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Fase preparatoria y trabajo de campo

Tesis del tema: Este apunte trata el oficio de entrar y estar. La fase preparatoria y el trabajo de campo no son una lista de técnicas de recolección ni el método etnográfico en bloque. Son el tramo en el que ganas (o no ganas) un acceso relacional, negocias un rol creíble y dejas un rastro escrito de lo que viste, oíste y sentiste. El papel del comité no sustituye esa ganancia.

En una frase: entrar, quedarte y salir sin confundir permiso con hospitalidad.

1. El oficio, no la técnica

En Investigación cualitativa hay tres piezas que el parcial mezcla con facilidad. Una es el método (cómo se construye un caso etnográfico, con su lógica de inmersión y de descripción densa). Otra es el menú de técnicas (entrevista, grupo, observación, documento). La tercera es el oficio de campo: qué haces antes de pisar el sitio y qué haces mientras estás ahí para que esas técnicas tengan dónde apoyarse. Este cuaderno se queda en la tercera.

Ponlo en práctica

Test de conocimiento: Psicología Social

Pon a prueba lo que sabes de este tema: 12 preguntas reales, tu nivel al final y los temas exactos a reforzar.

Hammersley y Atkinson describen el campo como un arreglo social, no como un laboratorio al que se llega con una credencial. El sitio ya tenía reglas, jerarquías, chistes y silencios antes de que existiera tu proyecto. Entrar es pedirle a esa red que te deje ocupar un lugar provisorio. Quedarte es sostener ese lugar sin convertirte en portavoz, juez o empleado informal. Salir es devolver el sitio a quienes lo habitan, con deudas nombradas y sin drama de abandono.

Spradley sitúa la entrada como un aprendizaje de la situación social: quién está, qué hacen, qué objetos circulan, qué se puede preguntar el primer día y qué conviene callar. Lincoln y Guba, por su parte, no te dan un cronograma. Te dan una señal de calidad: la prolonged engagement (inmersión prolongada) sirve para que el sesgo de novedad se desgaste y para que la confianza deje de ser un saludo de pasillo. No fijan semanas ni meses. Quien inventa un número en el parcial está citando un manual que no es el de ellas.

Analogía útil: el protocolo institucional es el pasaporte. El acceso ganado es que te inviten a quedarte a comer. Puedes tener el trámite migratorio en regla y, aun así, cenar solo en la vereda. El oficio de campo se juega en esa diferencia.
Trampa de parcial: «Ya tengo el aval del comité, entonces ya estoy en campo». Falso. El aval regula riesgo, consentimiento y archivo. El campo se abre (o se estrecha) en conversaciones con gatekeepers, en el rol que te asignan y en las primeras notas que demuestran que entendiste el tono del sitio.

2. Flujo del campo

El ojo necesita una secuencia. No es una ley natural ni una pauta rígida de semanas. Es el orden en el que se suelen romper los proyectos cuando se salta un tramo.

1. Acceso

Puertas formales e informales. El papel no basta.

2. Rol

Quién eres ahí. Qué te piden. Qué puedes negar.

3. Primeras notas

Ver, oír, dudar. Separar diario y registro.

4. Salida

Avisar, devolver, no desaparecer.

Si entras sin negociar rol, te convierten en «la persona de la encuesta» o en «quien va a arreglar el conflicto». Si negocias rol y no escribes las primeras notas, el campo se te vuelve anécdota. Si escribes y sales de un día para otro, dejas a la gente con una pregunta que no pediste: ¿para qué viniste? El flujo no promete éxito. Señala dónde se corta el oficio.

Antes

Mapa de actores, carta de presentación, consentimiento, plan de archivo, ensayo de la primera hora, criterio de salida escrito antes de enamorarte del sitio.

Durante

Renegociar acceso cada vez que cambia el escenario, sostener el rol, escribir el mismo día, vigilar fatiga y overrapport.

