Desarrollo Humano y Personalidad I · S01 · Psicología y teorías del desarrollo humano

Leer esta sesión en texto

Desarrollo Humano y Personalidad I — S01 · Psicología y teorías del desarrollo humano

El podcast — Psicología y teorías del desarrollo humano

Clara: Santiago, una vecina me contaba angustiada que su hijo parece distante con ella. Trabaja todo el día y le preocupa haberle hecho daño con eso.

Santiago: Ahí hay una trampa diagnóstica común. John Bowlby y Mary Ainsworth describieron el apego evitativo como una respuesta a un cuidador rechazante. Pero esa categoría se formuló en contextos europeos con estabilidad familiar como norma.

Clara: ¿Y en otros contextos ese mismo patrón significa otra cosa?

Santiago: [thoughtful] Significa algo completamente distinto. La investigación latinoamericana muestra que ese mismo apego evitativo puede aparecer en niños cuyas madres simplemente no tuvieron tiempo de construir cercanía, porque debían trabajar intensamente para sostener el hogar.

Clara: Entonces la misma conducta, dos causas opuestas.

Santiago: Exacto, y la etiqueta importada no distingue entre ambas. Un niño que pasa el día en una guardería comunitaria con cuidadores cálidos puede desarrollar un apego perfectamente sano aunque su madre esté ausente por trabajo.

Clara: ¿Y esto pasa solo con el apego o es un patrón más amplio?

Santiago: [intrigued] Es un patrón que atraviesa toda la disciplina. Piensa en una niña de cuatro años en una comunidad andina que habla quechua en casa. Si le aplicas un test de desarrollo diseñado en Estados Unidos, le vas a pedir que nombre objetos de una cultura que no es la suya.

Clara: Y el resultado la va a marcar como atrasada.

Santiago: José Miguel Salazar, investigador venezolano, lo dijo con claridad en los años ochenta: aplicar tests importados sin adaptación es como diagnosticar con criterios diseñados para otra población. La región respondió creando instrumentos culturalmente sensibles.

Clara: ¿Qué le pediría exactamente ese test que ella no puede responder?

Santiago: Cosas como nombrar colores de un libro de cuentos que nunca vio, o nombrar objetos de una cultura que no es la suya. No es que no sepa: es que el test le pregunta por un mundo distinto al suyo.

Clara: ¿Y de dónde viene esta ciencia del desarrollo, para empezar?

Santiago: De la filosofía y la medicina, durante siglos. El giro llegó con Darwin, que en mil ochocientos setenta y siete estudió la expresión emocional en niños, y con Stanley Hall, que en mil novecientos cuatro fijó la adolescencia como etapa propia del desarrollo.

Clara: ¿Antes de Darwin no existía nada sobre cómo crecen los niños?

Santiago: Existían menciones sueltas: Hipócrates y Galeno hablaban de etapas del crecimiento en sus tratados de medicina, pero no había una ciencia sistemática detrás. Eso llegó siglos después, con el propio Darwin.

Clara: ¿Y esta preocupación por el contexto es algo nuevo en la región?

Santiago: Viene de lejos. Desde principios del siglo veinte, figuras como Emilio Mira y López en Brasil adaptaron las teorías europeas en vez de copiarlas. La pobreza, la nutrición y la estructura familiar de la región eran distintas.

Clara: ¿Solo esos dos adaptaron las teorías europeas en la región?

Santiago: Hubo más, como Helena Antipoff en Minas Gerais. No se trató de una simple copia de manual: cada uno insistió en que el contexto local pesaba tanto como la teoría importada.

Clara: ¿Y hay algo tan básico como para explicar tantos casos distintos?

Santiago: [warmly] La nutrición, que casi nunca se menciona primero. En los primeros tres años el cerebro forma alrededor de un millón de conexiones nuevas por segundo, y eso exige materia prima real. Un estudio guatemalteco de décadas demostró que la suplementación temprana mejora capacidades cognitivas medibles mucho después.

Clara: Entonces antes de preguntar qué le pasa a un niño.

Santiago: Habría que preguntar qué le falta. Y eso conecta con la resiliencia, otra palabra que se usa mal. No es un rasgo que el niño tiene o no tiene.

Clara: ¿Entonces qué es?

Santiago: [curious] Un proceso que depende de condiciones concretas: al menos un adulto significativo que crea en el niño, oportunidades de juego, redes de apoyo. Tratarla como virtud individual termina culpando a la víctima por no ser suficientemente fuerte.

Clara: ¿Y esto cambia cómo se entiende el desarrollo en general, no solo el apego?

Santiago: Lo cambia por completo. Si la psicología del desarrollo pretende ofrecer un mapa del crecimiento humano, ese mapa está incompleto mientras omita los territorios donde vive la mayoría de la población latinoamericana.

Clara: Entonces mi vecina no dañó a su hijo por trabajar.

Santiago: Probablemente no. Antes de asumir una etiqueta clínica, hay que mirar la arquitectura completa: el contexto económico, la red de cuidado y la cultura donde ese vínculo realmente ocurre.

