gottfredson y Hirschi en 1990

Llegamos a una de las propuestas más citadas y más discutidas de la criminología de fin de siglo. En 1990, Michael R. Gottfredson y Travis Hirschi publican A General Theory of Crime, un libro que aspira, como su título lo dice, a una teoría general. La apuesta es provocadora: el conjunto de las formas de delito tiene un denominador común, y ese denominador no es la pobreza, ni la cultura, ni la anomia, ni el aprendizaje: es el autocontrol.

¿Qué entienden por autocontrol? Una disposición estable a diferir gratificaciones, a considerar las consecuencias de largo plazo, a tolerar la frustración sin recurrir a la fuerza o al atajo. Una persona con alto autocontrol puede sentir el impulso de robar, de agredir, de estafar, pero elige no hacerlo porque el cálculo temporal le indica que la sanción, la culpa o el daño propio pesan más que el beneficio inmediato. Una persona con bajo autocontrol, en cambio, opera en un horizonte temporal corto: lo que está aquí y ahora manda, y los costes futuros son abstractos.

Crianza temprana formas de supervisión → disciplina → afecto Nivel de autocontrol estable durante la vida → se activa con Oportunidad bajo autocontrol + oportunidad → Conducta delictiva

Gottfredson y Hirschi identifican cuatro elementos formadores del autocontrol en la infancia: supervisión efectiva por parte de figuras cuidadoras, disciplina consistente cuando el niño transgrede pequeñas normas, afecto que sostiene la socialización, y reconocimiento de la conducta esperada. Si estos cuatro elementos operan, el autocontrol se instala temprano y se mantiene razonablemente estable a lo largo de la vida. Si fallan, el sujeto queda con un déficit que, según la teoría, es muy difícil de revertir después.

La apuesta teórica se acompaña de una apuesta criminológica dura: el delito requiere oportunidad. Una persona con bajo autocontrol no delinque en abstracto; delinque cuando se presenta una ocasión propicia y los costes parecen bajos. Por eso la teoría del control dialoga tan bien con las políticas de prevención situacional, con las teorías de la rutina y con los estudios sobre ventanas de oportunidad en la vida cotidiana.

Trampa conceptual frecuente

Autocontrol no es "falta de voluntad" en sentido moralista. Tampoco es pereza, ni debilidad del carácter en sentido aristotélico. Es un constructo criminológico que busca describir regularidades observables: rapidez para gratificarse, preferencia por tareas simples, búsqueda de sensaciones, indiferencia ante el daño ajeno. Quien lo traduzca a "no le importa", "es vago" o "es malo" perdió de vista la teoría. Quien lo traduzca a un marcador biológico aislado también: el autocontrol, según Gottfredson y Hirschi, es una construcción social internalizada en la infancia, no un gen ni una hormona.

Una segunda trampa: confundir la teoría del autocontrol con un programa de castigo. Si el autocontrol se forma en la crianza, su ausencia exige políticas de crianza y educación antes que de endurecimiento penal. Gottfredson y Hirschi no escribieron el libro para defender mano dura; lo escribieron para ofrecer un modelo que se pudiera falsar y mejorar.

¿Por qué importa al psicólogo jurídico actual? Porque en la consulta aparece con regularidad el paciente con historias de crianza inconsistente: figuras cuidadoras cambiantes, disciplina errática, afecto intermitente, reglas que dependían del humor del cuidador. Esa es la materia prima del bajo autocontrol. Una evaluación forense competente no se limita a preguntar por el delito: pregunta por la primera infancia, por los cuidadores, por las rutinas rotas, por la consistencia del NO.

La perspectiva biosocial: Adrian Raine y la integración cauta

El último capítulo del mapa es el más delicado. Desde los años noventa, Adrian Raine y un conjunto amplio de colaboradores han reunido evidencia sobre marcadores biológicos asociados a la conducta antisocial: activación prefrontal reducida, amígdala hiperreactiva en ciertos subtipos, déficits atencionales, rasgos de impulsividad. El programa de investigación ha producido hallazgos replicables y otros más discutidos.