Al término

Salida anunciada, devolución posible, corte de expectativas, cuidado del material y de quienes quedaron nombrados en tus libretas.

3. Fase preparatoria: qué haces antes

Preparar el campo no es decorar una carpeta. Es decidir, con alguna lucidez, a quién le vas a pedir tiempo y qué vas a hacer si te dicen que no. Hammersley y Atkinson insisten en que el diseño cualitativo se reescribe al contacto; eso no autoriza a llegar vacío. Llegar vacío es otra forma de extraer: usas a la gente como brújula porque no hiciste la tuya.

Definición operativa: la fase preparatoria es el conjunto de decisiones que tomas fuera del sitio para no improvisar el primer contacto, el primer silencio y el primer «no». Incluye mapa de gatekeepers, texto de presentación, límites del rol, plan de notas y un criterio de salida.

Un mapa de actores no es un organigrama bonito. Distingue tres capas. La capa formal: dirección, coordinación, comité local, sindicato, junta de vecinos. La capa informal: quien abre el pasillo, quien sirve el café, quien «no figura» y aun así decide si te saludan. La capa de archivo: actas, carteleras, chats, turnos. Si solo preparas la capa formal, el primer día te va a sorprender el poder real.

El texto de presentación cabe en una ficha. Quién eres, de qué institución vienes, qué pregunta te mueve, qué no vas a hacer (evaluar personas, reportar a jefes, «dar voz» en abstracto), cuánto tiempo pides y cómo se puede retractar el consentimiento. Spradley recomienda entrar con preguntas de gran recorrido (grand tour): «¿cómo es un día acá?» sirve más que un cuestionario disfrazado. Eso se ensaya en voz alta. Si no puedes decirlo sin leer, todavía no estás listo para el umbral.

También preparas el archivo. Dónde van las notas crudas, dónde va el diario, cómo se seudonimiza, quién más podría leer si te roban la mochila. El oficio de campo empieza en esa carpeta. Quien llega con el celular como solo soporte está pidiendo que el campo le administre la memoria.

  1. Escribe en una cara de hoja a quién le pides permiso, qué le ofreces a cambio y qué puedes retirar si el trueque se tuerce.
  2. Redacta la presentación de sesenta segundos y pruébala con alguien que no esté enamorado de tu tesis.
  3. Separa de antemano tres libretas o tres archivos: notas de lo observado, diario de tu cuerpo y de tus juicios, y bitácora de decisiones de acceso.
  4. Fija un criterio de salida (fecha tentativa, señal de saturación relacional, o agotamiento ético) antes de que el sitio te resulte indispensable.
  5. Ensaya la primera hora: dónde te sientas, a quién saludas primero, qué no fotografías, qué haces si te piden una ayuda que no es tu rol.

Lo que sí preparas

Mapa de puertas, texto breve, límites del rol, plan de notas, criterio de salida, canal para retractar el consentimiento, una pregunta de gran recorrido.

Lo que no finges haber resuelto

El tono del sitio, quién manda de verdad, cuánto te van a aguantar, qué chiste no se puede contar. Eso se aprende estando. Preparar no es adivinar.

4. Acceso al campo y gatekeepers

Un gatekeeper es quien puede abrir, estrechar o sabotear tu entrada. A veces tiene cargo. A veces tiene llaves, WhatsApp del grupo o el don de presentar. Hammersley y Atkinson tratan el acceso como negociación continua, no como un umbral que se cruza una vez. Te dejan entrar al patio y te niegan la sala. Te aceptan el lunes y te miran raro el jueves, cuando aparece un supervisor que no estaba en tu mapa.

Hay que distinguir acceso de papel y acceso relacional. El primero es carta, resolución, consentimiento firmado, credencial de visitante. El segundo es que alguien te presente sin que suene a amenaza, que te dejen estar en un rincón sin vigilarte el cuaderno, que te avisen «hoy no es buen día». El parcial ama la frase «ya tengo acceso» porque cabe en un renglón. En campo, el acceso se renueva.