Clara: Me quedaron dos preguntas y no me respondiste ninguna.

Santiago: Perfecto. Están en la lectura.

El nacimiento de una disciplina: de la filosofía a la ciencia

Durante siglos, el conocimiento sobre cómo crecían y se desarrollaban los niños estuvo ligado a la filosofía, a la medicina y a la tradición oral. Los tratados de pediatría de Hipócrates y Galeno mencionaban etapas del crecimiento, pero no existía una ciencia sistemática del desarrollo infantil. El panorama comenzó a cambiar en el siglo XIX con el trabajo de investigadores como Charles Darwin, quien en 1877 publicó un artículo sobre la expresión de las emociones en niños.

Darwin propuso lo que posteriormente se denominaría recapitulación: la noción de que el desarrollo individual (ontogenia) reflejaba la evolución de la especie (filogenia). Esta idea, aunque posteriormente cuestionada, fue revolucionaria porque introdujo la posibilidad de observar a los niños no como adultos en miniatura, sino como seres en proceso de transformación con características propias.

El verdadero punto de inflexión llegó con la obra de G. Stanley Hall, considerado el padre de la psicología del desarrollo en Estados Unidos. Hall realizó estudios longitudinales sobre la adolescencia y publicó en 1904 su obra monumental Adolescence, donde estableció esta etapa como un período crítico y distintivo del desarrollo humano. Paralelamente, en Europa, el psicólogo alemán Wilhelm Stern desarrollaba el concepto de inteligencia general y proponía métodos para medir el desarrollo cognitivo infantil.

Los pioneros latinoamericanos y la contextualización

En América Latina, el desarrollo de estas ideas tuvo una historia particular. Durante las primeras décadas del siglo XX, figuras como Emilio Mira y López y Helena Antipoff, los dos en Brasil, comenzaron a importar y adaptar las teorías europeas a los contextos locales. Sin embargo, no se trató de una simple copia: estos pioneros reconocieron que el desarrollo humano no podía entenderse de manera descontextualizada.

La pobreza, la nutrición, las prácticas educativas y las estructuras familiares propias de la región debían considerarse al momento de evaluar y comprender a los niños latinoamericanos. Esta preocupación por la contextualización sigue siendo un desafío central para la psicología del desarrollo contemporánea, donde la tensión entre los modelos teóricos universalistas y las realidades culturales específicas sigue vigente.

El desafío que esto plantea no es meramente metodológico: es existencial para la disciplina. Si la psicología del desarrollo pretende ofrecer un mapa del desarrollo humano normal, ese mapa está incompletamente dibujado. Muestra una ruta, pero omite los territorios donde la mayoría de la población latinoamericana vive. Cuando los profesionales aplican esas teorías sin reconocer el peso del contexto, pueden cometer errores graves de evaluación, diagnóstico e intervención.

La evaluación del desarrollo fuera del laboratorio

Imaginemos que eres un psicólogo que trabaja en un centro de salud pública en las afueras de Lima, en un barrio popular de Guayaquil o en una comunidad indígena de los Andes. Tu consultorio no tiene los recursos de un laboratorio universitario. Y frente a ti tienes a una niña de cuatro años que no ha ido nunca a un jardín infantil, que habla quechua en casa y español en la calle.

Si aplicas literalmente un test de desarrollo estandarizado diseñado en Estados Unidos, probablemente concluirás que la niña tiene un retraso significativo. El test le pide identificar colores que probablemente nunca ha visto en un libro de cuentos, o nombrar objetos de una cultura que no es la suya. El resultado inevitable es que la etiquetamos como "deficitaria" cuando en realidad es simplemente una niña criada en un contexto radicalmente diferente, con otras prioridades de desarrollo, otras competencias y otros ritmos.

José Miguel Salazar, reconocido investigador venezolano, advertía ya en los años ochenta que aplicar tests psicológicos importados sin adaptación era como pretender diagnosticar enfermedades usando criterios diseñados para otra población. La respuesta de la región no fue ignorarlos, sino transformarlos: la creación de instrumentos de evaluación culturalmente sensibles que reconocen la diversidad de contextos. Evaluar el desarrollo no es aplicar una vara rígida, sino entender cómo un niño específico se desarrolla en un contexto específico.

La nutrición como arquitectura del desarrollo

Hay un aspecto del desarrollo humano que las teorías europeas y estadounidenses han tendido a tratar como periférico, pero que en América Latina es central: la nutrición. El cerebro de un niño no es solo un órgano que procesa información: es una construcción que requiere materia prima. Durante los primeros tres años de vida, el cerebro experimenta su período de mayor plasticidad y crecimiento, formando aproximadamente un millón de nuevas conexiones neuronales por segundo.

Este proceso demanda energía y nutrientes de manera intensiva. Cuando un niño sufre de anemia por deficiencia de hierro, no solo está cansado o débil: su capacidad de atención, su memoria de trabajo y su procesamiento cognitivo se ven afectados de maneras que pueden ser irreversibles si no se corrigen a tiempo. La región latinoamericana ha sido pionera en investigar estas relaciones.