Lo que la evidencia biosocial sí muestra

  • Hay correlaciones entre ciertos marcadores neurobiológicos y la conducta antisocial persistente.
  • Los efectos suelen ser modestos y fuertemente modulados por el entorno social.
  • No hay un "gen del delito" ni un biomarcador que diagnostique al sujeto peligroso.
  • La predicción individual a partir de marcadores biológicos sigue siendo clínicamente insuficiente.

Lo que la perspectiva biosocial no afirma

  • No postula determinismo biológico: los autores insisten en la interacción.
  • No reemplaza la lectura social: la pobreza, el trauma y la crianza siguen pesando.
  • No ofrece un protocolo de selección de imputables por neuroimagen, aunque a veces los medios lo sugieran.

La palabra clave aquí es biosocial, no biológico. Raine y colegas insisten en que los marcadores neurobiológicos se comprenden en su interacción con el ambiente. Un sujeto con corteza prefrontal hipoactiva en un entorno estructurado puede no presentar conducta antisocial. El mismo sujeto en un entorno caótico, con cuidadores inconsistentes y acceso fácil a sustancias, presenta un riesgo distinto. El ambiente opera como modulador, no como decorado.

Para el psicólogo jurídico esta cautela importa por tres razones. Primera, no se debe patologizar con neuroimagen: el escáner no decide la imputabilidad. Segunda, no se debe descartar la biología: ignorarla empobrece la comprensión del caso. Tercera, la integración biosocial abre la puerta a intervenciones multimodales que combinan apoyo familiar, regulación escolar, programas de habilidades parentales y, cuando hace falta, atención clínica individual.

Detalles operativos: aplicar el mapa a la clínica forense

Una vez presentado el esquema, conviene abrir el plano operativo. Los cuatro detalles que siguen condensan lo que un psicólogo jurídico latinoamericano lleva a la consulta, al informe o al juzgado cuando evalúa a una persona imputada.

Detalle 1 · Cómo reconocer la huella mertoniana en un paciente
  • Preguntar por la trayectoria socioeconómica familiar y propia: empleo, vivienda, escolaridad sostenida, rupturas.
  • Identificar si el paciente experimenta el delito como un atajo instrumental hacia un objetivo que siente legítimo (dinero, estatus, subsistencia).
  • Observar si el discurso alterna entre legitimación de la meta (quiero progresar) y desconfianza hacia los medios (tuve la impresión de que no me dieron oportunidad, percibo todo como corrupción).
  • Evitar patologizar al "innovador": a veces la lectura correcta es estructural, no clínica.
Detalle 2 · Lectura sutherlandiana del entorno íntimo
  • Mapear el grupo íntimo: familia, pareja, amigos cercanos, compañeros de trabajo, vecinos.
  • Detectar definiciones favorables al delito en ese grupo: chistes, justificaciones, modelos compartidos, pequeñas infracciones normalizadas.
  • Comparar con las definiciones contrarias: figuras prosociales, actividades alternativas, vínculos protectores y comunidades de apoyo.
  • Incluir el análisis del entorno íntimo en el plan de intervención: sustituir contactos cuando sea posible, no solo tratar al sujeto aislado.
Detalle 3 · Anamnesis del autocontrol Gottfredson-Hirschi
  • Reconstruir la historia de crianza temprana: figuras cuidadoras estables, disciplina consistente, presencia de afecto.
  • Registrar rutinas rotas: cambios de cuidador, institucionalización, exposición a violencia intrafamiliar.
  • Observar marcadores conductuales del bajo autocontrol: impulsividad, preferencia por tareas simples, intolerance a la frustración, búsqueda de sensaciones.
  • Relacionar la historia de autocontrol con la historia de oportunidad: el delito aparece donde se cruzan déficit de crianza y contextos permisivos.
Detalle 4 · Integración biosocial responsable
  • Considerar antecedentes de lesión cerebral, consumo perinatal de sustancias, prematurez cuando estén documentados.
  • Registrar comorbilidades: TDAH, trastornos del espectro impulsivo, consumo problemático de sustancias.
  • No derivar a neuroimagen como rutina diagnóstica; usarla solo cuando una pregunta clínica específica lo justifique.
  • Comunicar al juzgado que los marcadores biológicos no determinan imputabilidad: ilustran vulnerabilidad, no autoría.