Anti-caníbal con Ética (3333): el debate contemporáneo sobre consentimiento, daño y representación se trabaja en Ética y debates contemporáneos en cualitativa. Aquí no reescribimos ese mapa. Aquí decimos otra cosa: el protocolo aprobado no es acceso ganado. Puedes haber pasado el comité y, aun así, estar de más en la sala.

Spradley sugiere localizar una situación social (actores, actividades, lugares) antes de enamorarte de «la comunidad» como bloque. Pedir acceso a «los jóvenes del barrio» es una frase de proyecto. Pedir estar los martes en el taller de la esquina, en el turno de la tarde, con permiso de quien abre y de quien coordina, es una frase de campo. Cuanto más concreta la petición, menos le pides a la gente que adivine qué van a tolerar.

Cuidado con el gatekeeper que te adopta. Te facilita todo y, a cambio, te deja ver su versión del sitio. Eso no es maldad: es política cotidiana. Tu oficio es agradecer la puerta y buscar, con tiento, una segunda puerta. No para «equilibrar» como si el mundo fuera una báscula, sino para no confundir hospitalidad con ceguera.

Trampa de parcial: protocolo de comité equivale a acceso ganado. No. El comité habla el idioma del riesgo institucional. El gatekeeper habla el idioma del tiempo, del rumor y de «qué van a decir si te ven con nosotras». Son dos monedas. No se cambian una por una.

5. Negociación de rol

El rol no es tu ficha de estudiante. Es el lugar que el sitio te asigna y el lugar que tú aceptas ocupar. Observador, aprendiz, invitado, «el de la universidad», «la psicóloga que va a ayudar», «el que graba». Hammersley y Atkinson recuerdan que el rol se construye en interacción: te visten con expectativas ajenas. Si no las nombras, las cumples por omisión.

Negociar es decir, más de una vez, qué viniste a hacer y qué no vas a hacer. «No evalúo a tu equipo.» «No le reporto a tu jefa el contenido de esta charla.» «No puedo quedarme a cubrir el turno.» Cada frase recorta un malentendido. El malentendido no es un accidente: es la forma en que el sitio intenta volverte útil según su economía.

Rol pedido

El que escribiste en el proyecto: observador participante, aprendiz, entrevistador situado.

Rol asignado

El que te cuelgan el primer día: aliado, amenaza, mano de obra, confesor, turista.

Rol habitable

El que resulta del tira y afloja. Tiene límites dichos en voz alta y se revisa cuando cambia el escenario.

Un rol habitable deja margen para decir que no. Si el sitio solo te tolera como terapeuta improvisada, el campo ya te comió el diseño. Si solo te tolera como quien «pasa el cuestionario y se va», no estás en campo: estás en una logística de recolección. El oficio consiste en sostener una posición intermedia: lo bastante cerca para que te cuenten el chiste, lo bastante lejos para que puedas escribirlo sin deberle lealtad de clan.

Spradley trabaja el rapport como familiaridad creciente, no como amistad instantánea. El rapport sirve para que la pregunta difícil no suene a interrogatorio. El exceso de rapport (overrapport) es otra cosa: te duele contradecir, dejas de registrar lo que pone en falta a «los tuyos», y el diario se llena de defensas. Esa es una señal de oficio, no un logro afectivo.

Truco de memoria: P.A.R.E. para el rol.
Pide Aclara Recorta Escribe

Pides un lugar. Aclaras qué no harás. Recortas la expectativa de ayuda o de denuncia. Escribes esa negociación el mismo día, porque mañana ya la vas a contar más limpia de lo que fue.

6. Primeras notas y diario de campo

Las primeras notas no son el análisis. Son el intento de no perder el extrañamiento. El primer día ves puertas, olores, quién habla encima de quién, dónde se sienta «el que manda». A la semana eso se vuelve paisaje. Lincoln y Guba hablan de inmersión prolongada justamente para que esa ceguera se vuelva visible: no porque el tiempo, por sí solo, produzca verdad, sino porque el tiempo desgasta la euforia del debut y deja ver rutinas.