El estudio longitudinal de niños guatemaltecos realizado por el Instituto de Nutrición de América Central y Panamá, que siguió durante décadas a miles de niños en comunidades rurales, demostró de manera contundente que la suplementación nutricional en los primeros años de vida no solo mejoraba el crecimiento físico, sino que tenía efectos medibles en las capacidades cognitivas décadas después. Por eso, antes de diagnosticar un trastorno del desarrollo, la primera pregunta no debería ser necesariamente "¿qué le pasa?", sino "¿qué le falta?".

El apego en contextos de crisis

Las teorías del apego, formuladas originalmente por John Bowlby y Mary Ainsworth en contextos europeos, pusieron de manifiesto la importancia de la relación temprana entre el niño y su cuidador principal para el desarrollo emocional y social. El concepto de apego seguro —aquel en el que el niño sabe que puede contar con su cuidador y usa esa base para explorar el mundo— se convirtió en una referencia central.

Pero ¿qué sucede cuando en el contexto del niño no hay un cuidador estable? La aplicación mecánica de las categorías de apego desarrolladas en contextos donde la estabilidad familiar era la regla puede llevar a conclusiones injustas y erróneas. La investigación latinoamericana ha demostrado que los patrones de apego en la región son significativamente más diversos de lo que las categorías originales preveían.

El apego evitativo, por ejemplo, que en las poblaciones originales se asociaba con cuidadores rechazantes, aquí puede aparecer en niños cuyas madres simplemente no han tenido tiempo de establecer una relación cercana porque han debido trabajar intensamente. El desarrollo del apego no ocurre en el vacío, sino que se configura en interacción con las condiciones sociales, económicas y culturales específicas. Un niño que pasa el día en una guardería comunitaria con cuidadores cálidos puede desarrollar patrones de apego perfectamente saludables aunque su madre trabaje fuera de casa.

Resiliencia y el enfoque de fortalezas

Hay una palabra que se ha puesto de moda en la psicología del desarrollo: resiliencia. Se refiere a la capacidad de algunos niños de desarrollarse de manera relativamente saludable a pesar de haber enfrentado circunstancias adversas significativas. Pero hay que tener cuidado: la narrativa de la resiliencia, si no se maneja con cuidado, puede convertirse en una forma de culpar a las víctimas.

Los factores que permiten la resiliencia no son atributos individuales misteriosos, sino condiciones concretas que pueden o no estar presentes: al menos un adulto significativo que crea en el niño, oportunidades de educación y juego, redes comunitarias de apoyo, acceso a servicios básicos. La resiliencia no es un rasgo que el niño tiene o no tiene: es un proceso que emerge de la interacción entre el niño, su familia y su comunidad. Y como proceso, puede ser construido.

Quizá uno de los mayores logros de la psicología latinoamericana del desarrollo haya sido cuestionar la mirada predominantemente deficitaria con la que históricamente se ha abordado a las poblaciones vulnerables. Durante mucho tiempo, la investigación se centró en documentar lo que estos niños no tenían, los retrasos que mostraban respecto a las normas establecidas. Esa mirada contribuyó a estigmatizar a poblaciones enteras. Reconocer las fortalezas, en cambio, permite diseñar intervenciones que transforman las condiciones, no solo que documentan síntomas.

Para el parcial

La psicología del desarrollo humano tardó siglos en configurarse como ciencia. Durante mucho tiempo el conocimiento fue filosófico, médico y oral; el giro llegó en el siglo XIX con Darwin (la recapitulación: la ontogenia reflejaría la filogenia), G. Stanley Hall (padre de la disciplina en EE. UU., estableció la adolescencia como etapa distintiva en Adolescence, 1904) y Wilhelm Stern (inteligencia general). El desarrollo se estudia en tres dimensiones (física, cognitiva y socioemocional), con debates clásicos (herencia/ambiente, continuidad/discontinuidad) y grandes teorías (Piaget, Vygotsky, Skinner, Bandura, Bronfenbrenner). Los pioneros latinoamericanos no copiaron: reconocieron que el desarrollo no puede entenderse de manera descontextualizada. De ahí la evaluación culturalmente sensible, la nutrición como arquitectura del desarrollo, la lectura contextual del apego y la resiliencia como proceso construible, no como rasgo individual.

Las trampas clásicas de este tema: (1) creer que siempre existió una ciencia exacta del desarrollo, cuando la disciplina solo se configuró en el siglo XIX; (2) pensar que los pioneros latinoamericanos hicieron una simple copia, cuando adaptaron críticamente las teorías al contexto; (3) negar el papel de la nutrición, cuando ante un retraso conviene preguntarse '¿qué le falta?'; (4) entender la resiliencia como rasgo individual, culpando a las víctimas, cuando es un proceso que depende de condiciones concretas.

← Volver a la Escuela Siguiente tema: Desarrollo prenatal y neonatal →

Otras materias de la carrera

Desarrollo Humano y Personalidad II Entrevista Psicológica Epistemología Estadística Descriptiva