Tabla sinóptica

Teoría Autor-año Núcleo explicativo Pregunta clínica que abre
Clásica Beccaria (1764) El sujeto calcula costes y beneficios; la pena disuade por certeza y proporción. ¿Qué peso tuvo el cálculo racional en este delito?
Anomia Merton (1938) Desajuste entre metas culturales y medios institucionalizados. ¿Qué meta buscaba el sujeto y por qué vía legítima no la alcanzó?
Asociación diferencial Sutherland y Cressey La conducta delictiva se aprende en grupos íntimos por exceso de definiciones favorables. ¿Quién le enseñó a delinquir y qué justificaciones circulaban?
Control Gottfredson y Hirschi (1990) El autocontrol se forma en la crianza temprana y se activa con la oportunidad. ¿Cómo fue la crianza y qué oportunidades se presentaron?
Biosocial Raine y colaboradores Marcadores neurobiológicos modulados por el ambiente; integración cauta. ¿Qué marcadores de vulnerabilidad hay y qué entornos los modulan?

Lo que este mapa no hace

Tampoco hace lo que hace la nota de psicopatía y trastorno antisocial publicada en este sitio, que aborda el perfil clínico individual, los criterios diagnósticos, la evaluación estructurada y los puntos de cuidado en la formulación de casos. Aquí el ángulo es distinto: el delito como fenómeno social explicado por teorías, no el sujeto con un diagnóstico específico. Quien lee este apunte después de leer el de psicopatía tiene una pieza complementaria; quien los confunde pierde el rigor de ambos.

Tampoco pretende sustituir la lectura directa de los textos. Para zanjar el ciclo, una bibliografía mínima de trabajo, ordenada por autor-año, que sostiene todo lo dicho arriba:

  1. Beccaria, C. (1764). Dei delitti e delle pene. Livorno: Coltellini. Edición de referencia en italiano; traducciones castellanas múltiples.
  2. Merton, R. K. (1938). Social Structure and Anomie. American Sociological Review, 3(5), 672-682.
  3. Sutherland, E. H. y Cressey, D. R. Principles of Criminology. Manual de referencia con múltiples ediciones; autor-año, sin DOI aislado.
  4. Gottfredson, M. R. y Hirschi, T. (1990). A General Theory of Crime. Stanford University Press. DOI libro
  5. Raine, A. y colaboradores, trabajos reunidos sobre marcadores biosociales de la conducta antisocial; mención cauta, lectura complementaria.

Una tarjeta-mnemo para guardar en el cuaderno y revisar antes de cada evaluación forense:

Tarjeta de campo

Cinco teorías, una conducta. Clásica para el cálculo. Anomia para el contexto. Asociación diferencial para el aprendizaje. Control para la crianza. Biosocial para la vulnerabilidad modulada. Ninguna por sí sola explica un delito; combinadas abren preguntas mejores. Cuando un caso resiste una sola teoría, conviene revisar la teoría, no el caso.

Por último, una nota de honestidad disciplinar. Este mapa es una herramienta de lectura, no un manual de cierre. Cada teoría aquí presentada ha sido discutida, matizada, parcialmente superada por autores posteriores. El clínico serio mantiene la humildad de saber que sus marcos teóricos son aproximaciones, y que el trabajo forense exige revisar bibliografía actualizada con la misma rigurosidad con que revisa los hechos del caso.

Este apunte no reemplaza el de psicopatía y perfilación, ni el de peritaje, ni el de psicología forense en LATAM. Aquí el eje es el mapa de teorías del delito.

Relacionados: Psicopatía, trastorno antisocial y perfilación · Peritaje y daño emocional · Psicología forense en LATAM.

PsiqueAcadémica · Cuaderno de Psicología Jurídica