Hay que separar dos géneros que el parcial aplasta. Las notas de campo registran lo observable con la menor cosmética posible: quién, dónde, qué se dijo, qué se hizo, en qué orden, con qué objetos. El diario de campo registra tu cuerpo y tus juicios: te dio vergüenza, te cae bien, te identificaste, tuviste hambre, quisiste intervenir. Mezclarlos produce un texto heroico o un texto clínico. Ninguno de los dos te sirve para volver al dato.

Notas

Escena, turnos de habla, objetos, tiempos, lo que se hizo y lo que se evitó. Tercera persona o registro descriptivo. Se puede enseñar (con cuidado) a un colega.

Diario

Irritación, alianza, miedo, vanidad, ganas de «salvar». Primera persona. Casi no se enseña. Sirve para auditar tu lugar, no para citarlo como evidencia de «lo que pasó».

Bitácora de acceso

Quién te abrió, quién te miró raro, qué rol te colgaron, qué pediste y qué te negaron. Es el hilo político del proyecto.

Escribe el mismo día. No porque exista una norma sagrada, sino porque la memoria edita a favor de tu hipótesis. Hammersley y Atkinson tratan las notas como construcciones, no como espejo. Esa honestidad no te exime de escribir pronto: te obliga a marcar lo dudoso. Un paréntesis («dudo si fue ella o su hermana») vale más que una frase redonda.

Grabar no equivale a estar. El micrófono te da un archivo de voz. El campo te pide atención periférica: quién se calló cuando entró el coordinador, quién sirvió el café y se fue, qué cartel nuevo apareció. Si tu evidencia de «estuve» es solo la grabación, confundiste logística con oficio. La trampa simétrica también existe: estar tanto que no escribes, y al mes solo te queda una atmósfera.

Trampa de parcial: grabar equivale a estar en campo. No. La grabación es un soporte. Estar es sostener un rol, registrar lo que el micrófono no ve y decidir, cada rato, si tu presencia sigue siendo habitable para el sitio.

7. Mapa de riesgos del oficio

Los riesgos de campo no son solo «que no te dejen entrar». Hay riesgos de hospitalidad excesiva, de cansancio, de archivo sucio y de salida torpe. La tabla no es un ranking. Es un tablero para el parcial y para la libreta.

Riesgo Cómo se ve en el sitio Con qué se confunde Movida de oficio
Gatekeeper formal Dirección, comité local, junta. Te piden carta, horarios, «no molestar». Creer que su sí basta para el resto del edificio. Agradecer el papel y mapear quién abre el pasillo de verdad.
Gatekeeper informal Quien presenta, quien mira mal, quien administra el grupo de chat. Tratarlo como «apoyo logístico» sin peso político. Nombrar esa puerta en la bitácora de acceso.
Acceso de papel sin hospitalidad Credencial visible y sillas vacías a tu alrededor. «Ya estoy dentro porque firmé.» Reducir la petición: un turno, un rincón, una hora.
Adopción por un clan Te invitan a todo y te traducen el sitio. Rapport logrado. Buscar, con tiento, una segunda puerta. Registrar la deuda.
Fatiga del investigador Notas cada vez más cortas, irritación, ganas de «ya entender». Saturación teórica. Parar un día. Separar diario. Revisar si el rol te está comiendo.
Fatiga del sitio Bromas sobre «otra vez la entrevista», cancelaciones suaves. Resistencia «irracional». Aflojar visitas. Preguntar qué les sirve de devolución.
Overrapport Te duele anotar lo que deja mal a «los tuyos». Empatía admirable. Volver al diario. Recuperar una pregunta incómoda y escribir por qué la aplazaste.
Diario mezclado con notas Un solo bloque: «hoy fue horrible, el jefe es un…». «Texto rico», «escritura densa». Cortar en dos columnas. Lo visto a un lado. Lo tuyo al otro.
Rol de salvador o de denunciante Te piden que hables con la jefa, que «les des taller», que «los defiendas». Compromiso ético (ojo: esa palabra dispara otra pieza, la de ética). Recortar en voz alta. Derivar. No improvisar clínica ni fiscalía.
Salida brusca Dejas de ir. El chat queda en visto. La gente se entera por un tercero. «El trabajo de campo terminó.» Avisar con tiempo. Decir qué devolverás y qué no. Cumplir esa frase.

Lee la tabla en diagonal. El gatekeeper informal y la adopción por un clan suelen venir juntos. La fatiga tuya y el overrapport también. El diario mezclado es el síntoma escrito de esas dos. Si en el parcial te piden «un riesgo de campo», no contestes «sesgo»: nombra uno de estos y di qué lo distingue de su primo.

8. Estar: fatiga y overrapport

Estar no es acumular horas. Es sostener atención cuando el sitio ya no te sorprende. Lincoln y Guba usan la inmersión prolongada como criterio de credibilidad: da tiempo a que las construcciones extrañas se corrijan y a que las personas dejen de representarse para la visita. No te dicen cuánto. Te dicen para qué. Si citas «seis meses» o «un año» como si fuera norma, estás fabricando un número.

La fatiga tiene cara física y cara cognitiva. La física: sueño, hambre, dolor de espalda, ganas de irte antes de la escena que importaba. La cognitiva: empiezas a oír solo lo que confirma tu pregunta, dejas de anotar lo obvio (que es, a menudo, lo más estructurante) y conviertes cada visita en una cacería de «la cita». El diario es el detector. Si durante tres entradas solo escribes enojo o solo escribes admiración, el campo te está usando como espejo.

El overrapport es el exceso de familiaridad que te vuelve leal. Dejas de ver el chiste cruel. Suavizas en las notas la humillación que presenciaste. Evitas a quien el clan marca como incómodo. Spradley quiere rapport; no quiere fusión. La diferencia se nota en una prueba simple: ¿puedes escribir, esa noche, algo que a «los tuyos» les molestaría leer? Si la respuesta es no, no estás más adentro. Estás más preso.

Analogía útil: el rapport es aprender el ritmo de una casa ajena. El overrapport es mudarte y pelear las peleas de esa casa como si fueran tuyas. El oficio pide ser un invitado atento, no un pariente nuevo.

Hay una fatiga del sitio que el investigador novato lee como rechazo personal. La gente tiene turnos, hijos, jefes, duelo. Tu proyecto no es el centro de su semana. Una señal de oficio es aflojar sin desaparecer: avisar, reducir, preguntar qué les sirve. Otra señal es no compensar la culpa con regalos que compran acceso. El trueque se nombra. El trueque oculto se vuelve deuda sucia.

9. Salida ética

La salida ética se diseña en la fase preparatoria y se ejecuta cuando el sitio todavía te soporta. Salir no es «terminar el trabajo de campo» en el índice de la tesis. Es avisar, recortar expectativas y devolver algo que el sitio pueda usar (o aceptar que no hay nada que devolver y decirlo). Desaparecer es una forma de extracción.

Hammersley y Atkinson recuerdan que el investigador altera el campo por el hecho de estar. Al irte, también lo alteras. Quedan rumores, esperanzas de «el informe que nos van a dar», heridas de quien habló de más. Una salida habitable nombra tres cosas: cuándo dejas de ir, qué harás con lo escrito, y cómo pueden contactarte si se arrepienten de un dato. El consentimiento no se agota en la firma inicial.

No prometas un informe que no vas a escribir. No prometas anonimato absoluto si el sitio es tan chico que el seudónimo no cubre. No uses la salida para «decirles la verdad» que durante meses no te atreviste a poner sobre la mesa. Eso no es devolución: es un ajuste de cuentas disfrazado de rigor.

Anti-caníbal con Etnografía (3335): el método etnográfico (inmersión, descripción, extrañamiento como programa) está en Etnografía. Este apunte no lo reescribe. Aquí la salida es un gesto de oficio transversal: aplica a un estudio de entrevistas reiteradas, a una observación en una sala de espera o a un trabajo con documentos vivos. No hace falta estar «haciendo etnografía» para deber una salida limpia.
Señales de una salida habitable:
  • La gente se entera por ti, no por un tercero.
  • Queda dicho qué devolverás (y en qué plazo tentativo) y qué no.
  • Hay un canal para retractar o matizar un dato ya dado.
  • Tus notas del último día incluyen cómo te fuiste, no solo «fin del campo».

10. La señal de Lincoln y Guba

Lincoln y Guba (1985) proponen criterios de confiabilidad para la investigación naturalista. Entre ellos, la inmersión prolongada y la observación persistente. En este cuaderno nos importa una sola cosa: son señales, no una pauta de duración. La inmersión prolongada busca que el efecto de ser visita se desgaste y que tus prejuicios se pongan a prueba contra la rutina del sitio. La observación persistente busca foco: no ver «todo», sino insistir en lo que tu pregunta vuelve relevante.

El parcial suele pedir «cómo se logra credibilidad en cualitativa» y espera la lista. Tú puedes responder la lista y, además, recortar: la inmersión no se mide en semanas inventadas; se argumenta con indicios. ¿Cambió lo que la gente te deja ver? ¿Tus notas del día quince contradicen las del día dos? ¿Pudiste volver sobre una escena con menos euforia? Eso es la señal. Un número redondo no lo es.

Tampoco confundas inmersión con mérito moral. Estar mucho tiempo puede ser overrapport, fatiga o simple inercia de quien no sabe salir. El oficio pregunta para qué estás todavía, no cuántas visitas llevas.

Truco de memoria: S.I.N.A. para la señal de calidad.
Señal Indicios No-número Argumento

Es una señal. Se muestra con indicios (qué cambió en el acceso, en el rol, en las notas). No se fabrica un número de semanas. Se argumenta en el texto, no se exhibe como medalla.

11. Errores frecuentes en el parcial

El error más caro es canibalizar tres apuntes vecinos. Si te preguntan por gatekeepers y contestas con el debate de consentimiento informado, te fuiste a Ética. Si te preguntan por diario de campo y contestas con la lógica de la descripción densa, te fuiste a Etnografía. Si te preguntan por el oficio de entrar y contestas con el menú de técnicas de recolección, te fuiste al apunte 3 o al mapa de métodos.

Error de frontera

Tratar el campo como si fuera solo etnografía. El oficio de entrar y estar atraviesa diseños. Un estudio de entrevistas reiteradas también tiene umbral, rol y salida.

Error de papel

Creer que el aval institucional agota la pregunta ética y la pregunta de acceso. El aval es condición. El acceso es relación. La ética situada se discute en otra pieza.

Error 1. Confundir métodos de psicología social (el mapa amplio) con este tramo. El mapa está en Métodos de investigación en psicología social. Aquí no hay factorial, ni encuesta, ni disputa paradigma versus paradigma. Hay umbral, rol, notas y salida.
Error 2. Inventar duraciones («la inmersión dura X meses»). Lincoln y Guba no te las dan. Hammersley y Atkinson tampoco venden un cronograma. El tiempo se argumenta; no se fabrica.
Error 3. Usar «diario» y «notas» como sinónimos. Uno audita tu lugar. El otro intenta fijar la escena. El parcial premia la distinción.

12. Tres piezas vecinas (para no reescribirlas)

Este cuaderno se sostiene si deja vivas a las vecinas. La etnografía es el método de inmersión y de escritura de un mundo social; no es el nombre genérico de «salir a la calle». La ética contemporánea discute consentimiento, representación, extractivismo y daño; no se reduce a «pedir permiso para entrar». Los métodos de psicología social ubican lo cualitativo en un mapa más ancho. Si este apunte las copia, las vuelve ruido.

Frontera en una línea: 3335 piensa el método; 3333 piensa el deber; 3164 piensa el mapa. Este texto piensa el umbral: cómo entras, cómo te quedas y cómo te vas.

Cuando estudies, haz el ejercicio inverso al caníbal. Toma una viñeta (te dejan entrar al patio y no a la sala) y pregúntate: ¿esto es un problema de método etnográfico, de debate ético, o de oficio de acceso? A veces toca las tres orillas. Aun así, el parcial quiere que sepas cuál orilla te están pidiendo en esta pregunta.

13. Para el parcial

Lo que con probabilidad te van a preguntar:
  • Diferencia entre aval de comité y acceso ganado (gatekeepers formales e informales).
  • Qué se negocia cuando se negocia un rol (pedido, asignado, habitable).
  • Notas de campo versus diario de campo: para qué sirve cada género.
  • Por qué grabar no equivale a estar.
  • Qué es overrapport y en qué se distingue del rapport que describe Spradley.
  • Qué señal aportan Lincoln y Guba con la inmersión prolongada (sin inventar duraciones).
  • Qué hace habitable una salida (avisar, devolver, dejar canal de retracto).
  • Por qué este tema no es «la etnografía» ni «las técnicas de recolección».
Repaso en 30 segundos:
  • Papel no es hospitalidad.
  • Rol se negocia más de una vez.
  • Notas = escena. Diario = tu lugar.
  • Micrófono no sustituye atención periférica.
  • Tiempo se argumenta; no se fabrica un número.
  • Salir también es oficio.

Si te trabas: dibuja el flujo (acceso, rol, notas, salida) y ponle a cada caja un riesgo de la tabla. Con eso armas una respuesta de oficio, no un discurso sobre «la cualitativa».

14. Preguntas de autoevaluación

1. Un tribunal te dice: «El protocolo ya está aprobado; puedes empezar a recoger». ¿Qué distingues en dos frases?

Distingo aval institucional y acceso relacional. El protocolo regula riesgo, consentimiento y archivo. El acceso se juega con gatekeepers formales e informales y se renueva cuando cambia el escenario. Puedo tener el papel y, aun así, no tener un rincón habitable.

2. ¿En qué se distingue el diario de campo de las notas de campo?

Las notas intentan fijar la escena (quién, qué, dónde, en qué orden, con qué objetos). El diario registra tu cuerpo y tus juicios (alianza, irritación, ganas de intervenir). Mezclarlos produce un texto que ya no se puede auditar: no se sabe qué viste y qué te pasó a ti.

3. Lincoln y Guba hablan de inmersión prolongada. ¿Qué puedes afirmar y qué no debes inventar?

Puedo afirmar que es una señal de credibilidad: da tiempo a que se desgaste el efecto de visita y a que tus prejuicios se pongan a prueba. No debo inventar una duración en semanas o meses. Ellas no venden cronograma; piden argumento con indicios.

4. «Grabé tres horas, entonces hice trabajo de campo.» ¿Dónde falla la frase?

Falla al confundir soporte con oficio. La grabación archiva voz. El campo pide rol negociado, atención a lo que el micrófono no ve y un rastro escrito (notas y diario). Sin eso, hubo logística de recolección, no estancia.

PsiqueAcadémica · Cuaderno de Investigación cualitativa

Fuentes: Hammersley, M. y Atkinson, P. (2007). Ethnography: Principles in Practice (3.ª ed.). Routledge. · Spradley, J. P. (1979). The Ethnographic Interview. Holt, Rinehart and Winston. · Spradley, J. P. (1980). Participant Observation. Holt, Rinehart and Winston. · Lincoln, Y. S. y Guba, E. G. (1985). Naturalistic Inquiry. Sage.

Piezas vecinas (no reescritas aquí): Etnografía · Ética y debates contemporáneos en cualitativa · Métodos de investigación en psicología social.

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